Amor en tiempos de cine

El Festival del Nuevo Cine Latinoamericano revive las cada vez más escasas salas de cine en La Habana y la pasión del cubano por el llamado séptimo arte.

Jorge Luis Baños-IPS/jlbimagenes@yahoo.es

Cine Chaplin, uno de los principales y conservados de la capital cubana

LA HABANA, dic (IPS) – María Martínez regresa a su casa todas las tardes junto a su esposo, luego de haber cumplido una suerte de ritual repetido cada año en diciembre, cuando la capital cubana acoge el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, una fiesta de la imagen que durante dos semanas altera la rutina de esta ciudad.

Las jornadas cinematográficas del festival despiertan de su letargo a las salas de proyecciones, que durante el año languidecen con unos pocos estrenos. El público, presa entonces de una fiebre fugaz, se agita de un lado a otro, sin importarle la escasez de transporte público o las riñas para disfrutar de un filme bien recomendado.

“En una oportunidad de ver cine cómodamente, reencontrarse con personas y despejar del trabajo diario”, confesó Martínez a IPS. “Para mí el festival es como la Feria del Libro, dos cosas sagradas”, afirmó esta enfermera jubilada de 63 años sobre la cita que se extiende del 4 al 14 de este mes.

Martínez reconoce que estas dos semanas son excepcionales en el año, en particular por la cantidad y variedad de películas nuevas a su alcance. El resto del tiempo debe conformarse con la programación cinematográfica de la televisión estatal, compuesta sobre todo por cintas estadounidenses, pues vive en la periferia habanera, lejos del circuito de estrenos.

La crisis económica iniciada en la década del 90 impactó duramente las salas de exhibición de toda la isla, muchas de las cuales fueron abandonadas o reconvertidas para cumplir otras funciones, como viviendas, discotecas, almacenes, baños públicos, oficinas o teatros de artes escénicas.

La paradoja cubana es que, a diferencia de otros países, los cines no cerraron por falta de público sino por acumulación del deterioro.

Sólo en La Habana, a comienzos de este siglo habían cerrado la mitad de los cines existentes. El declive afectó en especial a los situados en barrios de la periferia, aunque también a algunos de renombre como los del famoso bulevar de San Rafael, una concurrida zona de comercios en el corazón de esta urbe.

Martínez y su esposo José Zayas descubrieron pronto su mutua afinidad por el llamado séptimo arte. Esa pasión compartida los acompañó, incluso, en su luna de miel, cuando salieron un día del habanero hotel Capri para ver una película musical de la ex Checoslovaquia.

Ambos prefieren los filmes basados en hechos reales. Zayas recuerda algunos como el largometraje brasileño “Ciudad de Dios”, del realizador Fernando Meirelles, Primer Premio Coral en el Festival de 2002, una historia sobre la violencia en las favelas (barrios hacinados) de Río de Janeiro.

“Son películas que te mantienen despierto”, dijo Zayas a IPS. En las apacibles noches de su hogar, luego de haber trabajado durante ocho horas en un taller de maquinarias, este hombre de 62 años suele quedarse dormido frente al televisor, salvo si pasan alguna de esas cintas donde la ficción cede ante la fuerza de la realidad.

El mismo fervor por lo real mostraron los cientos de personas que se agolparon el pasado día 9 en el capitalino cine Acapulco para ver “La vida de los otros”, del cineasta alemán Florian Henckel von Donnersmarck, galardonada este año con el Premio Oscar a la mejor película extranjera.

El largometraje, cuyo argumento se desarrolla en los últimos años de la República Democrática Alemana (RDA), antes de la unificación, desvela el funcionamiento de la policía política de ese entonces país socialista, conocida como Stasi, que asesoró a las autoridades cubanas en la preparación de sus servicios de inteligencia a mediados de la década del 70.

La exhibición pública del filme podría ser considerada como una señal de apertura, en un año marcado por el debate en medios intelectuales sobre las restricciones culturales prevalecientes en décadas pasadas, y la necesidad de abrir espacios al diálogo, la confrontación de ideas y la diversidad.

Alfredo Guevara, presidente del Festival, recordó en la inauguración el día 4 el llamado del gobernante Fidel Castro hace dos años a eliminar “el inmovilismo, la cristalización, el “aceptacionismo”, la indiferencia, el silencio voluntario o condicionado, ese acomodamiento a la rutina y la aceptación”, que conducen sin remedio a ” la corrupción del alma”.

Guevara aludió también al discurso del mandatario en funciones, Raúl Castro, el pasado 26 de julio, que sirvió de base para los debates populares ocurridos en esta isla entre agosto y octubre, cuyos resultados finales aún se desconocen.

El también ministro de las Fuerzas Armadas pidió entonces “transformar concepciones y métodos que fueron apropiados en su momento, pero han sido ya superados por la propia vida”.

“Se trata no de responder cerrando puertas, sino de dar paso al aire fresco que no es de las rendijas cuando llega. Se trata de responder con obra y obra, ‘creadoramente’ para los artistas y para las instituciones con verdaderos diseños que puedan llamarse culturales”, aseveró Guevara, fundador del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), en 1959.

El Festival tampoco escapó de las habituales tensiones con Estados Unidos. El realizador Brian de Palma no recibió autorización de Washington para asistir a la presentación de su filme “Redacted” en la apertura de esta vigésimo novena edición de la cita cinematográfica anual, en la que se presentan cerca de 500 materiales, no sólo de América Latina.

Ajenos al ajetreo de los cines del centro citadino, Martínez y Zayas acuden diariamente a la sala Glauber Rocha, situada en la sede de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, con la misma avidez que en su infancia y adolescencia iban a ver los melodramas mexicanos y las aventuras de vaqueros estadounidenses.

“Es una forma de distraerse y mejorar la calidad de vida”, sostiene Martínez, acompañada habitualmente también por amigas de la Universidad del Adulto Mayor, una iniciativa gubernamental dirigida a preparar a las personas de más de 60 años para asumir el envejecimiento.

“Calidad de vida no es sólo comer vegetales y hacer ejercicios”, señaló Martínez. “Mientras están en el cine, los adultos mayores no piensan en enfermedades y medicinas”, afirmó.

La sala Glauber Rocha mantiene durante todo el año un espacio semanal consagrado a las personas de la tercera edad, como parte del programa nacional de atención a ese grupo poblacional, que representa 16,2 por ciento de los 11,2 millones de habitantes de esta nación caribeña.(FIN/2007)

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