Conflictos de la emigración en Cuba

En 1992, 10 800 000 personas habitaban la isla de Cuba y se consideraba que una de cada diez vivía en Estados Unidos.

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La unidad familiar es el aspecto de la cultura cubana que los exiliados en Estados Unidos valoraron más, según resultados de un estudio.

Cada año, más de un millón de personas emigran permanentemente fuera de su país y casi el mismo número solicitan asilo. El número de refugiados en 1976 fue de 2,8 millones. En la década de 1980, ocho millones de inmigrantes legales fijaron su residencia en los Estados Unidos, Canadá y Australia, mientras la cantidad de personas, en su mayoría procedentes de los países en desarrollo, que trabajan legal o ilegalmente en otros países se eleva ya a 70 millones.

 

“Las migraciones internacionales pueden ser beneficiosas tanto para los países emisores como para los receptores, pero en la década de los noventa están convirtiéndose rápidamente en un importante problema internacional”, señala el informe sobre el Estado de la Población Mundial 1992 del Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP).

Estados Unidos recibió un promedio de 603 000 inmigrantes permanentes cada año durante la segunda mitad de los ochenta, la cifra más elevada de su historia después de los primeros veinte años de este siglo. La emigración a Canadá y Australia se duplicó entre 1984 y 1988.

En 1989 la antigua Alemania Occidental acogió a 720 000 personas de origen alemán procedentes del este de Europa, sin contar los de la desaparecida Alemania Oriental.

El arribo y asentamiento de las altas cifras de inmigrantes, han creado tensiones en muchas partes del mundo. En Europa, los inmigrantes de los países en desarrollo se suman a las poblaciones de las grandes ciudades, donde compiten por la vivienda y los trabajos mal remunerados con los sectores más pobres de esos países.

En 1988, en los Países Bajos, el paro era de un 13 por ciento entre los holandeses, pero en cambio se elevaba a un 27 por ciento entre los surinameses y a un 44 por ciento entre los turcos que vivían allí. Los gobiernos europeos se suman a la lista de los 57 estados del mundo que a finales de los ochenta aplicaban políticas encaminadas a reducir la inmigración.

El derecho internacional contemporáneo define como refugiados a aquellos que viven fuera de su patria y tienen motivos fundados para temer persecución a causa de ideas políticas o religiosas y por su origen étnico.

La mayoría de los refugiados responden a ese definición, sin embargo, cada vez aumenta más el número de personas que no huyen por razones políticas; hombres y mujeres, familias enteras, que abandonan sus hogares empujados por el deterioro del medio ambiente o por una precaria situación económica, dispuestos a cruzar la frontera entre la desesperación y la esperanza a cualquier precio. Ellos constituyen ya una nueva categoría de refugiados: los refugiados económicos y ambientales.

Mención especial merece el caso de Estados Unidos como lugar tradicional de acogida para las “masas hacinadas” del mundo; el “paraíso terrenal” para cientos de miles de habitantes del planeta. Estimaciones recientes consideran que desde la fecha hasta el año 2025, los únicos incrementos en la fuerza de trabajo de ese país procederán de la emigración. A partir de 1950 los latinoamericanos escogieron al gran país del norte como el destino preferido a la hora de emigrar.

Así, la población de hispanos EE.UU. se incrementó en 265 por ciento; de 4 millones en 1950 a 14,6 millones en 1980 lo cual equivalía al 6,4 por ciento de toda la población 2020 de proseguir el ritmo de un millón de entradas legales e ilegales al año aproximadamente y de continuar elevados los índices de fecundidad de las emigrantes latinas. De ser como se plantea, los hispanos desplazarían a los negros como la minoría más numerosa de Estados Unidos. (C. Davis, C. Hamb y J. Willete: U.S. Hispanics: Changing the Face of America, Populatino Bulletin, 1983).

