Castro celebra sus 80

En el cumpleaños de Fidel recuperamos este material publicado hace 8 años cuando el líder cubano llegaba a los 80.

Archivo IPS Cuba

Fidel Castro durante con acto en el Palacio de las Convenciones de Cuba.

Aunque ha dicho que no llegará a los 100 años en el poder, Fidel Castro celebró el 13 de agosto su cumpleaños 80, pese a los peores augurios que circulan sobre su salud, y parece decidido a volver cuanto antes a gobernar Cuba sólo por el placer de ganar.

Todo indica que, con su vieja manía de convertir reveses en victorias, el mandatario cubano parece estar decidido a darse el gusto de volver a aparecer ante las cámaras de la televisión, sano y rozagante, hablar varias horas seguidas y demostrar al mundo que, además de “estar entero”, él sigue teniendo las riendas.

El día de su cumpleaños aparecieron fotos suyas en el diario oficial Juventud Rebelde, las primeras desde el anuncio de su retiro temporal. En una de ellas mostraba una edición especial del periódico Granma dedicada a su onomástico, para despejar cualquier duda sobre la autenticidad de las imágenes.

Esa mañana se conoció un nuevo mensaje del gobernante, en el que aseguraba sentirse “muy feliz” por haber llegado a las ocho décadas de vida.

“Decir que la estabilidad objetiva ha mejorado considerablemente no es inventar una mentira”, señaló en el breve texto. No obstante, “afirmar que el período de recuperación durará poco y que no existe ya riesgo alguno, sería absolutamente incorrecto”, advirtió.

“Les sugiero a todos ser optimistas, y a la vez estar siempre listos para enfrentar cualquier noticia adversa”, indicó.

Pero el tapaboca definitivo para aquellos que proclamaban su muerte ocurrió la jornada siguiente, cuando el mandatario apareció en las pantallas de la televisión estatal cubana acompañado por su gran aliado y homólogo venezolano, Hugo Chávez. La ocasión sirvió también para que el presidente interino, Raúl Castro, hiciera su primera aparición ante las cámaras desde su nombramiento el 31 de julio.

Aunque acostado todo el tiempo que duró la conversación, Castro se vio de buen ánimo y con el humor de costumbre cuando hablaba con su “hermano de sangre y de causa”.

“Esté donde esté, como esté y con quien esté, Fidel Castro está allí para ganar”, escribió en 1988 el colombiano y premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez.

Para el novelista y viejo amigo de Castro, “su actitud frente a la derrota, aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una lógica privada: ni siquiera la admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertirla en victoria”.

Así lo demostró desde el primer momento, cuando como abogado convirtió su defensa del asalto al Cuartel Moncada, en 1953, en una denuncia de las condiciones socio-económicas de Cuba y de las atrocidades cometidas por la dictadura de Fulgencio Batista desde su golpe de Estado, un año antes.

“¡Ahora sí ganamos la guerra!”, exclamaba tres años después al descubrir que, tras desembarcar en la isla junto a 81 hombres armados, apenas quedaba un pequeño grupo y siete fusiles. “Se volvió loco”, reconoció haber pensado entonces su hermano Raúl, actual ministro de las Fuerzas Armadas y sustituto del presidente en todos sus cargos.

Nacido el 13 de agosto de 1926 en un punto del oriente de Cuba, conocido como Birán, el tercer hijo de la familia Castro Ruz terminó la escuela jesuita, se hizo abogado, demandó a Fulgencio Batista por su golpe de Estado militar y, en 1959, bajó triunfante de las montañas de la Sierra Maestra para tomar el poder y mantenerlo hasta el día de hoy.

Su papel en la arena internacional, en especial la oposición pública y sistemática a las decisiones de Washington y sus denuncias en cumbres mundiales han cimentado durante años su influencia y le han granjeado el respeto de no pocas personas dentro y fuera de Cuba.

