Política: Congreso sin fecha en el horizonte

En el año 2009, la postergación del VI Congreso del gobernante Partido Comunista de Cuba (PCC) parecía una necesidad inevitable.

Según la Constitución de 1976, el PCC constituye “la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”.

La añeja sentencia popular que dice: “Vísteme despacio, que ando de prisa”, toma cuerpo en las actuales circunstancias políticas de Cuba.

Sorpresa o no, la postergación del VI Congreso del gobernante Partido Comunista de Cuba (PCC) parece ser una necesidad inevitable.

Sin fecha en el horizonte, el séptimo pleno del Comité Central (CC), celebrado el 29 de julio último, aprobó la propuesta del Buró Político de postergar una reunión que lleva a su haber siete años de atraso en su realización.

Al séptimo pleno del Comité Central del PCC estuvieron invitados los miembros del Consejo de Estado y de Ministros, los secretarios provinciales del mencionado partido y dirigentes populares.

Entre sus principales acuerdos estuvieron, además, los ajustes al plan económico para 2009, el acostumbrado énfasis en la defensa del país y el fomento de la institucionalidad.

El último congreso partidista, el quinto, se celebró en 1997. Fidel Castro es el primer secretario del PCC desde su fundación en octubre de 1965, aunque Raúl Castro, en calidad de segundo al mando, conduce los destinos de la organización política desde finales de julio de 2006, cuando su hermano mayor enfermó y delegó en él los máximos cargos gubernamentales.

La máxima cita del PCC tenía por fecha tentativa finales del segundo semestre del actual año, tal como lo había anunciado el propio Raúl Castro, segundo secretario de la organización partidista, en abril de 2008, durante un pleno extraordinario del Comité Central.

Las anteriores citas correspondieron a la reunión constitutiva, en octubre de 1965, y luego se sucedieron las demás en los años 1975, 1986, 1991 y 1997.

Según la Constitución de 1976, el PCC constituye “la fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”. Los estatutos del PCC señalan que “el congreso examina y señala las vías para la solución de los problemas más importantes de la construcción del socialismo y aprueba los lineamientos y programas estratégicos para el desarrollo económico, social y cultural de la nación”.

En una nota publicada dos días después de la mencionada reunión, el diario Granma, órgano oficial del PCC, señalaba en su edición del 31 de julio que el congreso no se efectuará hasta que no “concluya un amplio y profundo proceso de análisis de la situación actual y perspectiva de la nación”.

Consulta popular

“Primero se impone concluir la preparación del Partido, después analizar con la población en su conjunto y solo realizar el congreso cuando ese gran proceso haya terminado”, dijo el presidente Raúl Castro, según la nota oficial publicada en el diario.

El VI Congreso, “lo más probable es que, por ley de la vida, sea el último que encabece la dirección histórica de la revolución”, puntualizó Castro, sin dar detalles sobre la posible fecha para realizarlo.

Esas palabras del presidente Castro ponen sobre el tapete el tema de la sucesión, el inevitable relevo de la generación de “los históricos”, como suelen denominar los cubanos a quienes realizaron la revolución hace ya casi 60 años y ocupan cargos clave en la cúpula política y gubernamental de la isla.

La permanencia o no de Fidel Castro al frente del Partido estaría entre los asuntos de primer orden. No son pocos los que creen posible su permanencia en el cargo. Sus últimas apariciones en videos y fotos muestran la recuperación de su salud quebrantada desde hace ya tres años. Otros, en cambio, consideran que ocupará un cargo honorífico, de gran asesor y guardián de la pureza revolucionaria y comunista.

Sin embargo, el problema es más complejo de lo que aparenta. Para algunos observadores, no solo se trata de Fidel, sino del resto de la dirección. La salida del juego del “relevo natural”, como los ex dirigentes Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, por graves errores políticos en su actividad, por poner el ejemplo más reciente, obliga a la más alta dirigencia cubana a mover las fichas del complejo rompecabezas de la sucesión.

“Hay que poner a prueba el desempeño del segundo escalón en el nivel superior. El primero ha venido quedando fuera de combate en el camino”, comentó un ex dirigente partidista jubilado, quien solicitó el anonimato.

En tal sentido, recordó que la mayoría de los primeros secretarios de la Unión de Jóvenes Comunistas y otros dirigentes jóvenes en su momento, como Luis Orlando Domínguez y Roberto Robaina, entre otros, cometieron graves errores políticos que los invalidaron para acceder a los más altos cargos partidistas y gubernamentales.

Bajo la lupa política de los cubanos están ahora funcionarios relativamente jóvenes como Miguel Díaz-Canel, miembro del Buró Político y flamante ministro de Eduación Superior; y Lázaro Expósito, actual primer secretario del PCC en Santiago de Cuba, la segunda provincia más importante del país, ambos con una ascendente carrera política.

