Cuba entra en la autopista del ciberespacio

Internet, la red global de información más grande del mundo toca a las puertas de la isla: su entrada, aunque permitida, será cuidadosamente controlada.

Jorge Luis Baños-IPS/jlbimagenes@yahoo.es

La entrada de Cuba, como usuario y partícipe, en ese mundo mágico de las comunicaciones sin límites conocido como Internet es, sin duda, una necesidad inaplazable para un país que pretende vivir en contacto con el mundo y, al parecer, una controlada apertura en la política sobre el intercambio de información que, durante muchos años, se ha mantenido en la isla.

Desde los primeros años del triunfo revolucionario, cuando Cuba se convirtió en uno de los ángulos más álgidos de la Guerra Fría, y la propaganda pasó a formar parte del arsenal logístico de sus enemigos, el país se fue cerrando paulatinamente a los intercambios comunicativos que no pudieran ser directamente controlados por el Estado y, bajo la bandera del “diversionismo ideológico” y “la propaganda enemiga”, los cubanos vieron limitada su información a la que se ofrecía por los medios estatales y, cuando más, a la que llegaba por las emisiones radiales de onda corta.

Tal política se mantiene férrea hasta hoy como lo demuestra un ejemplo reciente: durante la trasmisión de uno de los juegos de beisbol entre los equipos olímpicos de Cuba y Estados Unidos, televisado por la cadena deportiva ESPN, los técnicos del canal cubano que retrasmitía en vivo el partido debieron hacer maravillas para evitar que toda información complementaria considerada “nociva” fuera sacada de la pantalla con la mayor rapidez: desde los habituales comerciales de entre innings hasta determinadas estadísticas en las que podían aparecer, por ejemplo, los cubanos que actualmente juegan en las Grandes Ligas del beisbol norteamericano.

Por eso, la necesaria participación cubana en la red global de Internet ha sido estatuida por el gobierno mediante una amplia comisión estatal, en la que participan varios ministerios y organizaciones que serán los encargados de decidir qué instituciones y personalidades tendrán el privilegio de conectarse a una red de información para la cual no existen aún mecanismos de censura…

Las avenidas de Internet

Para que se entiendan mejor las posibilidades de comunicación e información que ofrece esta red informática global baste decir que, considerada ya el cuarto medio de comunicación moderno, junto a la TV, la radio y la prensa, Internet tiene dos claras ventajas sobre estos: su capacidad interactiva -el usuario toma y da- y sus proporciones globales, que acaparan al mundo entero.

Este símbolo de la nueva era de las comunicaciones humanas fue creada como una red privada del Pentágono durante la Guerra Fría. Sin embargo, sus posibilidades muy pronto rompieron aquellas estrechas fronteras gracias a sus bajísimos costos y a las dificultades que supone su control, por lo que a las alturas de 1996 sus cifras ya son de vértigo: Internet está conectada a 90 países, en los que existen 25 mil redes locales, con más de 40 millones de usuarios -que se espera pronto lleguen a los 200-, casi 4 millones de computadoras en red y 80 mil empresas que reciben o envían información por sus autopistas. Según cálculos, su crecimiento ha sido del 200% anual durante la última década, por lo que ha sido considerada la institución humana de más rápido incremento en la historia.

En este momento Internet ofrece tres tipos de servicio diversificados, que pueden incluirse uno dentro de otro, como la famosa caja china. El primero de ellos es el llamado e-mail o correo electrónico, que sólo depende del acceso a un buzón por vía telefónica (modem), mediante el cual una larga distancia internacional se puede realizar por el costo de una llamada local. El segundo, que permite la conexión directa a la red informativa y en el que la computadora personal aparece como un nodo más de esa red. Y el tercero, que se produce con la conexión a una red local que, a la vez, está conectada a la red global de Internet y da acceso al usuario a la variada información que circula por las autopistas cibernéticas.

Sin duda, esta nueva tecnología de las comunicaciones computarizadas está en vías de alcanzar sus dos grandes propósitos: standarizarse, para ser utilizada en todo el planeta y, entonces, controlar y difundir la información a nivel universal. Cuando eso se produzca, definitivamente la computadora personal va a ser sustituida por las redes o autopistas de la información, donde el usuario podrá encontrar cualquier dato que precise, por alejado que esté su lugar de origen. Por lo tanto, el futuro de la computación no está en el aparato independiente y en su capacidad de almacenaje de datos, sino en la estructura global de las máquinas interconectadas: así cada escritorio particular estará en el centro mismo del ámbito mundial de la información.

En la actualidad ya Internet distribuye por sus redes varias ediciones de periódicos del mundo, ha logrado hacer trasmisiones radiales e, incluso, ha facilitado el uso de dinero electrónico a los grandes negociantes y empresas del mundo. Además, por sus redes fluye información puesta a circular por museos, bibliotecas, centros investigativos, redes comerciales y financieras y hasta tiendas por departamentos que facilitan la compra al cliente sólo con éste seleccionarla en su terminal y ordenarla al almacén correspondiente…

No obstante su incontrolable crecimiento, se asegura que muchas personas -incluso del llamado primer mundo- viven totalmente ajenas a las posibilidades y ventajas de esta red global de comunicación. Millones, por cierto, hasta desconocen su existencia, y se estima que entre sus usuarios el mayor por ciento es de jóvenes entre 20 y 35 años, aficionados a la cibernética, de un nivel de vida medio-alto, entre los que predominan los hombres y, entre ellos, una cierta cantidad son desempleados, que invierten todo su tiempo ante las pantallas de sus computadoras. Estos datos, sin embargo, carecen de exactitud por una razón fundamental: cualquiera que esté conectado a una red puede ser usuario de Internet, sin que su identificación personal sea necesaria.

Y, precisamente en estas ventajas de anonimato que ofrece Internet están algunos de sus peligros, pues sus vías de comunicación han sido utilizadas no sólo con fines informativos limpios, sino que una verdadera plaga criminal se está valiendo de sus canales, por lo que ya se ha creado una “policía” del ciberespacio encargada de perseguir manifestaciones de terrorismo, racismo, drogadicción, robo, pornografía infantil, prostitución, sectas extremistas y organizaciones de lavado de dinero, lo que ha hecho decir a una publicación europea que “bajo las calles de este universo telemático se esconde la delincuencia del futuro”.

No obstante este peligro evidente, las posibilidades informativas y comunicativas de Internet son una realidad de nuestra postmodernidad, y por eso algunos apocalípticos de los chips y la cibernética aseguran que al despertar el próximo siglo quien no esté conectado a Internet “estará tan indefenso como lo está hoy el que no sabe leer”. Al ritmo que van las cosas, parece que la predicción será cierta… (FIN/1996)

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