Según fuentes del FNUAP “las actuales tendencias demográficas incrementarán las presiones a favor de la emigración. El crecimiento de las poblaciones en el Sur irá a un descenso de las tasas de crecimiento natural en el Norte. Como un gradiente entre zonas de altas y bajas presiones en la atmósfera, se podría generar un creciente vendaval de emigraciones que se abatirá sobre el Norte”.

El caso cubano

Hasta bien entrado este siglo, Cuba se caracterizó por ser un país de inmigrantes. En los negros brujos, Fernando Ortíz analiza como al finalizar el siglo XVII “inicióse la verdadera colonización de Cuba, y a la colonización principalmente militar y burocrática de las regiones meridionales de la Península sucedió la agrícola de los hijos de Canarias y la comercial industrial de los naturales de las provincias gallegas, cantábricas y catalanas”.

A los españoles se les suma hasta los años setenta del siglo XIX, la inmigración forzada de miles de esclavos africanos y chinos culíes que debían dar respuesta a las exigencias de mano de obra para el desarrollo azucarero y tabacalero.

Durante la primera mitad del siglo XX, con sus altas y bajas en dependencia de las guerras mundiales y de la situación del azúcar en el mercado mundial, Cuba continúa siendo un lugar atractivo para los que buscaban perspectivas mayores a las que tenían en sus países de origen y constituía una escala de ida o regreso en el camino a los Estados Unidos de América.

Con la década del cincuenta llega el fin de esta tendencia: de país de inmigrantes, Cuba pasa definitivamente a ser un país de emigrantes. Los cubanos salen a buscar fuera de Cuba las oportunidades que hasta entonces los extranjeros habían buscado en esta isla; muchos también se van en carácter de refugiados políticos.

Según datos del servicio norteamericano de inmigración y naturalización, entre 1948 y 1957 unos 80 000 cubanos se asentaron como residentes permanentes en su territorio.

El año 1959 marcaría el inicio de una nueva etapa: las transformaciones económicas, políticas y sociales introducidas en la isla por el gobierno de Fidel Castro trajeron de regreso a 220 000 exiliados cubanos entre 1959 y 1977 y alejaron en igual período a 798 975.

Aunque Cuba continuó recibiendo como inmigrantes a toda la fuerza calificada que llegaba desde el antiguo campo socialista así como a exiliados latinoamericanos que pedían refugio político en la isla, con la excepción del año 59 el saldo migratorio externo se ha mantenido negativo durante todos estos años, o sea, los llegados al país nunca han sido los suficientes como para contrarrestar o evitar la disminución de la población a consecuencia de las migraciones.

Al principio emigraron los que de una forma u otra estaban relacionados con el gobierno de Fulgencio Batista y los propietarios de las grandes empresas o latifundios. Le siguieron miles de pequeños propietarios que se habían visto afectados por la expropiación de sus comercios y profesionales de todo tipo, entre los que se destacaba casi todo el personal calificado en la esfera de la salud. La propaganda anticomunista llevó a muchos padres a separarse de sus hijos pequeños y enviarlos solos a un futuro incierto ante el temor de perder la patria potestad o de que los “llevaran a Rusia para lavarles el cerebro”.

“Yo fui una de las tantas madres que escogió separarse de sus hijos y mírame, aún estoy aquí. Estuve más de diez años sin verlos, desesperada, casi sin noticias”, dice a IPS una mujer de 61 años la cual nunca recibió la añorada visa para reunirse con los suyos.

Sin embargo, muchos fueron los migrantes que respondieron más a una inercia familiar que a causas políticas: padres que se fueron siguiendo a los hijos, esposas a esposos… y así en el mejor de los casos porque hubo familias que queriéndolo nunca se reencontraron. Para todos, la salida de Cuba tenía el sello de la eternidad. El que se va, se va y lo hace para siempre. El retorno, en la mayoría de los casos, no existe.

Así se dividió la historia en los cubanos “de allá” y “de aquí”, “de afuera” y “de adentro”. Unos 10 800 000 personas habitan la isla de Cuba en 1992 y se considera que uno de cada diez cubanos, vive en Estados Unidos. Sólo en Miami se contabilizan 565 000 ciudadanos de origen cubano, lo cual significa el 65 por ciento de todos los hispanos que viven allí.

