La casa donde todo comenzó

Claves de la historia de las últimas décadas en un recorrido por el sitio donde nacieron Fidel y Raúl Castro.

Jorge Luis Baños - IPS

Alrededor de la casa principal se creó una infraestructura económica cerrada que agrupaba a más de 100 personas.

BIRÁN, Cuba, jul (IPS) – La casa original ya no está, fue destruida accidentalmente por un incendio en 1954, pero una réplica bastante cercana construida 20 años después cuenta la vida de una familia que, con el aporte de dos de sus hijos, contribuyó a uno de los virajes más trascendentales de la historia de Cuba.

Allí, en esa mezcla de batey, asentamiento o comunidad en que se convirtió la propiedad de Ángel Castro conocida como Birán, se conserva aún la cama donde Lina Ruz parió a cada uno de sus siete hijos y la cuna donde durmieron sus primeros meses de vida Ángela, Ramón, Fidel, Juana, Emma, Agustina y Raúl.

Más de 38.600 personas llegaron el pasado año hasta este intrincado sitio, ubicado en la oriental provincia de Holguín y a unos 800 kilómetros de La Habana, donde nacieron y forjaron su carácter, el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, y su hermano Raúl, actual presidente del país.

“Fidel puso mucha resistencia a la apertura de la casa como museo, pero Raúl lo convenció”, dijo a IPS Lázaro Castro, historiador y especialista principal del Conjunto Histórico Birán, abierto al público en noviembre de 2002 y declarado este año Monumento Nacional.

Al parecer, reconoce el historiador, Fidel Castro intentaba evitar cualquier gesto que pudiera hacer pensar en un posible culto a la personalidad, en este caso la suya. En tanto, Raúl habría priorizado la importancia que podía tener para el patrimonio de la nación la conservación del sitio y su apertura oficial como museo.

Un año después, el 23 de septiembre de 2003, Fidel haría su última visita a la casa natal en el centenario del nacimiento de Lina Ruz. Pasados tres años, el 26 de julio de 2006, pronunciaba su último discurso en Holguín, horas antes de que una crisis intestinal deteriorara severamente su salud y debiera ceder la dirección del país a su hermano.

“La familia sabía en qué andaba Fidel y nunca se lo reprochó. Lo que sí le reprochó fue haber arrastrado a Raúl con él”, comenta Lázaro Castro durante el recorrido. Al final, la vida tomó otro rumbo y fue la misma Lina la que recortó la foto de un traidor, que estaba junto a Fidel, para colocar la del más pequeño de sus hijos.

Pero más allá de atesorar objetos, fotos y testimonios de la familia Castro Ruz y de los dos hermanos, amados y odiados con igual pasión por tantas personas dentro y fuera de Cuba, el complejo muestra un conjunto de excepcionales valores históricos, sociales, arquitectónicos y paisajísticos.

Once instalaciones, de las 27 originales, se conservan aún en un área de 26 hectáreas, representativas de la arquitectura vernácula en madera. La colección de Birán incluye, además, 1.175 objetos catalogados por el Consejo Nacional de Patrimonio del Ministerio de Cultura como de “categoría extraordinaria”.

Fundada en 1915 por Don Ángel, Birán fue creciendo hasta llegar unos años después a 10.000 hectáreas. Alrededor de la casa principal, en un área de unos 300 metros cuadrados se creó una infraestructura económica cerrada que agrupaba a una población de más de 100 personas, entre ellas inmigrantes haitianos.

Escuela rural donde estudiaron Fidel y Raúl (Jorge Luis Baños - IPS).La economía local incluía correo y telégrafo, escuela pública, farmacia, enfermería, nave y taller de carretas, tienda mixta, panadería, valla de gallos, fonda y hotelito para los viajeros que atravesaban la propiedad por el Camino Real que iba desde la occidental Pinar del Río hasta la oriental Santiago de Cuba.

