Asamblea Nacional: continuidad y cambios

El presidente de Cuba Raúl Castro anunció en 2008 una reestructuración del aparato estatal para hacer más eficiente la gestión del gobierno.

Jorge Luis Baños - IPS

Entre la esperanza y la apatía, los cubanos no estuvieron ajenos a la toma de posesión del nuevo gobernante, Raúl Castro.

Si la elección de Raúl Castro para presidente de los Consejos de Estado y de Ministros no sorprendió a nadie en Cuba, sí lo hizo el ascenso de José Ramón Machado como segundo a bordo en la jerarquía política del país, tras la jornada de instalación oficial de la séptima legislatura de la Asamblea Nacional, el pasado 24 de febrero.

El previsible paso del hermano menor de Fidel Castro ya había sido anunciado por el ex mandatario públicamente, desde hace muchos años, y como para que no quedaran dudas de su liderazgo, fue el diputado con más votos en las elecciones parlamentarias del 20 de enero último.

Raúl, el más joven de su generación en la cúpula del gobierno cubano, parece ser la pieza clave en el necesario e inevitable traspaso generacional del poder; es decir, entre los llamados “históricos” que derrocaron la dictadura de Fulgencio Batista, hace casi ya medio siglo, y la hornada de dirigentes que crecieron o nacieron con la revolución.

La misma composición del parlamento unicameral de la isla da fe de ello: por ejemplo, 82 por ciento de los 614 diputados recién electos pertenecen a una generación 20 años menor que la de Fidel Castro y sus compañeros. No obstante, la composición del Consejo de Estado devela que los guerrilleros de la Sierra Maestra se aferran a su rol de garantes del proceso político abocado al medio siglo.

Otro elemento revelador es la propuesta del propio Raúl de seguir consultando con su hermano mayor las decisiones trascendentales relacionadas con la defensa, la política exterior y el desarrollo socioeconómico del país, autorización que fue aprobada por aclamación por el total de diputados presentes en la reunión.

Por demás, el electo presidente ratificó que comandante en jefe de la revolución hay uno y es Fidel, y sólo el Partido Comunista puede ser su digno sustituto.

El discurso del nuevo mandatario no aportó nada nuevo a lo ya dicho por él respecto a las líneas maestras y derroteros de su administración iniciada, de manera interina, luego de que su hermano le delegara sus funciones hace 19 meses, motivado por una grave afección intestinal.

“Ser dialécticos y creativos en este momento histórico” parece ser la máxima del general Raúl Castro, expresada en su discurso ante el Parlamento, y más adelante agregó que “espera contar con el apoyo de sus compatriotas”, para cumplir con sus responsabilidades.

Anunció una reestructuración total del aparato estatal para organizar otro que implique menos reuniones, concentre funciones y haga mejor uso de los cuadros, “en resumen hacer más eficiente la gestión de nuestro gobierno”, subrayó Castro.

Afirmó que los principales problemas se resolverían “previa consulta con los ciudadanos, incluso con todo el pueblo”, dado el caso, y explicó que ya se estaba trabajando para terminar con algunas prohibiciones que limitan los derechos de los ciudadanos.

En el terreno económico planteó que “hay limitaciones objetivas”, pero explicó que su gobierno tendrá, como una de sus más importantes prioridades, la de “satisfacer las necesidades materiales y espirituales de la población”.

Raúl Castro señaló que se pretendía elevar el valor del salario hasta que fuera suficiente para cubrir las necesidades de las familias cubanas, pero insistió en que ello sólo es posible con el crecimiento de la economía nacional.

En tal sentido, agregó que la solución de ese problema está ligada a factores que van desde elevar la eficiencia de la economía hasta revalorizar los “millonarios subsidios” que mantiene el Estado y que calificó de “irracionales e insostenibles”.

“La determinación de las prioridades y el ritmo de su solución partirá invariablemente de los recursos disponibles y del análisis profundo, racional y colegiado de los órganos competentes del Partido, el Estado y el Gobierno”, anunció.

