Una manta contra la violencia

El Taller de Transformación Integral del Barrio de Alamar Este lideró la confección de una manta por la no violencia en el 2009.

Jorge Luis Baños - IPS

Los Talleres de Transformación Integral del Barrio son estructuras creadas por el Grupo de Desarrollo Integral de la Capital (GDIC) para actuar en las comunidades.

En la mitología griega, el hilo de Ariadna permite a Teseo encontrar la salida del laberinto después de matar al minotauro. Esa leyenda nomina un proyecto cultural al nordeste de La Habana.

El dominio del tejido de sus miembros ha llevado al colectivo a liderar la construcción de una manta representativa de la lucha por la no violencia de género de las mujeres cubanas. Una gran tela que, como en el poema La Muralla, de Nicolás Guillén, está hecha por diversas manos.

Tomemos ese hilo para adentrarnos en la historia que nos han contado las propias tejedoras, integrantes del Taller de Transformación Integral del Barrio (TTIB) de Alamar Este.

Los Talleres de Transformación Integral del Barrio son estructuras creadas a partir de 1988 por el Grupo de Desarrollo Integral de la Capital (GDIC) para actuar en las comunidades.

Son pequeños equipos interdisciplinarios que trabajan para reforzar el papel de la comunidad como sujeto de las transformaciones que se pretenden conseguir, partiendo de un reconocimiento de las necesidades y las demandas populares.

La integralidad de la transformación –principio rector– implica a las personas y al medio físico. Para ello tratan de mejorar las condiciones materiales de existencia e influir en el ambiente sociocultural de esas comunidades conservando sus valores, al tiempo de crear valores nuevos adecuados al desarrollo de la sociedad cubana actual.[i]

Los TTIB se han ido expandiendo por las comunidades de la capital en sus 21 años de existencia. El proceso comenzó en 1988 en los barrios de Cayo Hueso (Centro Habana), Pilar de Atarés (Cerro) y La Güinera (Arroyo Naranjo), pero desde 2000 alcanza a 20 barrios de nueve municipios.

Las necesidades sociales que caracterizaban a los primeros no necesariamente están presentes en el resto, donde otras demandas son reclamadas porque otras son las configuraciones de esos asentamientos.

Alamar

La explosión poblacional de Alamar, al otro lado del túnel de la bahía de La Habana –en la década de los setenta con el movimiento de las microbrigadas–, crea un espacio sui géneris en la trama urbana: se va conformando una microciudad con nuevas viviendas, mercados y servicios elementales, pero con una infraestructura cada vez más insuficiente en la medida que esa ciudad crece.

Alamar no posee más que una sala de cine, una casa de cultura, una librería, una biblioteca, un anfiteatro, construidos en la etapa de arranque, en la zona de fundación.

Cuando las microbrigadas se paralizan hacia 1990 ya Alamar se ha expandido hacia el este, llegando casi hasta la playa de Bacuranao. En ese extremo está Micro X, borde y corazón de «La Siberia», una nominación en desuso porque Alamar ya no es el mismo.

En Micro X, en el apartamento que anteriormente ocupara una peluquería, está la sede del TTIB de Alamar Este, surgido en 1998, ocho años después que su gemelo en Alamar Playa. El equipo profesional del mismo lo integran tres especialistas (Andrea del Sol, Laritza Columbié y Mercedes Galán) y una trabajadora social (Liudmila Alarcón).

Andrea, la especialista principal, de larga experiencia en esta labor, participó en las investigaciones practicadas en la comunidad para conocer las insatisfacciones de la población.

 

Según esta licenciada en Ciencias Sociales, las necesidades más demandadas en la comunidad, de acuerdo con las encuestas, eran de naturaleza espiritual, surgidas por las insuficiencias acotadas anteriormente: inexistencia de instalaciones deportivas, sala de teatro, cine, biblioteca… Igualmente se hacía notar la ausencia de alumbrado público, red vial y educación ambiental.

Once años después esas carencias siguen presentes, pero en el camino recorrido hay siembra y también frutos. Andrea refiere que Alamar Este tiene un extenso territorio de más de nueve kilómetros cuadrados, con una población cercana a los 38.000 habitantes, de acuerdo con el último censo, cifra que no incluye a los residentes no declarados; por tanto, resulta muy difícil, para un equipo de trabajo tan pequeño, llegar hasta todos.

Sin embargo, como su misión es a largo plazo y su centro está en la capacitación, los avances están localizados en el ámbito educativo, el que permitirá la buscada transformación integral.

Luego, el TTIB ha abierto muchos espacios de capacitación en la comunidad para niños, adolescentes, jóvenes, adultos y adultos mayores. En la educación ambiental llevan más de diez años en el proyecto internacional redes de mapa verde. La estrategia del TTIB de concertar alianzas y colaboraciones con la mayor cantidad de centros, instituciones y personas le ha reportado grandes beneficios.

