Iglesia – Estado: un acercamiento moderado

La jerarquía católica local notó en 2008 una mejoría en sus relaciones con el Estado a 10 años de la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba.

Jorge Luis Baños - IPS

El cardenal cubano Jaime Ortega calificó como “una bendición” la presencia de Juan Pablo II en Cuba.

A 10 años de la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, el mejoramiento de las relaciones Iglesia-Estado puede considerarse el resultado más trascendente de aquel histórico acontecimiento.

Atrás parecen haber quedado los tiempos de la confrontación para dar paso a una etapa de diálogo constructivo y a una era de tolerancias mutuas, basadas en un compromiso común con la nación, por encima de las diferencias.

El cardenal Jaime Ortega llamó a los católicos a integrarse plenamente a la sociedad, para fortalecer el creciente reconocimiento de la Iglesia. “No podemos tener una actitud de espectadores, de meros analistas’’, expresó el purpurado, de 71 años, en una entrevista difundida en los medios eclesiales a manera de balance de la gira que Juan Pablo II realizó en 1998.

“Que haya siempre en nosotros amor a la patria, que no haya —a pesar de las diferencias ideológicas y los problemas que esta realidad ha suscitado (algunos de ellos dolorosos)— un desentendimiento del católico de la vida social’’, agregó.

Durante una homilía dedicada al décimo aniversario de la visita del Papa, Ortega exhortó a los cubanos a la”reconciliación personal’’ con sus compatriotas, tras décadas de convivencia difícil entre los creyentes y las autoridades que, incluso, los discriminaron.

En esa misa, el cardenal cubano calificó como “una bendición” la presencia de Juan Pablo II y opinó que la iglesia obtuvo beneficios de ese viaje de cinco días.

“Lo que tal vez no supo tan rápidamente el Santo Padre fue que era él mismo quien estaba haciendo aflorar el alma sumergida de los cubanos”, expresó Ortega, al admitir que “el ateísmo oficial de años anteriores había borrado en cierto grado la memoria cristiana del pueblo”.

Como juego de ajedrez

Sin espectacularidades, más bien en silencio, como en un complejo juego de ajedrez, han marchado las cosas, luego de que el fallecido líder del catolicismo dejara sentadas las bases para el entendimiento.

En tal sentido, la cúpula católica cambió a los obispos que se mostraban más críticos con el gobierno, como fue el caso de monseñor Pedro Meurice, Arzobispo de Santiago de Cuba, quien alcanzó notoriedad por las duras opiniones que vertió durante la visita del pontífice, en 1998, en la misa ofrecida en esa ciudad y donde estaba presente el actual presidente en funciones, Raúl Castro.

Tras la visita ecuménica, y mediante gestos recíprocos, el gobierno cubano permitió el ingreso de más sacerdotes extranjeros, otorgó el feriado de navidad, admitió la acción pastoral en las cárceles, autorizó las procesiones públicas, admitió ocasionalmente el acceso a los medios de comunicación, facilitó también la distribución de ayuda humanitaria y práctica de atención social en hospitales y barrios marginales.

Monseñor José Félix Pérez, secretario ejecutivo de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC), considera que a raíz del mensaje del Papa se registró “un impulso dinamizador de la evangelización”.

No obstante, transcurrida una década de la visita, la jerarquía católica local estima que ha habido una “lenta y gradual” mejoría en sus relaciones con el régimen de Castro, y ha saludado lo que considera un “clima de renovación” en la isla.

Para ese alto representante de la Iglesia Católica, “hubo momentos difíciles en esa relación”, reconoció a la agencia EFE y manifestó que en el último medio siglo de gobierno revolucionario y socialista ha habido un proceso “lento, progresivo, gradual”, en el que se ha ido “lentamente caminando” con la intención de ambas partes “de que se mejore cada vez más”.

Monseñor Juan de Dios Hernández, secretario general de la Conferencia de Obispos de Cuba, afirmó que “estamos contentos por lo que hasta ahora hemos podido avanzar en nuestro diálogo”. Sin embargo, aclaró no estar totalmente satisfechos. “Hay áreas en las que la Iglesia tiene aspiraciones como son el área de las comunicaciones, aunque en los últimos años hemos logrado más presencia en los medios, en concreto en la radio”.