Mientras sus partidarios intentan ponerlo a salvo de los errores cometidos por su gobierno en los últimos 47 años, asegurando que él “no sabía” y que cuando supo “lo enfrentó”, otros piensan que el comandante está al tanto de todo, lo dirige todo y es el responsable final de lo que sucede en la isla caribeña, sea bueno o malo.

En la lista de acusaciones figuran los fusilamientos que sucedieron al triunfo de la Revolución, el primero de enero de 1959, la reclusión de homosexuales y creyentes religiosos en campos militares de trabajo en la década del sesenta y la prisión sufrida por decenas de opositores políticos, acusados de servir a los intereses de Estados Unidos.

Sus defensores, en tanto, mencionan los beneficios sociales que ha traído su gobierno para amplias capas de la población, como el derecho a la salud, a la educación y al empleo seguro, en un país sometido al bloqueo económico de Washington desde hace más de 40 años.

Cuando el 31 de julio una peligrosa intervención quirúrgica lo obligó a ceder “provisionalmente” todas sus responsabilidades, Castro lo anunció en una “proclama al pueblo”, firmada de su puño y letra, convirtiendo así uno de los peores momentos de su vida en un nuevo desafío a los pronósticos.

Fuera de Cuba no se conoció previamente esta información, como tampoco en la isla. “El día que pase, nos enteraremos cuando el gobierno quiera”, dijo un reportero que se reconoció “cansado de recibir llamadas del extranjero para confirmar la muerte de Castro”.

Observadores estiman que la forma en que se dio a conocer la enfermedad de Castro y la designación temporal de su hermano Raúl al frente del Partido Comunista, del Consejo de Estado y del comando del ejército demuestra también el control que ejercen las autoridades.

“Yo no puedo inventar noticias buenas, porque no sería ético, y si las noticias fueran malas, el único que va a sacar provecho es el enemigo”, dijo un segundo comunicado firmado por Castro, el primero de agosto, dirigido a la población y a los amigos que, desde otros países, se interesaban por su salud.

La referencia a “una crisis intestinal aguda con sangramiento (sic) sostenido”, reconocida por Castro como causa de la operación de urgencia, despertó dudas sobre las razones del quebranto (agotamiento, exceso de trabajo). Pero pasados los primeros momentos de incertidumbre sobre lo que vendrá, la rutina volvió a Cuba.

El silencio, la inercia, aquella tristeza rara que parecía flotar en el aire tras el anuncio del 31 de julio, cedió definitivamente el espacio a la rutina. El ruido, el buen humor y toda la “locura” cotidiana están de vuelta en esta isla del Caribe.

“Al mal tiempo, buena cara. Yo no hago nada sentada en mi casa, esperando a ver qué va a pasar. Mi familia completa está de vacaciones. Hay que disfrutar”, dijo a IPS Mercedes Gómez, una ingeniera de 38 años que esperaba un auto privado de alquiler para irse a la playa con sus dos hijos, de 11 y 9 años.

“Al principio, la gente no quería ni hablar de eso, era como si trajera mala suerte. Pero ya todo está como siempre. Si superó (Castro) los primeros días, es que no hay problemas, todo sigue igual”, comentó a IPS un vendedor de libros viejos que, según dice, no quiere cambios en Cuba porque él tiene su “negocio redondo”.

“Sinceramente, me parece que la gente volvió a su drama cotidiano de supervivencia, ver qué hace para aumentar los ingresos, porque el salario no alcanza, o cómo ir siquiera un día de sus vacaciones a la playa pese al deficiente transporte público”, comentó una periodista cubana que pidió no ser identificada.

En su opinión, la normalidad tiene mucho que ver con que “dentro de todos los escenarios posibles, el que se vive es el menos traumático”. Su apreciación se vincula con las señales oficiales sobre la recuperación de Castro, pero también con el traspaso ordenado y sin “sorpresas” de las riendas del gobierno al equipo encabezado por Raúl.

