Cuba: Festejo austero y expectante

Con rumores sobre la salud de Fidel Castro fue celebrado en Cuba el 50 aniversario de la Revolución.

Patricia Grogg

El país espera cambios estructurales en el modelo socialista.

Marcado por la ausencia de su líder histórico, Fidel Castro, transcurrieron las celebraciones por el aniversario 50 del triunfo de la  Revolución Cubana.

Un escueto mensaje  marcó su presencia en el ámbito de las celebraciones oficiales, “Al cumplirse dentro de pocas horas el aniversario 50 del Triunfo, felicito a nuestro pueblo heroico”, escribió. Ello contribuyó a avivar los rumores de un agravamiento de la salud del ex mandatario, quien desde julio de 2006 convalece de una enfermedad  que lo llevó el pasado año a renunciar a su postulación al frente del gobierno.

La conmemoración se caracterizó también por la austeridad y el recogimiento, tras un año en que la isla fue devastada por el paso de tres huracanes que dejaron más de 10.000 millones de dólares en pérdidas materiales.

De la misma manera, cubanos y cubanas llegaron a la efemérides con el inicio de un año, donde el ajuste económico y las reglas del juego interno recibirán otra vuelta de tuerca, tal como lo anunciara el presidente Raúl Castro al clausurar  las sesiones de trabajo de la Asamblea Nacional, días antes de la mencionada celebración.

La nación arribó también a este medio siglo de existencia bajo la égida revolucionaria, con la perspectiva de la urgente necesidad de cambios estructurales en el modelo socialista que le da sustento.

El primero de enero se efectuó el acto central por el triunfo de 1959, en Santiago de Cuba, a unos 900 kilómetros al este de La Habana. El escenario escogido, el Ayuntamiento y el Parque Céspedes,  en el centro de  esa urbe de  medio millón de habitantes, fue el mismo  donde Fidel Castro proclamó la victoria de su ejército guerrillero frente a la dictadura de Fulgencio Batista, tras tomar militarmente la segunda plaza de la isla.

La ausencia de personalidades extranjeras de alto nivel, como los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela y Evo Morales, de Bolivia, quienes indistintamente habían hecho público su interés por estar presentes en tan señalada ocasión, marcó también el perfil de la celebración.

Por su parte, la mayoría de los cubanos y cubanas conmemoraron la ocasión de una manera discreta, precedida por festividades navideñas y de fin de año caracterizadas por el recogimiento familiar, en medio de una situación económica y emocional que muchos coincidieron en calificar de poco estimulante.

Herencia y cambios

La sociedad cubana llegó a media centuria revolucionaria con la herencia de una obra colosal en todos los campos, como tan grande pudiera  ser la que debe emprender para salvarla, en medio de condiciones internas y externas muy complejas, estiman analistas.

El discurso de Raúl Castro en Santiago de Cuba fue, en buena medida, reflejo de todas esas circunstancias.

Tras hacer el obligado recuento histórico, el gobernante volvió sobre uno de los temas que  más se debaten hoy en la isla,  el del relevo de la dirección que lidera hasta hoy los destinos del país. Para muchos analistas, ese fue el eje estratégico discursivo del mandatario de 77 años de edad.

Corresponde a la dirección histórica de la Revolución preparar a las nuevas generaciones para asumir la enorme responsabilidad de continuar adelante con el proceso revolucionario, subrayó.

El gobernante retomó palabras de su hermano mayor, cuando el 17 de noviembre de 2005, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, ante dirigentes, estudiantes y autoridades de esa alta casa de estudios, advirtió que “este país puede autodestruirse por sí mismo; esta revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos (Estados Unidos); nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”, recordó Raúl Castro.

El mandatario expresó que los “dirigentes del mañana” no deben olvidar nunca que “esta es la revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes”, como dijo  su hermano Fidel Castro en 1959.

