Santiago, capital del fuego caribeño

Comunidades cubanas de origen jamaicano o haitiano salieron del virtual anonimato con sus cantos y bailes según este reporte de 2005

Ángel Baldrich

En la tumba francesa, los bailarines y bailarinas lucen elegantes trajes, finos chales y pañuelos de seda

SANTIAGO, Cuba, sep (IPS). Tradiciones populares de países bañados por las aguas del Caribe se adueñan cada año de calles y avenidas de esta urbe oriental de Cuba, en una suerte de mosaico cultural que da cabida a las más variadas manifestaciones artísticas y para cuya preparación no se ahorra tiempo.

 

“Trabajamos todo el año por sacar a flote y dignificar estas expresiones culturales que van desde la comida hasta la religiosidad popular, pasando por la música, la danza, el imaginario, la narrativa, poesía o pintura”, explicó a IPS Orlando Vergés, coordinador general del Festival del Caribe o Fiesta del Fuego.

Concebidas ante todo como lugar de encuentro e intercambio, estas citas de Santiago de Cuba, distante a 847 kilómetros de La Habana, han propiciado desde su nacimiento en 1981 que centenares de artistas de Cuba y de los países del área se conozcan entre sí.

“A partir de ser un espacio para el intercambio, el festival ha creado un caldo de cultivo favorable para que tengan continuidad los procesos, aún inacabados, de formación de identidad cubana y caribeña”, dijo Vergés, subdirector de la Casa del Caribe, institución que auspicia y organiza estas citas.

Así, comunidades cubanas de origen jamaicano o haitiano salieron del virtual anonimato con sus cantos y bailes, se reconocieron unas a otras y también pudieron palpar sus diferencias o semejanzas con grupos de otros países caribeños participantes en estas citas, explican los organizadores de estas citas que ya están trabajando para la edición 26 en julio de 2006.

“En Haití y en el resto del Caribe tienen otro modo de bailar”, apuntó a IPS Ofelia Jarrosai, cuyos 80 años no le impiden danzar con especial soltura y elegancia como integrante de la llamada tumba francesa “Pompadur”, de Guantánamo, ciudad vecina a Santiago de Cuba que devino en subsede del festival en los últimos años.

El origen del baile conocido como tumba francesa parte de la revolución independentista de 1791 en Haití, de donde los hacendados franceses huyeron con sus esclavos y se instalaron principalmente en regiones de Santiago de Cuba y en Guantánamo.

A partir de ahí, muchos de estos franceses tuvieron un tratamiento menos severo para con sus trabajadores, disminuyeron los castigos corporales y les permitieron la práctica de sus tradiciones, en especial sus bailes y festividades e incluso les facilitaron que “compraran su libertad”.

Es así que en la tumba francesa, los bailarines y bailarinas lucen elegantes trajes, finos chales y pañuelos de seda y, al son de los tambores y cantos de origen africano, danzan con cadencia y suavidad, imitando el estilo de los amos de entonces.

“Yo hago lo que puedo porque siga la tradición, los africanos son buena raza, duran mucho”, comentó entre sonrisas Jarrosai, dispuesta a participar también el año próximo en el festival que estará dedicado a la Comunidad del Caribe (Caricom).

Tumba significa “jolgorio o fiesta” en términos de lengua bantú y que se entiende en Cuba como la unión de tambores, cantos y bailes al estilo del minué, dándole el matiz refinado de los negros de las plantaciones de propiedad de franceses.

Según sus organizadores, un punto de partida del Festival del Caribe fue justamente la necesidad de reconocimiento de los valores culturales de los inmigrantes haitianos, jamaicanos y de otros países caribeños que hay repartidos por toda Cuba.

El programa de estos encuentros combina las muestras de teatro, danza y música en las calles y otros espacios abiertos con talleres teóricos organizados por la Casa del Caribe, institución que promueve la investigación y los intercambios culturales en la región.

Uno de los talleres más importantes es el de la religiosidad popular, especie de cordón umbilical que une a muchos pueblos caribeños.

“Las expresiones de la cultura popular caribeña tienen muchos términos del pensamiento común, hay una semiótica afín, aunque el misterio está aún por descubrirse”, comentó Vergés.

El funcionario relató que a la cita han acudido líderes religiosos de naciones caribeñas e inclusive de Brasil, que encuentran un código común para dialogar con sus pares de Cuba.

“A su vez, sacerdotes y líderes religiosos cubanos han visitado países del área luego de encontrarse y conocerse en el festival”, dijo.

Cada cita termina con la celebración del gagá, tomada de la cultura haitiana en la Semana Santa cristiana.

“En el gagá, el último día de esa ceremonia religiosa se estila quemar al Judas, para expiar las culpas. Eso lo hemos incorporado al festival y quemamos un diablo hecho de paja y fibra vegetal, de unos 10 metros de altura”, relató Vergés.

Al explicar el nombre de Fiesta del Fuego que adoptó el festival algunos años después de su creación, el directivo señaló que ese elemento está asociado a todas las culturas africanas que tienen un peso real en la formación de la identidad caribeña.

El fuego está presente como recurso de los movimientos independentistas del Caribe y de América Latina y fue usado por los esclavos africanos en las tácticas de guerra. En Cuba, el ejército mambí (independentista) lo usó para quemar poblados y cosechas y contribuir a diezmar las tropas españolas, recordó.

La Casa del Caribe, fundada el 23 de junio de 1982, ha jugado un papel decisivo en la promoción de la investigación y los intercambios culturales en la región. La convocatoria y realización de este festival figura entre sus funciones más importantes.

Esa institución también lleva a cabo estudios e investigaciones sobre la historia, la cultura, economía y sociedad de los países cuyas costas dan al mar Caribe, pero enmarcado en un entorno mucho más amplio que el geográfico, para abarcar raíces y tradiciones comunes a toda el área. (FIN/2005)

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