Cuba-EE.UU.: Todo está por ver

¿Cuáles serán los límites y alcances de la política hacia Cuba de Barack Obama?

Marc Nozell, Wikimedia Commons

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

La sombra de la cautela parece echarse sobre cuáles serán realmente los límites y alcances de la política hacia Cuba del flamante presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Raúl Castro  estuvo entre los primeros  altos funcionarios cubanos en emitir su opinión, tras la toma de posesión de su homólogo estadounidense, “Parece un buen hombre, le deseo suerte”, dijo escuetamente el gobernante cubano, al ser consultado por la prensa durante el recorrido que hizo junto a la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, por la Escuela Latinoamericana de Medicina, en La Habana.

El  general Castro ha reiterado su disposición al diálogo “sin intermediarios” y en “igualdad de condiciones”; también ha señalado que Obama ha levantado “esperanzas excesivas”.

Por su parte, el líder histórico de la revolución, Fidel Castro, le expresó a la mandataria de la nación sudamericana, respecto al nuevo gobernante estadounidense, que le parecía “una persona sincera y con buenas ideas”.

El ex gobernante cubano opinó sobre  Obama que no alberga la menor duda de su honestidad y la forma con que expuso sus ideas en su discurso de investidura, pero que “a pesar de sus nobles intenciones” quedan “muchas interrogantes para responder”. En esa dirección señaló: “a modo de ejemplo me preguntaba: ¿cómo podría un sistema despilfarrador y consumista por excelencia preservar el medio ambiente?”.

Las observaciones del veterano dirigente cubano sobre el nuevo mandatario del vecino país resuman prudencia, envuelta en un celofán de amable sinceridad y respeto. Fidel Castro bien pudiera definirse como un infalible “catador” de presidentes estadounidenses;  él, como nadie en el mundo, puede calibrar a los nuevos inquilinos de la Casa Blanca. La experiencia de haber sobrevivido a una decena de administraciones de estadounidenses le otorga esa autoridad.

El convaleciente líder refirió también que el 20 de enero tenía importancia histórica para Cuba, pues marcaba el momento en que habían transitado 10 gobernantes a lo largo de 50 años, sin haber podido destruir la Revolución Cubana, pese al inmenso poder de ese país.

El presidente de la Asamblea Nacional (parlamento unicameral), Ricardo Alarcón, fue el primero en emitir una opinión oficial al término del traspaso de mando en la Casa Blanca, al declarar que le pareció “muy interesante” el discurso, pero le dejó “interrogantes” de si cumplirá las expectativas.

“Yo creo que es muy interesante, lo oí, primero él es un gran orador, muy bien hecho, muy bien expresado y hay que leerlo con interés’’, destacó el jefe parlamentario y miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba, quien por muchos años fue embajador en Naciones Unidas y es considerado un experto sobre el diferendo Cuba-EE.UU. en la alta nomenclatura de la isla.

Las declaraciones de prominentes figuras políticas son explícitas en cuanto al reconocimiento al nuevo  líder estadounidense, pero van acompañadas de prudencia y cautela.

Esa línea del pensamiento oficial concuerda con lo expresado por Raúl Castro cuando, en el acto del primero de enero, por los 50 años de la Revolución, alertó sobre “los cantos de sirena del enemigo”, porque “nunca dejará de ser agresivo, dominante y traicionero”.

Por su parte,  Fidel Castro mucho antes había dejado sentada en una de sus “Reflexiones” la postura de no conversar bajo la filosofía de “garrote y zanahoria’’.

Otra de las manifestaciones oficiales respecto al nuevo ejecutivo estadounidense estuvo focalizada en la muy discreta resonancia que tuvo en la prensa cubana el hecho noticioso más importante del mundo, el 20 de enero. De la toma de posesión de Obama solo se comentó en el programa televisivo Mesa Redonda, que dedicó su edición al análisis de los retos del flamante ocupante de la Casa Blanca.

Mientras, el diario oficial Granma afirmó que al nuevo presidente estadounidense, Barack Obama, le llegó el momento de hacer efectivas sus promesas electorales y de esperanza de cambio.

