La proyección externa cubana hacia el Caribe

Para contextualizar la Cumbre Caricom-Cuba proponemos este análisis de 2007.

Tomado de Granma

Presidente Raúl Castro en una de las cumbres Cuba- Caricom

El Caribe1 es el entorno, el escenario natural e inmediato de la isla de Cuba, al cual pertenece por múltiples y legítimas razones geográficas, históricas y culturales. Por consiguiente, el Caribe constituye un área de interés político-estratégico, que está además vinculado al factor de seguridad para la política exterior cubana.

Por diversos y muy conocidos motivos, Cuba, en su condición de isla geográficamente situada en el centro del Mar Caribe -bloqueada además por los Estados Unidos- se vio obligada a modificar sustantivamente su estrategia de inserción internacional durante la pasada década del noventa.

En ese replanteamiento estratégico, América Latina -y de manera particular el Caribe- devino un área priorizada. Puede afirmarse que es entre el decenio de los noventa e inicios del presente siglo que se crean las bases para la articulación, por vez primera, de una estrategia coherente, armónica y concertada que reconoce la real importancia de la región para los objetivos de la política exterior cubana.

La política de Cuba hacia el Caribe es hoy una de sus grandes prioridades en materia de política exterior. Tan es así, que podemos calificar esta política como la más dinámica y efectiva en la proyección externa de la Mayor de las Antillas durante la segunda mitad de la década del noventa y los primeros años del siglo XXI.

Cuba es considerada por los caribeños como parte inequívoca de la región. Se le reconoce su activa y solidaria proyección hacia el Tercer Mundo, sus posiciones contra el racismo y el colonialismo, sus amplias relaciones con los países africanos; amén de la sensibilidad mostrada por la presencia del factor etnorracial –la común raíz africana– como elemento integrante de nuestra nacionalidad. Aspecto este último que, a su vez, ha incidido en la formación de una cierta identidad cultural caribeña.

A la mayoría de los países caribeños le resulta novedoso e interesante que los cubanos desarrollen un proyecto social diferente, alternativo y que, a pesar de los múltiples y complejos problemas que ha tenido que enfrentar, Cuba exhiba indicadores socioeconómicos que atestiguan éxitos múltiples. Por ello sigue con atención creciente el modelo de desarrollo ensayado por la isla. Es así como sus relaciones con la Mayor de las Antillas están marcadas, también, por sus deseos de beneficiarse de los logros cubanos, paradigmas reconocidos en las áreas de la educación, la salud, los deportes, la ciencia y la tecnología. Es precisamente este interés el que sustenta, en gran medida, las bases de una activa cooperación Sur-Sur entre la Isla y la región caribeña, de la cual ella también forma parte.

En este trabajo se pretende realizar una valoración general de la política de Cuba hacia el Caribe después de 1959 2, identificando los principales períodos por los que ha transcurrido. Se distingue además el concepto de cooperación Sur-Sur, elemento rector de las actuales relaciones cubanas con el Caribe.

LA POLÍTICA HACIA EL CARIBE

Desde el triunfo de la revolución en 1959, las relaciones cubanas con su entorno caribeño han sido una de las más exitosas gestiones que, en materia de relaciones internacionales, puede exhibir la isla. Para una mejor comprensión de su origen, evolución y desarrollo propongo la siguiente periodización, retomando el análisis que hiciera Gerardo González Núñez de los treinta primeros años de dichas relaciones.

I.- Período de proyección limitada, desde enero de 1959 hasta 1970.

II.- Período de inicio y auge en las relaciones, desde 1970 hasta 1979.

III.- Período de deterioro de las relaciones, desde 1979 hasta 1983.

IV.- Período de retroceso en las relaciones, desde 1983 hasta 1990.

V.- Período de recomposición de las relaciones, desde inicios de 1990 hasta 1992.

VI.- Período de plena reactivación de las relaciones, desde 1992 a la actualidad

A continuación, un breve análisis de cada uno de estos períodos.

I.- Período de proyección limitada (1959-1970)

En los años que abarca este período la prioridad fue lograr su supervivencia y consolidación ante la hostilidad estadounidense. Este propósito respondía a la necesidad de crear las condiciones necesarias exigidas para emprender una profunda transformación económico-política de la sociedad.

De ahí la ruptura de relaciones diplomáticas con la República Dominicana y Haití, cuyos gobiernos apoyaron acciones dirigidas a derrocar al naciente poder revolucionario de la Mayor de las Antillas.

En el caso de Jamaica, nación con la cual Cuba mantenía relaciones formales desde antes, los vínculos se mantuvieron con un perfil que podría calificarse de bajo y que no rebasaba la gestión que implicaba el Consulado cubano en Kingston.

