Economía: Consecuencias de un mal hábito

El gasto en cigarros podría emplearse en el mejoramiento de la alimentación familiar.

Baldrich - IPS

Cuba es el cuarto país de América Latina y el Caribe con mayor consumo de tabaco.

Que el hábito de fumar es perjudicial para la salud quedó demostrado hace mucho tiempo. Los científicos y los médicos han comprobado que es responsable de cáncer, enfisema, bronquitis, dientes y dedos manchados, entre otros males. Sin embargo, en Cuba está por estudiarse su impacto en la nutrición humana.

En la nación caribeña, la cajetilla de 20 cigarros negros tiene un precio de entre siete y nueve pesos, es decir, entre 3,11 y cuatro por ciento del salario mínimo, ahora incrementado a 225 pesos. Esa ecuación es imprescindible para hacer varias valoraciones.

“El fumador común consume generalmente una caja al día. Por supuesto, hay quienes se fuman una y media, en dependencia de si están tomando o si están bajo un estrés agudo”, refiere Gonzalo Gálvez, de 49 años y adicto desde los 13.

Según refiere, pocas veces los fumadores reflexionan en qué medida el dinero que destinan al dañino hábito podría emplearse -de forma más saludable y racional- en la adquisición de alimentos para toda la familia.

Un sencillo cálculo indica que, quien consume 30 cajas mensuales de cigarros Popular, compradas a siete pesos, gasta 210 pesos, cifra cercana al salario mínimo. Con ese monto podría mejorarse el menú familiar, si se compran algunos alimentos. Por ejemplo, 70 libras de habichuelas (cada libra cuesta 3.00 pesos y 2,2 libras equivalen a un kilogramo); 50 libras de tomate de ensalada (cuatro pesos por libra); 10 libras de carne de cerdo (21 pesos por libra).

Si el fumador prefiere un producto de mayor calidad, los cigarros Criollitos, deberá pagar nueve pesos por cajetilla. Entonces, su gasto mensual en cigarros subirá a 270 pesos por consu mir una caja diaria. En ese caso, en su lugar podría mejor adquirir 11,7 libras de pollo troceado (23 pesos por libra); 77 libras de arroz (3,50 pesos la libra); 22 libras de frijoles (12 pesos por libra); así como 20 libras de malanga (3,50 la libra).

“Un buen día me di cuenta de que me estaba fumando el equivalente a 10 libras de pollo, del que necesitan mis hijos para crecer, y me dije, ¡que va, a esto hay que ponerle fin!”, cuenta Gálvez, quien, además de sus 400 pesos de salario, tiene otros ingresos por servicios de plomería, pintura y arreglos de electrodomésticos.

Los fumadores de Criollitos tienen otra opción: pueden cambiar ese dinero en las Casas de Cambio, Cadeca y recibir 10,80 pesos convertibles, con los cuales podrían hacer discretas compras en las tiendas de recaudación de divisas. Allí pueden adquirir cinco litros de aceite (2,15 CUC por litro); ocho paquetes de picadillo de pollo ahumado (1,25 el paquete de 440 gramos); dos kilogramos de leche en polvo (5,25 el kilogramo), tres potes de litro y medio de yogur de producción nacional (3,10 cada pote); 21,7 manzanas (50 centavos de CUC por cada unidad) o seis cajas de puré de tomate de medio kilogramo (1,55 cada estuche), entre otros productos.

Aunque no solucione todos los problemas alimentarios que enfrenta la familia cubana, en cierta forma representaría una valiosa contribución al presupuesto familiar.

Pero hay más. A veces sucede que, ante la frecuente ausencia del producto debido al acaparamiento con fines de lucro, el fumador de Criollitos debe recurrir al mercado subterráneo, donde cada cajetilla se cotiza a diez pesos. En ese caso, el presupuesto para una caja diaria asciende a 300 pesos al mes.

La situación es mucho más grave cuando en el hogar fuma más de una persona, lo que equivale al doble del monto mencionado.

Quienes pagan por ese hábito en pesos convertibles generalmente pueden permitirse lo que muchos en la isla consideran un verdadero lujo. El precio de cada cajetilla de producción cubana oscila entre 50 centavos y un CUC.

El hábito de fumar influye de otras formas en la vida familiar. Algunos cubanos que hoy frisan los 40 años recuerdan que en la niñez los paseos se limitaban al mínimo, porque sus padres gastaban en fumar lo que hubieran podido destinar a viajes a centros recreativos.

Lentos avances

El 31 de mayo, Armando Perugas, coordinador del Equipo para el control del tabaco y salud de los consumidores de la Organización Panamericana de la Salud , reconoció los avances de Cuba en la lucha contra el tabaquismo. Sin embargo, la nación caribeña se ubica entre las de más fumadores de la región.

