Profesión, empleo y poder no van de la mano para la mujer

Hacia el fin del milenio, la alta calificación profesional de las cubanas contrastaba con su limitada presencia en puestos de poder.

Archivo IPS Cuba

Las mujeres son mayoría entre la población universitaria del país.

LA HABANA, 23 abr 1999 (IPS) – La mujer es mayoría en las universidades y en los puestos laborales técnicos en Cuba desde hace años, pero esta realidad tropieza con la aún escasa presencia en cargos de dirección y en el gobierno.

Sólo una científica, Concepción Campa, creadora de la vacuna antimeningococcica, es conocida en este país por su labor profesional y por integrar la dirección del gobernante Partido Comunista.

No es el caso de Idalmis García, ingeniera civil de 29 años que trabaja en una empresa estatal. “Me encanta lo que hago y si asumiera ser jefa de algo tendría que dejar mi especialidad en segundo plano y el tiempo se me iría en reuniones”, explica.

Algunas prefieren priorizar la profesión o simplemente alegan que “no tienen tiempo para dirigir”. Sin embargo, lo que ocurre muchas veces es que al momento de cubrir un cargo de dirección no se piensa en las mujeres, con el argumento de que deben atender “los hijos, la casa” o pueden “quedar embarazada”.

La contradicción entre el nivel profesional, el empleo y el acceso al poder de la mujer en Cuba “empieza a generar ciertos conflictos e implica un subaprovechamiento de sus potencialidades”, advierte un estudio de Mayda Alvarez Domínguez.

La investigación de Alvarez Domínguez, especialista del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas de La Habana, concluye que la crisis económica que enfrenta Cuba desde 1990 favoreció la presencia femenina en la educación y el empleo.

Portavoces de la Central de Trabajadores de Cuba indicaron que la fuerza laboral femenina creció uno por ciento entre 1989 y 1994, mientras 150.000 hombres perdieron su empleo, sobre todo por motivos de racionalización de puestos laborales.

Los últimos datos divulgados por la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) revelaron que a fines de 1997 la mujer representaba 64,1 por ciento de los profesionales y técnicos en actividad en Cuba y cubría 60,6 por ciento de la matrícula universitaria.

A principios de esta década, en cuatro centros científicos de los más exigentes de la rama biotecnológica y farmacéutica de La Habana las mujeres cubrían 44,2 por ciento del personal y 46,6 por ciento de los cargos técnicos.

“La reducción de las oportunidades de estudios superiores provocada por la actual crisis acentuó la tendencia a la feminización” de la enseñanza, que había comenzado a detectarse en la década de los años 80, asegura Alvarez Domínguez en su estudio “La mujer joven en los 90”.

Destaca el caso de la Universidad de La Habana, uno de los 46 centros de altos estudios del país, que entre 1990 y 1995 las mujeres representaban las dos terceras partes del alumnado de 15 de sus 25 facultades.

Según el último anuario demográfico publicado por la ONE, Cuba tiene unos 11,1 millones de habitantes, con una relación de 1.003 hombres por cada 1.000 mujeres

Alvarez Domínguez opina que el aumento de las exigencias a los aspirantes a cursar estudios universitarios colocó a las mujeres en posiciones más favorables, frente a la población masculina.

Al parecer, el mayor control que ejerce la familia sobre las hijas por razones de estereotipos culturales aumenta su rendimiento escolar y, por ende, las coloca en una mejor posición a la hora de enfrentar los exámenes de ingreso a la univerdidad.

Otros estudios dicen que desde hace una década se aprecia lo que llaman la “autorreproducción de la intelectualidad”, con el acceso a las aulas de los hijos de los egresados universitarios que usufructuaron la gratuidad de la enseñanza en todos los niveles, declarada en 1959 luego del triunfo de la revolución de Fidel Castro.

Así, a pesar de la igualdad de derechos para todos los estratos y razas, “esas elevadas proporciones de mujeres jóvenes que cursan estudios superiores son fundamentalmente blancas e hijas de profesionales”, afirma Alvarez Domínguez.

Es de esperar que la actual femenización de la educación superior conduzca en breve a un mayor dominio de la mujer en la fuerza técnica y, por ende, hará más contradictorio aún el bajo ritmo de crecimiento del acceso al poder de las cubanas.

Fuentes oficiales indican que en 1997 las mujeres ocupaban sólo 30 por ciento de los cargos de dirección y 27,6 por ciento de los escaños de la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento).

Una investigación del Centro de Estudios de la Mujer (CEM) de la Federación de Mujeres Cubanas, única organización femenina de Cuba, asegura que la baja presencia femenina en los distintos niveles de gobierno tiene su origen en los barrios.

Al analizar las elecciones generales de 1998 en la isla, el CEM concluye que aún son pocas las mujeres propuestas para integrar los gobiernos locales, primer y definitivo escalón para ocupar una posición en cualquier otro nivel del gobierno.

Sin embargo, la mayoría de las mujeres propuestas aceptaron ocupar el cargo, pocas fueron las que alegaron no sentirse capaces de dirigir, y 50 por ciento de ellas resultaron finalmente electas para algún órgano de gobierno.

Alvarez Domínguez entiende que, además del conflicto que puede generar el “subaprovechamiento” de las potencialidades femeninas, la alta preparación profesional de la mujer cubana tiene “importantes implicaciones en el plano de la familia”.

El dominio femenino en la fuerza de alta calificación puede generar tensiones, “si se tiene en cuenta que tradicionalmente ha predominado la tendencia a conformar parejas dentro del propio grupo social y a un mayor nivel educativo y ocupacional del hombre”, advierte la experta.

Por otra parte, en la medida en que las cubanas elevan su nivel profesional, incrementan también sus exigencias en la búsqueda de pareja, postergan el matrimonio y un número cada vez mayor opta por la maternidad en solitario. (FIN/IPS/da/dm/pr hd/99

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