Con Guyana, que aún era un territorio colonial -por lo que no era posible el establecimiento de nexos diplomáticos-, se desarrollaron relaciones comerciales y de cooperación técnica. Esto fue posible cuando el Partido Progresista del Pueblo (PPP), liderado por Cheddi Jagan -quien siempre mostró una especial afinidad con la revolución cubana y de manera particular con su líder histórico Fidel Castro-, formó gobierno en 1961. Cuando Jagan abandonó el gobierno, en 1964, estos vínculos cesaron y las relaciones de Cuba con el Caribe cayeron en un virtual vacío que se prolongó hasta inicios de la década del setenta.

II.- Período de inicio y auge de las relaciones (1970-1979)

El Caribe de la década del setenta constituyó un escenario novedoso para la política exterior cubana. Históricamente, los vínculos de Cuba con la región habían sido muy limitados, pese a compartir características socioeconómicas comunes y a la existencia de flujos migratorios hacia la Mayor de las Antillas. De ese modo, la política seguida en los primeros años de poder revolucionario con Haití, República Dominicana y Guyana no correspondió a una concepción caribeñista de la situación, sino a la estrategia de alcance continental que se seguía en la proyección externa cubana hacia América Latina.

Si bien, en opinión de algunos estudiosos, Cuba no aprovechó al máximo las posibilidades que ofrecía el Caribe durante la década del setenta, coincido con quienes valoran que ello se debió, en gran medida, a que el diseño de la política cubana en ese período, en líneas generales, adoleció de suficiente conocimiento acerca de las características de la formación histórico-culturales y de las idiosincrasias respectivas, así como de las peculiaridades de los sistemas políticos y del nivel de desarrollo político-ideológico de los principales sectores de la sociedad caribeña. Esta deficiencia se entiende como lógico resultado de tantos años de virtual alejamiento de las realidades de la región.

Definitivamente, en ese momento no estaban creadas las condiciones para la articulación de una estrategia caribeña global que posibilitara a los actores institucionales cubanos hacer los ajustes necesarios en los ritmos y formas para implementar las políticas. Como resultado, los efectos de la proyección cubana en la región no se valoraron en toda su dimensión.

Ello contribuyó, decisivamente, a que la política cubana hacia el área fuera percibida por muchos de los países caribeños como altamente ideologizada. Vale destacar que la cooperación ofrecida por la Mayor de las Antillas nunca se condicionó a concesiones políticas y fue en áreas básicamente deficitarias, lo que demuestra la expresión de una posición de principios asociada al ideario que identifica a la nación.

No obstante estas precisiones obligadas y necesarias, que obviamente pueden o no ser compartidas, habría que apuntar que, en este segundo período, hubo una verdadera expansión de las relaciones de Cuba con el Caribe angloparlante.

Retomando el ya citado análisis de González Núñez, podemos distinguir, dentro del período, tres etapas.

De 1970 a 1972

Cuando, en la década del setenta del pasado siglo, Estados Unidos pretendía aislar a Cuba de la comunidad internacional, los cuatro países principales del Caribe angloparlante: Trinidad y Tobago, Guyana, Jamaica y Barbados, comenzaron a manifestar pronunciamientos positivos en diversos foros regionales -especialmente en la Organización de Estados Americanos (OEA)-, que reclamaban la reincorporación de la Mayor de las Antillas al concierto de naciones latinoamericanas y caribeñas.

Es también en esta etapa cuando se evidencia el interés de Trinidad y Tobago y Guyana, fundamentalmente, de establecer relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba.

De 1972 a 1975

Como resultado del gradual acercamiento a Cuba, los cuatro principales países del Caribe de habla inglesa anuncian, en octubre de 1972, su decisión de establecer relaciones con la isla. El 8 de diciembre de 1972, Jamaica, Guyana, Barbados y Trinidad Tobago dieron ese importante paso, acción a la que se sumaron luego otros países de la región, rompiendo de ese modo la política de aislamiento que se le había impuesto a la Mayor de las Antillas.

El análisis retrospectivo de los hechos nos permite afirmar que, probablemente, al decidir el establecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, los líderes de esos países comprendían que estaban trazando el camino para lo que sería después la política exterior de la Comunidad del Caribe hacia Cuba. Delinearon así, con este paso, tres de sus características fundamentales: la independencia, la valentía y la acción concertada.

