Bienal de La Habana se abre a la diáspora

En el año 2000 se celebró la séptima edición de la Bienal de La Habana marcada por el auge de las artes plásticas.

Carlos Ribera - Flickr

La Bienal de La Habana se inició en 1984, tuvo carácter de concurso sólo hasta su tercera edición y en algunas ocasiones debió aplazarse por problemas económicos

LA HABANA, dic (IPS) Una amplia colección del arte cubano de las últimas cuatro décadas incluso con presencia de creadores del exilio puede verse por primera vez en este país entre las más de 20 exposiciones que integran la Séptima Bienal de La Habana.

“La gente en casa” es el título de la muestra organizada por el Museo Nacional de Bellas Artes con el fin de mostrar lo más representativo de su colección cubana contemporánea “a través de artistas y obras clave” de este país.

Junto con piezas de los fallecidos Wifredo Lam y Antonia Eiriz, aparecen, entre otros, cuadros de Tomás Sánchez, José Bedia, Arturo Cuenca, Gustavo Acosta, exiliados en Estados Unidos, y de José Franco y Carlos García, radicados en Argentina y México.

También están Zayda del Río, Nelson Domínguez, Manuel Mendive, Roberto Fabelo, quienes, en medio del éxodo originado por la crisis económica cubana de los años 90, optaron por quedarse en la isla aunque buscando un mercado en el exterior.

Un total de 62 obras de casi 50 artistas, residentes en París, Nueva York o La Habana, integran la muestra del museo que, según expertos y artistas, no tiene precedentes en los más de 40 años del gobierno socialista de Fidel Castro.

“Es una elección basada en las formulaciones artísticas de más impacto renovador que han ido conformando nuestro arte reciente”, afirmó Corina Matamoros, curadora de la muestra en el Museo Nacional.

El acontecimiento, poco divulgado por la prensa cubana controlada por el gobernante Partido Comunista, se inserta en un proceso de apertura promovido por el Ministerio de Cultura desde los años 90 que cuenta con defensores y detractores dentro de este país.

Los representantes de las tendencias artísticas más ortodoxas han negado durante décadas el derecho a reconocerse cubano a cualquier persona nacida en la isla que decidiera emigrar, a pesar de que por ley la ciudadanía cubana no se pierde ni se puede renunciar a ella.

La censura decretada oficialmente o ejercida de forma espontánea por funcionarios del Estado desterró del panorama nacional a músicos, novelistas, cineastas y, en general, a creadores residentes en el exilio, y también a sus obras.

Pero la polémica sobre la posibilidad de considerar cubanas las creaciones de los exiliados cobró fuerza a medida que las autoridades promovieron una política de acercamiento con los emigrantes.

En el caso de las artes plásticas, el debate tiene una connotación especial, pues la crisis económica originó el éxodo de casi todos los representantes de la Generación de los 80.

Se trata de un grupo de egresados de las escuelas cubanas de arte que propiciaron una ruptura total con el arte de las décadas anteriores y una apertura hacia las más diversas tendencias estilísticas y formales.

El pintor Roberto Fabelo consideró que en esa época se registró “un temblor de tierra de gran intensidad”, mientras que el crítico Gerardo Mosquera consideró que las artes plásticas lograron convertirse entonces “en una de las manifestaciones más potentes de la cultura”.

“Todavía está por estudiarse el impacto en las artes plásticas del éxodo de toda una generación que, además, había removido el panorama cultural”, comentó a IPS el poeta y ensayista Roberto Méndez.

Por su parte, Yolaines Gómez, estudiante universitaria de 22 años, consideró una suerte que “la defensa de la cultura y de la cubanidad empiece a imponerse por encima de apreciaciones de índole político”. “El arte cubano es uno solo, hágase donde se haga”, dijo.

Obras de Bedia y de Cuenca también integraron una exposición de “arte cubano-americano”, organizada por la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, con artistas nacidos en ese país de familias cubanas o de emigrantes nacionalizados.

La exposición coincidió con la apertura a mediados de noviembre de la Séptima Bienal que, con el lema “Uno más cerca del otro”, muestra hasta el 5 de enero del 2001 unas 800 obras de artistas procedentes de 43 países.

Además de la exposición de la bienal, el programa incluye unas 20 muestras de artistas cubanos, una exposición del cubano Wifredo Lam (1902-1982) y del pintor estadounidense Jean-Michel Basquiat (1960-1988), conocido como “rey del grafitti”.

La Bienal de La Habana se inició en 1984, tuvo carácter de concurso sólo hasta su tercera edición y en algunas ocasiones debió aplazarse por problemas económicos.

Limitada en un inicio al arte del Sur en desarrollo, ha ido abriendo sus puertas a figuras procedentes de Estados Unidos, Europa o Japón. Según su director, Nelson Herrera Isla, sólo de Estados Unidos habían llegado unas 800 personas, entre galeristas, críticos y artistas.

Como un reconocimiento especial al carácter plural de la Bienal de La Habana, la actual edición fue escogida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) para entregar el Premio “Fomento de las Artes”, dotado de 20.000 dólares.

El premio fue compartido por la brasileña Diana Domingues, el francés Jean Pierre Raynaud y los grupos de artistas cubanos “Los Carpinteros” y “Galería Dupp”, representantes de la más joven generación de artistas. (FIN/2000)

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