Cuba-EE.UU: ¿Acaso cambiará la política hacia Cuba?

Analistas consideraron en 2008 que la intención de Obama de desarrollar una política más flexible hacia Cuba, reduciría las tensiones entre la isla y EE.UU.

Archivos IPS Cuba

“Luego de ocho años de desastrosas políticas de Bush, es tiempo de buscar la diplomacia directa, con amigos y adversarios por igual, sin precondiciones”, señaló Barak Obama.

A lo largo de casi ya medio siglo, el tema Cuba ha formado parte de la agenda política de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos. Si algo ha caracterizado esas visiones, hasta la actualidad, es la forma determinante en que, tanto republicanos como demócratas, han mantenido la línea dura hacia la isla.

Sin dejar de continuar esa línea por parte del aspirante republicano a la Casa Blanca, John McCain, esta última liza presidencialista comporta un cambio de percepción por parte de su contrincante demócrata Barack Obama, quien promete una postura más flexible.

De todas maneras, ningún otro suceso podrá emerger como mejor prueba de un fracaso de la política exterior estadounidense que el 50 aniversario de la revolución cubana, el próximo primero de enero. Diecinueve días más tarde, un nuevo presidente estadounidense (el undécimo desde que Fidel Castro derrocó el régimen del general Fulgencio Batista) heredará esa política, señaló thewashingtonpost.com, en mayo pasado.

A juzgar por las declaraciones de los candidatos presidenciales, sólo el senador Barack Obama sugiere un cambio. En un discurso en Miami, prometió levantar inmediatamente las restricciones impuestas por el presidente Bush en 2004 a los viajes y las remesas familiares, agregando que “no hay mejores embajadores de la libertad que los cubanoamericanos”.

Esta posición más “benévola” pudo significar un suicidio político en el sur de la Florida no hace mucho tiempo, pero las cosas están cambiando.

Obama, como quien dice, fue a la cueva del lobo a decir sus ideas. En un discurso en la sudoriental ciudad de Miami, ante la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), tradicionalmente la más dura e influyente de los grupos anticastristas, Obama se comprometió a “eliminar las restricciones a los viajes y los envíos familiares de remesas a la isla” para los residentes cubanos, de modo de “hacer a sus familias (en Cuba) menos dependientes del régimen de (Raúl) Castro”.

“Permítanme ser claro”, dijo Obama. “John McCain ha recorrido el país hablando de cuánto anhelo encontrarme con (el presidente cubano) Raúl Castro, como si estuviera buscando una reunión social. Nunca dije eso, y McCain lo sabe. Luego de ocho años de desastrosas políticas de Bush, es tiempo de buscar la diplomacia directa, con amigos y adversarios por igual, sin precondiciones”, señaló.

“Habrá una preparación cuidadosa. Estableceremos prioridades claras. Y, como presidente, estaré dispuesto a conducir esa diplomacia en la ocasión y el momento que considere oportunos, pero sólo cuando tengamos la oportunidad de avanzar a favor de los intereses de Estados Unidos y de la causa de la libertad del pueblo cubano”, añadió.

El candidato demócrata a la presidencia estadounidense también pone distancia de la política seguida contra Cuba por su amigo William Clinton, cuando fue candidato y mandatario estadounidense hace 16 años. Por entonces, Clinton dio otra vuelta a la tuerca de las restricciones, firmando la Ley Helms-Burton.

Exilio no tan duro

Según la encuesta sobre Cuba de 2007, de la Universidad Internacional de la Florida, una mayoría de los votantes cubano-estadounidenses todavía apoya una intervención militar para derrocar al gobierno de Castro. Pero, al mismo tiempo, una mayoría también preferiría la eliminación de las restricciones impuestas por Bush en 2004 (52,1 por ciento) y el comienzo de un diálogo con representantes del gobierno cubano (60,1 por ciento), apunta thewashingtonpost.com.

Destaca la publicación digital que la frustración dentro de la comunidad cubanoestadounidense se intensificó durante los casi ocho años de retórica fuerte de la administración de Bush, la cual ahora muchos de ellos sienten que no fue más que demagogia política.

Desafortunadamente, muy poco se logró. La FNCA concluyó en un informe, en marzo, que menos del 17 por ciento de los fondos destinados a Cuba a través de la Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos fueron usados en asistencia directa. “El restante 83 por ciento fue usado para cubrir gastos operativos de las organizaciones receptoras de los fondos, estudios de transición elaborados fuera de la isla y actividades realizadas en Estados Unidos”, afirmó la fundación.

La campaña de Obama está reconociendo algo que otros han ignorado o evaluado en forma distinta: la comunidad del exilio cubano incluye posiciones cada vez más diversas y en su totalidad está frustrada con el status quo, subraya el artículo.