Este hecho marcó el momento a partir del cual se comenzó a valorar la importancia del Caribe para los objetivos globales de la política exterior cubana. A partir de ahí se abre un período de ampliación y consolidación de la proyección cubana, aun cuando -como analizaremos posteriormente- ello, en gran medida, estuvo condicionado por la influencia de Estados Unidos en el área. Recordemos que los gobiernos estadounidenses trabajaron activamente por el diseño de una hábil campaña de propaganda en torno a lo que ellos dieron por llamar “el peligro cubano”, que generó un sentimiento de desconfianza en diversos círculos regionales caribeños, a partir de la manipulación que de esa imagen distorsionada sobre la isla hicieran algunos sectores políticos caribeños, con fines de política doméstica o externa. Aun así, Cuba obtuvo resultados muy favorables de sus relaciones con el área.

Sin dudas, entre las causas que motivaron el establecimiento de relaciones de estos cuatro países habría que citar al vigoroso proceso de desarrollo de una conciencia nacionalista que se venía gestando en la región desde hacía años atrás. Si bien este proceso venía signado por influencias ideológicas de diversas tendencias, expresaba un cuestionamiento de las estructuras del poder y de dependencia económica. Como resultado, se habían incrementado las tensiones políticas y sociales, para dar lugar así a una serie de manifestaciones populares entre 1968 y 1973 que alteraron la estabilidad política de dichas naciones y conmocionaron las bases sociales de sostén de las élites políticas nativas.

La nueva realidad se constituyó en referente para que, en el plano doméstico, se diera prioridad e impulso a un desarrollo económico alternativo, con componentes de reformas sociales. En la arena internacional, la característica era una proyección externa en la que ocupaba un lugar cimero una búsqueda y reafirmación de su viabilidad como estados independientes 3.

El acercamiento a Cuba se insertó dentro de esos esfuerzos de cambio. A la isla se le veía como la nación de mayor desarrollo relativo en el Caribe y, por tanto, con un significativo papel en la integración regional, puente además para expandir las relaciones con los países socialistas y con el resto del Tercer Mundo -específicamente con los Países No Alineados-, y como un apoyo para las posiciones nacionalistas asumidas. 4

Pero, el establecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba no implicó una inmediata escalada en ese terreno. Muchos años de desconocimiento recíproco aconsejaron un proceso previo de contactos exploratorios mutuos, algunos de ellos al más alto nivel.

De 1975 a 1979

Estos años se caracterizaron por una ampliación de la proyección cubana en la región. En esa etapa, Cuba sostuvo contactos y vínculos con la mayoría de los países caribeños; se expandió la cooperación económica y científico-técnica y se vigorizaron los intercambios comerciales. Se abrieron embajadas en Jamaica y Guyana, así como una oficina comercial en Kingston, que controlaría todo el flujo comercial de Cuba con la región, y se desarrollaron diversas acciones por parte de las áreas que atendían al Caribe en el Partido Comunista de Cuba y en el Ministerio de Relaciones Exteriores.

El comportamiento de las relaciones bilaterales fue desigual. Con Guyana y Jamaica resultaron más intensas, mientras que con Barbados y Trinidad y Tobago, el perfil fue ciertamente más bajo -de hecho, en estos dos últimos países no se abrieron sedes diplomáticas y el trabajo en ese sentido se hizo a través de embajadas concurrentes.

En este período, nuevos estados independientes emergieron en el Caribe. De ellos, Bahamas, Santa Lucía y Surinam decidieron establecer relaciones con Cuba, mas las relaciones no rebasaron el límite de la formalidad y el nivel de embajadores concurrentes, con la excepción de Surinam.

Con Haití y República Dominicana se hicieron contactos. Incluso, con este último país se llegaron a realizar intercambios durante el gobierno de Joaquín Balaguer y cesaron en 1978 cuando, contradiciendo los pronósticos, el socialdemócrata Antonio Guzmán asumió el poder.

III.- Deterioro de relaciones (1979-1983)

La tendencia predominante es el deterioro paulatino de la proyección cubana en el área, derivado de un cambio del clima político regional, asociado esencialmente a las diferentes situaciones que, por aquellas fechas, se produjeron en Jamaica y Surinam, y que culminaron con los sucesos de Granada, en octubre de 1983. Todos estos hechos afectaron de manera drástica el entorno de las relaciones de Cuba con el Caribe.

La percepción del llamado “peligro cubano” fue muy potenciada por la política del presidente estadounidense Ronald Reagan, quien llevó hasta límites extremos una intensa campaña de manipulación de los nexos de cooperación de Cuba con el Caribe anglófono y, de manera particular, con Granada, basada esencialmente en la cooperación que en el terreno militar existía con ese país y con Surinam. A partir de esta campaña se montó todo un dispositivo político y diplomático que facilitó llevar adelante sus propósitos de contrarrestar la proyección e influencia cubana en la región caribeña.