La migración entre ambos países, la reunificación familiar y los viajes con visas temporales de cubanos a Estados Unidos o a Cuba, han estado matizadas durante todos estos años por los intereses políticos de ambos países. Estados Unidos politiza la emigración cubana desde el momento en que considera a todo exiliado cubano como refugiado político. Cuba politiza el fenómeno desde que cataloga a cualquier emigrante como traidor a la patria.

“Durante muchos años cartearse con un familiar en el Norte podía ser un freno al querer ser miembro de una organización política o trabajar en determinados lugares. Eso ha variado y ya nadie anda preguntando sobre esas cosas, se necesita menos edad para viajar a Estados Unidos, pero la gente también teme pedir el viaje para visitar a un familiar y que en el centro de trabajo se le mire mal. En cuanto a los militantes del Partido Comunista o la Unión de Jóvenes Comunistas, deben olvidar esa posibilidad si quieren seguir siéndolo”, comentó a IPS un profesor preuniversitario en trámites de visa para viajar a Miami.

La separación “eterna” pareció haber llegado a su final en los últimos años de la década del 70 cuando se le permitió a los exiliados viajar a Cuba para visitar a sus familiares, lo cual perdió fuerza con los hechos de la embajada del Perú y Venezuela y el éxodo por el puerto del Mariel, en 1980, de miles de personas.

“No es sencillo obtener una autorización de salida por parte del gobierno cubano. Pero tampoco es sencillo obtener el permiso de entrada por parte de Estados Unidos”, opina Wayne Smith, ex jefe de la Sección de Intereses de ese país en Cuba.

Una cubana de vacaciones en Norteamérica fue sorprendida del lado de allá por la suspensión en 1962 de todos los vuelos desde y hacia la Isla: “Tuvieron que pasar quince años para ver nuevamente a mi madre. Tenía 18 años cuando me quedé sola allá, sin saber qué hacer con mi vida y haciendo todas las gestiones del mundo para regresar. Volví hecha una mujer y con dos hijos”, comenta a IPS.

La suspensión de vuelos duró tres años hasta la apertura en 1965 del puerto Boca de Camarioca; en diciembre de ese año se establecía el puente de Varadero para las salidas legales y el cual estuvo vigente hasta 1973.

A partir de 1966 el gobierno norteamericano pone en vigor el Acta de reajuste, por la cual cualquier cubano, independientemente de la vía que usara y los motivos que tuviera, podía recibir el status de refugiado político con sólo arribar a suelo norteamericano y permanecer en este un año.

Así, las leyes a favor de la inmigración cubana sumadas a la lentitud a la hora de otorgar residencias permanentes legales a los cubanos deseosos de irse a vivir a Estados Unidos, incentivó durante todos estos años la salida ilegal del territorio cubano.

A principios de esta década, Cuba comienza a aumentar el rango de edades de los cubanos con permiso a viajar fuera del país por asuntos personales y siempre y cuando se le pague el pasaje en otro país.

Al mismo tiempo, la Oficina de Intereses norteamericana se vuelve aún más cuidadosa a la hora de otorgar sus visas. Un joven de 32 años comentó a IPS al recibir una negativa a su pedido de visa: “Mi padre se fue cuando el Mariel (1980) y yo entiendo que ellos crean que yo quiero ir a verlo para quedarme… por eso no me la dieron. Lo más bonito es que si me voy en una balsa, me reciben con los brazos abiertos. No entiendo nada”.

Fuentes del Departamento de Estado norteamericano informaron en junio de 1991 que más de 20 000 cubanos que visitaron ese país como turistas en los 18 meses anteriores decidieron quedarse y otros 1 500 habían llegado por mar en lo que iba de año.

Según la emisora Radio Martí, hasta finales de agosto de 1992 habían llegado ilegalmente a las costar estadounidenses alrededor de 480 cubanos. Se considera que de los que hacen el intento del arriesgado viaje marítimo, un tercio es interceptado por los guardacostas de la Isla, un tercio perece en el intento y sólo un tercio llega a su destino.