Raúl Castro dijo haber tomado nota “de las declaraciones ofensivas e injerencistas” de Estados Unidos y “sus cercanos aliados” a favor de un giro a la derecha en Cuba y dijo que el país “nunca ha cedido un ápice ante las presiones”.

El presidente agregó que “no debe usarse el embargo económico como excusa para ocultar los propios errores”, al tiempo que pidió “exigencia, disciplina y unidad”.

Primeras señales

La asamblea ratificó en sus cargos de presidente a Ricardo Alarcón, y de vicepresidente a Jaime Crombet; mientras para secretaria fue electa la profesora Miriam Brito, remplazando así a Ernesto Suárez, quien se dijo pasaría a ocupar otras funciones no especificadas.

Raúl Castro manifestó que el desempeño conjunto de la primera vicepresidencia, que hasta esos momentos él ocupaba, tanto del Estado como del gobierno, se mantendría así, pero ocupada a partir de ahora por José Ramón Machado Ventura, de 77 años de edad.

Las restantes seis vicepresidencias fueron las de Carlos Lage, José Millar, Esteban Lazo, el Comandante de la Revolución Juan Almeida, los generales de cuerpo de ejército Julio Casas y Abelardo Colomé.

Casas, de 72 años, fue designado, además, ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), responsabilidad que ocupaba Raúl Castro desde la creación de ese organismo, en octubre de 1959. El alto oficial había asumido, de manera interina, el mando de las FAR durante estos últimos 19 meses. También se ha distinguido en la conducción de los programas y experimentos económicos de la institución militar. Fue, por demás, el único cambio ministerial anunciado hasta ahora.

Carlos Lage, de 56 años, quien se esperaba fuera el número dos, se mantiene por ahora como vicepresidente del Estado y secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros.

Como se dice en términos beisboleros, tampoco corrieron base el canciller Felipe Pérez Roque (43) y el ministro de Comunicaciones e Informática, Comandante de la Revolución Ramiro Valdés (76), este último llevado de vuelta al gobierno por Raúl en su interinato. Mientras, Alarcón, de 71 años, siguió en la presidencia del parlamento tras cuatro legislaturas, pese a iguales pronósticos de que sería sustituido por un dirigente más joven.

Algunos analistas locales creen ver en la nueva composición de la actual cúpula del gobierno no sólo el símbolo de la moderación de los cambios que reclaman las urgencias de la población, sino la probabilidad de que se dé una situación gerontológica, como en la ex Unión Soviética, tras la muerte de Leonid Brezniev, quien fue sustituido por los veteranos Chernienko y Andropov, en sucesión, en un lapso relativamente breve.

De esa perspectiva también parece nacer la necesidad de potenciar el papel del partido único como garante de la unidad nacional, como factor decisivo en el mantenimiento del sistema político vigente, estiman observadores.

De ahí que el gran mandato que tiene el recién estrenado parlamento descansa en la responsabilidad de legislar en pro de los cambios que reclama con urgencia la población de la isla, transformaciones que se harán teniendo como brújula el perfeccionamiento del socialismo, coincidieron en subrayar diputados entrevistados por diferentes medios locales e internacionales.

El vicepresidente del parlamento, Crombet, expresó a una emisora extranjera que “los diputados tendremos grandes responsabilidades y deberemos tomar las decisiones que el momento impone”, aunque aclaró que también “se hubieran adoptado con la presencia física de Fidel”.

Otra señal de principios la dio el diario Juventud Rebelde que, en un artículo publicado el domingo 24 de febrero, dijo: “lo que se cambia y como se cambia es asunto exclusivo de quienes hicieron la Revolución y de los que hoy la mantienen viva”, subrayando así que no se admitirán injerencias foráneas de ningún tipo.

Más directa y explícitamente, el material periodístico enfatizó en que “lo que ocurra en Cuba, la velocidad y naturaleza de los sucesos, no dependerá para nada de la actitud de las autoridades norteamericanas”, aunque sí dejó patente la posibilidad para “quien quiera dialogar con Cuba” de igual a igual.