La tensión política predominante en la región hizo que Cuba percibiera un alto riesgo para su seguridad. La amenaza militar era una posibilidad nada remota, por lo que entonces el objetivo principal fue contrarrestar la ofensiva estadounidense en la región, mediante el reforzamiento de los vínculos con aquellos países y organizaciones afines a Cuba. Se desarrolló un activo accionar diplomático y se estimularon todas aquellas iniciativas tendentes a lograr un clima de distensión en la región, entre las que se destaca la gira por el Caribe que realizara, en noviembre de 1981, el entonces vicecanciller cubano Ricardo Alarcón de Quesada.

Retroceso en las relaciones (1983-1990)

Los sucesos de Granada de octubre de 1983 se consideran un punto que marca dos épocas políticas en la región. Esta apreciación es válida para el análisis de las relaciones y la política de Cuba hacia el área caribeña. En el momento fijado por los hechos se produce en la región un rechazo al acercamiento abierto con la Mayor de las Antillas.

Las divisiones internas del Movimiento de la Nueva Joya, que condujeron al asesinato de Maurice Bishop y la posterior invasión estadounidense con el apoyo de Jamaica, Barbados y las naciones del Caribe Oriental, provocaron un efecto múltiple en la situación política del área. Entre otras consecuencias, la balanza política se inclinó a favor de las fuerzas conservadoras y la decisiva obstaculización de la proyección cubana hacia la región. Muchos comenzaron a percibir esa proyección como un factor de inestabilidad en el Caribe. Se inicia así un período de congelamiento de las relaciones de Cuba con la comunidad caribeña, que se extendió hasta los inicios de la década de los noventa.

V.- Recomposición de las relaciones (1990 -1992)

A partir de 1990 se empiezan a reestablecer algunos contactos. Durante los siete años del llamado período de congelamiento, se mantuvieron vínculos de diferentes niveles de intensidad con fuerzas políticas y actores no gubernamentales de casi todas las islas caribeñas. También aparece un factor de relevante importancia, cuando jóvenes caribeños que habían realizado sus estudios superiores en Cuba comenzaron a asumir importantes puestos en los gobiernos de sus países de origen.

A ello habría que añadir que, pese a la todavía fuerte presión estadounidense, en la región empezaban a escucharse críticas a la Iniciativa para la Cuenca del Caribe -provenientes, principalmente, del Caribe anglófono-, así como a la política cada vez más proteccionista implementada por los Estados Unidos, cuyas relaciones con el Caribe estaban matizadas por puntos conflictivos.

En 1992, un hecho marca un punto de inflexión para la reactivación de esas relaciones. A través de una nota verbal, el gobierno de Granada, presidido entonces por Keith Michel, reconoce nuevamente a Cuba y se restablecen las relaciones que se habían roto después de los problemas internos del Movimiento de la Nueva Joya , que conllevaron la caída de la revolución granadina, en 1983.

VI.- Plena reactivación de las relaciones (1992 hasta la actualidad)

A partir de 1992 se abre paso un nuevo período, el más dinámico y productivo, en las relaciones de Cuba con el Caribe. Esta etapa puede dividirse en dos partes: la primera cubre desde 1992 a junio de 2005 (fecha en que se constituye PETROCARIBE) y la segunda -que vivimos actualmente- puede identificarse como un momento de propuestas de los procesos integracionistas de nuevo tipo en el Caribe.

Agosto de 1995 marca un momento significativo, al incorporase Cuba como Estado fundador de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), organismo en el cual se distingue por su activa participación, en su condición de miembro pleno. En esta primera etapa también se consolidan cada vez más las relaciones bilaterales, así como el fortalecimiento de los vínculos con la Comunidad del Caribe (Caricom), cuyo momento culminante fue la celebración, por iniciativa del gobierno cubano, de la I Cumbre Cuba-Caricom en La Habana , en diciembre de 2002, con motivo del XXX Aniversario del establecimiento de las relaciones de Barbados, Guyana, Jamaica y Trinidad Tobago con la Mayor de las Antillas.

A la magna cita asistieron todos los jefes de gobierno de los países de la Caricom , hecho bastante inusual. Allí se trazaron objetivos comunes para avanzar en la materialización de las relaciones de la Mayor de las Antillas con el bloque regional caribeño y se determinó la firma de un Acuerdo de Cooperación Comercial y Económica, acuerdo este que, en opinión de algunos especialistas, marcó la mayoría de edad en los vínculos bilaterales de Cuba con los países miembros de la Caricom. Además , se analizó el inicio o la consolidación de la colaboración en áreas esenciales, como la lucha contra el VIH/sida, la formación de recursos humanos y la protección del medio ambiente.

