Cuba-EE.UU.: Carter dio oxígeno a oposición

El ex presidente de EE.UU. James Carter fue bienvenido tanto desde la oficialidad como desde la oposición.

Jorge Luis Baños - IPS

Carter respaldó fuertemente el opositor Proyecto Varela.

El ex presidente de EE.UU. James Carter fue bienvenido tanto desde la oficialidad como de la oposición. Para observadores, su presencia en Cuba permitió a la fragmentada oposición ampliar sus posibilidades de movimiento, aunque algunos de sus dirigentes manifiestan escepticismo respecto del real alcance de la incipiente apertura.

Aún así, el viaje dio lugar al contrapunto de dos concepciones diferentes sobre los derechos humanos, materia de acusaciones contra el gobierno de Fidel Castro. En Estados Unidos se considera “sumamente importante tener una absoluta libertad de expresión y asociación. Nos sentimos orgullos de la libertad que tenemos para poder criticar a nuestro propio gobierno”, dijo Carter el lunes 13 de mayo. El ex gobernante explicó su concepción de los derechos humanos en conversación con estudiantes de una escuela de trabajadores sociales, la que visitó pocas horas después de reunirse con dos conocidos opositores cubanos.

Para no dejar dudas de su imparcialidad, Carter se reunió con todas las partes. Con los opositores sostuvo dos encuentros, uno el día 13 y otro el 16 de mayo. El penúltimo día de su estancia en la isla de régimen socialista, con alrededor de 20 representantes de la disidencia que actúa sin status legal en el país.

El presidente de la ilegal Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, Elizardo Sánchez, y el líder del Movimiento Cristiano Liberación, Oswaldo Payá, dialogaron con Carter acerca de las dificultades de la oposición para desarrollar su actividad en Cuba. El gobierno de Castro, aunque de cierta manera las tolera, acusa frecuentemente a las organizaciones de disidentes de intentar socavar el orden interior por cuenta de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana.

La cuestión de la libertad de expresión y asociación concentra las principales críticas de Washington al régimen socialista de Castro, defensor, en cambio, del pleno acceso de la población a la cultura, la salud y la educación como base del verdadero respeto de los derechos humanos. Para Castro, no puede haber libertad “sin justicia ni igualdad”, y Cuba se acerca cada vez más aceleradamente al “sueño de verdadera libertad, de verdadera democracia, de verdaderos derechos humanos”.

Sin embargo, la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) aprobó en abril una resolución que, si bien no condena al gobierno de Castro, lo insta a obtener avances similares a los sociales en el campo de los derechos civiles y políticos.

Entre las carencias señaladas a Cuba para un ejercicio pleno de los derechos humanos figuran la falta de pluralidad política y de prensa, así como una mayor libertad para ingresar al país y salir de él.

La resolución aprobada en abril por 23 votos a favor, 21 en contra y nueve abstenciones fue presentada por Perú y Uruguay, con el patrocinio de Canadá y varios países de América Latina. “Esos países -y me estoy refiriendo en este caso concreto a los de América Latina – son la negación total de los derechos humanos que mencionábamos”, afirmó Castro, en un discurso escuchado por Carter y miles de alumnos de la Escuela Latinoamericana de Medicina.

Al parecer en busca de neutralidad, el encuentro con miembros de la disidencia se concretó en la residencia de Luis Gómez Echeverri, coordinador residente en La Habana de la Organización de Naciones Unidas (ONU), y entre los asistentes se encontraban Vladimiro Roca y su esposa Magaly de Armas.

Roca fue puesto en libertad el día 5 de mayo, dos meses antes de cumplir una condena de cinco años de cárcel, acusado de sedición.

A la cita, también acudieron los otros miembros del Grupo de los Cuatro, Félix Bonne, Martha Beatriz Roque y René Gómez, quienes habían sido excarcelados paulatinamente antes de cumplirse la totalidad de sus respectivas sentencias.
Roque, una de las primeras en abandonar el lugar, dijo que habló a Carter sobre la privación de derechos civiles en el país, como el de viajar libremente al exterior. Al respecto, comentó el caso concreto de la doctora en medicina Hilda Molina, ex directora del Centro Internacional de Restauración Neurológica (CIREN), quien espera desde hace siete años la autorización oficial para reunirse con su hijo en Argentina.

Carter brindó un fuerte respaldo al llamado Proyecto Varela, una iniciativa de organizaciones opositoras que buscan cambios políticos mediante el uso de recursos constitucionales.

Pero Roque habría entregado a Carter el texto de una iniciativa alternativa al Proyecto Varela, al que sí adhirió Roca, cabeza del ya disuelto Grupo de los Cuatro.

Encuentros similares a los protagonizados por Carter y la disidencia cubana tuvieron lugar en 1999, durante la IX Cumbre Iberoamericana efectuada en La Habana. En esa ocasión, representantes de la oposición conversaron con el jefe del gobierno español, José María Aznar, y con los entonces presidentes Julio María Sanguinetti, de Uruguay, y Jorge Sampaio, de Portugal, además de varios cancilleres de América Latina.

El gobierno cubano consideró a esos contactos parte de un supuesto intento de sabotear la cumbre por parte de Estados Unidos, de los que responsabilizó a la entonces secretaria de Estado (canciller), Madeleine Albright, y a diplomáticos de la Oficina de Intereses de ese país en La Habana.

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