Aunque existen programas institucionales y de organizaciones sociales, Cuba es el cuarto país de América Latina y el Caribe en el consumo de tabaco, con 32 por ciento de prevalencia del hábito de fumar, sólo precedida por Venezuela, Argentina y México.

Para reducir el nocivo vicio, desde 1995 Cuba impulsa su estrategia, mediante el Programa Nacional de Prevención y Control del Tabaquismo, que tiene activadas más de 200 consultas para la desintoxicación.

Los departamentos de Medicina Natural y Tradicional, los centros comunitarios de Salud Mental y la Línea Confidencial Antidrogas están preparados para brindar apoyo a quienes deseen renunciar a ese vicio.

En declaraciones con motivo del Día Mundial Sin Fumar, Oria Susana Acosta, coordinadora del Programa de prevención y control del tabaquismo en la isla, señaló que en Cuba hay más de dos millones de personas que consumen tabaco y 69 por ciento de los niños son fumadores pasivos.

Asimismo, la experta aseveró que 76 por ciento de los cubanos adopta ese mal hábito antes de los 20 años.

Un estudio realizado en la nación caribeña, donde se relacionó la venta de cigarrillos con la población adulta, arrojó como resultado un incremento en el consumo de tabaco de 8,02 por ciento.

Algunos estudiosos indican que uno de los aspectos más preocupantes sobre el hábito de fumar en la isla radica en que el cigarro es uno de los pocos artículos posibles de adquirir en moneda nacional, a precios razonables y de forma liberada. Una cajetilla de cigarros negros cuesta siete pesos, mientras que una libra de pan (2,2 libras equivalen a un kilogramo) vale 10 pesos.

Ese hecho conspira contra todas aquellas actividades encaminadas a informar a la población los efectos nocivos del hábito de fumar, entre ellas, anuncios televisivos, programas de salud, jornadas científicas y debates en los centros de trabajo.

En 2005, una Resolución del Ministerio de Comercio Interior dispuso la prohibición de fumar en todos los locales públicos climatizados o cerrados. La medida es extensiva a los pasajeros y conductores de ómnibus, taxis y trenes, a todos los establecimientos deportivos y a los encargados de elaborar alimentos o expenderlos, mientras prestan servicio.

Esa regulación fue recibida con agrado por los no fumadores, pero muy criticada por los fumadores. Pese a su existencia, son muchas las violaciones al respecto. Los conductores y choferes de ómnibus del transporte público siguen fumando en pleno viaje. Gastronómicos y personal de salud lo hacen también, tal vez un poco más escondidos que antes.

Una regulación de 2004 reiteró también la prohibición de la venta de ese producto a menores de 16 años, aunque algunas investigaciones indican que en esas edades los adolescentes siguen fumando.

El máster Orlando Landrove, jefe del Programa nacional de enfermedades no transmisibles, dijo al diario cubano Juventud Rebelde que, desde 2000, los ministerios de Comercio Interior, Salud Pública y Educación han dictado resoluciones que establecen prohibiciones en relación con el tabaquismo. “Los trabajadores de la Educación en gran medida cumplen esa norma, pero en un hospital uno puede ver fumando desde un médico hasta una auxiliar de limpieza. No somos el modelo que debemos ser, por tanto, no somos creíbles para la población”.

Según la mencionada publicación, Cuba formó parte de una investigación auspiciada por la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud , en la que participaron 111 países, casi todos los de América Latina y el Caribe, y que estudió a los muchachos entre 13 y 15 años.

En 2001 se aplicó una primera medición a 1.998 adolescentes de 164 escuelas de la capital. Según la máster Luisa Lancés, especialista de primer grado en Epidemiología, del Ministerio de Salud Pública, la encuesta, de 50 preguntas, busca comprender y evaluar las actitudes, conocimientos y conductas de los estudiantes en relación con el cigarro. El estudio reveló que “29,9 por ciento de los jóvenes fumaba, mientras la prevalencia del fumador activo (el que lo hace en el último mes cuando se aplica el cuestionario) fue de 12,6 por ciento, cifra relativamente alta al compararla con países de la región”.

En 2004 se repitió la pesquisa, y se extendió a Pinar del Río, Villa Clara, Cienfuegos y Camagüey. En la capital, la prevalencia bajó a 24,5 por ciento y la del fumador activo a 9,3. En las otras provincias las cifras fueron menores.

Mundo fumador

 

En el mundo fuman alrededor de 1.200 millones de personas, casi la sexta parte de la población mundial. Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revelan que cada seis segundos una persona muere como consecuencia del tabaquismo.

