…Ni espejo, ni consigna, ni bandera

A Jorge le toca abrirse paso en una tradición que atraviesa uno de los momentos más duros que se recuerdan, desde la década de los 70’s.

Cortesía Marta María Ramírez

Jorge García. Detrás, representantes de las generaciones de Topos y Croquetas

En 1986, sin más explicaciones ni concertaciones, desaparece el Movimiento de la Nueva Trova. Noel, su primer presidente, me confesaba tiempo después, que se había enterado por la radio, en declaraciones del trovador Vicente Feliú, que fungía entonces como director.

Como consecuencia de la dispersión de los trovadores después de la desaparición del MNT, de la incomprensión de los decisores de la política cultural o como simple secuela de los tiempos que corrían, cada uno comenzó a buscar sus propios mecanismos de supervivencia.

El trovador Carlos Varela dijo en entrevista publicada por La Gaceta de Cuba, en 1994, que “la etapa que nos tocó a nosotros terminó por desunir a todos: a los viejos y a los nuevos… Cuando se derrumbó la Nueva Trova como movimiento, todo se disgregó”.

Sin embargo, a Jorge no le molesta esta digresión, que para él se traduce en libertad creativa. Interrogado por Brecha sobre este tema, él insiste en el error de la institucionalización del MNT. “Por suerte, desde los 80’s la Nueva Trova dejó de ser un movimiento burocrático, y la creación ha ido tomando el rumbo que cada cual ha querido”, alegó.

Varela pertenece a la llamada Generación de los topos, en referencia a lo subterráneo y también a su fuerza para abrir galerías en el subsuelo.

Sus integrantes padecieron la falta de grabaciones y espacios donde presentarse sistemáticamente, que afectaron la divulgación de su obra, pero no tanto como sus predecesores, distinguidos con el apodo de Generación de la croqueta, por aquello de estar aplastada por dos rodajas de pan: la fundacional y los topos.

Topos y Croquetas, con algunas excepciones, abandonaron la crítica social que caracterizó a la Nueva Trova en sus inicios, quizás para evitar que les colgaran el cartel de “problemáticos”.

Comienzan a ser evidentes las influencias del rock argentino y hay un acento en la música afrocubana, la campesina y hasta la popular bailable cubana, que también reconociera el periodista Joaquín Borges Triana, en artículo aparecido en el diario oficialista Juventud Rebelde, del 28 de agosto de 1988.

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