De acuerdo con el artículo 94 de la Carta Magna cubana, “en caso de ausencia, enfermedad o muerte del presidente” debe sustituirlo “en sus funciones el primer vicepresidente”, cargo que ostenta Raúl Castro junto al de segundo secretario (después de Fidel Castro) del PCC y ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Rezos y tambores

Las reacciones ante la enfermedad del líder cubano han develado una interesante confluencia entre la política nacional y la religiosidad casi omnipresente entre los más de 11 millones de personas que habitan en esta tierra.

Mientras la Agencia Católica de Información (ACI) revelaba desde el Vaticano una profecía poco conocida que auguraba la muerte de Castro y un posterior “derramamiento de sangre”, la Iglesia Católica cubana, cuyas relaciones con el régimen socialista no han estado exentas de encontronazos y distanciamientos, llamó a sus fieles a ofrecer “oraciones para que Dios acompañe en su enfermedad al presidente Fidel Castro e ilumine a quienes han recibido provisoriamente las responsabilidades de gobierno”, en un comunicado dado a conocer el día 4 por la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.

A la Patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre, “confiamos todo cuanto nos preocupa en esta hora de la historia de nuestra Patria con un hondo deseo de paz y de fraterna convivencia entre todos los cubanos”, apunta el texto.

La Asociación Cultural Yoruba de Cuba, organización que congrega a seguidores de las religiones afrocubanas, publicó también una nota donde ruega “a Olodumare y su panteón de orishas (deidades) y a los egun, por el pronto restablecimiento de la salud, del Comandante de la Revolución, doctor Fidel Castro Ruz”.

“Mucha de la población religiosa tiene el temor por el futuro. Se preocupan y vienen a preguntar al padrino: ¿Qué va a pasar? ¿Qué se va a hacer?”, dijo a IPS Víctor Betancourt, “babalawo” o sacerdote de la religión afrocubana conocida como el Culto de Ifá, de gran arraigo popular.

“Les digo que no hay alteración de ningún tipo, todo está tranquilo y nada les va a suceder, pero de todos modos vamos a tomar precauciones. Lo único que tenemos para protegernos son nuestras divinidades”, consideró.

El hombre aseguró tener muchos “ahijados” y conocer de cerca “la opinión” de muchas personas. “En nadie hay intención de violencia ni alteración. Eso se nota en nuestras casas religiosas. Lo que hay es un sentimiento de duda, de preocupación por la situación crítica de este momento ante la enfermedad del presidente”, afirmó.

Mientras, el Centro Memorial Dr. Martin Luther King Jr., una institución no gubernamental simpatizante del gobierno, también manifestó su respaldo a la sucesión transitoria del poder en la isla.

“Hacemos un llamado a todos los hermanos y hermanas de las diferentes fe religiosas del país; así como a todos los hermanos y hermanas de las iglesias, instituciones ecuménicas y organizaciones de inspiración cristianas en diferentes partes del mundo con las cuales mantenemos relaciones de amistad y compañerismo cristiano a que se unan a nuestras oraciones de intercesión por el presidente de Cuba, Dr. Fidel Castro, y defiendan el derecho del pueblo cubano a vivir en paz y seguridad”, subraya el texto de la entidad de filiación religiosa protestante.

Por otra parte, más de 18.000 intelectuales dentro y fuera de la nación antillana han firmado un llamado a Estados Unidos titulado “La soberanía de Cuba debe ser respetada”. Entre los firmantes se encuentran varios premios Nobel, como el escritor portugués José Saramago, la activista por los derechos indígenas guatemalteca Rigoberta Menchú y personalidades de reconocido prestigio en el continente como el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer y el poeta uruguayo Mario Benedetti. “Debemos impedir a toda costa una nueva agresión”, señalan.

Cautela en la Casa Blanca

Tal vez en contra de algunos pronósticos, Estados Unidos ha preferido reaccionar con cautela ante la repentina indisposición de su más enconado antagonista en el hemisferio. El presidente George Bush se ha limitado a repetir el discurso habitual sobre la transición a la democracia y la asistencia de su administración a un posible gobierno post Castro, al tiempo que ha reconocido su desconocimiento de lo que en realidad está sucediendo en la nación caribeña.

