AGRICULTURA-CUBA: Alimentos para las ciudades

La agricultura urbana aún tiene asignaturas pendientes como la regularización del sistema de pesas y balanzas, la provisión de abono orgánico y el abastecimiento de semillas, buena parte de las cuales se compran en el exterior.

LA HABANA, jul (IPS) – La agricultura urbana creció notablemente en Cuba desde que apareció hace dos décadas, sustentada en prácticas agroecológicas poco dependientes de grandes recursos y una fuerza de trabajo estable, lo cual podría constituir un modelo para el resto del sector en período de reformas.

 

La iniciativa, concebida en 1987 por el entonces ministro de las Fuerzas Armadas y hoy presidente, Raúl Castro, buscaba suministrar vegetales, frutas y condimentos frescos a las ciudades de esta isla caribeña, donde habita 75 por ciento de la población, ante el declive sostenido de la agricultura convencional.

“En el período especial el campo prescindió de productos químicos y se siguió comiendo, aunque producían básicamente los campesinos”, explicó a IPS Ania Yong, especialista del Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas (INCA), quien destacó experiencias como la finca de frutales de Lázaro Hernández.

Este hombre posee desde hace ocho años una hectárea sembrada de frutas y cultivos varios intercalados, cerca del poblado de Bejucal, en la provincia de La Habana, limítrofe con la capital. Los suelos se nutren con materia orgánica, no se emplean plaguicidas y se prescinde de maquinarias para el laboreo.

“Se necesita un poco de recursos para garantizar que haya frutas en Cuba”, declaró Hernández a la televisión estatal. Su predio, capaz de proveer de frutas a un millar de personas del poblado cercano, ha dado rendimientos tan extraordinarios como un racimo de plátanos de 256 libras (116,12 kilogramos), el mayor visto en la isla.

“El manejo de las grandes extensiones de tierras, generalmente pertenecientes a empresas estatales, es mucho más complejo”, reconoció Yong. “Son otros los intereses, menores las posibilidades de experimentar y eso hace mas difícil la cosa, pues hay otros conceptos que no buscan precisamente una producción orgánica”, señaló.

Según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), en 2007 había más de 169.000 hectáreas sembradas de frutales (no incluye plátanos). El sector estatal, con 41,5 por ciento de esa área, apenas cosechó poco más de 25 por ciento del total, un volumen insuficiente para hacer de estos alimentos una presencia habitual en la mesa cubana.

Pero la clave podría no estar solamente en la aplicación de técnicas agroecológicas o en la diversificación de cultivos. En el establecimiento de Hernández el salario del personal está vinculado a los resultados del área que atiende, una fórmula a todas luces eficaz para estimular la estabilidad y la eficiencia laboral.

Ese mecanismo debe entrar en vigor para todas las empresas estatales a partir de agosto, según la orientación del gobierno de generalizar el pago por resultados, que elimina el techo salarial y el igualitarismo, criticado por Raúl Castro en su discurso ante el parlamento el 11 de este mes.

El Programa Nacional de Agricultura Urbana cuenta con el respaldo de seis ministerios y una veintena de instituciones, organizaciones sociales y centros científicos, que coordinan el trabajo de miles de huertos intensivos, fincas suburbanas, organopónicos, microhuertos caseros, entre otras modalidades productivas.

Este plan, que emplea a unas 300.000 personas, 40.000 de ellas jubiladas, comprende la siembra en las zonas rurales circundantes de los asentamientos poblacionales de más de 1.000 habitantes, salvo en La Habana, donde los cultivos se realizan en el interior de la urbe.

De 4.372 toneladas de hortalizas y condimentos frescos producidos en 1994, el programa alcanzó más de 1,4 millones de toneladas el año pasado.

“Considero la agricultura urbana como una complementación de la agricultura convencional, pero en modo alguno como el modelo que va a resolver el problema alimentario cubano”, dijo a IPS un economista que prefirió no identificarse.

“El modelo que pudiera resolver el problema se caracterizaría por lo diversificado en cuanto a sus diferentes formas de propiedad y usos o explotación de la tierra, sustentado fundamentalmente en la cooperativa, con amplia participación del privado e integrado por la empresa estatal”, observó el experto.

La ONE asegura que en 2007 la superficie agrícola del país era de 6,6 millones de hectáreas, pero sólo 2,9 millones de ellas estaban cultivadas. De las tierras ociosas, más de 88 por ciento estaban en manos estatales o de Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), que algunos especialistas consideran una extensión de la empresa estatal.

El gobierno cubano dio a conocer el 18 de este mes un decreto-ley que establece la entrega en usufructo de parcelas estatales ociosas a personas naturales o jurídicas, con el objetivo de incrementar la producción nacional de alimentos, cuya importación costará este año 1.100 millones de dólares más que en 2007.

La agricultura urbana aún tiene asignaturas pendientes como la regularización del sistema de pesas y balanzas, la provisión de abono orgánico y el abastecimiento de semillas, buena parte de las cuales se compran en el exterior.

“La semilla es uno de los eslabones más débiles del sistema de la agricultura”, dijo a IPS Humberto Ríos, director del Programa de Innovación Agraria Local (PIAL), una iniciativa que ha puesto la experimentación agrícola en manos de más de 8.000 productores.

“La agricultura tiene muy centralizado el mejoramiento, producción y certificación de semillas”, subrayó Ríos, quien estima que “los agricultores deben participar más en las tomas decisiones de la política de variedades cubanas y tener derecho a producir semillas para la venta”.

“Los campesinos pueden conservar sus germoplasmas, y en el momento de la siembra tenerlas en su poder, sin depender de nada ni nadie”, afirmó Yong, implicada también en el PIAL. (FIN/2008)

  

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