Ser o no ser de la libreta de abastecimiento

Polémicas en torno a uno de los programas de distribución igualitaria para la ciudadanía cubana, en este reportaje de 2008.

Archivo IPS Cuba

Los alimentos subsidiados en la libreta de abastecimiento garantizan la nutrición básica de la ciudadanía.

LA HABANA, 19 may 2008 (IPS) – Criticada como un exponente más de las fallas del socialismo o considerada un derecho al que no se debe renunciar, la libreta de abastecimiento racionado en Cuba, vigente desde hace 46 años, podría caer bajo el peso de las transformaciones que necesita la economía nacional.

Según economistas consultados por IPS, en el gobierno “parece haber consenso” en cuanto a la necesidad de eliminar ese sistema de distribución igualitario que, si en algún momento jugó su papel, hoy es un elemento “anacrónico” que más bien se ha convertido en un elemento de inequidad.

Sin embargo, “no es algo que pueda hacerse de manera abrupta y, además, debe ir acompañado de una serie de medidas encaminadas a evitar un impacto traumático en determinados sectores de la población”, dijo, en entrevista con IPS, el economista y profesor universitario Armando Nova.

“Hay que trabajar para eliminar esa forma de distribución que da a 11,2 millones de personas (la población de Cuba) lo mismo, aunque haya quien no lo necesite. Puede ser mejor subsidiar a personas y familias en vez de productos, pero dentro de un proceso muy bien pensado y de manera sistémica”, añadió el experto.

La discusión sobre el tema aumentó luego que el presidente de Cuba, Raúl Castro, habló de lo irracional e insostenibles que en las actuales condiciones de la economía del país resultan los “millonarios subsidios” que suponen, entre otros, los productos distribuidos a través de la cartilla de abastecimiento.

Fuentes oficiales calculan en 1.000 millones de dólares el gasto anual promedio en productos para esa canasta básica, que se vende a precios subsidiados. Pero este año, las importaciones totales de alimentos se calcula que llegarán a 1.900 millones de dólares, debido al alza internacional de precios de los alimentos.

“La libreta no alcanza para el mes, pero al menos me asegura algunas cositas a bajo precio, arroz, algo de frijoles, azúcar, alguna proteína y aún así la pensión se va en un suspiro. Si la quitan, ya te puedes imaginar”, comentó Digna Pérez, profesora jubilada de 59 años.

Además de lo mencionado por la mujer, cada persona recibe mensualmente una cantidad mínima de aceite, 10 huevos, pasta dental y jabón, entre otros productos. Hasta fines de los años 80 el abastecimiento “normado” incluía también artículos manufacturados.

Un documento marco de Asistencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Cuba considera que el acceso a esa cuota alimenticia es un derecho garantizado a todo ciudadano y resalta que existen además dietas especiales para grupos vulnerables, como niños, niñas, mujeres embarazadas, madres lactantes con alto requerimiento adicional y enfermos con diferentes patologías.

Según Nova, diversos estudios indican que en la actualidad los alimentos que reciben las familias cubanas de manera racionada aseguran aproximadamente 36 por ciento de las calorías diarias por persona y cubren unos 12 días del mes, mientras las proteínas no alcanzan para más de 10 días y las grasas, para nueve días.

“Actualmente, la libreta no es ni la sombra de lo que fue en los años 60, ni constituye una fuente determinante respecto del consumo total de alimentos, pero tampoco es para despreciar”, alertó el investigador del Centro de Estudios de la Economía cubana (CEEC), de la Universidad de La Habana.

Este sistema de distribución nació mediante la Ley 1.015 del 12 marzo de 1962 para sortear la escasez generada, entre otros factores, por la postura de Estados Unidos, principal abastecedor del país por ese entonces, que descontento con el rumbo de la Revolución Cubana interrumpió sus relaciones de todo tipo con este país.

También se adujo como razones, el crecimiento del poder adquisitivo de la población a un ritmo mayor que la producción de bienes de consumo y la capacidad estatal para importarlos. Mediante la libreta se podía garantizar cuotas mínimas para todo el pueblo a precios subsidiados, a veces inferiores al costo de producción.

“Se creó una situación compleja, que internamente podía ser explosiva, y la libreta cumplió su objetivo de asegurar a cada familia lo necesario para vivir. Hacia los años 80, gracias a esa forma de distribución normada y la existencia de un amplio mercado libre a precios accesibles, se pudo decir que Cuba había alcanzado un nivel de equidad único en América Latina”, indicó Nova.

Pero a fines de esa década y principios de los años 90, la disolución de la Unión Soviética y la desaparición del campo socialista europeo, entonces los principales socios políticos y económicos de esta isla caribeña, la privaron nuevamente de sus mercados fundamentales y su economía cayó en picada, con impacto dramático en el nivel de vida de sus habitantes.

Hacia 1993, el consumo se redujo 31 por ciento respecto de 1989, en tanto el producto interno bruto (PIB) bajó 35 por ciento. La aplicación de un paquete de medidas de ajuste económico permitió revertir la situación a partir de ese año y hasta 2000 el consumo total ya había crecido 37 por ciento, según fuentes especializadas.

A fin de completar sus necesidades, los consumidores deben acudir actualmente a los “mercados libres agropecuarios” (MLA) que a precios muy altos, ofrecen en moneda nacional (pesos) frutas, hortalizas, granos y cereales, carne de cerdo y otros comestibles de buena calidad.

Los demás renglones igualmente imprescindibles, desde calzado, artículos de aseo personal y para el hogar, hasta electrodomésticos o muebles, se ofertan en las llamadas Tiendas Recaudadoras de Divisa (TRD), que surten también de alimentos ausentes desde hace mucho tiempo de la cartilla normada.

En las TRD se compra en peso convertible (cuc), única divisa de circulación permitida que en las casas estatales de cambio (cadecas) se compra a 25 pesos cubanos o 1,25 dólares estadounidenses por unidad. En el sector empresarial, sin embargo, la tasa oficial es de un cuc por un peso cubano.

La segmentación del mercado interno, siempre bajo control estatal, abarca, entre otros, los comercios de productos agrícolas “a precios topados”, es decir acordados previamente por las partes involucradas, las ferias agropecuarias, ventas en huertos y organopónicos y puestos de venta o kioscos de barrios.

En todas esas variantes suele faltar calidad, surtido y estabilidad en las ofertas, además de que los precios son iguales o inferiores de modo muy poco significativo a los del MLA y las TRD, que sirven de referencia inclusive en las transacciones del mercado subterráneo.

Nova considera que “habría que trabajar por la unificación de todos estos mercados e ir buscando un acercamiento que permita bajar los precios”, como parte de una receta que debe incluir la eliminación de las “ataduras o nudos que traban el desarrollo de las fuerzas productivas”.

En su opinión, eso requiere “cambios en las relaciones de producción” que faciliten el aumento de los rendimientos, particularmente en el sector agropecuario, y marchar “hacia la creación de una tasa de cambio en el ámbito empresarial que posibilite cerrar el ciclo productivo”.

Expertos han señalado que entre los factores de desestímulo que pesan sobre los productores de alimentos figuran la tasa de cambio de uno por uno en las empresas y la falta de un mercado de cambio en el cual pudieran comprar divisa para importar insumos y equipos que les permitan mejorar su producción.

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