Jesús González es un caso con suerte. A sus 31 años llegó a las costas norteamericanas después de pasar cinco días en altamar, en una balsa, sin alimentos ni agua. El rescate lo recibió inconsciente después de haber tragado mucha agua salada y haber atacado a sus acompañantes pues “estaba enloquecido”.

Durante algunas horas sólo pensó en arrojarse al mar. Administrador de una panadería habanera, González organizó la salida en una balsa con unos amigos porque, según él, “las condiciones económicas en Cuba, habían empeorado y le era muy difícil encontrar comida suficiente para él y su familia”.

Mientras los cubanos que se van por estos días huyen, sobre todo, de la precaria situación de abastecimientos que padece la Isla , en las calles del exilio la mayoría trata de vivir tranquila, prosperar y, al menos, mantener un pequeño negocio familiar.

Una reciente entrevista al Ministro Cubano de Relaciones Exteriores, Ricardo Alarcón, dividió como casi siempre en los últimos tiempos, a los cubanos en dos polos opuestos.

Por primera vez Alarcón se dirigió a “la gran masa de (exiliados) cubanos” para la cual “la situación de los últimos años ha sido dramática” y llamó a normalizar los lazos entre todos los cubanos. La declaración del ministro cubano podía considerarse la continuidad de un anuncio del gobierno cubano permitiendo a todos los cubanos radicados fuera de la Isla a invertir en la misma, siempre y cuando no hayan tenido que ver con las fuerzas de oposición a la revolución cubana.

Mientras José Cruz, presidente de la Coalición Cubano-Americana, calificó el mensaje de Alarcón como una señal positiva de la Isla, la Fundación Nacional Cubano-Americana dijo que los comentarios “estaban encaminados a ganar tiempo para Castro a la vez que introducía una cuña en la comunidad en el exilio”.

Las diferencias entre las dos organizaciones van más allá de esta coyuntura y son, sin lugar a dudas, reflejo de las dos tendencias predominantes entre los exiliados cubanos: la primera se pronuncia a favor del diálogo entre los gobiernos de ambos países, por la eliminación del embargo comercial y la normalización de las comunicaciones y viajes para el reencuentro familiar.

La segunda, aboga por un embargo económico aún más estricto, en contra de todo diálogo y enarbola ideas tales como la devolución a los exiliados de sus propiedades en la Isla.

Realidades del exiliado cubano

Un sondeo entre 4 676 cubanos asentados fuera de Cuba fue auspiciado en 1991 por la entidad Sacerdotes Cubanos del Encuentro Internacional de Comunidades de Reflexión Eclesial Cubana en la Diáspora (CRECED).

Si algo realmente relevante caracteriza a esta encuesta publicada en El Nuevo Herald (Miami, 11 de mayo de 1992) es que por primera vez se realiza el intento de reunir el sentir de los exiliados de la Isla en todos los estados de Estados Unidos y en otros países como Puerto Rico, España, Venezuela, Australia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Canadá, Holanda, Arabia Saudita, Suiza, entre otros.

A 500 años del descubrimiento de América o del encuentro de dos culturas, como quiera llamársele, la encuesta trató de determinar “dónde están espiritualmente los cubanos del exilio” a través de preguntas sobre religión, política, educación, familia y cultura.

Razones del emigrante: La mayoría de los hombres cubanos, el 82,4 por ciento, asegura haber abandonado la Isla por razones políticas, mientras que casi el 78 por ciento de las mujeres citó la misma razón. Casi el 18 por ciento de los encuestados dijo haber sido preso político o haber participado en algún movimiento contra el gobierno de Fidel Castro.

Los vínculos familiares fueron la principal causa por la que casi el 14 por ciento de las mujeres salió de Cuba comparado con el 9,4 entre los hombres. Aunque la situación política cubana fue lo que motivó a la mayoría de los encuestados a abandonar la Isla antes de 1980, los vínculos familiares cobraron mayor importancia para los que salieron después de esa fecha.

