Teatro del obstáculo: rumores de la ópera

En ocasión del estreno en Nueva York de “La cuarta pared”, IPS Cuba rescata este texto de 1991 sobre la obra del dramaturgo cubano Víctor Varela.

Cartel de “La cuarta pared”

La obra volverá a las tablas este 7 de abril bajo los auspicios del Centro Cultural Cubano de la ciudad estadounidense de Nueva York.

Sin divulgación ni cobertura de prensa, las presentaciones de “Opera ciega”, del grupo “Teatro del Obstáculo”, continúan abarrotadas de público por cuarta semana consecutiva.

Los poderes del rumor han sido eficaces para cautivar el interés de numerosos espectadores, que se agrupan cada noche ante la sede del colectivo con el fin de obtener alguna localidad disponible.

La representación transcurre durante casi tres horas en una improvisada y calurosa sala a la cual se accede gratis, pues aún no se ha fijado la tarifa institucional para el pago por la entrada al espectáculo.

Tras dos años de silencio, la agrupación dirigida por Víctor Varela vuelve a protagonizar un suceso en la escena cubana. Graduado de artes plásticas e instructor de teatro, Varela se estrenó como director teatral con “Los Gatos”, la historia de una relación amorosa lastrada por la insinceridad.

En 1988, “La cuarta pared” se convertía en uno de los acontecimientos teatrales más importantes del año en medio del panorama de inmovilismo y falsedad que primaba en las tablas cubanas, según opiniones de la crítica.

Más que una propuesta novedosa, la segunda obra de Varela mostró la filiación del novel teatrista a una poética de códigos extraverbales, con reconocibles influencias de Maeterlinck, Artaud y Grotowski.

La pieza estableció, además, un sorprendente hilo de conexión con una experiencia trunca de la década del 60: el grupo “Los Doce” del actor y director Vicente Revuelta.

Después, durante los 70, el movimiento teatral cubano enfrentó un período de estancamiento e incomprensión, en la llamada década gris de la cultura nacional.

“La lista de injusticias, irregularidades legales y abuso de poder administrativo, crearon una cicatriz que aún marca nuestra escena”, asegura en entrevista concedida en 1989 a la revista “Revolución y Cultura” el decano de la crítica teatral Rine Leal.

Según Leal el tono y el ambiente de la polémica surgida en torno a “La cuarta pared”, fue un pálido reflejo de los 70 cuando en los círculos oficiales se pensaba a la manera de “lo que me gusta a mí es lo correcto, lo diferente es siempre sospechoso”.

Sin embargo, lo que desató un escándalo más allá de las fronteras de La Habana no fueron las intenciones estéticas de la propuesta, sino la “inmoralidad” del desnudo de los cinco actores al final de la obra.

La lucha del hombre contra la enajenación, la intolerancia y la incomunicación cotidianas, por echar abajo todas las mentiras y hallar el camino hacia su real identidad, no podría tener otra metáfora final que la liberación de todas las ataduras.

Después del éxito de “La cuarta pared, presentada fuera de concurso en el Festival de Teatro Camagüey 90, el grupo fue asumido como un proyecto eventual del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, que le entregó un local para su trabajo artístico.

Con “Opera ciega” Varela reafirma sus búsquedas en un teatro que rebasa lo puramente circunstancial y local, y experimenta códigos estéticos de alcance más universal.

Considerado un ferviente estudioso de las teorías de Artaud y su “Manifiesto del Teatro de la Crueldad”, el joven director encuentra la poesía en el lenguaje surgido de las energías extremas del hombre y en los objetos y accesorios identificados con los seres vivientes.

La poesía comienza donde para todos termina.

“Opera ciega” pudiera entenderse como la lucha entre generaciones (padres e hijos) enmarcada en la historia de una familia, cuyo desgarramiento existencial, confrontaciones y obsesiones brotan a modo de un flujo de conciencia de Varela, director y actor al mismo tiempo.

“Es la parábola del caos contemporáneo, de la insensatez del ser humano y de lo absurdo de sus actos ante determinadas situaciones”, contó a IPS un teatrólogo al término de una representación.

Como en “La cuarta pared”, el nivel de sugerencias interpretativas de la puesta en escena parece recurrir a los obstáculos del hombre para hallar su autenticidad en lucha contra el autoritarismo, el desamor, el odio, la complacencia, los estereotipos exhaustos y la retórica vacía.

Cuando muchos pensadores hablan hoy del “vertedero de la civilización” en el depreciado mundo de los valores humanos, Varela intenta provocar la reflexión del espectador a través de un choque violento con esas expresiones lacerantes de la vida contemporánea.

Este nuevo desafío artístico del grupo “Teatro del Obstáculo”, se materializa gracias a la iniciativa, el talento y la entrega total de un colectivo joven que no rebasa los 30 años de edad como promedio.

Por un período de dos años los actores trabajaron en el proyecto, que se conformó tras un duro proceso de preparación corporal y vocal, y de diseño de los personajes.

Durante largos meses el grupo trasladó su horario de trabajo a la madrugada para que el ruido ambiental de la céntrica calle capitalina Ayestarán, no impidiera la creación.

En estos días “Teatro del Obstáculo” se prepara para comenzar a ensayar “La cuarta pared”, parte del repertorio que llevará a México en julio, antes de presentarse en el Festival Internacional de Teatro de La Habana, previsto para septiembre próximo.

 

*Publicación:  ¿Cómo y Por qué?, julio de 1991.

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