En una conferencia de prensa el día 7 de agosto, Bush reiteró que “el pueblo cubano necesita decidir el futuro de su país”. “Deseamos que Cuba tenga la posibilidad de transformarse a sí misma de una situación de tiranía a un tipo de sociedad diferente”, dijo.

La secretaria de Estado Condoleeza Rice envió el día 4 un mensaje “al pueblo de Cuba” donde asegura que “aquellos que desean un cambio democrático pacífico” pueden contar con el respaldo de Estados Unidos.

“Alentamos al pueblo cubano a trabajar por un cambio positivo, y nosotros permanecemos listos para proveerlos de ayuda humanitaria, en cuanto comiencen a trazar un nuevo camino para su país”, anunció. “Ustedes deben saber que no tienen un mayor amigo que Estados Unidos”, sostuvo Rice, quien descartó una invasión militar al vecino archipiélago.

En una conferencia de presa celebrada el miércoles 23, el subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, Thomas Shannon, recordó una oferta hecha por Bush en mayo 2002, en torno a un futuro levantamiento del embargo.

Antes de hacer gestiones en el Congreso estadounidense para aplicar esa medida, las autoridades cubanas tendrían que liberar a los presos políticos, respetar los derechos humanos –en especial los esenciales para el ejercicio de la democracia-, permitir la creación de organizaciones independientes como partidos políticos y sindicatos, y crear un mecanismo que resultara en la realización de elecciones multipartidistas.

Esta vez Washington advirtió también al exilio cubano sobre sus deseos de intervenir directamente en la situación. “Una vez que el pueblo de Cuba decida formar un gobierno, entonces los cubanoamericanos podrán interesarse por ese país y lidiar con el tema de la confiscación de propiedades”, señaló Bush.

En la Florida, las palabras del mandatario estadounidense provocaron diversas reacciones. “El presidente Bush tampoco determina cuándo el exilio puede o no tener participación”, espetó Ninoska Pérez Castellón, del Consejo por la Libertad de Cuba.

“Nuestras preocupaciones y participación en el desarrollo de Cuba no esperarán hasta que ocurra una transición, porque estamos muy interesados en ayudar y acelerar una transición a la democracia tanto como podamos”, dijo Camila Ruiz, portavoz de la Fundación Nacional Cubano Americana, una de las organizaciones de la emigración tradicionalmente opuestas a Castro.

Esa agrupación hizo un llamado a las fuerzas armadas cubanas, el 2 de agosto, para que contribuyeran a la formación de un gobierno transitorio cívico-militar que evitase la entrega del poder a Raúl Castro, reportó El Nuevo Herald.

“Queremos que a partir de hoy se den los pasos hacia un proceso democrático, por eso es muy importante el apoyo de la comunidad internacional porque definitivamente Raúl no es aceptable como sucesor”, dijo Jorge Más Santos, presidente de la junta directiva de la Fundación.

Más Santos aseguró que contaba con el apoyo de las más altas autoridades de El Salvador, Nicaragua, República Dominicana, Francia y la República Checa, al tiempo que advirtió sobre la posible implicación de Venezuela en el desenlace de la situación cubana.

“Hugo Chávez puede darle ayuda no solamente militar, puede ser un factor preocupante dentro de Cuba, por eso le hemos pedido al gobierno de Estados Unidos que no permita que el mandatario interceda en Cuba”, agregó Más Santos.

La Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense creó este mes un nuevo puesto de director de inteligencia dedicado especialmente a obtener información sobre Cuba y Venezuela. Carl Kropf, portavoz de la Oficina del Director Nacional de Inteligencia de la nación norteña, indicó que el objetivo del nuevo cargo es dar “una respuesta a preocupaciones a más largo plazo” sobre la necesidad de “mantener una visión estratégica” de ambas naciones.