Llamó también a que tampoco se “reblandezcan con los cantos de sirena del enemigo y tengan conciencia de que, por su esencia, nunca dejará de ser agresivo, dominante y traicionero; que no se aparten jamás de nuestros obreros, campesinos y el resto del pueblo; que la militancia impida que destruyan al Partido”.

El general Castro añadió que, si los dirigentes del futuro “actúan así, contarán siempre con el apoyo del pueblo, incluso cuando se equivoquen en cuestiones que no violen principios esenciales”, de lo contrario, no tendrán la fuerza necesaria ni la oportunidad para rectificar, pues “les faltará la autoridad moral que solo otorgan las masas a quienes no ceden en la lucha”.

En tal caso, pueden “terminar siendo impotentes ante los peligros externos e internos, e incapaces de preservar la obra fruto de la sangre y el sacrificio de muchas generaciones de cubanos”, enfatizó.

El presidente Raúl Castro  fue más allá del discurso de la Universidad, para dibujar un escenario hasta ahora no visto en el lenguaje oficial: la posibilidad de que una futura generación de dirigentes termine siendo incapaz e impotente para impedir el colapso del sistema.

En  Santiago, el mandatario no reiteró su propuesta de diálogo con el futuro gobierno de Barack Obama, quien asumió la presidencia de Estados Unidos el 20 de enero, y, en cambio, insistió en que la victoria revolucionaria ha sido “doblemente meritoria, porque se logró a pesar del odio enfermizo y vengativo del poderoso vecino”.

“Resistir ha sido la palabra de orden y la clave de cada una de nuestras victorias, durante este medio siglo de ininterrumpido batallar, en que hemos partido invariablemente de jugarnos nuestra propia piel, sin dejar de reconocer la amplia y decisiva solidaridad recibida”, expresó.

Para Raúl Castro, la revolución es hoy “más fuerte que nunca”, pero eso no significa que los peligros que la acechan hayan disminuido. “No, no nos hagamos ilusiones. Cuando conmemoramos este medio siglo de victorias, se impone la reflexión sobre el futuro, sobre los próximos 50 años que serán también de permanente lucha”, dijo.

El gobernante también subrayó que las revoluciones solo avanzan y perduran cuando las lleva adelante el pueblo y, haber “comprendido esa verdad y actuado invariablemente en consecuencia con ella, ha sido el factor decisivo de la victoria de la Revolución Cubana frente a enemigos, dificultades y retos en apariencia invencibles”.

Socialismo más participativo

Las celebraciones por el medio siglo de la revolución han servido para reconstruir un pasado, repasarlo y analizarlo desde las más diversas perspectivas.

Los juicios críticos internos apuntaron a reconocer el proceso político cubano como una de las acciones más significativas del siglo pasado, pero que requiere de una reevaluación en algunos de sus escenarios estratégicos, como corresponde a todo proceso revolucionario.

No pocos analistas señalan que los saltos y retrocesos de este proyecto han estado influidos tanto por las condiciones del medio externo en el que se intenta producir este modo social de existencia, como por sus problemas internos.

El socialismo cubano ha sido original, aunque haya tenido y siga sufriendo los males del dogmatismo soviético.

Al hablar del socialismo como asunto de presente y futuro, es necesario pensar las formas socialistas en Cuba y hacerlo de manera pública, no solo en clave de inventario de problemas, sino también desde la perspectiva del propósito, coinciden en subrayar investigadores sociales en la isla.

Para ello argumentan que el nivel cultural, técnico y político alcanzado por el pueblo cubano, a lo largo de esta media centuria, no se ha explotado  en toda su potencialidad por la dirección revolucionaria  y se precisa de un cambio en la participación popular en el ejercicio del gobierno, en su sentido mas amplio.