Uno de los temas más debatidos entre el gobierno y la jerarquía católica sigue siendo la autorización para fundar escuelas católicas. “La Iglesia tiene derecho a que esa área sea también contemplada en su hacer”, explicó Hernández, pero a juicio de analistas esta es una petición con muy pocas probabilidades de ser concedida por las autoridades, pues la enseñanza sigue siendo un bastión desde donde el poder construye su hegemonía.

Por ahora, sólo han logrado implementar en las parroquias un sistema de enseñanza paralelo en los que se dan cursos —desde sociología hasta computación—, dirigidos a aquellas personas que por una u otra razón no pueden acceder al circuito educativo oficial.

El clérigo hizo especial hincapié en la autorización para hacer labor pastoral en las prisiones y en las mayores facilidades para el ingreso al país de más religiosos extranjeros. “Ahí tiene usted un dato que confirma que las relaciones van caminando”, le dijo a la BBC.

Laicos opinan

Por su parte, Roberto Méndez, laico católico, poeta y ensayista, al hacer el balance de la estancia de Juan Pablo II en Cuba, manifiesta que desde el punto de vista eclesial fue una especie de “confirmación” para la Iglesia cubana, un reconocimiento a su existencia y vitalidad (a pesar de décadas de dificultades e inclusive a su autonomía), pues una parte de la emigración cubana la había considerado como débil, inexistente o manipulada por el Estado, mientras que ciertos sectores extremistas en la isla la miraban poco menos que como un enclave de una nación extranjera, El Vaticano.

A su juicio, también favoreció el acercamiento de muchas personas distanciadas por años de la Iglesia o que simplemente no la conocían. No creo que estadísticamente sea demasiado notable el aumento de fieles, aunque está claro que se elevaron los bautizos, bodas, primeras comuniones y aumentó el número de jóvenes que participan en sus acciones pastorales. Asimismo, aparecieron espacios que eran nuevos o habían estado muy limitados antes, como las casas de oración, y las misiones en el campo o en barrios periféricos se convirtieron en “comunidades sin templo”, así mismo las catequesis tuvieron que ampliarse.

Méndez indicó que, desde el punto de vista de las relaciones con el Estado, la necesidad de que jerarquía y autoridades se sentaran juntos para preparar la visita creó espacios de diálogo, que si bien no han sido fluidos siempre, facilitaron un “refrescar” de las relaciones y evitaron la mutua “satanización”, como ocurrió en otros momentos.

Como corolario de la visita se aceleró el proceso de “laicización” del estado y fue dejado de lado (al menos constitucionalmente) el ateísmo oficial. Se concedieron algunos pequeños espacios en lo público a manifestaciones religiosas: procesiones, algún evento cultural, mensajes radiales o televisivos, en momentos como la Navidad. En materia de acceso sistemático a los medios o de enseñanza religiosa, no creo que se haya avanzado, al menos de modo visible, subrayó.

“Juan Pablo II fue, entre otras cosas, un diplomático audaz y hábil, y creo que sabía que su visita tendría frutos positivos. No obró milagros, ni había por qué esperarlos…”, señala Méndez.

Otro laico, Enrique López Oliva, Secretario de la Comisión para el Estudio de la Iglesia Católica en América Latina, aseguró a la BBC que “la situación aún deja mucho que desear”.

“Han mejorado las relaciones de la jerarquía católica con el gobierno y eso se plasma en que nuevos obispos con una posición más conciliadora hacia el régimen sustituyeron a otros obispos con una posición más crítica”, le dijo a la emisora inglesa.

Pero aseguró que eso no se extiende a los laicos. “Es significativo que, en las elecciones del 20 de enero, no hubo ningún laico católico nominado como candidato, ni ningún sacerdote”, a pesar de que sí hay entre ellos pastores evangélicos y un babalawo afrocubano. López Oliva considera también que uno de los problemas que afronta la Iglesia Católica está en que ha ido perdiendo fieles por “la posición del actual Papa”.