Especialistas sociales cubanos también coincidieron con la línea de cautela del gobierno local. “Cada día que pasa soy menos optimista sobre el alcance de los cambios que pueda traer Obama en relación con Cuba”, comentó a IPS Luis René Fernández, subdirector del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CESHEU), de la Universidad de La Habana, sin dejar de reconocer lo positivo que sería un posible alivio en la política de enfrentamiento.

El especialista considera también que “a pesar de las recomendaciones de los mejores expertos en temas cubanos en el país del norte, que coinciden en la necesidad de avanzar en el desmontaje del bloqueo en mayor o menor grado, parece poca la disposición del nuevo Poder Ejecutivo de mejorar las relaciones bilaterales más allá de la liberación de los viajes de los cubanoamericanos a Cuba.

“Si nos atenemos a lo que ha planteado Obama y su secretaria de Estado, Hillary Rodham Clinton, más recientemente, como evidencia de la política, no cabe esperar mayores cambios”, indicó el experto. Fernández, quien  agregó, sin embargo, que “quedaría por ver si, debido a las presiones y acciones en el Congreso, en este nuevo contexto, se logra eliminar otras restricciones mayores”.

La otra cara de la moneda

Los denominados líderes de la disidencia cubana acudieron  a la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana (SINA), para presenciar  por la televisión el ceremonial de llegada a la Casa Blanca de Barack Obama, según confirmaron medios internacionales.

El discurso de Obama fue ovacionado por los invitados en cada una de sus apariciones. Pasará a la historia como un “clásico de la política”, indicó el economista Oscar Espinosa Chepe, uno de los 75 opositores encarcelados en 2003, quien ahora disfruta de una licencia extrapenal por motivos de salud.

Tras el discurso de investidura del nuevo gobernante estadounidense, la reacción  no se hizo esperar, según reportan diversas agencias internacionales de noticias.

Para Elizardo Sánchez, al frente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) “lo más importante es haber asistido a la reproducción de la democracia más antigua de las Américas”.

Por su parte, Miriam Leiva, fundadora de las Damas de Blanco y devenida “periodista independiente”, subrayó que el gobierno cubano “debe tomar muy seriamente” la disposición de Obama “de conversar e ir a un mejoramiento de las relaciones”.

Asistió también a la citación Héctor Palacios, quien estuvo varios meses en el extranjero para recibir atención médica y se entrevistó con Obama el 22 de mayo, en Miami. Para él, el discurso del mandatario demócrata podría poner al gobierno cubano “contra la pared”, si concreta una voluntad de diálogo, pues La Habana está acostumbrada al choque frontal.

Martha Beatriz Roque, quien milita en la  denominada “línea dura” de la exigua oposición interna y no asistió a la convocatoria de la SINA, no comparte las expectativas de sus compañeros de lucha.

“No tenemos ninguna esperanza con Obama, hay que pensar en todos los problemas que tiene como para que se ocupe de Cuba”, declaró  por teléfono, desde su casa, a una agencia internacional de noticias.

El opositor moderado Manuel Cuesta, quien dijo no haber sido invitado a la legación estadounidense, afirmó que espera al menos haya una distensión del conflicto. “No creo que al gobierno cubano le interese dialogar o que levanten el embargo, porque sería como desnudar al rey, dejarlo sin pretextos para sus errores y no hacer apertura”.

Para Eloy Gutiérrez Menoyo, ex comandante que estuvo exiliado y preso, un cambio en la política de Washington ayudaría a una apertura. Sin embargo, Vladimiro Roca cree, por su parte, que la isla “no es prioridad para Obama, y el gobierno cubano no tiene real voluntad de diálogo”.

Los de Miami

En Miami, centro del  exilio isleño, cinco organizaciones solicitaron al presidente Barack Obama que confirme su apoyo a la disidencia interna, con el propósito de alentar una apertura política en la isla, y advirtieron que cualquier legitimización unilateral hacia el régimen de La Habana pone en riesgo las aspiraciones democráticas del pueblo cubano.

El mensaje fue suscrito por los grupos Plantados hasta la Libertad y la Democracia, MAR por Cuba, Directorio Democrático Cubano, Cuba Democracy P.A.C. y el Consejo por la Libertad de Cuba (CLC), con motivo de la toma de posesión del nuevo inquilino de la Casa Blanca y en medio de pronósticos de que el gobierno de Obama tendrá un enfoque menos estricto en la política hacia Cuba que su antecesor George W. Bush.

