Cuba-EE.UU.: El petróleo puede hacer amigos

Los intereses económicos podrían superar a las contradicciones ideológicas entre Estados Unidos y Cuba, si esta decubre petróleo en el Golfo de México.

Baldrich - IPS

Cuba aspira a encontrar yacimientos de crudo de calidad que garanticen el suministro energético a su economía.

LA HABANA, 29 oct (IPS) – Un hallazgo de un yacimiento petrolífero de importancia en magnitud y calidad bajo aguas jurisdiccionales cubanas del Golfo de México podría llevar a Estados Unidos a cambiar su política de enemistad hacia esta isla, consideran expertos ante un supuesto que para algunos no deja de conllevar riesgos.

“Cuando existen intereses económicos significativos, en términos de mercado y recursos estratégicos para Washington, los ingredientes ideológicos que han prevalecido en el diseño de su política hacia Cuba se vienen al piso”, dijo a IPS el académico e investigador cubano Luis René Fernández.

El experto aclaró que no está pronosticando el cese “del bloqueo de un día para otro, pero evidentemente comenzarían a moverse esos intereses a favor de eliminar las restricciones” que impiden a empresas estadounidenses “participar” de una eventual bonanza petrolera en Cuba.

“Tratándose de un recurso tan importante en este momento y si realmente se descubren yacimientos que por su magnitud son verdaderamente importantes, significativos tanto en magnitud como en calidad, entonces esa dinámica se desata”, consideró Fernández, subdirector del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (Cehseu).

Con una producción sostenida de unos 80.000 barriles diarios de petróleo pesado y alto contenido de azufre, pero que satisfacen casi la mitad de sus necesidades de consumo, las expectativas de Cuba se concentran actualmente en la riqueza que se presume están en su zona económica exclusiva (ZEE) del golfo de México.

Rafael Tenreyro, director de exploración de Cupet, la empresa estatal cubana de petróleo, señaló que el potencial de esa área es de más de 20.000 millones de barriles de crudo extraíble, una atractiva hipótesis que podría empezar a confirmarse luego de que la firma transnacional española Repsol recomience sus exploraciones, a mediados de 2009.

Ese ente petrolero fue el primero en aceptar el reto lanzado por el gobierno de Cuba a mediados de 1999, cuando abrió a licitación de 59 bloques de exploración en un área de 112.000 kilómetros cuadrados del sector de jurisdicción cubana en el golfo de México, un área en la cual tienen por vecinos marítimos a México y a Estados Unidos.

El consorcio, que hace un par de años hizo alianza con la firma petrolera noruega Norsk Hydro y la india ONGC Videsh para su prospección en seis bloques de la ZEE cubana, perforó un primer pozo en 2004 con un resultado que satisfizo sólo parcialmente las expectativas iniciales y se consideró no viable comercialmente.

Empresas de Noruega, India, Malasia, Venezuela y Vietnam comparten junto a Repsol proyectos en la ZEE, en tanto firmas de Canadá, Vietnam, China, Venezuela y Francia¬ operan en tierra y aguas someras de la costa noreste del archipiélago, la de mayor perspectiva.

Con más de 118.000 kilómetros de extensión, la franja de crudos pesados se sitúa entre las bahías de La Habana y Cárdenas, en la occidental provincia de Matanzas, y está dividida en 43 bloques, 15 sobre la costa y el resto en tierra firme. De ese total, 10 bloques están contratados, uno en fase de negociación, y 32 aún se encuentran disponibles.

La empresa Petrobras, de Brasil, y similares de Rusia estarían también interesadas en entrar al ruedo.

“Las negociaciones con Petrobras han avanzado mucho y esperamos tener buenas noticias pronto”, comentó Tenreyro, durante un recorrido este mes con la prensa extranjera acreditada por varios pozos en plena faena.

El especialista, con 35 años de servicio en el sector petrolero, reconoce que el embargo que aplica Washington a la isla “implica un esfuerzo adicional” para los socios de Cuba en el sector petrolero, pero a la vez hace que empresas de Estados Unidos pierdan buenas “oportunidades de negocios”.

Tampoco faltan alertas respecto del eventual riesgo que significaría para Cuba convertirse en país petrolero tan cerca de su principal contendor ideológico. El investigador del Cehseu considera que el escenario de una agresión militar de Estados Unidos “nunca se puede descartar”, aunque no lo cree probable en este caso.

En su opinión, “la posibilidad de una intervención militar norteamericana en Cuba aumentaría si ocurre una aguda crisis económica acompañada de una desestabilización social, e incapacidad del gobierno para controlarla”, escenario que implicaría un costo relativamente bajo para Washington.

“Por el contrario, un boom petrolero traería una mejoría notable de todas las condiciones de vida, el país se fortalecería económica, política y socialmente debido a la disponibilidad de una gran renta petrolera, que también significaría una “invulnerabilidad” y capacidad de desarrollo muy grandes, agregó Fernández.

En ese sentido, se reforzaría “la capacidad de defensa material y, obviamente, el apoyo de todo el pueblo a la resistencia”, remató el experto, para quien los estrategas estadounidenses deberán tener en cuenta el impacto que para la seguridad nacional de su país traería una guerra con resistencia prolongada en su vecindad.

A fines de la década del 70, la Convención de los Derechos del Mar, en el marco de la Organización de las Naciones Unidas, estableció la jurisdicción de las 200 millas para los estados ribereños, a partir de lo cual se fija una zona económica exclusiva y en la que el país ejerce soberanía sobre sus recursos naturales.

La frontera marítima entre Cuba y Estados Unidos, así como con México y otros países vecinos, se definió a principios de la década del 80. El hecho de que la zona esté rodeada de áreas petroleras maduras alimenta el optimismo cubano respecto de su potencial para la producción de crudo y gas. (FIN/2008)

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