Desde Estados Unidos

El gobierno de Estados Unidos dijo que la designación de Raúl Castro como sucesor de su hermano Fidel Castro tiene el potencial para lograr un cambio, luego de casi 50 años de gobierno comunista.

“Existe una posibilidad y un potencial para el cambio en Cuba, pero esos cambios tienen que nacer en Cuba”, dijo el encargado de la diplomacia de Estados Unidos para América Latina, Tom Shannon, en declaraciones hechas en Washington a una agencia de noticias internacional.

El alto funcionario de la actual administración comentó que los cambios que están ocurriendo en la isla son “significativos”. No obstante, aclaró que el embargo impuesto por Estados Unidos a Cuba, en 1962, seguirá en pie hasta que empiece una transición hacia la democracia.

El diplomático estadounidense indicó que la selección de Raúl Castro “formalizó algo que ha sido un hecho por 19 meses”, cuando asumió como presidente interino. Además, puntualizó que “es la primera vez en la historia moderna de Cuba que este país ha tenido un cambio en sus líderes políticos”.

Previamente, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, pidió al liderazgo en Cuba el inicio de la transición democrática y el respeto de los derechos humanos. Dijo entonces: “Reafirmamos nuestra creencia de que el pueblo cubano tiene derechos inalienables a participar en un diálogo abierto y exhaustivo acerca del futuro de su país, a liberarse del miedo a la represión y a elegir a sus líderes en elecciones democráticas”.

En España, segunda plaza de activismo militante contra el gobierno cubano, mientras el gobierno guardó prudente silencio, los medios de prensa hicieron énfasis en el continuismo como factor distintivo del nuevo gobierno encabezado por Raúl Castro. Así, el conservador diario ABC tituló en portada: “El castrismo busca perpetuarse en la figura del ‘hermanísimo’ Raúl”. A su vez, El Mundo tituló “Raúl Castro se pone al frente de Cuba y asegura que consultará lo importante a Fidel”.

La disidencia en Cuba

Las voces habituales de la disidencia cubana fueron unánimes al definir al nuevo gobierno como continuista y de línea dura.

No hay indicio alguno de cambio tras la reunión de la Asamblea Nacional del Poder Popular y el anuncio de los integrantes del Consejo de Estado, opinó la dirigente de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba, Martha Beatriz Roque.

La líder opositora manifestó que lo que se observa es un endurecimiento en el país, dada la ortodoxia comunista de gente como José Ramón Machado Ventura, elevado ahora a los primeros planos del gobierno.

Roque dijo que la renuncia de Fidel Castro es sólo una venta de ilusión de cambio, sobre todo para la opinión pública internacional.

La opositora y ex prisionera política expresó que lo que podemos apreciar en Cuba es más de lo mismo, pues Fidel Castro seguirá dirigiendo al régimen comunista desde su lecho de enfermo.

Para Elizardo Sánchez, presidente de una tolerada comisión nacional de derechos humanos, quedó demostrado que Fidel “es el elector”.

Por su parte, Oswaldo Payá, del Movimiento Cristiano Liberación, puntualizó que la sucesión “no trae en sí misma los cambios que el pueblo quiere y necesita: libertad, ejercicio pleno de sus derechos”. Sin embargo, aseguró que la salida de Fidel Castro de la jefatura del gobierno, después de 49 años, abre espacio para el optimismo.

En una entrevista al diario brasileño O Estado de Sao Paulo, Payá proclamó que la sociedad cubana no aceptará un cambio cosmético y que, después de 50 años de totalitarismo, el cubano quiere vivir en libertad, sin reducciones ni relativismos.

Según el galardonado con el premio Sájarov a los Derechos Humanos, el silencio de las calles indica que la población cubana se siente reprimida e intimidada. Subrayó que la mejor prueba del cambio sería que los sucesores de Fidel pongan en libertad a los presos políticos y luego garanticen las libertades de expresión y de reunión.