Varios miembros del senado estadounidense propusieron el 2 de agosto la aprobación de un presupuesto adicional de hasta 80 millones de dólares para financiar las actividades de la oposición en la isla y de este modo acelerar “una transición pacífica”.

El proyecto, titulado “Ley para la Transición en Cuba 2006”, fue presentado por el senador republicano John Ensign, republicano de Nevada, y coauspiciado por otros cuatro legisladores de ambos partidos.

Los fondos brindarían asistencia a presos políticos y disidentes, organizaciones laborales y bibliotecas independientes, activistas pro derechos humanos y profesionales opuestos al actual gobierno de La Habana.

En declaraciones a IPS, Geoff Thale, experto en asuntos cubanos de la Oficina en Washington sobre América Latina (WOLA), consideró que para Estados Unidos lo mejor sería asumir “un nuevo compromiso con Cuba, porque hay mucha gente con la que deberíamos hablar”.

“No espero que el gobierno de Bush adopte esa posición en esta etapa, pero al menos sería constructivo que dejen que el proceso de sucesión siga adelante”, añadió Thale.

Por su parte, Dan Ericsson, experto en asuntos cubanos de la organización Diálogo Interamericano (IAD), estimó que la Casa Blanca “ha gastado mucho tiempo en la planificación del escenario menos probable, el de una acelerada transición a un gobierno democrático y proestadounidense”.

“El gobierno estadounidense debería restablecer canales de comunicación con el nuevo gobierno de Cuba, ya sea directamente con Raúl Castro o a través de intermediarios”, dijo Erickson a IPS.

Oposición dividida

La oposición cubana al gobierno de Fidel Castro no ha conseguido tampoco en esta ocasión aunar fuerzas y presentar una postura común ante el presente o el futuro del país. Los criterios han sido divergentes, como reflejo de las tradicionales divisiones que aquejan a la disidencia interna.

“Estamos en presencia de un acontecimiento sin precedentes en la historia de la Nación desde 1959, ante el cual la estabilidad y el orden social constituyen un problema de seguridad nacional, crucial para el futuro del país”, consideró en un comunicado Manuel Cuesta Morúa, jefe del grupo moderado Arco Progresista, de tendencia socialdemócrata. Su reacción fue la primera que, de manera formal, trascendió entre los círculos opositores.

“Nuestra propuesta es que Fidel (Castro) deje permanentemente el cargo para iniciar un proceso de diálogo y concretar pactos por la transición con las autoridades provisionales en Cuba”, dijo Morúa.

En una línea similar, el dirigente del movimiento Cambio Cubano, el ex comandante Eloy Gutiérrez Menoyo, opinó que en este momento “se abre una gran oportunidad para que Raúl pueda iniciar cambios que no ha hecho Fidel. Más tarde o más temprano tendrán que reconocer que el país se hace de la diversidad”.

Vladimiro Roca, representante de la plataforma Todos Unidos, opinó que la llegada de Raúl no significará cambio alguno. “La proyección es la misma que la de Fidel, nosotros seguimos siendo mercenarios para ellos”, dijo.

Una postura más radical presentó Marta Beatriz Roque, jefa de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil y abierta simpatizante de las políticas de Bush hacia Cuba. A su juicio, Raúl no abrirá “nuevos espacios” en la política del país, aunque en su opinión no cuente con el mismo respaldo que su hermano, tanto dentro como fuera de la isla.

“El pueblo cubano tiene que despertar en algún momento”, manifestó Roque a la agencia AP.

Oswaldo Payá, del Movimiento Cristiano de Liberación (MLC), estimó que “lo más prudente y lo más justo es mantener la serenidad, que se mantenga la paz social y que los actores, que somos todos los cubanos, incluyendo a quienes están en el gobierno, reflexionen y contribuyan a que se abra una etapa de diálogo y tolerancia”.

Payá, galardonado por la Unión Europea con el Premio Sajarov, fue el autor del Proyecto Varela y actualmente promociona un nuevo proyecto de cambios en la isla llamado Todos Cubanos.

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