El panorama en esa vertiente quedará más despejado al término de la Conferencia Nacional del Partido, anunciada también al término del séptimo pleno y sin fecha precisa aún, encargada de elegir nuevos dirigentes en las instancias del Comité Central, el Secretariado y el Buró Político del PCC.

La conferencia es una opción que tiene la dirección del partido para tomar decisiones que debieran analizarse en los congresos, de frecuencia quinquenal, según los estatutos.

El artículo 46 del mencionado cuerpo regulatorio establece: “En el período que media entre uno y otro congreso, el Comité Central puede convocar la Conferencia Nacional para tratar asuntos importantes de la política del partido. La Conferencia Nacional estará facultada para incorporar nuevos miembros al organismo y separar o liberar de este a quienes considere conveniente. El número de participantes, la forma de elección de estos y las normas para la preparación y desarrollo de la Conferencia Nacional, las establece el Buró Político”.

Sería esta la primera vez que el PCC realice este tipo de reunión desde su fundación, hace ya casi 44 años.

Coyuntura compleja

Pero más allá de ese asunto, hay otros que sí complejizan la situación y están en gran medida detrás de la postergación, estiman analistas locales.

El presidente Raúl Castro, al clausurar el primero de agosto último el período de sesiones de la Asamblea Nacional (parlamento), planteó entre las premisas esenciales para llegar al VI Congreso, el reforzamiento de su sistema político, el fomento de la institucionalidad y el desarrollo económico.

Castro manifestó, también en esa ocasión, que “la tarea que tenemos por delante los comunistas cubanos y todo nuestro pueblo es grande, se trata de definir, con la más amplia participación popular, la sociedad socialista que aspiramos y podemos construir en las condiciones actuales y futuras de Cuba”.

El mandatario indicó que en ese proceso se define también “el modelo económico que regirá la vida de la nación” para beneficio de todos y asegurar “la irreversibilidad del régimen socio-político del país, única garantía para su verdadera independencia”.

Expresó que están en marcha numerosos estudios sobre aspectos de la realidad cubana, pero la compleja situación económica de la isla impone otras prioridades antes del congreso.

Todo parece indicar, a tenor de lo expuesto por Castro al parlamento, que para llegar al congreso partidista habrá que recorrer el camino de la unificación monetaria, la eliminación de gratuidades y subsidios innecesarios, y la retribución salarial de acuerdo con los resultados del trabajo.

Una vez más, el gobernante insistió en la participación popular, al señalar: “tiene que ser el pueblo, con su partido a la vanguardia, el que decida”.

Castro recordó entonces las asambleas populares que analizaron su discurso del 26 de julio de 2007, en la ciudad de Camagüey, cuando aún era presidente en funciones del país.

Entre septiembre y octubre de ese año, más de 5.100.000 cubanos y cubanas participaron de la consulta y efectuaron 3.255.000 intervenciones, con 1.301.203 planteamientos, de los cuales 48,8 por ciento fueron críticos, tal como indicó el gobernante.

Los resultados de esa actividad “no se echaron en un saco sin fondo”, puntualizó.

El segundo secretario del partido aclaró en esa oportunidad que ese proceso fue concebido entonces como un ensayo, pensando en el máximo evento partidista.

Agenda previa

El VI Congreso debió celebrarse en 2002. Para algunos observadores locales, esa fue una fecha ideal, pues el país había comenzado a salir de la grave crisis económica recesiva de los años noventa y estaba en marcha la cruzada ideológica denominada “Batalla de Ideas”, impulsada por el propio Fidel Castro.

“Hubiera sido ese un momento ideal para rectificar y seguir avanzado”, comentó un investigador social vinculado al tema y que solicitó el anonimato.

El experto estima que en todo este tiempo el partido ha mostrado deficiencias en su nivel de convocatoria, combatividad e iniciativa, provenientes de prácticas burocráticas, formalistas y en espera de que las orientaciones bajen de las instancias de dirección superior, sobre todo en las organizaciones de base.

No por gusto el propio Raúl Castro insiste en el fortalecimiento del partido a tenor con su rol de rector de la sociedad cubana, como también estimula la dirección colegiada, la ejemplaridad de los dirigentes y la institucionalidad, subrayó el politólogo.

Una muestra del interés por fortalecer al PCC es la de retomar las funciones del Secretariado en 2006, instancia que desapareció de la estructura del partido a partir del IV Congreso. Ese equipo de dirección tiene normado el organizar y asegurar el cumplimiento de los acuerdos de su máximo organismo rector, el Buró Político.