El disidente Manuel Cuesta Morúa, vocero de Arco Progresista, desde un tono menos pesimista, declaró a una emisora internacional que la actual situación “es un desafío hacia lo que realmente quiere la sociedad cubana; saber interpretar eso requiere sagacidad e inteligencia”.

Expresó también que “Cuba comienza otro momento histórico y otro momento político” y explicó que será “una etapa de cambio gradual que va a llevar a la normalización como país, ya que hasta ahora Cuba ha vivido estos casi 50 años exaltada”. En esa dirección cree que la disidencia tiene un espacio y el comienzo de un nuevo momento.

Sin embargo, para el hoy disidente Vladimiro Roca, hijo del primer presidente de la Asamblea Nacional cubana de 1976, “la elección de número dos de Machado Ventura hace prever una línea bien dura, ya que de acuerdo con su propio desarrollo, siempre ha sido una persona bastante represiva”.

El economista Oscar Espinosa Chepe, uno de los 75 disidentes condenados en 2003 y excarcelado por mala salud, dijo mantener “un optimismo moderado’’, pues coincide con el nuevo mandatario en el ritmo necesariamente lento de los cambios previstos. Consideró también que “Raúl se consolidó como presidente’’ con cercanos colaboradores como Machado y el general Julio Casas, a quien le atribuyó experiencias en cuestiones de economía.

Chávez saluda

El mandatario de Venezuela, Hugo Chávez, se anticipó el domingo 24 como el primer jefe de Estado en enviar una felicitación al nuevo presidente de Cuba, Raúl Castro, y dijo que su hermano Fidel Castro “sigue siendo el comandante’’.

“Siempre ha estado Raúl allí, estuvo callado, siempre prácticamente invisible, pero trabajando como el que más, fiel a la revolución, al pueblo cubano y fiel hasta la médula a su hermano mayor, Fidel Castro’’, dijo Chávez en un programa televisado en el que siguió en vivo una transmisión desde Cuba.

“Fidel, camarada, vaya un abrazo, tú sigues siendo el comandante Fidel. ¡Viva Raúl, viva Fidel, viva Cuba!’’, dijo el presidente, quien pidió a seguidores y miembros de su gabinete dar un aplauso, de pie, al nuevo gobernante cubano, de quien dijo “es más que hermano de Fidel, compañero inseparable desde los días del asalto al Moncada, la Sierra Maestra, el Granma, la prisión y la revolución triunfante el primero de enero de 1959’’.

“¿Transición en Cuba?’’, interrogó el mandatario. “La transición en Cuba comenzó hace casi 49 años, precisamente, del capitalismo aquel dominado por el imperialismo, era una colonia, hacia una Cuba socialista’’, afirmó Chávez, quien se asume como heredero ideológico de Castro. “Esa transición continuará en marcha siempre con Fidel al frente’’, dijo el presidente venezolano.

Con las mismas simpatías, pero sin la pasión desbordada de su par venezolano, el mandatario boliviano Evo Morales saludó y deseó éxitos a la nueva gestión gubernamental cubana.

También desde América Latina, gobiernos como el chileno afirmaron que respetan la decisión del pueblo cubano, al comentar la designación de Raúl Castro como sucesor de su hermano Fidel en la presidencia del país.

El ministro portavoz de La Moneda, Francisco Vidal, señaló a los periodistas que el gobierno de Michelle Bachelet mantiene la opinión que manifestó el día que Fidel Castro anunció su retirada de los cargos públicos.

“Nosotros esperamos y confiamos que las decisiones que tomen el pueblo y el gobierno cubanos sean las más acertadas para su futuro. Y si ha tomado esa decisión, no queda más que respetarla”, subrayó Vidal.

El presidente de México, Felipe Calderón, envió una carta de felicitación a Raúl Castro, informó la Secretaría de Relaciones Exteriores. La Cancillería mexicana indicó en un comunicado que Calderón destacó la designación del general Raúl Castro Ruz como nuevo presidente de los consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba.

El gobernante mexicano expresó al nuevo mandatario cubano su disposición para continuar trabajando “por fortalecer los vínculos que unen a ambos países, en beneficio de los pueblos de México y Cuba”.