Entre los elementos más significativos en la maduración de las relaciones de Cuba con la Caricom pueden señalarse las reuniones de los ministros de Relaciones Exteriores, a 18 meses de cada Cumbre; el proceso de la Comisión Conjunta , que se instituyó a partir de 1993; la participación de Cuba en la Maquinaria de Negociación Regional del Caribe (CRNM) y en el Forum del Caribe (CARIFORUM), integrado por los países miembros de la Caricom y República Dominicana.

Como aporte sustantivo de esta primera etapa -caracterizada por la dinámica proyección de la isla hacia el Caribe- surge un elemento novedoso en la cancillería cubana: la estrategia caribeña global. Esta da cuerpo al llamado Plan Integral del Caribe (PIC), diseñado por Cuba en 2002 y puesto en práctica a partir de 2003. El PIC es un plan que integra todas las acciones cubanas en relación con la región, en busca de contribuir a los objetivos básicos de la política exterior de la isla hacia ese ámbito, sin afectar las particularidades del trabajo que ejecuta cada uno de los organismos representados en el área.

Precisamente, y en cumplimiento de uno de los acuerdos tomados en la ya citada Cumbre de diciembre de 2002, sesionó la primera Reunión Ministerial o Encuentro de Cancilleres, en julio de 2004, en La Habana. En esta reunión se decidió, entre otros aspectos, la celebración de una II Cumbre de Cuba y la Caricom , que sesionó los días 7 y 8 de diciembre de 2005, en Bridgetown, Barbados.

Una muestra del dinamismo de la política cubana hacia el área, o de lo que algunos han denominado “la puesta en marcha de la gran maquinaria de la diplomacia cubana”, puede apreciarse en lo siguiente. Durante la pasada década del noventa y hasta 2003, visitaron Cuba todos los primeros ministros o presidentes del Caribe y sus cancilleres, tanto en visitas oficiales como para asistir a conferencias regionales o internacionales celebradas en la isla. Sin embargo, lo ocurrido en 2004 y 2005 puede calificarse de una verdadera “avalancha”. Cada dos meses llegaba un mandatario a la Mayor de las Antillas y sostenía, invariablemente, reuniones con dirigentes cubanos de máximo nivel, entre ellos el presidente Fidel Castro.

También en 2005 sesionó la II Cumbre Cuba- Caricom en Barbados, que concluyó precisamente un 8 de diciembre, como homenaje a tan importante fecha para las relaciones de Cuba con el Caribe. 5 En la Declaración de Bridgetown, firmada por los primeros ministros y presidentes de los países miembros, se reitera la decisión de hacer un próximo encuentro de jefes de gobierno en diciembre de 2008. Igualmente se afirma: “la convicción compartida de que los esfuerzos de desarrollo internacionales y nacionales tienen que centrarse en las personas y que la preocupación por el desarrollo humano sostenible ocupe el centro de nuestras relaciones y del esfuerzo de cooperación regional… elogiándose de manera particular y diferenciada el papel inestimable de la asistencia técnica brindada por el gobierno de Cuba a los Gobiernos de los estados miembros de la CARICOM , especialmente en la educación, la capacitación, la atención médica, las industrias deportivas y culturales, la que mediante la calidad y el costo de los conocimientos aportados, han permitido a los Estados miembros de Caricom mejorar su capital social a un costo mínimo…”

Como resultado de esta II Cumbre, el ministro cubano de Gobierno, Ricardo Cabrisas y el Secretario General de la CARICOM, Edwin Carrington, firmaron un Acuerdo de Cooperación Cultural entre la República de Cuba y la Comunidad del Caribe. En opinión de los expertos que siguen los temas caribeños, el espíritu de la Declaración de Bridgetown podría influir en la profundización de los ya excelentes lazos existentes entre Cuba y los países del bloque regional.

Además, en la reunión se hizo una valoración crítica de la marcha del ya citado Acuerdo de Cooperación Comercial y Económico firmado en diciembre de 2002. Si bien este acuerdo es muestra del compromiso de ambas partes para crear oportunidades comerciales para la Caricom y Cuba, en un entorno cada vez más competitivo, es un hecho que el citado pacto comercial no ha funcionado a plenitud. Como bien señalara el Primer Ministro de Barbados Owen Arthur, en el discurso de bienvenida de la reunión de Bridgetown, “depende de nosotros hacer que el Acuerdo funcione y, por tanto, dejar establecido que el comercio puede ser, sin dudas, un instrumento en virtud del cual puedan lograrse importantes mejoras a la condición humana…”.