En esa perspectiva, el socialismo cubano solo será viable, afirman estudiosos, desde una incidencia directa de las personas en la vida pública. Ello sería posible, argumentan, no solo desde la centralización, sino desde las prácticas de otras formas socialistas como la cooperativización, la autogestión y cogestión, descentralización de los poderes locales con capacidad real para incidir en la vida de sus comunidades.

Jóvenes investigadores en el campo de las ciencias sociales coinciden al exponer, en foros de discusión en Internet, que los debates de hoy tienen que ser políticos, desde la  reflexión colectiva, y desmarcados de la tendencia consignista y de la acción verticalista que tiende a incapacitar la participación ciudadana.

Desde estas claves hay que mirar, entender y proponer la continuidad de un socialismo verdaderamente cubano.

En el segundo semestre de 2007, Raúl Castro anunció cambios “estructurales y de concepto” y pidió a la población opinar “con valentía” sobre los problemas cotidianos. En barrios y sindicatos, la gente habló de todo el arco imaginable de conflictos y aspiraciones.

El mandatario ha reiterado que se estudian los más de un millón 300.000 planteamientos recogidos a partir de los tres millones 255.344 intervenciones. Sin embargo, a juicio de la población, esos cambios esperados no avanzan con la celeridad esperada.

No obstante, se han reducido algunos  “excesos de prohibiciones”, expresadas por la población en los debates públicos  de septiembre de 2007, y se iniciaron reformas que ampliarán la explotación de la tierra y eliminarán los topes salariales.

No pocos analistas coinciden en calificar de “moderada” la demostración de voluntad política  de cambio gubernamental, justificada fundamentalmente a partir de los serios problemas económicos que afronta el país, motivados por factores internos y externos.

Otra de las observaciones se enfila  a la pérdida del clima deliberativo que, desde la iniciativa oficial, se auspició en 2007. No obstante, reconocen los analistas que ese debate se mantiene de manera intensa en la calle, en universidades, entre la intelectualidad  y se visibiliza  en foros en Internet.

Los ejes de la propuesta del gobernante Castro se enrumban, en primera instancia,  a buscar orden y eficiencia en la economía, el trabajo y el funcionamiento institucional del país.

El presidente anunció que eliminará subsidios y prestaciones, endurecerá la aplicación de la ley y exigirá más productividad para recuperar el valor del salario, hasta que “las personas sientan la necesidad de trabajar, para satisfacer sus necesidades, independientemente de la conciencia de todo ciudadano honesto”.

No obstante, lo que deberá ser la línea estratégica de transformaciones estructurales planteadas por Raúl Castro solo tendrá una respuesta programática en el sexto congreso del Partido Comunista de Cuba, que deberá desarrollarse  a finales de este año, y deberá estar precedido por una discusión en las filas de la organización, según consignan los estatutos.

Washington y Miami

La histórica efeméride cubana no tuvo repercusión directa en la Casa Blanca, que se limitó, días después de la fecha, a  emitir su conocida diatriba anticastrista, como mensaje de despedida del  saliente presidente George W Bush.

Según Bush “…mientras haya personas luchando por la libertad de Cuba, Estados Unidos estará de su parte y hablará en nombre de aquellos cuyas voces han sido silenciadas temporalmente.

“Todos los cubanos tienen el derecho a ser tratados con dignidad para que puedan progresar hasta donde les permitan su talento y su trabajo”, expresó la declaración.

“Esta es la condición que mi gobierno y los gobiernos (estadounidenses) anteriores, más allá de su afiliación política, han esperado que cumpla el gobierno cubano para mejorar nuestras relaciones”.

Aunque, como era de esperar, celebraciones por el aniversario 50 de la Revolución Cubana tuvieron su  contrapartida principal en Miami, considerada la  capital de la oposición cubana. Desde allí se emitieron juicios y valores que, como regla, niegan o minimizan lo que desde la isla se consideran conquistas y avances políticos, sociales y económicos.