El manifiesto solicitó que Obama plantee tres condiciones para un diálogo con la isla: libertad de los presos de conciencia, legalización de partidos políticos y celebración de elecciones libres, bajo la supervisión de observadores internacionales.

Sin embargo, esa postura de intransigencia del núcleo radical de la Florida contrasta con la aspiración de una amplia mayoría de  emigrados que está a favor de buscar vías para un diálogo y la disminución de las presiones contra la isla de las cuales ellos también son víctimas por la vía de los vínculos familiares.

Según una encuesta sobre Cuba de la Universidad Internacional de la Florida, realizada en 2007, una mayoría  de los votantes cubanoamericanos radicados en ese estado  preferiría la eliminación de las restricciones impuestas por Bush (52,1%) y el comienzo de un diálogo con representantes del gobierno cubano (60, 1 %).

Otras miradas

El gobierno de Obama tendrá un enfoque mucho menos estricto para otorgar visas, lo que facilitaría los viajes en ambas direcciones para académicos, artistas, científicos y estudiantes, dijo a El Nuevo Herald uno de los asesores del nuevo mandatario para el  tema, quien pidió no ser identificado, al no estar autorizado para opinar públicamente sobre el asunto.

El experto agregó que probablemente habrá algunos cambios en las normas sobre la venta de productos agrícolas, para facilitar los pagos, y que en general el tono del nuevo gobierno trasmitirá el mensaje de que hay buena voluntad para una mayor apertura en intercambios y discusiones con La Habana y América Latina.

“Lo más seguro es que el embargo no se levante”, afirmó. “Pero es muy probable que habrá más de lo que se ha dicho hasta ahora”.

Por su parte, Peter Hakim, presidente de Diálogo Interamericano, un grupo de estudios de Washington, dijo que el nuevo gobernante se concentrará en “victorias fáciles” para ver cómo están las cosas. “Obama hará cosas que no puede evitar, como eliminar las restricciones. Esto es lo más fácil, no le cuesta y le da una proyección”, señaló.

“Pero no creo que se detenga ahí. Después se sentirá presionado a tomar más decisiones”, añadió Hakim.

Los primeros pasos podrían incluir declaraciones sobre los disidentes cubanos encarcelados, permitir intercambios como “dejar que equipos de béisbol de ligas infantiles jueguen en Cuba” y dejar el camino libre a cualquier iniciativa de organizaciones internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo y la Organización de los Estados Americanos (OEA), comentó Hakim.

Después de esto, “la reacción de Cuba y de Miami decidirá la suerte de los próximos pasos a dar”.

Desde la Cámara de Comercio de Estados Unidos (USCC) hasta la Oficina de Washington sobre América Latina, cada vez más grupos creen que es el momento oportuno para trabajar en serio por el acercamiento.

“A nivel interno, Obama le debe mucho menos a los cubano-estadounidenses de línea dura que el presidente Bush”, expresó Dan Erickson, experto del centro de estudios Diálogo Interamericano y autor de un nuevo libro sobre las relaciones entre Washington y La Habana, titulado The Cuba Wars (Las guerras de Cuba). “Ganó en la Florida sin necesitar una mayoría del voto cubano-estadounidense y, al final, ni siquiera necesitó ese estado para ganar las elecciones. Eso le da un espacio mucho más amplio de movimiento”.

“El centro de gravedad político cambió desde la campaña y hay mucho más espacio para levantar la prohibición a los viajes a Cuba para todos los estadounidenses y para involucrarse en formas nuevas y creativas con el gobierno cubano”, aseguró a IPS Sarah Stephens, cuya organización, el Centro para la Democracia en las Américas, publicó un informe de 100 páginas sobre cómo los dos países podrían normalizar sus relaciones en nueve áreas clave. “Espero que Obama evalúe estas oportunidades históricas y no se eche para atrás”, agregó.

De hecho, desde las elecciones el 4 de noviembre, varias organizaciones llamaron a desmantelar el embargo. Dos semanas después de la victoria de Obama, una comisión interamericana de alto nivel, formada por la Brookings Institution, con influencia en el gobierno, pidió la inmediata eliminación de Cuba de la lista de países que promueven el terrorismo.