Si bien el exilio cubano ha apoyado firmemente a los republicanos en el pasado, Obama y los demócratas tienen más que ganar ofreciendo una alternativa real a la línea dura del pasado. Y éste es el momento indicado.
Si finalmente el candidato demócrata gana la presidencia, enero tal vez represente otro suceso histórico: la erosión irreversible de una terca política externa basada en una supuesta posición monolítica de los votantes cubanoestadounidenses, concluye thewashingtonpost.com.

Una situación distinta

De todas maneras, quien llegue al despacho oval encontrará otra situación en la vecina isla. El nuevo presidente estadounidense será el primero en cinco décadas que no enfrentará a Fidel Castro, coinciden en señalar analistas estadounidenses.

Si bien ese factor es tenido en cuenta como importante de cara al derrotero de la isla, ello implica una pregunta que no deja de ser inquietante: “¿Qué pasará con Cuba en el largo plazo?”.

Así trascendió durante un reciente encuentro en el centro de estudios Diálogo Interamericano (IAD), con sede en Washington, según un despacho de IPS desde la capital estadounidense.

En esa cita, Dan Restrepo, representante de la campaña de Obama, y Adolfo Franco, hablando en nombre de McCain, señalaron que ambos candidatos presidenciales comparten el objetivo de apoyar los pasos cubanos hacia la democracia, pero tienen estrategias completamente diferentes para alcanzar ese fin.

“No podemos seguir haciendo lo mismo y esperar nuevos resultados”, dijo el portavoz del candidato demócrata, aludiendo a la histórica creencia en la Casa Blanca de que aislar a la isla es la mejor política, motivo del embargo comercial unilateral que ya lleva 46 años.

Otra de las propuestas de Obama es la de abrir conversaciones oficiales para poner fin a las sanciones, a cambio de que la isla libere a todos los presos políticos. Sin embargo, la postura del actual gobierno de Raúl Castro es la del diálogo, pero sin condiciones previas.

En la reunión, el empresario Kirby Jones predijo que el plan de Obama fracasará si la liberación de los prisioneros políticos es presentada como una condición para las conversaciones. Jones recordó que la estrategia de establecer condiciones para conversaciones diplomáticas ha demostrado ser infructuosa.

Wayne Smith, primer jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana y experto en el tema, puso énfasis en que si el nuevo gobierno tiene como prioridad mejorar las relaciones con América Latina como un todo, no puede dejar a un lado el diálogo con Cuba.

La Ley de Ajuste Cubano, de 1966, provee asistencia económica a los cubanos que lleguen a Miami y les facilita su acceso a la ciudadanía estadounidense (Archivos IPS Cuba).Smith también llamó a suprimir la Ley de Ajuste Cubano, de 1966, que provee asistencia económica a los cubanos que lleguen a Miami y les facilita su acceso a la ciudadanía estadounidense, un trato más beneficioso que a los inmigrantes de otras naciones. “¿Por qué esa ley todavía está en los libros?”, preguntó, ya que las circunstancias han cambiado y su eliminación acabaría con los incentivos para la inmigración cubana, un punto de tensiones entre Washington y La Habana.

La intención de Obama de desarrollar una política más flexible y creativa hacia Cuba, con un papel más activo de la diplomacia, incluida la posibilidad de establecer contactos entre su administración y el gobierno cubano, contribuiría a reducir las tensiones entre ambos países, afirman analistas.

Las políticas de fuerza sólo han conseguido polarizar el viejo conflicto entre ambas orillas del estrecho de la Florida y elevar el nivel de la confrontación.

La visión de Castro

Sobre la plataforma cubana de Obama, el ex mandatario Fidel Castro ha dicho que las propuestas del candidato demócrata en mayo, al reunirse en Miami con un amplio espectro de la comunidad cubano-estadounidense, se pueden traducir en una fórmula de hambre para la nación, las remesas como limosnas y las visitas como propaganda para el consumismo y el modo de vida insostenible que lo sustenta.

La perspectiva de que el senador de Illinois llegue a la presidencia de Estados Unidos no es un asunto menor para las autoridades cubanas, por la influencia ideológica que pudiera ejercer en la población, consideran politólogos foráneos y locales.

Si esa percepción ha estado siempre presente como una amenaza real, en las actuales circunstancias de un país virtualmente destruido por dos huracanes y con un alto nivel de precariedad en el nivel de vida de la población, la llegada de cientos de miles de cubanoestadounidenses a la isla para ver y ayudar a sus familias tendría un impacto que no desea la dirigencia cubana, comentó una socióloga profesora universitaria que solicitó el anonimato.

