DÍA DEL AMBIENTE-CARIBE: Playas, brisa, sol y polvo del Sahara

Cuando viajan sobre Cuba nubes de polvo del Sahara, proponemos uno de nuestros reportajes sobre el tema.

Archivo IPS Cuba

LA HABANA, jun (IPS) Un hermoso crepúsculo rojo brillante en las playas caribeñas puede dejar de ser motivo de contemplación para convertirse en una causa de alarma. La anual llegada de polvo procedente del desierto del Sahara podría ser nociva.

 

Millones de toneladas de polvo desértico arriban al mar Caribe, el Golfo de México y el sur de Estados Unidos, trasladadas por los vientos a través del océano Atlántico, con una composición bajo sospecha de ser contaminante y que la comunidad científica estudia con mayor interés en los últimos decenios.

Para este 5 de Junio, Día Mundial del Medio Ambiente, la Organización de las Naciones Unidas eligió el lema “No abandonar los desiertos”, poniendo de relieve la situación de estos sistemas que cubren más de 40 por ciento de la superficie del planeta.

En Cuba se adelanta una investigación para evaluar los impactos del polvo del Sahara que se esparce cada año sobre todo el archipiélago, principalmente entre los meses de junio y agosto.

Las investigaciones de este aerosol comenzaron en la década de los años 70 del pasado siglo, dijo a IPS el especialista Paulo Ortiz, del Instituto de Meteorología cubano, en coincidencia con el inicio del uso de los satélites en esa institución.

Sin embargo, sólo ahora, gracias al avance tecnológico y al aumento de los conocimientos sobre el polvo en la atmósfera, el estudio alcanza mayor valoración y relevancia, aclaró Ortiz.

Explicó que constituye un proyecto nacional que analiza las “anomalías de la variabilidad climática” usando diferentes métodos científicos, así como “las respuestas de las enfermedades ante los cambios y variaciones del clima”.

El experto Eugenio Mojena, también de la entidad meteorológica, afirmó a IPS que “en los últimos 30 años se está arrojando a la atmósfera diez veces más polvo” por un incremento de las tormentas saharianas.

Desde 1970, cuando comenzó una severa sequía en el norte de África, hasta el presente, las nubes de polvo desde esa región aumentaron dramáticamente, con concentraciones muy altas en los años 1973, 1983, 1987 y 2000.

Existen cálculos de que la atmósfera está acumulando entre 2.000 y 3.000 millones de toneladas de polvo proveniente mayormente de los desiertos, algo considerado por los científicos como una seria amenaza para el entorno y la salud humana.

Para el monitoreo de ese aerosol se emplea “toda una red internacional de satélite”, así como “observaciones de superficie”, explicó Mojena, que detectan la “presencia, distribución y movimiento de las partículas y las zonas donde se depositan” éstas en la isla.

Este fenómeno natural ocurre desde hace millones de años, pero en opinión de Ortiz “aún continúa siendo muy poco estudiado” por la comunidad científica internacional, criterio compartido por académicos de otras partes del mundo.

De acuerdo con Andrew Goudie, profesor de la británica Universidad de Oxford, “el polvo es uno de los componentes menos conocidos de la atmósfera” y podría “tener una influencia mucho mayor de lo que pensábamos en el cambio climático”, según informa un artículo publicado en el diario Guardian, de Gran Bretaña, en su edición en línea de agosto de 2004.

Respecto del clima, Mojena consideró que la sequía en África continuará, y por tanto “el transporte de grandes cantidades de polvo hacia el Caribe”, por lo que es previsible” una prolongación de los procesos de sequía” en la región caribeña.

Actualmente los investigadores advierten que ese polvo, por su composición química y biológica, tiene diferentes grados de influencia sobre la salud humana y animal, los mares y su diversidad de vida, y en los fenómenos meteorológicos.

Según Ortiz, en la isla apenas “han comenzado los estudios para determinar las relaciones del polvo con el comportamiento de las precipitaciones, los huracanes, las sequías y otras señales de las variaciones del clima”.

El especialista afirmó que, adicionalmente, las investigaciones procuran establecer los “efectos que puede producir en algunas enfermedades de transmisión digestiva y respiratoria entre otras”.

Las pesquisas en el sur de Estados Unidos, Puerto Rico y otras partes del Caribe sugieren un aumento de enfermedades como el asma cuando la nube de polvo impacta la región.

También se vincula el fenómeno con el declive de los arrecifes coralinos antillanos, que sufren distintas enfermedades fungosas, e incluso la ocurrencia de las mareas rojas, el ciclo de las lluvias y la frecuencia e intensidad de los ciclones tropicales.

 

 

 

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Polvo del Sahara en Cuba: Su impacto en el tiempo, el clima y la salud

Sobre este tipo de impacto, Ortiz reconoció que “aunque la literatura reporta que existe relación, aún en Cuba no se han alcanzando resultados que nos permitan corroborar esas hipótesis planteadas por otros autores”.

El viceministro cubano de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, José Díaz, dijo a IPS que el daño sobre los corales cubanos no proviene del polvo, sino “del aumento global de la temperatura de las aguas”, según “estimaciones preliminares”.

Desde esta perspectiva, descartó la influencia del aerosol en la persistencia de la sequía y el deterioro de los suelos en el país, que están dados por “un proceso de siglos de deforestación y por manejos inapropiados de la agricultura”, respectivamente.

En un pronóstico bioclimático correspondiente al mes de junio del año pasado, editado por el Instituto Cubano de Medicina Tropical, apareció la mención del polvo del Sahara junto a otros factores que podrían desencadenar enfermedades digestivas.

Consultada esta institución sanitaria sobre el seguimiento del asunto, sus directivos eludieron comentar al respecto argumentando que “no están estudiando ese fenómeno”.

La principal fuente de polvo del mundo radica de la depresión africana de Bodele, en Chad, y aunque otros desiertos como el de Gobi, en Asia, tributan también partículas a la atmósfera, el del Sahara es el que tiene una incidencia directa en el hemisferio occidental.

En aproximadamente seis días la masa polvorienta cubre la ruta trasatlántica, para aterrizar en la región caribeña entre junio y octubre cargado de una sorprendente variedad de microorganismos.

Una investigación de 2000 encabezada por Gene Shinn, geólogo del US Geological Survey (Investigación Geológica Estadounidense), reveló que no menos de 120 tipos de hongos y bacterias componen el polvo, según un muestreo que no incluyó a los virus, que deben ser aún determinados.

Una evidencia significativa de esos análisis fue que 25 por ciento de esos organismos son patógenos, proporción que debe aumentar porque, según los investigadores, el aerosol podría contener más virus que bacterias.

Otro estudio desarrollado en el año 2000 por un equipo estadounidense integrado por la ecologista marino Ginger Garrison y los especialistas en microbiología Dale Griffin y Christina Kellogg, arrojó unas 130 variedades de bacterias y hongos.

Ortiz aseguró que la investigación del polvo del Sahara continuará durante los siguientes cinco años en Cuba, incluso “con la posible colaboración de otros países del área” a fin de “prevenir los impactos”.

Ello será posible “a partir de la determinación de los peligros y riesgos potenciales y las afectaciones que tiene para nuestra región de estudio” y su “aplicación a otras ramas del conocimiento”.

El viceministro Díaz sentenció que aunque “en Cuba el proceso investigativo del polvo del Sahara aún es joven, y los procesos ambientales son a largo plazo”, a partir de ellos “se van adoptando acciones” para reducir sus posibles efectos. (FIN/2006)

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