El porcentaje de los que arribaron por razones familiares a Estados Unidos u otros países, se elevó a 23 entre 1981 y 1991.

Actividad anticastrista: Sólo una minoría, el 11 por ciento de los encuestados, aseguró participar en algún tipo de actividad contra el actual gobierno cubano. Proporcionalmente, los exiliados que residen en Nueva York y Nueva Jersey son los más activos: el 20 por ciento dijo que participaba en este tipo de actividad. Casi el 15 por ciento de los exiliados de 30 a 39 años de edad dijo estar activo políticamente; le siguen el grupo de 40 a 49 años con el 13 por ciento y el de los menores de 19 con 12,5.

Según el sondeo los exiliados cubanos están más activos en grupos cívicos para el mejoramiento de sus actuales comunidades, que en grupos políticos. El 28,2 por ciento dijo ser activo cívicamente, sobre el 10,9 por ciento que dijo ser activo políticamente.

Las principales preocupaciones citadas por los exiliados son la falta de unión y liderazgo en la lucha contra el gobierno de Fidel Castro; los riesgos de los vicios, las drogas, el crimen y la violencia, la discriminación, problemas con un nuevo idioma, la soledad, el materialismo, la pérdida de valores tradicionales, problemas económicos y la falta de servicios religiosos en español.

En 1992 se contabilizan 565 000 personas de origen cubano en Miami, lo que representa el 65 por ciento del total de hispanos  en esa ciudad (Dalia Acosta - IPS).Para los residentes en Miami y Hialeah, la desunión y la carencia de liderazgo es el problema más serio. Los de Puerto Rico señalan el crimen y la violencia. Los de España y Venezuela se quejan, sobre todo, de la economía y el desempleo. Los que viven en Nueva York son los más preocupados por la pérdida de los valores morales.

Situación económica: Aunque un gran porcentaje de cubanos posee altos niveles educativos, muchos han tenido que desempeñar trabajos en el exilio para los que están más calificados de lo necesario.

La encuesta realizada por sacerdotes católicos cubanos arrojó que casi el 44 por ciento de los que abandonaron la Isla antes de 1965 habían terminado alguna carrera universitaria. El por ciento de exiliados con título disminuyó hasta un 14,2 por ciento entre los que salieron en 1980 y se elevó a casi el 24 entre 1981 y 1991.

Casi el 54 por ciento de los mayores de 60 años dijo haber aumentado su educación desde que llegó de Cuba, mientras que el cien por ciento de los menores de 19 años afirmó lo mismo. Sin embargo, el exilio le ha traído a muchos un descenso ocupacional: mientras el 50,5 señaló que desempeñaba un trabajo de tipo profesional, administrativo o de negocios en Cuba, sólo el 37,2 por ciento desempeña este tipo de trabajo en el exilio.

El 7,2 por ciento dijo que en Cuba trabajaba como obrero o era campesino y ese número se duplicó en el exilio. El 4,8 por ciento de los cubanos se dedicaba a las empresas de servicios mientras que el 8,6 lo hace en el exilio. Los que se dedicaban a las ventas y otros trabajos de oficina en la Isla, ascendían al 25,2 por ciento de los encuestados, lo cual alcanzó el 26 por ciento fuera de Cuba.

Una abrumadora mayoría, el 76 por ciento, dijo haber mejorado económicamente. Según la encuesta la sensación de prosperidad es más fuerte entre los más jóvenes y los que salieron del país caribeño por el puente marítimo Mariel-Cayo Hueso en 1980, son los que más sienten haber progresado.

Lazos familiares y culturales: El mantenimiento de las tradiciones culturales es altamente valorado y priorizado por los migrantes cubanos. Incluso aquellos que han vivido casi tres décadas fuera de la Isla afirman sentirse más cubanos que personas de cualquier otra nacionalidad.