También exigió el levantamiento de todas las limitaciones de viaje a la isla y el fin de las restricciones a la ayuda humanitaria, así como la reintegración de La Habana a todas las instituciones regionales y mundiales, como la OEA y el Banco Mundial, de las que fue excluida a instancias de Washington.

Dos semanas después, el Consejo Nacional de Comercio Exterior (NFTC) divulgó una carta a Obama, firmada por los jefes de prácticamente todas las grandes asociaciones estadounidenses de negocios, incluyendo la USCC y la Federación Nacional de Minoristas, llamando a un “completo levantamiento de todas las restricciones comerciales y de viaje a Cuba”.

“Reconocemos que el cambio no vendrá todo de una sola vez, pero debe comenzar en alguna parte, y debe comenzar pronto”, rezaba la misiva.

La NFTC también divulgó un informe sobre los pasos específicos que podría dar Obama para aliviar las restricciones, sin procurar una ley en el Congreso, algunos de los cuales fueron citados en el nuevo informe del Centro para la Democracia en las Américas, incluyendo nueve áreas de cooperación, entre ellas búsqueda y rescate en casos de desastres naturales, exploración energética, salud y orden público.

Freedom House, un fuerte grupo anticomunista que recibe sustancial apoyo financiero de Washington, llamó públicamente por primera vez a terminar con las restricciones a los viajes y remesas a Cuba.

Política de compromiso

En una conferencia entre diplomáticos  estadounidense y expertos sobre el tema Cuba, auspiciado por el Centro de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS) de la Universidad de Miami, Vicki Huddleston, quien dirigió la Sección de Intereses en La Habana entre 1999 y 2002, señaló que Estados Unidos debe abandonar sus esfuerzos por lograr un cambio de régimen en Cuba y asumir una política “respetuosa, que acepte la realidad” de la isla.

“Es el tiempo de dejar a un lado la idea de cambiar el régimen, lo hemos intentado durante 50 años y no hemos tenido éxito”, dijo Huddleston. “Si tenemos una política respetuosa, que acepte la realidad, entonces Cuba no puede utilizar ningún pretexto para no dar libertades”, agregó la ex funcionaria, quien actualmente funge como investigadora de Brookings Institution.

Huddleston consideró también que una estrategia común de Estados Unidos con Latinoamérica presionaría aún más a La Habana, asfaltando el camino hacia una democratización. “Se requiere una política de compromiso”, enfatizó.

Además de Huddleston, participaron en el panel Manuel Rocha, ex embajador de Estados Unidos en Bolivia; y James Cason, cuyo paso por la Sección de Intereses marcó una etapa de altas tensiones diplomáticas entre 2002 y 2005.

Cason pronosticó que Obama ordenará un exhaustivo análisis sobre Cuba, pero advirtió que antes de cualquier cambio “debemos ser cuidadosos y mantener a la cabeza del debate qué es lo más conveniente para los cubanos de la isla, y no pensar solamente en lo que es mejor para nosotros”.

Cason respaldó una actitud negociadora, pero hasta que la era de los hermanos Fidel y Raúl Castro haya llegado a su fin. Dijo que hay personas en Cuba, refiriéndose a la disidencia, que piensan en forma diferente y “siempre tenemos que recordarlos”, puntualizó.

El especialista Jaime Suchlicki destacó la pluralidad de opiniones de cada uno de los conferencistas, en un momento importante para el futuro de la nación caribeña.

“Cada postura es distinta y precisamente por esta razón se ha hecho un análisis de las posibles opciones del presidente demócrata respecto a Cuba”, dijo Suchliki, director del ICCAS, establecido en 1999 para intercambiar ideas respecto a la agenda cubana.

Una nueva percepción

Las autoridades de la isla parecen percibir que una distensión real y tal vez perdurable con el  nuevo gobierno estadounidense implica todo un reto para una sociedad integrada en 70 por ciento por personas nacidas en la era revolucionaria y no siempre convencida de los “males” del capitalismo, consideran observadores.

Si Obama cumple su promesa, “nacerá una nueva etapa en el combate ideológico entre la Revolución Cubana y el imperialismo”, en la cual “será necesario el diseño de una nueva concepción teórica y propagandística acerca de nuestras ideas y su origen”, alertó Armando Hart, figura histórica y uno de los ideólogos de la Revolución Cubana, en un artículo sobre el tema.