Una de las tesis centrales enarboladas desde los centros opositores  exiliados en Estados Unidos tuvo su epicentro en  que, al cabo de medio siglo, la Revolución Cubana no valió la pena. Si bien reconocen los  avances del gobierno de la isla en educación, salud y seguridad social, enfatizan que la mayoría de la población tiene un estándar de vida más bajo y menos oportunidades de progreso personal que hace cinco décadas.

En esa dirección se descalifica el modelo cubano, al señalar que otros países latinoamericanos han logrado los mismos estándares sociales de Cuba sin sacrificar libertades básicas y a un costo muchísimo menor en sufrimiento humano.

Viene el recorte

El  2009 abre sus puertas al plan de recortes, anunciado por el presidente Raúl Castro, como una necesidad inexorable para navegar por el río crecido que significan los problemas de la economía nacional, agravada por la crisis financiera internacional.

Los datos económicos revelan que, en 2008, el déficit presupuestal creció en más del doble del anterior y proporcionalmente es el más alto en 13 años. El déficit en el comercio de mercancías se disparó en cerca de 70 por ciento y, aunque el saldo se atenúa con el turismo y los servicios médicos, son rubros que no soportan la carrera contra las compras de alimentos y petróleo.

La coyuntura encuentra  explicación por la crisis mundial y los cuantiosos daños dejados por tres huracanes. Sin embargo, la clave del  viejo problema está en que, en Cuba, se puede vivir sin trabajar, pero se puede trabajar sin que alcance para vivir, tal como lo señalara con realismo el presidente Raúl Castro.

Desde la llamada década prodigiosa cubana del ochenta, la nación dispuso de un sistema de subsidios y prestaciones que, con el tiempo, se han convertido en una carga pesada para ser sostenida por una economía pobre y en ruinas. A ello se suma el costo del  gigantesco aparato burocrático institucional centrista y verticalista, que incluye un sistema empresarial ineficiente y limitado en sus funciones. Inclúyase  la pérdida del valor real del salario, con el advenimiento de la crisis económica recesiva que comenzó la década pasada y de la cual la isla aún no se ha liberado.

Economistas y comentaristas coinciden en señalar que la salida espontánea  a esa situación ha sido el robo de bienes y servicios del Estado, el mercado negro, los ingresos en moneda fuerte por sobresueldos, pequeños negocios legales o no, propinas del turismo, remesas familiares y hasta la delincuencia común, que no son obviamente fuentes de crecimiento, tal como lo demuestran las leyes económicas.

Por otro lado, el gasto público, apoyado en una favorable balanza de pagos en los últimos años, se ha diseccionado al rescate de la infraestructura, inversión productiva y una leve mejoría en ingresos y prestaciones en los últimos años.

Ahora  queda por ver cuál es el impacto económico y social del recorte.

Cuba-Rusia: Alianza estratégica

Un total de 34 acuerdos constituyen la armazón sobre la cual se erige la nueva asociación estratégica entre Rusia y Cuba, tras la firma de dicho documento por los presidentes de Rusia, Dimitri Medvédev, y su homólogo cubano, Raúl Castro.

Con ello se abre una nueva era en las relaciones bilaterales y el reencuentro de dos viejos aliados que se corona con la visita de una semana del general Castro a Moscú, la primera de un mandatario cubano desde el fin de la Guerra Fría. No se entregaron detalles sobre el documento de la asociación.

Rusia también ha acordado dar a Cuba un préstamo para que compre bienes rusos, aunque el monto exacto tampoco ha sido revelado.

“Su visita a nuestro país abre una nueva página en las relaciones entre Rusia y Cuba”, dijo Medvédev.

“Es nuestro deber en el lado cubano (…) tomar los pasos apropiados para la constante, serena, pero imparable consolidación de nuestras relaciones en todos los aspectos”, expresó Castro, quien añadió que la asociación estratégica lograda refleja perfectamente “lo que hemos alcanzado y lo que esperamos alcanzar”.

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