Haciendo una valoración del contexto específico de la actual situación internacional, no debería obviarse que mediante las nuevas acciones que puedan proponerse por parte de la Mayor de las Antillas, en el seno de la Caricom , la isla podría potenciar sus relaciones con la región, a través de la imbricación de tres importantes componentes de la política externa cubana.

El primero de esos componentes es la recién inaugurada presidencia cubana del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) y sus esfuerzos declarados para lograr la revitalización de esa fuerza, tarea que, presumiblemente, deberá contar con el apoyo de la región caribeña, dado el fuerte compromiso de loas países del área con el MNOAL. Las naciones caribeñas consideran al movimiento un importante foro para coordinar posiciones en cuestiones de prioridad para el mundo en desarrollo, del cual se sienten parte inequívoca.

El segundo componente de la política externa cubana es, sin dudas, mucho más controversial. Se trata de las estrechas relaciones de Cuba y Venezuela, la nación latinoamericana de mayor presencia en el área 6. La Mayor de las Antillas está en condiciones de intentar ayudar a resolver incomprensiones de vieja data, pues no pueden obviarse las percepciones que han caracterizado las relaciones entre los países caribeños anglófonos y la patria de Bolívar, basadas en las conciencias de legados coloniales diferentes y procesos políticos disímiles, además de elementos étnicos y culturales que han generado desconfianza y suspicacia entre ambos actores. 7

En este caso, el reto estriba en que Cuba -basada en sus buenas relaciones, tanto con Venezuela como con el Caribe- trabaje con los países de la región en aras de minimizar los problemas que aún subsisten, para que estos se afronten adecuadamente y sin olvidar por un momento las sabias lecciones del pasado. De esta manera, a Estados Unidos se le dificultarían sus peligrosas intenciones de aprovechar las divergencias reales y se le complicarían sus planes de tratar de dividir el Caribe y, de paso, afectar las ejemplares relaciones que Cuba tiene con la región.

Un tercer componente es el referido a los consolidados nexos de Cuba con China, nación que también ha dado prioridad a su acercamiento al Caribe, aún con limitados avances en este sentido. Dentro de la Caricom hay cierta dicotomía en lo relativo a las percepciones sobre China y Taiwán, pues cuatro países del bloque caribeño (Belice, Haití, San Vicente y las Granadinas y Saint Kitts y Nevis) mantienen relaciones con Taiwán, lo que impide que el grupo regional caribeño en su conjunto establezca una política sobre China. Por consiguiente, una política específica sobre el desarrollo con China del comercio, las inversiones y otras ayudas no puede integrarse como bloque a la agenda de los Jefes de los Gobiernos caribeños, si bien el gigante asiático mantiene vínculos diversos con la región de varias formas, incluida su condición de miembro en el Caribbean Development Bank (CDB).

Estos tres componentes pueden también catalogarse como fortalezas de la política externa cubana y podrían traducirse en mayores oportunidades para la consolidación de sus relaciones con el Caribe, a tono con el actual contexto internacional en el que Venezuela y China son, por razones diferentes, dos países a considerar.

SUR–SUR: LA SOLIDARIDAD Y LA COOPERACIÓN COMO FUNDAMENTO

Es un hecho que, en la proyección externa de Cuba, toda su experiencia social está a disposición de los pueblos del Sur. La Mayor de las Antillas parte de la premisa de que este tipo de cooperación constituye un importante instrumento para desarrollar y fortalecer la independencia económica y avanzar hacia el verdadero desarrollo.

La cooperación Sur-Sur ha devenido el elemento troncal o el principio rector en las actuales relaciones de Cuba con el Caribe, lo que ha sido ratificado en la Declaración de Bridgetown, de diciembre de 2006. Estas relaciones sin dudas, constituyen un ejemplo de qué pueden alcanzar los estados pequeños y menos favorecidos sobre la base del respeto mutuo y la voluntad política de sus gobiernos. Su comprensión se evidencia en los momentos actuales, cuando ha perdido fuerza la percepción caribeña prevaleciente en parte de la década del setenta y, especialmente, de los ochenta, en la que Cuba priorizaba la ayuda bilateral por razones de afinidad ideológica.

La cooperación Sur-Sur ya estaba presente en las relaciones de Cuba con el Caribe, desde la década del setenta. La cooperación civil con Guyana, en 1961, fue la primera experiencia de este tipo, si bien durante los últimos años realmente ha sido significativa la sostenida colaboración de Cuba en materia de políticas sociales, particularmente en las áreas de salud, educación y deporte. Igualmente sobresalen acuerdos en el tratamiento de problemas comunes que forman parte del concepto de seguridad nacional ampliada, tales como: el narcotráfico, los desastres naturales, los peligros medioambientales, las fronteras marítimas y las migraciones.