Similar preocupación pareció gravitar en la celebración por el 50 aniversario de la Revolución Cubana, cuando el presidente Raúl Castro pidió a las nuevas generaciones estar en permanente alerta  ante el enemigo de siempre.

“Corresponde a la dirección histórica de la Revolución preparar a las nuevas generaciones para asumir la enorme responsabilidad de continuar adelante con el proceso revolucionario”, dijo Castro en su discurso del primero de enero en Santiago de Cuba.

Otros funcionarios del gobernante Partido Comunista de Cuba (PCC) son del criterio de que el pueblo cubano aún no está preparado para esa nueva situación. Sin embargo, esa percepción la asumen algunos analistas respecto de la burocracia local que, con un cambio en las relaciones, vería perder su principal argumento para justificar “políticas obsoletas y conductas oportunistas”.

Por otro lado, la línea de buena voluntad de Barack Obama hacia la vecina isla tendrá también que pasar por la demanda mundial al cese del bloqueo que, por reiteradas ocasiones, ha tenido el respaldo abrumador de los miembros  de la ONU.

En esa misma dirección está la voluntad unánime de los gobiernos latinoamericanos y caribeños que, en la Cumbre de Brasil, de diciembre último, se pronunciaron contra esa vieja política de Washington.

Analistas coinciden en afirmar que un cambio de política de la nueva administración estadounidense hacia América Latina, necesariamente,  deberá tomar en cuenta a Cuba, que ya ha sido aceptada plenamente en la comunidad regional, como lo muestra su ingreso al Grupo de Río.

Por el momento,  el Ejecutivo estadounidense  ha adoptado la medida de suspender los juicios en la obsoleta base naval de Guantánamo y ha prometido cerrar allí, en el transcurso de este año, la cárcel donde se encuentran los prisioneros de la guerra de Afganistán.

Sin embargo, la acción de la Casa Blanca toca de manera muy tangencial a Cuba. El presidente del parlamento cubano, Ricardo Alarcón, consideró insuficiente el anunciado cierre de la cárcel estadounidense de Guantánamo y reclamó la devolución a Cuba de ese territorio, ilegalmente ocupado.

El canciller Felipe Pérez Roque declaró a la prensa, en Guatemala, que el gobierno de Estados Unidos debe dar “el primer paso” en el camino a una mejora de las relaciones bilaterales. Según el funcionario, las autoridades de la isla están dispuestas a sentarse “a discutir de forma civilizada, pero no corresponde a Cuba dar el primer paso. Ellos tienen la palabra”, sentenció.

Del escepticismo a la crítica

Apenas una semana después de elogiarlo y, al mismo tiempo,  mostrarle su escepticismo respecto al cumplimiento de sus propósitos como gobernante de Estados Unidos, Fidel Castro pasó a la crítica abierta a Barack Obama.

El ex mandatario cubano lo acusó de abusar de su poder por condicionar la eventual devolución de la base de Guantánamo a Cuba y de “compartir el genocidio contra los palestinos”, siguiendo la línea de George W. Bush.

Fidel Castro reseñó declaraciones de Obama, según las cuales la eventual devolución de la base naval dependía de cómo afectaba la capacidad defensiva de Washington y de las concesiones que hiciera La Habana.

El tema de la base naval de Guantánamo, ubicada en el extremo suroriental de la isla, es uno de los puntos de conflicto más viejos en el diferendo histórico entre los dos países y hasta ahora se había mantenido “congelado”, subrayan analistas.

Para el líder histórico de la Revolución Cubana “equivale a la exigencia de un cambio” en el sistema político de la isla, contra lo cual “Cuba ha luchado durante medio siglo”, y mantener la ocupación de ese territorio es “un acto de soberbia y un abuso de su inmenso poder contra un pequeño país”.

Sobre el conflicto israelí-palestino, Castro señaló una declaración aparecida en el sitio web de la Casa Blanca, según la cual Obama defiende la alianza con Israel y el derecho de ese Estado a la defensa. Al respecto, el autor de las “Reflexiones” apunta que el mandatario estadounidense hace suya la política de Bush cuando señala que “es el modo de compartir el genocidio contra los palestinos en que ha caído nuestro amigo Obama”.

El líder cubano agregó que “edulcorantes similares” ofrece el presidente estadounidense a Rusia, China, Europa, América Latina y el resto del mundo.