Productora principalmente de caña de azúcar, madera, naranjas y frutos menores, Birán era “un verdadero feudo”, según el historiador y editor Pedro Álvarez Tabío, director desde 1994 y hasta su muerte en junio pasado de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.

Gallego de nacimiento, Ángel Castro había participado como soldado en el ejército español durante la guerra de independencia en Cuba, a finales del siglo XIX. Repatriado a su tierra natal al finalizar la guerra, llegó de vuelta a la isla el 4 de diciembre de 1899. Siete años después el inmigrante abría su primer negocio: la fonda-bodega El Progreso.

Casado en primeras nupcias con la cubana María Luisa Argota Reyes, el 25 de marzo de 1911, tuvo con ella sus primeros cinco hijos, pero aquella esposa “para toda la vida” no quiso renunciar a las costumbres de la vida citadina. En la medida en que Don Ángel pasaba cada vez más tiempo en Birán, la pareja se fue alejando sin remedio.

En esa soledad y con 45 años, cuando ya era el dueño de toda una propiedad atravesada por el llamado Camino Real a Cuba y enclavada entre varias compañías estadounidenses, conoció a Lina Ruz, la hija de una familia que había llegado buscando trabajo desde el otro extremo de la isla. Ella tenía entonces apenas 19 años.

“Si Don Ángel representaba la autoridad severa y la humanidad personificadas, Lina era el vendaval, el genio y la energía”, cuenta la periodista y escritora cubana Katiuska Blanco en su libro “Todo el tiempo de los cedros”. Paisaje familiar de Fidel Castro Ruz, publicado en la casa editorial cubana Abril, en 2003.

Excelente jinete, amante de la caza y las armas de fuego, Lina era también una mujer muy religiosa. Reproducciones de santos y vírgenes pueden verse en la habitación que ocupara hasta su muerte, el 6 de agosto de 1963, la única que en cumplimiento de la voluntad de sus hijos no puede fotografiarse.

La habitación se encuentra en la casa conocida como La Paloma, mandada a construir por Don Ángel en 1947 para recibir a su hijo Fidel una vez graduado de abogado. Aunque la visitó en varias ocasiones, el ex presidente cubano nunca llegó a vivir allí, pero sí lo hicieron sus padres tras el incendio de la gran casona en 1954.

En los bajos, puede verse la mesa de billar original y también el que alguna vez fuera El bar de Raúl. “Era un muchacho todavía cuando Don Ángel le encargó la administración del local. Después, cuando ya andaba haciendo la Revolución con Fidel, se rebautizó como La Paloma para evitar problemas”, cuenta Lázaro Castro.

En esta casa, mucho más modesta que la primera, está el teléfono usado por Fidel para dar todas las órdenes necesarias para el ataque a la ciudad de Palma Soriano, en Santiago de Cuba, el 24 de diciembre de 1958. Allí pasó la Noche Buena previa al triunfo de la Revolución, el 1 de enero de 1959.

Entre otras cosas, le esperaba un pavo que su madre había guardado congelado durante 25 largos meses y la necesidad de abrazarla tras unos cuatro años de separación, matizados por la muerte del padre el 21 de octubre de 1956, cuando se preparaba en México para regresar a la isla a bordo del yate Granma.

“La primera propiedad que va a pasar al Estado será esta”, comentó durante la visita a su hermano Ramón, según el libro de Katiuska Blanco.

Unos meses después, tras la promulgación de la Ley de Reforma Agraria el 17 de mayo de 1959, Fidel, Raúl y todos sus hermanos “transfirieron al Instituto Nacional de Reforma Agraria la parte que les correspondía de la antigua propiedad de sus padres, Don Ángel y Lina, en el paisaje ondulante y fértil de Birán”, asegura Blanco.

“Aquí no había una clase terrateniente. Había un solo terrateniente, Don Ángel, que había trabajado mucho para llegar a serlo. La familia vivía rodeada de campesinos y haitianos pobres y de inmigrantes gallegos y asturianos muy humildes”, afirma Lázaro Castro al explicar el rumbo que tomó la historia. (FIN/2009)

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