En su misiva, Calderón reiteró su interés en profundizar los esfuerzos para atender los temas de la agenda bilateral, sobre la base de un diálogo franco, respeto recíproco y cooperación.

En Cuba

Entre la esperanza y la apatía, los cubanos no estuvieron ajenos a la toma de posesión del nuevo gobernante, Raúl Castro.

En la calle, un hervidero de puntos de vistas diversos dan vida a la pluralidad de ideas con argumentos o no, bajo la pasión de la palabra o la reflexión, conformando así el debate que alimenta la opinión pública sobre la realidad del país.

En los cubanos de a pie, las expectativas se concentraron en el anuncio de un paquete de medidas que dieran señal de que se pasa de la retórica reiterada a los hechos, cosa que no ocurrió. No obstante, el nuevo presidente sí brindó más claridad en cuanto al rumbo y las prioridades del cambio.

Otro elemento significativo recogido en la calle fue el respaldo y la confianza en la gestión de Raúl, que ratifica el espaldarazo abrumador recibido en las elecciones para diputados de enero pasado.

Sin embargo, la elección de José Ramón Machado Ventura como primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros hizo aflorar la sorpresa, pues existe el referente dentro de la población y de funcionarios partidistas y del gobierno que lo asocian con posiciones ortodoxas e inmovilistas, especialmente en la conducción del gobernante partido comunista, en su condición de organizador.

De ahí se derivan renovadas interrogantes: ¿Cuándo se realizará el congreso del Partido Comunista, si es el ente rector de la sociedad cubana y no se reúne desde su quinta edición, en 1997?, ¿cómo se materializará la idea de Raúl de un partido más democrático y amplio, que no tema a las discrepancias, en una sociedad como la cubana, de cuyo intercambio profundo de opiniones divergentes salgan las mejores soluciones?

El ascenso de Machado Ventura puso sobre el tapete la postergación, como segundo del nuevo gobierno, a una figura de otro escalón generacional como Carlos Lage o Felipe Pérez Roque.

Otro de los elementos que la población ha percibido en la nueva cúpula gobernante es la falta de liderazgo y la persistencia de voces portadoras de un discurso que respondió a otro momento de la revolución.

Ello contrasta con la presencia de generales como Leopoldo Cintras Frías y Álvaro López Miera, con una ejecutoria militar de alto prestigio y autoridad.

Muchos también se preguntan en la calle cómo es posible que personas que se suponía estuvieran al tanto de los problemas del país y no contribuyeron a resolverlos, ahora aparezcan en la máxima dirección del gobierno como agentes potenciales del cambio hacia un mejor socialismo.

Las fuerzas revolucionarias al interior de la isla también esperan del gobierno de Raúl el rescate del espíritu creativo y renovador de la revolución, tan desgastado por el verticalismo, la burocracia y la corrupción.

Existe también otro segmento poblacional que se mantiene a la espera de hechos palpables, tangibles, que denoten una voluntad de cambios, bajo el viejo y pragmático precepto filosófico de “ver para creer”.

A un sector, mucho más minoritario, no le interesan ni cree en los cambios, pues su vida sigue a todo tren o simplemente es desafecto al sistema político y espera como única alternativa la salida del país.

Sea como fuere, para la población cubana el nuevo mandato gubernamental supone un proceso superador de una larga cadena de problemas que pasa inevitablemente por el crecimiento económico y la reducción de las tensiones sociales en la isla.

En esta nueva etapa, Cuba no podrá prescindir de la evolución de la economía mundial y, sobre todo, estadounidense. Tendrá que prepararse para un aumento de la amenaza de agresión y reforzar su economía, sobre todo dependiendo de su propia capacidad de resistir el impacto de una crisis, si el comercio con otros países, el turismo y el abastecimiento en combustible se redujeran, insisten analistas.

Lo esencial para el nuevo gobierno será, en lo adelante, reforzar el consenso, consolidar el frente interno político y social. Con ello, fortalecer la decisión de la mayoría de los cubanos de preservar la independencia de la isla.

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