Cada año fallecen más de cinco millones de personas por enfermedades prevenibles relacionadas con el fumar y para 2030 se calcula el doble. Según especialistas, cada cigarrillo reduce siete minutos de vida.

Las enfermedades que ocasiona el cigarro generan internacionalmente un aumento de los gastos en la atención de salud y contribuyen a desangrar las economías de los países pobres, donde vive cerca del 85 por ciento de los fumadores, afirma la OMS.

Fumar está vinculado con 90 por ciento de los casos de cáncer pulmonar, 75 por ciento de las bronquitis crónicas, 80 por ciento del enfisema y con 30 por ciento de las enfermedades cardiovasculares.

En las mujeres, el tabaco puede disminuir la fertilidad, provocar desórdenes menstruales, incrementar el riesgo de partos prematuros y de bajo peso en recién nacidos.

Los hombres tampoco escapan al impacto sobre la salud del tabaquismo: disfunción eréctil, daños en el ADN de los espermatozoides y de úlcera péptica son sólo algunas de las consecuencias para ellos.

Según datos ofrecidos por la OMS , los niños cuyos padres son fumadores presentan una mayor frecuencia de infecciones y problemas respiratorios e índices inferiores en el desarrollo de la función pulmonar.

Países fumadores

– Desde la medianoche del primero de junio rige en Suecia la prohibición de fumar en bares y restaurantes, en respuesta a una demanda del Instituto Nacional de Salud Pública. La entidad sostiene que esas personas corren tres veces más riesgos de contraer cáncer de pulmón y morir por esa causa que otros trabajadores, debido a su constante exposición al humo de tabacos y cigarrillos.

Cerca de 6.500 suecos mueren cada año de enfermedades vinculadas al tabaco y 500, en su mayoría camareros, a causa del tabaquismo pasivo.

Para 2014, el gobierno de ese país aspira a reducir a la mitad el número de fumadores y a desestimular ese vicio entre los jóvenes. En Suecia, según las autoridades de salud, 16 por ciento de los adultos son adictos al tabaco. Entre los jóvenes de 15 o más años, las muchachas son el 13 por ciento y ocho por ciento los varones.

– En México, el hábito de fumar le cuesta la vida a 10 ciudadanos cada minuto, lo que sitúa al tabaquismo entre los más importantes problemas de salud pública.

Según la más reciente Encuesta Nacional de Adicciones (2002), más de 16 millones de mexicanos, de una población de alrededor de 105 millones, consumen habitualmente cigarrillos. De ellos, la mayoría son hombres asentados en zonas urbanas (alrededor de 9.200.000) y más de 4.500.000 mujeres. En áreas rurales, el número estimado es de 2.500.000 fumadores.

Precisan algunas fuentes que, las acciones contra el tabaquismo han permitido disminuir el consumo en 15 por ciento entre 2000 y 2005. En los últimos cuatro años se triplicó el impuesto a los cigarros sin filtro, se restringió la promoción entre los menores de edad y se estableció un impuesto de un peso (10 centavos de dólar) por cada cajetilla de cigarro vendida al Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos.

– Unas 260.000 personas mueren prematuramente en Rusia, cada año, por la adicción al tabaco. Según informes del Ministerio de Salud, 42 por ciento de estos decesos en los hombres, entre 35 y 69 años, está vinculado a ese nocivo hábito.

Con una población de más de 143 millones de habitantes, Rusia está considerada por la OMS como uno de los primeros consumidores de tabaco, ya que 65 por ciento de los hombres y 30 por ciento de las mujeres son fumadores empedernidos.

En el caso de los menores, hay un fumador por cada tres rusos, entre los 13 y los 16 años. Según esos datos, 50 por ciento de los adolescentes fuma y 40 por ciento de las chicas entre los 16 y 18 años también.

Hacia 2030, en ese país podrían morir anualmente por esa causa hasta 10 millones de personas.

– En Perú, cada cinco de sus adolescentes entre 12 a 15 años fuma y cuatro por ciento de ellos tiene menos de 13 años.

Hace 20 años, 66 por ciento de los fumadores eran varones y 33 por ciento, mujeres, pero ahora la tasa femenina ha subido hasta 49 por ciento y la masculina ha disminuido a 51.

– Unos 35.000.000 de fumadores hay en Brasil, donde 200.000 personas mueren anualmente a causa de los efectos de ese vicio. Brasil es el segundo productor (después de China) y el mayor exportador de tabaco del mundo.

El Sistema Único de Salud pondrá gomas de mascar con nicotina, antidepresivos y adhesivos de piel al alcance de los interesados en dejar de fumar.

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