Por su importancia, habría que destacar el decidido apoyo de Cuba a la región, en el área de la colaboración médica, mediante el diseño y aplicación del inicialmente llamado Plan Integral Salud (PIS). La Mayor de las Antillas ha enviado decenas de médicos a las zonas más deprimidas del Caribe, ante la ocurrencia de cuatro destructivos huracanes y una tormenta tropical en el área, en 2003 y 2004.

En la reunión de Cancilleres de Cuba-Caricom en el verano de 2004, La Habana también tuvo la iniciativa de proponer una novedosa acción, lamentablemente aún no materializada, para colaborar en la lucha contra el sida en el Caribe. Esta enfermedad constituye una verdadera pandemia en la región –la segunda más afectada del mundo, después del África subsahariana, con más de 500.000 personas enfermas o portadores del VIH. Concretamente, Cuba brindó su disposición de crear centros encargados de formar especialistas en el tratamiento de los enfermos en las naciones de la Caricom y ofreció becas de nivel medio y superior para profesionales caribeños relacionados con el tratamiento a esta enfermedad, así como su voluntad de suministrar medicamentos y tecnología para paliar y diagnosticar el VIH.

En materia de salud pública, Cuba y Venezuela desarrollan la llamada Operación Milagro, una acción de colaboración médica para devolver la vista a enfermos sin recursos en la subregión, que ya se reconoce paradigma dentro de las acciones de cooperación Sur-Sur. En el caso de la educación, la sistemática formación de profesionales en Cuba y las más recientes campañas masivas de alfabetización con el método cubano Yo sí puedo, también se suman al conjunto de prácticas ejemplares.

Estas acciones han alimentado profundamente las corrientes de simpatía de los pueblos y gobiernos del Caribe hacia Cuba, y han contribuido a consolidar los principios de solidaridad y amistad como base para una sólida colaboración y unión entre los países caribeños, lo que ha hecho crecer, cada día más, el prestigio de la isla en la región.

DE CARA A NUEVOS DESAFÍOS

A 34 años del establecimiento de las relaciones de Cuba con las naciones de la región caribeña, el gobierno de la Mayor de las Antillas percibe que esas relaciones son una muestra madura y fehaciente de vínculos entre naciones en desarrollo. También reconoce y estima el nivel de independencia y acción concertada que caracteriza a sus más pequeñas naciones hermanas en la zona.

Podemos afirmar que, en la proyección estratégica de su política exterior, Cuba continuará trabajando de manera intensa por la consolidación de sus relaciones con el área, no sólo con los países integrados en la Caricom , sino también aquellos incluidos en la región denominada como Gran Caribe.

En un artículo aparecido en la revista Bohemia , el 8 de diciembre de 2006, el periodista Damián Alín señalaba que “los pensamientos de Nicolás Guillén nunca pudieron ser más premonitorios cuando planteó que algún día los caribeños, colonizados por distintas potencias europeas y herederos de disímiles lenguas y costumbres, sabríamos superar barreras y buscar los cimientos comunes para otorgarles la más absoluta prioridad”.

Al recuperar esa visión del poeta nacional cubano, y caribeño por excelencia, reconocemos los retos que enfrenta la proyección externa cubana hacia el área. En el contexto actual, encontrar un espacio para el Caribe en los planes de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), si bien es una acción priorizada, no está exenta de complejidad, atendiendo especialmente a la visión que de Venezuela han tenido, históricamente, muchos países caribeños.

Esta cuestión determinará cierta gradualidad en el proceso de incorporación de dichos países al ALBA, esquema de integración que quizás nunca pueda incluir al bloque caribeño en su conjunto, pues la mayoría de los países del Caricom encuentran en el ALCA o en sus tratados, los denominados “ALCA-lights”, alternativas viables. Así tenemos que, hasta la fecha, sólo han tomado la iniciativa de acercarse al ALBA, Dominica, seguida por San Vicente y las Granadinas, y Antigua y Barbuda. Por otra parte, esta propuesta de integración, impulsada por Venezuela y Cuba, es cuestionada por Trinidad & Tobago y Barbados 8.

El debate de esta problemática y cómo los Estados Unidos y otras potencias europeas tratarán de explotarla en función de sus propios intereses, será seguida por los politólogos y economistas interesados en el tema. De manera especial habría que analizar y reflexionar sobre las iniciativas venezolanas y su receptividad en la región caribeña.