La reacción del veterano líder cubano, consignan analistas, muestra  que el gobierno de la isla estará muy al tanto de cada paso de la  nueva administración demócrata. Otros consideran que Castro está dispuesto a demostrar, tal como lo dejó entrever en su primera valoración, cuál es el verdadero calado de las intenciones del llamado “hombre del cambio americano”.

Buscar relaciones por debajo de la mesa

Desde tiempos de John F. Kennedy hasta Bill Clinton, los presidentes de Estados Unidos exploraron secretamente la posibilidad de normalizar las relaciones bilaterales con Cuba, según documentos oficiales recién desclasificados y presentados por primera vez, según  informó el diario mexicano La Jornada, el 24 de enero.

La organización independiente National Security Archive, en Washington, presentó  una serie de documentos oficiales del gobierno estadounidense, hasta ahora secretos, que revelan desde una entrevista secreta entre un asesor de Kennedy con el Che Guevara, hasta los intentos de Kissinger por abrir un diálogo con representantes de Fidel Castro sobre la normalización de las relaciones.

Estos documentos, argumenta el director del proyecto sobre Cuba del Archive, Peter Kornbluh, podrían servir de guía para el gobierno de Barack Obama. “La historia demuestra que presidentes, desde Kennedy hasta Clinton, consideraron el diálogo tanto posible como preferible a una continuación de la hostilidad y agresión en la política estadounidense hacia Cuba. Este rico historial desclasificado del pasado ofrece un mapa a seguir en el futuro para el nuevo gobierno estadounidense”, declaró.

De hecho, una directiva secreta emitida en marzo de 1977, poco después de que Jimmy Carter asumió la presidencia, marca la primera y única vez en que un presidente ordenó la normalización de las relaciones con el gobierno de Castro. “He concluido que deberíamos lograr la normalización de nuestras relaciones con Cuba”, afirma la directiva presidencial NSC-6.

Un par de años antes, en 1975, un asesor de alto nivel del entonces secretario de Estado. Henry Kissinger, elaboró un informe secreto titulado “Normalizando relaciones con Cuba”, que afirmaba que “nuestro interés es lograr poner el asunto de Cuba detrás, y no prolongarlo de manera indefinida”.

Pero estos intentos comenzaron desde casi el principio. Entre los documentos revelados hoy, hay un informe de una reunión con el Che Guevara, en agosto de 1961. El asesor presidencial de Kennedy, Richard Goodwin, cuenta de su conversación informal con Guevara en Montevideo, Uruguay, donde dice que se tocaron, entre otros puntos, el deseo de Cuba de establecer un modus vivendi con Estados Unidos. Guevara también informó que, aunque Castro estaba dispuesto a hacer algunas concesiones para lograr ese objetivo, era innegociable el sistema político cubano.

“Es un hecho poco conocido que desde que el gobierno de Eisenhower rompió relaciones con Cuba, el 3 de enero de 1961, cada presidente ha participado en alguna forma de diálogo con Fidel Castro, a excepción de George W. Bush”, escribe Kornbluh con William LeoGrande, en el amplio artículo “Hablando con Castro”, en la revista Cigar Aficionado.

Líneas a destacar del discurso de Barack Obama

– Nuestra nación está en guerra frente a una red de gran alcance de violencia y odio. Nuestra economía está gravemente debilitada, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por el fracaso colectivo a la hora de elegir opciones difíciles y de preparar a la nación para una nueva era.

– Se han perdido casas y empleos y se han cerrado empresas. Nuestro sistema de salud es caro; nuestras escuelas han fallado a demasiados; y cada día aporta nuevas pruebas de que la manera en que utilizamos la energía refuerza a nuestros adversarios y amenaza nuestro planeta.

– Menos tangible, pero no menos profunda es la pérdida de confianza en nuestro país, un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y de que la próxima generación debe reducir sus expectativas.

– Hoy les digo que los desafíos a los que nos enfrentamos son reales. Son graves y son muchos. No los enfrentaremos fácilmente o en un corto período de tiempo. Pero Estados Unidos debe saber que les haremos frente.

– Hoy nos reunimos porque hemos elegido la esperanza sobre el temor, la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia. Hoy hemos venido a proclamar el fin de las quejas mezquinas y las falsas promesas, de las recriminaciones y los dogmas caducos que, durante demasiado tiempo, han estrangulado a nuestra política.