El sentirse cubano fue descrito por el 48,9 por ciento como conocer sus raíces y estar orgulloso de ser cubano. El 32,6 por ciento describió ser cubano como sentir amor por su país; el 18,5 restante lo describió como mantener las costumbres y recuerdos.

La unidad familiar es el aspecto de la cultura cubana que los exiliados en Estados Unidos valoran más, fundamentalmente para los que viven fuera de las principales comunidades del exilio. Casi el 38 por ciento de los residentes en estados del medio-este y del este del país, mencionaron la unidad familiar como lo más preciado.

El vínculo familiar entre los exiliados y sus parientes en la Isla es muy fuerte, indica el informe de la encuesta. El 70 por ciento de los interrogados dijo tener algunos o bastantes familiares en la Isla. Sin embargo, sólo una minoría, aproximadamente el 16 por ciento, ha regresado a Cuba para visitar a sus familiares. Los envíos es un tema que divide a los exiliados en proporciones casi iguales: el 52 por ciento nunca envía, el 40,2 por ciento ha hecho algún que otro envío a sus familiares y el 8,3, lo hace con frecuencia.

Los exiliados en España, Puerto Rico y Venezuela, son los que más envíos realizan y el porcentaje de las personas que mandan paquetes aumenta, a medida que se hace más reciente la fecha de la salida de Cuba.

Otros aspectos mencionados entre los más preciados fueron la música, la historia y las tradiciones. Increíblemente, la comida típica cubana no ocupó un lugar prominente en la encuesta.

Retorno: Aunque la mayoría de los cubanos dijo continuar sintiéndose cubano, el posible retorno a la Isla de ocurrir cambios políticos significativos, es aún incierto. La respuesta más frecuente fue: No sé. El 45,5 por ciento dijo no saber si regresaría, el 34,4 por ciento no lo haría y el 20,1 por ciento dijo que sí.

Una encuesta realizada en abril de 1992 entre 437 exiliados cubanos del condado de Dade para el Canal 23 de Miami, indicó que el 64 por ciento no planea regresar a Cuba, que los menos interesados en hacerlo son los más jóvenes, mientras que los que llegaron durante la última década son los más deseosos de volver, casi el 37 por ciento dijo que regresaría.

La mayoría, el 62,2 por ciento, aspira a una Cuba democrática con libre empresa y servicios básicos al pueblo. El 18,3 lo describió simplemente como un gobierno democrático con libre empresa. El 13,5 por ciento de los encuestados aspira tener una Cuba con un gobierno democrático donde el mismo controle los grandes medios de producción, exista libre empresa y servicios básicos gratuitos para el pueblo.

Últimas noticias

Las elecciones de 1992 se acercan y, nuevamente, el tema de Cuba y el mantenimiento o no del embargo económico contra ella, es tema de las campañas electorales de los candidatos a la presidencia. Organizaciones de derechos humanos de Estados Unidos critican al gobierno de su país por “hostilizar” a los cubanos radicados en Miami, partidarios de un acercamiento con la Cuba de Fidel Castro.

Organizaciones cristianas estadounidenses han logrado enviar a la Isla medicamentos para enfermos de cáncer y del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), antibióticos para niños, leche en polvo, harina, carne de cerdo enlatada, jabones e insulina, lo cual constituye el inicio de una campaña de ayuda humanitaria.

Pero si algo tiene preocupados a los cubanos de ambos lados del mar, es la situación de las comunicaciones telefónicas después del paso del huracán Andrés por el estado de La Florida.

Informados de los serios daños materiales y queriendo saber de sus familiares, los habitantes de la Isla pasaron los primeros días después del desastre con la esperanza del restablecimiento de los circuitos telefónicos dañados por el huracán hasta que una Declaración del MINREX, dada a conocer el viernes 4 de septiembre por el Noticiero Nacional de Televisión, reducía casi a cero la posibilidad de recibir noticias de los familiares radicados en Miami.