Es justamente esta búsqueda de líderes y colaboradores en la comunidad la que permite sostener el trabajo con los talleres de arte donde está tejido el hilo de Ariadna.

Tejer una manta

El hilo de Ariadna nació en el sótano de un edificio, donde dos mujeres tejedoras decidieron compartir sus conocimientos con otras vecinas; luego fueron llegando más alumnas y cada vez el grupo se hizo mayor.

Cuando el TTIB tuvo su propio espacio, las tejedoras se trasladaron allí y el colectivo creció más aún. Poco a poco fueron sumándose especialidades de la artesanía y ya no fue solo tejido, sino que también involucró el trabajo con parches, bordados, macramé, papier maché, muñequería e, incluso, pintura.

Más de un centenar de mujeres pasan anualmente por los talleres de artesanía, además de los niños que asisten a los de pintura. Tanto las profesoras-artesanas como el profesor de pintura, prestan sus servicios de manera voluntaria, sin remuneración alguna.

Las piezas de artesanía y los dibujos infantiles pueblan las paredes de la instalación, haciéndole una marca agradable. Desde aquí han salido muchos niños para las escuelas de arte. Este espacio es importante en el tejido cultural de la comunidad.

Por esa razón, el TTIB de Alamar Este ha llevado el peso, la mayor responsabilidad en la confección de una manta por la no violencia de género, tarea que les llegó a los TTIB por intermedio del Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero, organización que comparte con la Federación de Mujeres Cubanas la coordinación y promoción de las jornadas anuales por la no violencia.

Laritza Columbié es la especialista del TTIB Alamar Este que ha tenido la mayor responsabilidad en la ejecución de la manta por la no violencia de género. Ella nos contó el proceso de creación de la misma en toda su evolución.

En el mes de junio les encomendaron la tarea, pero no fue hasta septiembre que comenzaron los trabajos. En las primeras reuniones tomaron nota de los elementos que debían estar presentes: la identidad del cubano, dada por algunos de sus símbolos, y, por supuesto, la igualdad de género.

Con esas ideas, José Ángel Lamas, diseñador de larga trayectoria, elaboró el diseño de la manta: una tela de cinco metros de largo por un metro de ancho, en cuyo espacio hay una bandera cubana cubierta de flores de los mismos colores que la integran; un sol en cuyo centro se insertan dos siluetas representando una pareja, hombre y mujer; y un jardín verde-amarillo que bordea toda la composición.

En principio, las 20 comunidades que integran los TTIB debieron participar en la ejecución de la manta, pero, por distintas razones, solo cuatro intervinieron.

El trabajo estuvo repartido de la siguiente manera: Alamar Playa aportó la bandera y la pareja; en Pilar de Atarés (Cerro), se bordó la estrella de la bandera, así como las flores blancas de la misma; en Los Ángeles (Marianao), el parche del sol en tela de satín y las flores que lo cubren en un cordoncillo dorado; y en Alamar Este hicieron las flores rojas y azules, pintaron el jardín, pegaron y cosieron la estrella, el sol y las flores, y realizaron la terminación de la obra.

Aquí la sienten como una criatura gestada en un largo proceso, de la cual están orgullosos. La manta será expuesta en el exterior del taller antes de partir a su destino.

Ventura González es el artista que pintó el jardín en la manta. Él lleva cuatro años dedicando parte de su tiempo a impartir clases de artes plásticas a los niños de la comunidad. Dice que la ejecución de la manta ha sido una experiencia de participación colectiva que ha dado la oportunidad para trabajar a artesanos y artistas en una obra común.

Según él, las mantas son una suerte de mural donde convergen ideas y formas diversas. Pero un mural se confecciona en una sola superficie, una pared o un muro, mientras que en una manta el trabajo es más complejo. En esta, sobre la tela de lienzo, se han aplicado varias texturas. Ventura ha querido que su pintura en acrílico sea un componente de esa variedad, pero al mismo tiempo sea orgánica con el conjunto.

La manta representativa de la igualdad de género, elaborada por artesanos y artistas de los Talleres de Transformación Integral del Barrio de cuatro comunidades habaneras, fue entregada en Alamar a la Federación de Mujeres Cubanas, en el marco de la Jornada Nacional por la No Violencia. Finalmente, la obra de los TTIB partirá, pero la experiencia ha enriquecido la historia de cuatro comunidades, sobre todo en Alamar, donde se unieron todos los hilos y la manta es una nueva leyenda, pero sin violencia y con un héroe colectivo.


Notas:

[i] Mario Coyula, Rosa Oliveras y Miguel Coyula: Hacia un nuevo tipo de comunidad en La Habana: Los Talleres de Transformación Integral del Barrio. GDIC, La Habana, 2002, p. 7.

 

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