“Yo creo que no está haciendo mucho porque el catolicismo se expanda más en América Latina. Se han abandonado las teologías más avanzadas, como la de la Liberación o el diálogo macro ecuménico”.

 

Por mayor participación

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Al valorar la participación de la comunidad católica en los espacios de decisión y debate sobre el presente y el futuro de la sociedad cubana, Orlando Márquez Hidalgo, director de la revista Palabra Nueva, de la Arquidiócesis de La Habana, dijo que en Cuba el espacio para el debate social auténtico apenas comienza a esbozarse y crecer.

Expresó que el ámbito de toma de decisiones es aún más restringido, “no conozco ningún católico en ese espacio, y los hay que quisieran participar, algunos muy convencidos de su vocación política y deseosos de aportar desde su fe”.

Márquez Hidalgo subrayó que participar como católico no significa procurar un privilegio para la Iglesia y el catolicismo, sino para toda la sociedad. “Ser católico en Cuba es ser también ciudadano cubano, y lo que necesitamos es que todos los ciudadanos, católicos o no, tengan más oportunidad de debate, participación y decisión. Es decir, más democracia, y democracia sin apellidos.

“Por eso el cardenal Ortega llamó ‘paso prometedor’ al deseo de las autoridades de escuchar lo que preocupa a los cubanos. Hay indicios para suponer que el diálogo en la sociedad cubana crecerá y, si crece, dará frutos buenos para todos”, puntualizó.

Para el director de Palabra Nueva, la contribución de la Iglesia Católica cubana pasa hoy día por ayudar a encontrar “soluciones reales y eficaces que favorezcan caminos de esperanza” para la isla, tal como expresara la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba en su mensaje por la Navidad.

Sobre el particular, dejó sentado que esa participación será como pueda y dando su criterio sobre estas cuestiones sociales desde su referente propio, Jesucristo, que puso al ser humano por encima de todo. Y lo hará con toda su fuerza, que es únicamente moral, a través de la palabra y el testimonio, estimulando lo que nos hace crecer como nación y criticando lo que nos limita y disminuye, agregó.

Cuanto la Iglesia dice y hace no es más que una invitación al encuentro de todos, aunque algunos no lo quieran ver así. No hay otra estrategia, ni alianza de ningún tipo con un grupo específico, porque es el único modo de encontrarse con todos. Y será siempre un mensaje de esperanza, de creer en la bondad que hay en todo ser humano y que la vida en Cuba puede ser mejor desatando la capacidad generadora de bondad y progreso que existe aquí mismo, sentenció Orlando Márquez Hidalgo.

En el último número de la revista Palabra Nueva, Julio García Luis, decano de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, opina que “fueron cinco días que conmovieron a la nación entera, aunque no en el sentido que esperaban algunos.

“Todos, los creyentes y los no creyentes, crecimos por dentro durante aquellas jornadas. Nos hicimos posiblemente mejores, más humanos, más respetuosos y tolerantes. Nuestra autoestima como pueblo ascendió otro peldaño”, dijo García, quien acompañó al Papa como periodista.

Para el diácono Juan Carlos Urquijo, a los cristianos cubanos “nos corresponde tomar la iniciativa y realizar proyectos, teniendo como fundamento nuestras tradiciones y raíces culturales, sociales y políticas, y los mensajes que nos dejó Juan Pablo II”.

Según la publicación religiosa, el sociólogo Aurelio Alonso, no creyente y miembro del Partido Comunista, sostiene que los cubanos escucharon por primera vez en cuatro décadas “un discurso distinto del oficial”, lo que fue una “victoria sobre la intolerancia”.

Estimó que fue una visita “motivadora del diálogo”, que auspició el “encuentro institucional entre lo eclesiástico y lo político”, y “sugerente para una interpretación novedosa y más certera de la laicidad, que no hemos alcanzado aún a plenitud”.

La inminente visita del secretario de Estado del Vaticano, 10 años después del llamado papal para que “Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba’’, ayudará, según autoridades eclesiales, a mejorar el clima de acercamiento moderado entre la Iglesia y el Estado.

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