Otro aspecto a tener en cuenta es el peso de la crisis económica y financiera internacional, que agravó el panorama que dejaron los tres huracanes en 2008, con daños del orden de los 10.000 millones de dólares.

Sin embargo, no son pocos los que piensan, en correspondencia con esa realidad, que el VI Congreso no debía dilatarse.

El factor económico tiene un peso decisivo en cualquier discusión trascendente sobre los destinos del país y muy especialmente del modelo socialista.

“Hay que dejar el lastre del modelo estatista soviético que, entre otras cosas, llevó a la tumba a la ex Unión Soviética y, en el caso de Cuba, proclama a gritos su ineficiencia, y Raúl está consciente de ello”, coinciden en señalar economistas locales.

El camino a recorrer con urgencia debe tener en cuenta los cambios en la gestión de la empresa estatal, la apertura hacia otras variantes de propiedad, la inversión extranjera, nuevas formas de pago y salarios, el análisis de experiencias foráneas socialistas exitosas como las de China y Vietnam.

Todo lo antes expuesto conlleva la necesidad de comprender de una vez que el mercado es una herramienta que puede ser bien empleada por el Estado como un mecanismo de estimulación y control, tal como han reiterado economistas locales.

Pero la agenda del VI Congreso del PCC deberá tener muy en cuenta demandas socio-políticas clave como la de profundizar en la inclusión y participación ciudadana en el ejercicio de gobernar, junto a una mayor descentralización que haga más efectiva la gestión ciudadana.

No menos importante en esa agenda es el tema de la ampliación en la práctica de las libertades de los cubanos y cubanas que la propia revolución le ha consagrado como derecho, como la de poder viajar libremente y regresar sin categorizaciones ni exclusiones de ningún tipo; atender, asimismo, el alarmante fenómeno de la migración juvenil.

El pastor presbiteriano Raimundo García dijo a IPS que los “profundos cambios” que hacen falta en este país reclaman que “el PCC asuma lo que realmente debe ser su papel, dejando de ser un segundo gobierno dentro del Estado”, entre otros aspectos.

Para el religioso cubano, ello conllevaría que la organización política se “convierta en un centro de estudios y debates en el cual estén representados, aunque dentro de un propósito común, las diferentes opiniones de personas que representen las diferentes esferas de la sociedad, incluyendo la sociedad civil”.

“La unanimidad, como lo ha señalado reiteradamente nuestro presidente, no existe, por ser una mala práctica para los diálogos y decisiones”, comentó García, director del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo de Cárdenas, a unos 150 kilómetros de La Habana.

Para el presidente Raúl Castro, segundo secretario del PCC, la tarea que tienen por delante los comunistas y el pueblo cubanos es grande, pues se trata de definir la sociedad socialista a la que se aspira y es posible construir “en las condiciones actuales y futuras de Cuba”, y el modelo económico que regirá la vida de la nación.

El VI Congreso del PCC tendrá el reto de relanzar el socialismo cubano hacia el siglo XXI. Se trata, en sus esencias, de una profunda renovación, un socialismo a la medida, participativo y cada vez más inclusivo, tal como pedía Martí: una patria con todos y para el bien de todos.

Congresos del PCC

– El 3 de octubre de 1965 se desarrolló el congreso constitutivo del Partido Comunista de Cuba, cuyo nombre surgió a propuesta de Fidel Castro y fue aprobado por aclamación de los delegados. La cita fue el colofón de la unidad de las fuerzas que participaron en la lucha revolucionaria y su consolidación. Entre sus momentos más emotivos estuvo la lectura de la carta de despedida de Ernesto Che Guevara como guerrillero internacionalista. Surgió el periódico Granma como órgano oficial del flamante PCC y fueron electos por primera vez el Comité Central, el Secretariado y el Buró Político, y como primer secretario desde entonces a Fidel Castro.

– El I Congreso del PCC tuvo lugar entre el 17 y 22 de diciembre de 1975, en el teatro Karl Marx, recién remozado para la ocasión. El inicio de la misión militar internacionalista en Angola marcó un punto de singularidad de esta cita que, entre otros acuerdos, aprobó nuevas formas de organización de la sociedad cubana, como la nueva división político-administrativa (la isla pasó de seis provincias, 58 regiones y 407 municipios, a estructurarse en 14 provincias y 169 municipios, con uno especial, el de la Isla de Pinos, posteriormente rebautizado como de la Juventud); también dio el visto bueno a la primera Constitución socialista cubana que se aprobaría mediante referendo un año más tarde.

