La vida entre rejas

Más de 40 representantes de medios extranjeros de prensa fueron invitados en 2004 a un recorrido por cárceles de la Isla.

Tomado de Cubadebate

Con la creación de diversos cursos para reclusos se pretende garantizar la reinserción futura de esa persona en la sociedad al término de su condena.

LA HABANA, 2 abr (IPS) – Las rejas no se ven desde el exterior. A simple vista, los macizos edificios de una de las prisiones más conocidas de Cuba tienen sólo orificios rectangulares en el concreto para dejar pasar el aire.

Pocas personas ajenas al sistema penitenciario cubano han podido visitar alguna vez el interior del Combinado del Este, como se la conoce a la cárcel situada a unos 20 kilómetros de La Habana.

Tampoco suele abrirse a los periodistas u observadores internacionales el Hospital Nacional de Reclusos, instalado dentro del área cercada y donde se reciben enfermos de varias prisiones cubanas, como ocurrió esta vez.

“Atendemos a todos los pacientes por igual. Lo único que sabemos es el nombre y los detalles de la hoja clínica. Más nada. Ni su procedencia, ni su sanción, ni qué fue lo que hizo”, dijo el director del hospital, el médico Aurelio González.

Sobre los suministros de medicamentos y otros insumos, el especialista aseguró a IPS que el centro de salud tiene “las mismas limitaciones que el país: ni más, ni menos”.

González recibió el jueves a un grupo de más de 40 representantes de medios extranjeros de prensa, que fueron invitados a un recorrido por esa instalación junto a delegados del Primer Congreso Cubano de Medicina Penitencia.

El foro organizado por el Ministerio del Interior, que sesionó del 29 al 31 de marzo de forma simultánea con sendos congresos de enfermería y de medicina natural y tradicional en las cárceles de Cuba, estuvo también abierto a la prensa nacional y extranjera.

La inusual apertura antecede a la votación de una moción de resolución en la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, que realiza su sesión anual en Ginebra, en la cual se propone condenar a Cuba por su historial en la materia y ante críticas al gobierno de Fidel Castro por el encarcelamiento dispuesto por la justicia de 75 disidentes en 2003.

El canciller cubano Felipe Pérez Roque había desmentido el 25 de marzo denuncias de familiares de algunos de esos sancionados sobre los problemas de salud que enfrentan y las malas condiciones en que aseguran encontrarse.

Por su parte, organismos internacionales de derechos humanos, como Amnistía Internacional, y familiares de los presos insisten en que los mismos enfrentan condiciones crueles y degradantes, mala alimentación y falta de atención médica.

La última visita realizada por la prensa extranjera acreditada en este país a una cárcel fue hace 14 años. Ese recorrido tuvo como principal objetivo ver las condiciones en que se encontraban recluidos varios disidentes.

En esta ocasión los periodistas no pudieron conversar con ninguno de los opositores condenados, pero sí tuvo acceso a otros presos comunes internados en la sala de cirugía del hospital y a unos 20 reclusos que realizan un curso emergente de enfermería.

“Es una buena profesión. Apenas estamos empezando y ya uno se siente distinto”, contó a IPS Joel Pérez, de 26 años y sancionado a 15 de privación de libertad por el delito de robo con violencia.

Cuando Pérez termine los estudios recibirá un diploma, igual al de cualquier egresado del sistema nacional de educación, podrá ejercer la enfermería en el Hospital Nacional de Reclusos y trabajar en ese oficio una vez que quede en libertad.

El programa del gobierno de “convertir las cárceles en escuelas” pretende, con la creación de diversos cursos para reclusos, garantizar la reinserción futura de esa persona en la sociedad al término de su condena.

Además de enfermería, hay cursos de educación física y de otras especialidades técnicas. Los reclusos que trabajan, reciben un salario a cambio.

“El problema no es entrar; el problema es saber salir”, comentó a IPS la mayor Nereida Pacios, una de las delegadas al Congreso.

Si no fuera por las rejas que separan los pasillos, los custodios, el silencio y la soledad aplastante de los corredores, la instalación visitada podría confundirse con cualquiera de los hospitales del país.