En dicho documento se explica que “al ocurrir la interrupción, la empresa operadora del servicio telefónico en los Estados Unidos, ATT, comenzó a enrutar su tráfico de salida hacia Cuba haciendo tránsito por otros países, lo que no fue aceptado por no haber sido convenido con la parte cubana; por la negativa del gobierno norteamericano a autorizar los pagos correspondientes a Cuba por este servicio y además por provocar una fuerte congestión en dichas rutas… esta lamentable interrupción de las líneas, unida a la situación económica por la que atraviesa nuestro país y que obliga a destinar los limitados recursos financieros disponibles en moneda convertible hacia necesidades más urgentes, nos imposibilita restablecer el servicio por otras rutas alternas que implicarían fuertes erogaciones de divisas.

Cuba denuncia los obstáculos impuestos por Estados Unidos a unas negociaciones entre EMTELCUBA y la ATT para normalizar el servicio telefónico a través de un cable submarino que reemplazaría el arcaico y obsoleto sistema de radio recién interrumpido, exige el pago de más de 80 millones de dólares que le corresponden a la empresa operadora cubana por sus costos de operación desde 1966 y la firma de un acuerdo que propicie la normalización de las telecomunicaciones.

Según la declaración, durante todos estos años, Cuba ha continuado empleando sus recursos para el mantenimiento de las comunicaciones “a pesar de no recibir un solo centavo de lo que legal y justamente nos corresponde. Nos ha movido a ello el sentido humanitario de mantener los contactos entre la población cubana y sus familiares radicados en Estados Unidos. Pero la situación económica de nuestro país ha cambiado sustancialmente por lo que no podemos continuar invirtiendo nuestros recursos en esta dirección”.

¿Cederá Washington? ¿Mejorará la situación económica en Cuba al punto de decidir emprender acciones unilaterales para el restablecimiento de las comunicaciones? Mientras sucede una u otra cosa, la familia cubana sufre las consecuencias de la incomunicación y el aislamiento.

Cronología

1962 – Una ley de migración y asistencia a los refugiados cubanos en Estados Unidos, favorece a todos los que llegan desde la Isla en calidad de inmigrantes.

– Quedan suspendidas las líneas regulares de comunicación entre Cuba y Estados Unidos.

1965 – Se abre el puerto de Camarioca, en la provincia de Matanzas. Varios miles de personas salen por él para establecerse en Estados Unidos.

– Tienen lugar negociaciones entre ambos países y se establecen las salidas legales desde Varadero.

1966 – Entra en vigor el Acta de reajuste por la cual cualquier cubano, independientemente de la vía que use o los motivos que tenga, es considerado refugiado político de sólo arribar a suelo norteamericano y permanecer en este por un año.

1973 – Se suspenden las salidas por Varadero.

1978 – Cuba se pronuncia por programas migratorios con énfasis en la salida de los presos políticos y expresos políticos con sus familiares, en la reunificación familiar a partir de reclamos desde EE.UU. y en el viaje de los que poseen doble ciudadanía.

1979 – Comienzan los viajes de la comunidad cubana en el exterior a Cuba.

1980 – Se produce el éxodo masivo de cubanos a través de la entrada ilegal a diferentes embajadas y la apertura del puerto del Mariel.

1984 – Firma de los acuerdos migratorios entre Cuba y Estados Unidos.

1985 – Cuba suspende los acuerdos como respuesta a la salida al aire de la emisora Radio Martí.

1986 – Cuba decide, unilateralmente, excarcelar y dar salida del país acompañados de sus familiares a presos políticos.

1987 – Reanudación de los acuerdos migratorios.

1988 – Se establece una cuota de 50 viajeros semanales procedentes de Estados Unidos.

– Se autoriza a residentes en Estados Unidos mayores de 65 años a viajar a Cuba por motivos familiares, incluidos aquellos que salieron después de 1978 y por el Mariel.

1990 – Se reduce la edad de los cubanos para viajar temporalmente a Estados Unidos a 40 años las mujeres y 45 los hombres.

1991 – Se reduce la edad para viajar temporalmente a 20 años en ambos sexos.

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