En esa línea de pensamiento, puede resultar interesante indagar en los encuentros y desencuentros derivados de esas reuniones. Debemos considerar cuidadosamente la reunión de Chávez, en junio de 2006 en Caracas, con representantes de toda la Caricom , y mucho más recientemente, el pasado 17 de febrero, la firma por parte de los Primeros Ministros de Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas y Dominica, Baldwin Spencer, Ralph Gonsalves y Roosevelt Skerrit, con el Presidente Chávez, de un Memorando de Intención para una ulterior integración de esos tres pequeños países caribeños al ALBA. Igualmente habría que considerar otros pasos, como la visita a La Habana , en marzo, del primer ministro de Saint Kitts y Nevis, Denzil Douglas, quien justamente llegaba de Venezuela, donde había analizado la creación de empresas con países latinoamericanos y del Caribe, y los más recientes viajes del presidente Chávez a Jamaica y Haití.

Así las cosas, se presenta un interesante escenario para la proyección externa cubana en el Caribe, región por la cual el presidente Fidel Castro manifiesta una especial admiración. Así lo demuestran sus palabras pronunciadas en la II Cumbre Cuba–CARICOM, en Bridgetown, cuando señaló: “sentimos cada vez más cariño, más amor, por los pueblos de estas islas y sus excelentes líderes…son ejemplos para este hemisferio y para el mundo”.

La región caribeña continuará siendo un área de especial atención para Cuba, ahora con el nada fácil objetivo de concretar “una unidad caribeña de nuevo tipo”, propósito que recibe la amenaza de las presiones de Washington, desde donde se articula una ofensiva hacia el área con el fin de dividir y dominar el Caribe.

Notas:

1-. El Caribe al que me referiré en este artículo comprende el conjunto de países insulares ubicados en el mar del mismo nombre, más Belice, Guyana, Surinam y Cayena. Son un grupo de naciones con marcadas diferencias, determinadas por sus respectivas características geográfico-poblacionales, las metrópolis coloniales que se repartieron esta parte del mundo y por la evolución socioeconómica propia de cada nación en el presente siglo. Este conjunto abarca a naciones con una gran diversidad étnica e idiomática; colonias y países independientes; territorios con diferentes regímenes político-económicos y formas de organización política; con diversos grados de desarrollo, potencialidades económicas y extensiones geográficas.

2-. Para un análisis integral del origen y evolución de la política exterior de Cuba hacia el Caribe en el período de 1959 a 1989, consúltese El Caribe en la política exterior de Cuba. Balance de treinta años. 1991, Ediciones Cipros, de Gerardo González Núñez.

3-. Para encontrar un análisis abarcador de estos procesos véase Andrés Serbín, Etnicidad, clase y nación en la cultura política del Caribe de habla inglesa, 1987.

4-. Anthony Bryan: Cuba ‘s impact in the Caribbean , en International Journal No. 11, 1985.

5-. Luego de un período de aislamiento, el 8 de diciembre de 1972, Jamaica, Guyana, Barbados y Trinidad Tobago restablecen relaciones diplomáticas con Cuba.

6-. Un interesante y exhaustivo análisis del interés venezolano por el Caribe puede encontrarse en Andrés Serbín: Venezuela ante el Caribe de habla inglesa: categorizaciones y contrastes cognitivos, ILDIS-AVECA, Caracas 1987; Venezuela y las relaciones internacionales en la Cuenca del Caribe, ILDIS-AVECA, Caracas 1987.
7-. Andres Serbín: “Cuando la limosna es grande”. Revista Nueva Sociedad, No. 205.

8-. Tal es el caso de una iniciativa tan provechosa como Petrocaribe, lanzada el 29 de junio de 2005, en una reunión en la que estuvieron presentes varios líderes de la región, incluido el presidente cubano Fidel Castro Ruz y su par dominicano Leonel Fernández, además de los primeros ministros Patrick Manning (Trinidad y Tobago), Keith Michel (Granada), y Percival Patterson (Jamaica), junto a autoridades de Surinam, Antigua y Barbuda, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, Belice, Bahamas, San Vicente y las Granadinas, Barbados, Guyana y Dominica. En esa ocasión, todos los países suscribieron el acuerdo, excepto Trinidad y Tobago y Barbados. Al expresar sus reservas, ambos países –productores de petróleo– consideraron que Petrocaribe podía afectar su propio acuerdo energético con los restantes países de la Caricom.

*Investigadora auxiliar y Secretaria Ejecutiva de la Cátedra de Estudios del Caribe de la Universidad de La Habana

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.