El equipamiento de los tres salones de operación y del área de anestesiología y reanimación es de última generación. El hospital cuenta con un personal de 222 médicos y técnicos de la salud y 80 enfermeras.

“El volumen de personas que llegan al cuerpo de guardia ha disminuido porque ya todas las unidades (prisiones) tienen sus puestos médicos. Estamos atendiendo entre 15 y 20 pacientes por día”, dijo el doctor Carlos Alberto Espinosa.

Las hernias son las causas más comunes de cirugía en el penal y la neumonía, la infección más reportada, según fuentes médicas.

En la actualidad, el sistema cubano de salud penitenciaria tiene 15 programas en ejecución, entre los que se encuentran el de control de la tuberculosis, el de las infecciones de transmisión sexual, el de inmunización y el de vigilancia nutricional.

La infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), causante del síndrome de inmunodeficiencia adquirida, no constituye un serio problema de salud entre la población penal, pues las personas seropositivas son trasladadas a sanatorios especializados una vez detectadas.

Según el teniente coronel Juan Peña, médico de profesión, existen en esta isla caribeña tres sanatorios para reclusos portadores de VIH. “La capacidad del de La Habana es de unas 200 personas, pero no sé cuántas hay ahora”, señaló.

A unos 40 kilómetros del Combinado del Este, en la Prisión de Mujeres de Occidente, el personal del sistema sanitario ha trabajado en la preparación de promotoras de salud entre las reclusas.

En el puesto médico y en el Hogar Materno Infantil de esa institución, también abierto a la prensa extranjera para una visita de alrededor de dos horas, pueden verse trabajando dos o tres promotoras por cada enfermera o especialista.

Las mujeres embarazadas atendidas en esa prisión pasaron de 18 en 2000 a 48 en el 2003. Los niños, que nacen y viven junto a sus madres en el hogar hasta cumplir el primer año de vida, sumaron 10 en 2000 y 37 el año pasado.

“Aquí los niños nacen criados”, comentó Yaima Leal, una de las 15 madres que se encuentran en el hogar junto a otras nueve mujeres embarazadas.

Todos los partos se realizan en instituciones del sistema de salud nacional, no se reportan muertes infantiles o maternas, el peso promedio al nacer es de 3.500 gramos y se promueve la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de vida.

Datos revelados en el Primer Congreso de Medicina Penitenciaria dan cuenta de la tendencia a nivel nacional de un médico cada 200 reclusos y una enfermera cada 100.

El gobierno no publica estadísticas sobre la población penal cubana, estimada por la opositora Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) en “veintenas de miles”, cifra alta para un país de 11,2 millones de habitantes.

Aunque ningún especialista consultado por IPS aventuró cifras, como norma se contempla la posibilidad de un aumento sensible de las personas presas tras las modificaciones realizadas al Código Penal a finales en la pasada década.

Un estudio sobre el sistema penitenciario realizados por los investigadores Elsa Azaola y Marcelo Bergman indicó que el crecimiento de la población penitenciaria en América Latina fue de 56,4 por ciento entre 1992 y 1999.

Los autores de ese trabajo, que sólo excluyó a Venezuela, indicaron que el crecimiento de la actividad delictiva y el de la población penitenciaria “son procesos comunes a la región latinoamericana”, afirman.

Brasil aparece allí como el país peor situación en la región en cuanto a sobrepoblación de cárceles. Para Cuba, el estimado en ese aspecto es de 175 por ciento, un indicador considerado moderado por los especialistas.

“Las condiciones están mejorando un poco en las prisiones. El trato es más humano. Estamos reuniendo los datos. Hay como un esfuerzo por mejorar el trato”, admitió a IPS Elizardo Sánchez, presidente de la CCDHRN.

Al mismo tiempo, el activista consideró la visita organizada para la prensa extranjera como “una maniobra propagandística” del gobierno de Castro, previa a la votación de la resolución de condena a Cuba en Ginebra. (FIN/2004)

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