No pocos recuerdan la repercusión que tuvo en el país la llegada masiva de los emigrados cubanos en 1979. Por esa vía, muchos en la isla pudieron tener una percepción de la vida de los cubano-estadounidenses que desembarcaron como triunfadores, diferente a la visión oficial, apuntan analistas.

El asunto no sólo quedó en una mirada distinta hacia los que estaban del lado de allá, sino fueron beneficiarios directos o indirectos mediante las ayudas de aquellos que se fueron. No son pocos los que consideran que la salida de más de 100.000 cubanos por el puerto del Mariel, en 1980, fue la resultante de esa influencia y la añoranza por alcanzar el modo de vida de los Estados Unidos.

Por entonces, la situación económica en la isla era muy distinta a la actual, gracias a sus relaciones con la ex Unión Soviética y el resto del campo socialista del este europeo, apuntan analistas.

Para muchos militantes comunistas en la isla, lo de 1979 fue como abrir la caja de Pandora. “La gente empezó a gustarle en consumismo y a criticar el comunismo”, apunta un jubilado que milita en un núcleo zonal del Partido Comunista de Cuba.

Hoy, en adición, problemas viejos y nuevos en la isla complican el escenario político y social, al tiempo que la comunidad cubana en el exterior es más numerosa y con más solvencia en su conjunto que en 1979, estiman observadores.

Al respecto indican que sólo en el tema de las remesas, estas llegaron a ser del orden de los 1.000 millones de dólares durante los años duros del llamado período especial y antes de las restricciones implementadas por el gobierno de Bush y la dura devaluación impuesta luego a esa moneda en Cuba.

Compleja ecuación

Bajo las circunstancias internas predominantes en la isla en la actualidad, de ganar Obama en noviembre y de ser fiel a lo planteado respecto a Cuba, la ecuación costos-beneficios para las autoridades cubanas entraría en la categoría de compleja, aseguran diplomáticos en La Habana.

De lo que sí no hay dudas es de que el escenario cubano ha cambiado, como también la percepción que sobre su país de origen o de sus antepasados tienen muchos cubanos en Estados Unidos. A ello súmese el fracaso de las políticas aislacionistas y de confrontación de los gobiernos estadounidenses hacia la isla.

De ganar McCain, sería muy torpe de su parte comportarse con la dureza prometida. No pocos piensan que esa política tiene vasos comunicantes con el apoyo electoral que le brinda el influyente grupo “duro” de la comunidad cubano-estadounidense. Todo estaría a expensas de los resultados electorales en la Florida y, desde luego, del odio visceral que el republicano siente por la revolución cubana.

Para algunos analistas, McCain es partidario de disminuir la dependencia de Estados Unidos de los combustibles externos, que lo ha llevado a defender las prospecciones petroleras cerca de las costas estadounidenses, en contraposición con quienes temen por los daños que quizás ocasionarían al turismo y el medio ambiente.

Es tal vez por esta vía que el tema Cuba le llegue a las manos, pues no sería nada descabellado autorizar a firmas estadounidenses a realizar contratos conjuntos con Cuba para explotar los yacimientos petrolíferos ubicados en la zona del Golfo de México y el Estrecho de la Florida, opinan analistas. Ellos mismos consideran que para lograrlo habrá que reducir considerablemente el nivel de confrontación política entre ambos países.

Tampoco puede pasarse por alto que con la administración de Bush, a partir de 2001, Estados Unidos se ha convertido en el principal suministrador de alimentos, con alrededor del 35 por ciento de las importaciones cubanas, pese a todas las restricciones vigentes.

Se sabe que esa fue una jugada maestra de Fidel Castro, en aquel entonces, al convertir una ayuda humanitaria, tras el paso del devastador huracán Michelle, en una abertura al férreo embargo económico y comercial, que no sólo ha reportado los beneficios señalados, sino que ha permitido disponer de un lobby entre los granjeros estadounidenses para erosionar las políticas anticubanas en el Congreso. Castro, desde su activa convalecencia, parece querer hacer lo mismo en esta oportunidad tras el paso destructor de Gustav y Ike.

Las compras de alimentos a Estados Unidos hoy tienen un peso específico en la economía cubana. A ello ha de sumarse también el monto de las remesas (con tendencia al crecimiento, tras la reciente catástrofe natural) que, sin duda alguna, también se hacen sentir como un alivio en las menguadas arcas estatales.

Todos estos factores binacionales conforman un escenario que propende, inteligencia y capacidad diplomática por medio de las partes en conflicto, a cambios en la política de Estados Unidos hacia Cuba.

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