– El II Congreso se efectuó entre el 17 y el 20 de diciembre de 1980, en el Palacio de las Convenciones de La Habana. En esos momentos, Cuba tenía más de 100.000 soldados en Angola y Etiopía. El desarrollo de la cita y muchos de sus documentos y acuerdos mostraron con el tiempo el mimetismo con el modelo partidista soviético. Poco tiempo después, el propio Fidel Castro denominaría críticamente esa situación como la “copia”. No obstante, la reunión constató los avances en la institucionalización del país y en el desarrollo industrial y de la infraestructura de la nación.

– El III Congreso fue el de la “Rectificación de errores y tendencias negativas”, tanto desde el punto de vista económico como político-ideológico, en una contraofensiva estratégica revolucionaria capitaneada por el propio Fidel Castro. Tuvo la singularidad de efectuarse en dos etapas: la primera, del 4 al 7 de febrero de 1986, y contó con una sesión diferida desarrollada del 30 de noviembre al 2 de diciembre, ambas en el Palacio de las Convenciones. Esa última jornada marcó el viraje en cuanto a estilos y métodos de trabajo para el partido y el gobierno. Para muchos militantes, fue el momento en que el PCC comenzó a desmarcarse de la influencia soviética y a parecerse más a Cuba.

– El IV Congreso salió de La Habana para realizarse en Santiago de Cuba, conocida también como la “Cuna de la revolución”, entre el 10 y el 15 de octubre de 1991. Fue el congreso del período especial, su lema lo delineaba así: “Salvar la patria, la revolución y las conquistas del socialismo”, lo que trazó la llamada estrategia de la supervivencia tras la desaparición de la URSS y el campo socialista esteuropeo y el endurecimiento del bloqueo estadounidense a la isla. Tuvo entre sus características el haber desarrollado, previo a la reunión, un movimiento de discusión popular denominado “Llamamiento al IV Congreso del Partido”, en que los ciudadanos expresaron sus inquietudes e ideas sobre la sociedad cubana y cómo debía ser su proyección; sin embargo, la crisis económica recesiva, que se abalanzó sobre el país, determinó su muerte por asfixia.

– El V Congreso, celebrado en el Palacio de las Convenciones de La Habana entre el 8 y el 10 de octubre de 1997, fue la reunión que, en buena medida, marcó el atisbo, “la lucecita al final del túnel” del llamado período especial. La resolución económica aprobada entonces fue uno de los puntos relevantes de la cita; la misma debía pautar el camino del país en ese campo hasta el VI Congreso aún por realizar. Doce años después, bajo otras circunstancias y contexto, el documento sigue siendo una tarea pendiente, urgente y definitoria en el destino socialista del país.

Agenda del presidente

Una intensa agenda cumplimentó el presidente cubano Raúl Castro en agosto.

Tras hablar el día primero ante el parlamento cubano, el mandatario viajó el 9 de agosto a Quito, al frente de la delegación de Cuba que participó el 10 de agosto en la ceremonia de toma de posesión del presidente reelecto de la República del Ecuador, Rafael Correa.

La comitiva de la nación caribeña estuvo integrada, además, por Bruno Rodríguez, ministro de Relaciones Exteriores, y Eusebio Leal, historiador de la ciudad de La Habana.

Los vínculos entre Cuba y Ecuador se fortalecieron en los últimos años. El presidente Rafael Correa realizó la primera visita oficial a la isla en enero de 2009, desde que asumió la presidencia de ese país sudamericano en 2007, y sostuvo conversaciones con su homólogo cubano.

Las pláticas entre ambos gobernantes comenzaron desde diciembre último, en Brasil, durante la Cumbre América Latina-Caribe; prosiguieron en enero en La Habana, en ocasión de la primera visita oficial de Correa a Cuba, y este mes también durante una estadía privada de una semana en la isla que comenzó Correa el jueves 20.

Por otra parte, el presidente cubano presidió el 7 de agosto la ceremonia de juramentación de nuevos embajadores cubanos en el Memorial José Martí, ubicado en la Plaza de la Revolución, en La Habana.

Además, recibió el 25 de agosto a Martín Torrijos, secretario general del Partido Revolucionario Democrático (PRD). La anterior estancia del líder panameño fue el pasado mes de enero, ocasión en que realizó una visita oficial como presidente de su país, mandato que concluyó recientemente.

Castro también inauguró en la provincia de Holguín, el día 27, la primera etapa del trasvase este-oeste, catalogada la mayor y más compleja obra hidráulica de los últimos 50 años en la isla.

El 28, Castro comprobó en Santiago de Cuba la marcha del proceso inversionista para la restitución de las conductoras y redes hidráulicas, señalan reportes de medios locales. Esa ciudad será la primera en resolver esa necesidad después del primer semestre de 2010, según acuerdo del Ministerio de la Construcción, el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos y el Poder Popular en la provincia.

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