Cuba prepara médicos de 67 etnias de América y de Africa

Reflejo de la política histórica de colaboración médica en Cuba, este reportaje de 2001.

Archivo IPS Cuba

Las y los graduados de estas escuelas retornan a laborar con poblaciones de bajos recursos en sus países.

LA HABANA, 24 abr 2001 (IPS) – Jóvenes de 67 etnias de América y de Africa estudian medicina en Cuba, comprometidos a mejorar la salud de sus comunidades.

 

Esos jóvenes proceden de diferentes realidades, con diversidad de costumbres y lenguas. Sin embargo, todos asumieron el compromiso no escrito de regresar a sus países con sus títulos profesionales bajo el brazo y se impusieron un plazo de 10 años para alcanzar resultados concretos en sus comunidades.

“Vinimos con la filosofía de prepararnos para diseñar un proyecto de salud autosostenible en nuestras comunidades”, explicó a IPS Luter Castillo, de 23 años, uno de los 38 jóvenes garífunas hondureños que estudian en la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, situada a unos 25 kilómetros de La Habana.

La matrícula total de esta escuela alcanza a 5.011 jóvenes de cuatro países de Africa y de 20 de América, incluidos 12 de Estados Unidos, que, imposibilitados de asumir el gasto de la carrera con recursos propios, obtuvieron una beca del gobierno cubano.

“Acá nos dan todo: uniforme, material de estudio, incluidos los libros que son caros en cualquier país, albergue y alimentación, y hasta dinero para el bolsillo”, cuenta Victoria Vásquez, del departamento guatemalteco de Quiché.

Vásquez y sus connacionales —550 en total— sustituirán cuando se gradúen a los médicos cubanos que desde hace casi tres años trabajan en zonas rurales de Guatemala, en el marco de un programa de cooperación de salud de Cuba con ese y otros países de América Central.

Según estadísticas, la acción de esos profesionales cubanos en Guatemala exhibe resultados tan concretos como la caída de la mortalidad infantil, que de 40 por 1.000 nacidos vivos en noviembre de 1998 bajó a 22,2 por 1.000 en 1999 y a 18,6 por 1.000 el año pasado.

“Unos 500 médicos capacitados integralmente y distribuidos en el territorio significará para nosotros un paso gigantesco en el proceso de desarrollo del país”, comentó a IPS el embajador de Guatemala en Cuba, Hugo Guzmán.

No menos importante será para Honduras, donde 50,3 por ciento de sus 5,5 millones de habitantes vive por debajo de la línea de pobreza, 18 por ciento carece de acceso a los servicios de salud y 60 por ciento no tiene recursos económicos para recurrir a ellos aunque los tenga cerca.

“Entre nuestra gente la situación es peor”, afirmó Castillo, mostrando estadísticas según las cuales 80 por ciento de los niños menores de siete años de la población indígena y garífuna hondureña presentan desnutrición crónica.

En la franja costera norte de Honduras viven unas 46 comunidades garífunas, grupo de origen africano que se diseminó por la costa caribeña de América Central y algunas islas de la zona.

“Somos aproximadamente 275.000 garífunas hondureños. En ninguna de nuestras comunidades hay centro hospitalario y la situación de la salud es muy delicada, ya que no hay medicinas ni doctores”, se quejó Castillo.

Con hablar rápido y preciso, explicó que el proyecto de retorno a las comunidades de los estudiantes garífunas becados en Cuba prevé la instalación de puestos médicos en todas las comunidades.

“El programa debe ser autosostenible. Debemos buscar como desarrollar al máximo el uso de las medicinas naturales que tenemos en nuestra zona y también hallar la manera de garantizar la comida a nuestra gente. Ya estamos observando la experiencia cubana en agricultura urbana”, comentó.

Castillo está convencido de que sólo quien “proviene de esa zona regresa a ella, por sus condiciones de pobreza, sin luz eléctrica ni agua potable. Es difícil que alguien abandone la comodidad de la ciudad para vivir con nuestra gente, entenderla y respetar su cultura”, estimó.

Por su parte, el embajador Guzmán señaló que en Guatemala hay 22 nacionalidades indígenas y en la Escuela están representadas prácticamente todas, con al menos un estudiante.

En su opinión, estos muchachos retornarán preparados académica y profesionalmente, pero conservando la identidad cultural y étnico-religiosa de sus comunidades, lo cual multiplicará su poder de acción por la labor social que podrán realizar.

En tanto, 35 de los 286 estudiantes chilenos son mapuches comprometidos también a “trabajar básicamente, una vez graduados, en aquellas comunidades donde actualmente no llega la atención primaria de salud y menos la especializada”.

Soledad Millacura, de 30 años, resaltó que el centro educativo no sólo respeta la identidad de cada uno sino que la incentiva.

“Aquí nos enriquecemos mutuamente con la diversidad de culturas indígenas, que son muchas, y de otros países”, comentó.

La Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas fue inaugurada en forma oficial en noviembre de 1999, con la presencia de los gobernantes que asistieron en Cuba a la IX Cumbre Iberoamericana, aunque ya albergaba a varios centenares de jóvenes de países centroamericanos.

Inicialmente fue propuesta a Iberoamérica como proyecto de formación de recursos humanos para la salud, en busca de una contraparte que financiara los viajes de ida y vuelta de los alumnos y estipendios para sus gastos personales.

Pero hasta ahora el plan de estudios sigue solventado totalmente por el gobierno cubano, interesado en dar continuidad al programa de colaboración médica puesto en práctica a raíz del devastador paso de los huracanes George y Mitch, a fines de 1998, por el Caribe y América Central.

El programa docente es exigente y abarca seis años de estudios, divididos en 12 semestres. Incluye materias específicas como histología y anatomía, biología molecular, fisiología, patología general, farmacología, psicología, ginecología, cirugía general y medicina interna, entre otras.

“Estos jóvenes saldrán de aquí preparados para enfrentarse a cualquier examen, siempre que sea justo”, resaltó el vicerector de la Escuela, Luis Angel Selva, quien añadió que la promoción del primer curso fue de 79,8 por ciento, un “promedio alto y equiparable a la media nacional”.

La idea es formar integralmente médicos generales básicos, orientados hacia la atención primaria de salud, capaces de actuar en su entorno de acuerdo con las necesidades de la región para el desarrollo humano sustentable, destacó Selva. (FIN/IPS/pg/dm/ed he/01

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