Hip hop persiste al margen

El hip hop arribó a Cuba entre finales de la década del 70 e inicios de los 80 a través de emisoras de radio internacionales.

Jorge Luis Baños - IPS

LA HABANA, mar (IPS) – Pasados sus años de auge, el hip hop cubano trata de sobrevivir en la escasez de espacios para expresarse, el débil apoyo institucional y la aparición de estilos más comerciales ajenos al discurso crítico que promovió desde sus orígenes.

La interrupción repentina en 2006 de los festivales que por una década se celebraban en el barrio de Alamar, este de La Habana, fue tal vez la señal definitiva del declive de un movimiento que hoy apenas cuenta con lugares donde realizar conciertos o manifestar otros elementos de su cultura, como el graffiti o el break dance.

Así lo demuestra una investigación en curso en la Universidad de La Habana, a la que IPS tuvo acceso exclusivo.

“Me parece que en este momento el movimiento hip hop está en baja (decadencia), quizás porque ya cumplió su función social, o porque su momento histórico ha pasado”, dijo durante el proceso investigativo una musicóloga del gubernamental Instituto Cubano de la Música, que solicitó reserva sobre su identidad.

“Nosotros sabemos que hay un interés por parte del Ministerio de Cultura de implementar más espacios de conciertos, pero la realidad es otra”, añadió Magia, cantante del dúo Obsesión quien, como buena parte de los representantes de este movimiento, prefiere ser llamada sólo por su nombre.

El hip hop arribó a Cuba entre finales de la década del 70 e inicios de los 80 a través de emisoras de radio internacionales, algunos discos y casetes importados por personas que viajaban al exterior y el intercambio con la comunidad cubana residente en Estados Unidos.

Sin embargo, su expansión ocurrió durante la crisis económica de la década del 90, sobre todo en los suburbios de ciudades como La Habana y Santiago de Cuba (a unos 700 kilómetros de la capital), donde una población sobre todo mestiza y en cierta medida marginada se apropió de la música rap estadounidense para manifestar sus preocupaciones.

“El rap sacó a la luz de una manera positiva los problemas más difíciles que tenemos, lo más negativo de nuestra sociedad”, señaló la especialista del Instituto Cubano de la Música. Las desigualdades sociales, la discriminación racial, la violencia intrafamiliar y la prostitución, entre otros temas, ganaron espacio en las letras de las canciones.

En 1995 se celebró el primer festival de hip hop, con el apoyo de la no gubernamental Asociación Hermanos Saíz, que agrupa a jóvenes creadores. En 2002 se creó la gubernamental Agencia Cubana de Rap para ocuparse de la producción y venta de discos y la formación profesional de las agrupaciones.

Aunque el surgimiento de esa institución contribuyó a mejorar la calidad musical de las propuestas del rap cubano, también marcó un cisma en torno a la comercialización del género, que se opone en cierta medida a su esencia comunitaria.

Esas contradicciones derivaron en la aparición de proyectos independientes como La Fabri_k, iniciativa de los grupos Obsesión y Doble Filo, con el propósito de “lograr libertad a la hora de decidir con quién trabajamos o producimos y negociamos nuestra obra”, según Vitalicio, uno de los integrantes de Doble Filo.

Ahora, La Fabri_k trabaja en la producción de un disco contra la violencia, para el cual ha convocado a grupos como Anónimo Consejo y Cuentas Claras. “Si uno espera una promoción aquí o una propuesta para grabar, un interés por tu proyecto, puedes estar seguro de que nunca sucederá”, dijo Vitalicio a Movimiento, revista de la Agencia Cubana de Rap.

A las dificultades para acceder a las técnicas de grabación y la inexistencia de un mercado dentro o fuera de Cuba se ha sumado la casi unánime indiferencia de los medios de comunicación, que salvo pocas excepciones en la radio sólo muestra la cara más comercial del rap hecho en la isla.

“Muchos de los que dirigen y tienen la responsabilidad de promover en los medios no quieren escuchar lo que estamos diciendo. Saben el valor que tiene, pero les choca nuestra forma directa y rebelde de expresarnos”, piensa Sekou Umoja, de Anónimo Consejo, quien cambió su nombre de nacimiento para honrar a sus ancestros africanos.

El escritor Roberto Zurbano estima que en particular la televisión cubana “ha tenido un efecto corrosivo sobre el más auténtico discurso rapero, por la manera de divulgar esta cultura y por el modo superficial y distorsionador con que ha fijado una imagen parcializada y ‘aguada’ del rap en Cuba”.

Observadores consultados por IPS consideran que la creciente popularidad del reggaeton, un estilo proveniente del hip hop con ingredientes de otras sonoridades del Caribe, pero dotado de un discurso donde predomina el machismo y el culto a lo material, ha reducido aún más las oportunidades de reconocimiento mediático para el rap.

Sekou no entiende cómo en Cuba, “sinónimo de revolución en todos los sentidos”, se prefiere difundir “las variantes más violentas del rap estadounidense antes que el hip hop revolucionario, progresista y de mensaje profundo”.

Nacido en los barrios pobres de Nueva York, el rap es el núcleo de la cultura hip hop y se basa en la mezcla electrónica de música a cargo del DJ, sobre el cual el rapper o rapero lanza el característico recitado de la letra.

Desde que emergió entre los habitantes de los “guetos” de afrodescendientes, se convirtió en una oferta de actividad alternativa a las delictivas o violentas para los jóvenes.

El rap “cuestiona la desigualdad, la discriminación, la opresión, produce formas comunitarias de conocimiento sobre las condiciones sociales que caracterizan a lugares determinados y transfigura las relaciones sociales”, opina Arlene Tickner, profesora de la colombiana Universidad de los Andes, en un artículo publicado por la revista cubana Temas.

Aunque la realidad social de la comunidad afro en Estados Unidos difiere de aquella de los descendientes africanos que habitan en Cuba, ambas comparten una memoria histórica común de opresión racial cuyas huellas no se han borrado todavía, aseguran los autores del estudio de la Universidad de La Habana.

La discriminación racial, que la Revolución Cubana abolió oficialmente en 1959, pero quedó latente en expresiones de la vida cotidiana, renace con fuerza en este movimiento, integrado a cuestionamientos sobre la marginalidad en una sociedad sacudida por la crisis económica de los últimos 15 años.

“El rapero cubano es un sujeto subalterno con suficiente capacidad crítica para rechazar la carga excesivamente eurocéntrica de nuestra cultura, porque la misma escamotea el reconocimiento de formas culturales propias, ajenas al canon occidental, como las expresiones afrocubanas, la cultura popular o la oralidad”, afirma Zurbano.

Adeyeme Umoja, de Anónimo Consejo, critica a quienes tratan de “desteñirse racial y culturalmente”: “tu pelo es tu pelo; tu nariz ñata es tu nariz; tu bemba (labios) es tu bemba y no deben existir complejos ni preocupaciones respecto a los patrones de belleza eurocéntricos”.

Por encima de las diferencias raciales, las letras del rap ofrecen a la juventud de los barrios una visión alternativa de la vida, fuera de la delincuencia o las drogas. “En el ambiente en el que vivimos, si no fuera por el hip hop muchos estuvieran o presos o muertos o se hubieran ido (emigrado) en una balsa… sin exagerar”, asegura Alexei, integrante de Obsesión. (FIN/2007)

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