Congreso del PCC preparó a la sociedad para eventuales cambios

El Cuarto Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) dio poderes extraordinarios al Comité Central para hacer cambios al modelo socialista.

Trabajadores

El Congreso ratificó a Fidel Castro como el líder máximo de la Revolución cubana.

A diferencia de sus tres ediciones anteriores, que normaron un camino, el Cuarto Congreso del Partido Comunista de Cuba preparó a la sociedad para eventuales cambios en su modelo, según la situación interna y la coyuntura internacional.

La decisión sin precedentes de la reunión de otorgar facultades extraordinarias al nuevo Comité Central de 225 miembros, deja abierta una capacidad de maniobra emergente para tratar de salvar el proyecto político.

Ese poder fue entregado además a un Comité Central renovado en un 53 por ciento de su composición, donde ingresaron varias decenas de figuras jóvenes que no trascienden los 35 años.

De hecho, el órgano rector del Comité Central, el Buró Político, tendrá también facultades excepcionales para las decisiones, que tienen una influencia directa en el Estado y el Parlamento, según el papel rector del Partido, reconocido por la Constitución.

El Buró Político, que hasta este congreso estaba integrado fundamentalmente por compañeros de lucha de Fidel Castro, se renovó en 14 miembros. Figuras históricas como Vilma Espín, Armando Hart, Jorge Risquet, Pedro Miret, José Ramón Fernández y Julio Camacho Aguilera, no fueron contemplados en la nueva nómina.

La reunión, que sesionó del 10 al 14 de octubre en la oriental ciudad de Santiago de Cuba, a 967 kilómetros al sureste de La Habana, introdujo varias modificaciones en el orden político y económico.

En el orden político, el Congreso aprobó la admisión en sus filas de creyentes religiosos, hasta ahora marginados del proceso.

La entrada de católicos, evangélicos y santeros de ritos africanos a las filas de la organización forma parte de una estrategia de unidad nacional concebida por la dirección de la organización.

De tal forma, y aún conservando su antiguo nombre, el Partido varió su esencia a de “la nación cubana”.

Los comunistas cubanos ratificaron la “condición de partido único, de la nación cubana, martiano, marxista y leninista”, con lo cual desoyeron las peticiones de sectores opositores y fuera de la isla que abogan por un sistema pluripartidista y la eliminación de la hegemonía del Partido Comunista reconocido por la constitución.

Otra modificación política sancionada por el Congreso fue el voto directo de la población para elegir a los diputados al Parlamento Nacional y a los delegados a las Asambleas Provinciales.

Tal medida había sido solicitada por organizaciones opositoras al Gobierno, que guardan ahora una esperanza de incluir algunos de sus miembros, a título personal, en esos cuerpos de Gobierno.

La reunión decidió transferir estos temas a la Asamblea Nacional (Parlamento) para que decida las modificaciones pertinentes.

Otra modificación acordada en los estatutos es la eliminación del Secretariado del Comité Central, así como de los cargos de miembros suplentes en todos los organismos del Partido.

El Congreso también ratificó la validez del centralismo democrático (subordinación de la minoría a la mayoría) como principio de funcionamiento, aunque especificó “la más amplia democracia interna, asegurando la plena libertad de discusión”.

Otro aspecto debatido en este Congreso fue la actividad de la prensa, de la cual numerosos delegados se quejaron por no reflejar la realidad del país.

En materia económica, el Congreso avaló las actuales acciones emprendidas por el ejecutivo para enfrentar la crisis económica que padece el país y lograr avances en el camino al desarrollo.

En este sentido, dio su apoyo al Programa Alimentario a la vez que descartó la restitución del Mercado Libre Campesino, modalidad suprimida en 1985 por distorsiones en su concepción original.

La reunión también aprobó el trabajo individual por cuenta propia en los servicios, como complementación del trabajo del Gobierno para satisfacer las demandas acumuladas.

Las inversiones mixtas con capitales estatales o privados extranjeros u otras formas de asociación productiva, fueron aprobadas también.

En este sentido, el Congreso apoyó la propuesta de Castro de tomar esta modalidad también como una posibilidad para contribuir a saldar la deuda externa cubana en moneda convertible, calculada en 7.000 millones de dólares.

También apoyó la propuesta de Castro en la primera Cumbre Iberoamericana de México, realizada en julio, de darle un tratamiento preferencial a los capitales de América Latina y El Caribe.

En el ámbito industrial, el Congreso concedió una independencia relativa a las grandes empresas para que apliquen un sistema de autogestión en su funcionamiento.

A juicio de observadores políticos en la capital cubana, el Congreso ratificó su línea política general, pero dejó abiertas las puertas para posibles modificaciones según lo exijan las circunstancias.

Diplomáticos extranjeros en la capital cubana sostuvieron que los comunistas cubanos se cuidaron también de no marcar su reunión con cambios trascendentales, que pudieran sugerir una capitulación política.

En todo caso, señalaron, el Congreso dejó listo los carriles para que en un futuro próximo, esos cambios vayan aflorando de manera no traumática.

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