– Seguimos siendo la nación más próspera y poderosa de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando empezó esta crisis. Nuestras mentes no son menos inventivas, nuestros bienes y servicios no son menos necesarios que la semana pasada, el mes pasado o el año pasado. Nuestra capacidad no ha disminuido. Pero el tiempo del inmovilismo, de la protección de intereses limitados y de aplazar las decisiones desagradables, ese tiempo seguramente ha pasado. A partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y volver a empezar la tarea de rehacer Estados Unidos.

– El estado de la economía requiere una acción audaz y rápida y actuaremos no solo para crear nuevos empleos, sino para levantar nuevos cimientos para el crecimiento. Construiremos carreteras y puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que alimentan nuestro comercio y nos mantienen unidos. Pondremos a la ciencia en el lugar donde se merece y aprovecharemos las maravillas de la tecnología para aumentar la calidad de la sanidad y reducir su coste. Utilizaremos el sol, el viento y la tierra para alimentar a nuestros automóviles y hacer funcionar nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y universidades para hacer frente a las necesidades de una nueva era.

– La cuestión para nosotros tampoco es si el mercado es una fuerza del bien o del mal. Su poder para generar riqueza y expandir la libertad no tiene rival, pero esta crisis nos ha recordado a todos que, sin vigilancia, el mercado puede descontrolarse y que una nación no puede prosperar durante mucho tiempo si favorece solo a los ricos.

– En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros padres fundadores, enfrentados a peligros que apenas podemos imaginar, redactaron una carta para garantizar el imperio de la ley y los derechos humanos, una carta que se ha expandido con la sangre de generaciones. Esos ideales aún alumbran el mundo y no renunciaremos a ellos por conveniencia.

– A los otros pueblos y gobiernos que nos observan hoy, desde las grandes capitales hasta el pequeño pueblo donde nació mi padre: sepan que América es la amiga de cada nación y cada hombre, mujer y niño que persiguen un futuro de paz y dignidad y de que estamos listos a asumir el liderazgo, una vez más.

– Con viejos amigos y antiguos contrincantes, trabajaremos sin descanso para reducir la amenaza nuclear y hacer retroceder el fantasma de un planeta que se calienta. No vamos a pedir perdón por nuestro estilo de vida, ni vamos a vacilar en su defensa, y para aquellos que pretenden lograr sus fines mediante el fomento del terror y de las matanzas de inocentes, les decimos desde ahora que nuestro espíritu es más fuerte y no se le puede romper; no pueden perdurar más que nosotros, y los venceremos.

– Sabemos que nuestra herencia multiétnica es una fortaleza, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes  y de no creyentes. Estamos formados por todas las lenguas y culturas, procedentes de cada rincón de esta Tierra.

– A aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y la represión de la disidencia, tienen que saber que están en el lado equivocado de la Historia; pero le tenderemos la mano si están dispuestos a abrir el puño.

– A los pueblos de las naciones más pobres, nos comprometemos a colaborar con vosotros para que vuestras granjas florezcan y dejar que fluyan aguas limpias; dar de comer a los cuerpos desnutridos y alimentar las mentes hambrientas. Y a aquellas naciones que, como la nuestra, gozan de relativa abundancia, les decimos que no nos podemos permitir más la indiferencia ante el sufrimiento fuera de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos del mundo sin tomar en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros tenemos que cambiar con él.

– Nuestros desafíos podrían ser nuevos. Las herramientas con que les hacemos frente podrían ser nuevas. Pero esos valores sobre los que depende nuestro éxito -el trabajo duro y la honestidad, la valentía y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo-, esas cosas son viejas. Esas cosas son verdaderas.

– Han sido la fuerza silenciosa detrás de nuestro progreso durante toda nuestra historia. Lo que se exige, por tanto, es el regreso a esas verdades.

– Lo que se nos pide ahora es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento, por parte de cada estadounidense, de que tenemos deberes para con nosotros, nuestra nación, y el mundo; deberes que no admitimos a regañadientes, sino que acogemos con alegría, firmes en el conocimiento de que no hay nada tan gratificante para el espíritu, tan representativo de nuestro carácter que entregarlo todo en una tarea difícil.

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