Poetizar con la guitarra

Jorge obligó a su padre a llevarlo al Conservatorio Alejandro García Caturla, de La Habana.

Cortesía de Marta María Ramírez

Jorge García en la escuela primaria

¿Qué había de nuevo en alguien que interpretara sus propias canciones, tratando de “poetizar con la guitarra”, como cantara Jorge en su autobiográfica Nadie es perfecto; en el concepto “hombre-guitarra-poesía-popular”, al que se refiriera Silvio?

 

 

¿No lo habían hecho ya los trovadores de antaño: Pepe Sánchez, Sindo Garay, Manuel Corona, María Teresa Vera? ¿Qué los diferenciaba del filin de César Portillo de la Luz o José Antonio Menéndez? ¿Qué, de Teresita Fernández?

Según el trovador Noel Nicola, los elementos de ruptura o novedad tenían que ver con la utilización de giros armónicos modales y variantes rítmicas más complejas; y, fundamentalmente, con los textos “generalmente más realistas  o simbolistas, sin contacto con el romanticismo característico de la trova tradicional y el intimismo coloquial del filin”.

Para entonces, Jorge ya había decidido estudiar guitarra. Obligó a su padre a llevarlo al Conservatorio Alejandro García Caturla, de La Habana. Aunque llegó pasada la temporada de matrículas, fue aprobado por sus dotes musicales y su determinación, casi tozudez.

Allí tuvo grandes maestros. Isaac Nicola, Cuqui Nicola y Marta Cuervo, se encargaron de modelar al músico en el que Jorge se convertiría.

Su lado “popular” bebió de la privilegiada banda sonora de los 60’s y 70’s y se creó la suya a golpe de las clandestinas BBC de Londres, WLCY de Tampa, WKWF de Key West, WQAM de Miami con The Beatles, Bob Dylan, Rolling Stone… También de la Orquesta Sinfónica Nacional, Orquesta de Música Moderna, Bola de Nieve, Leo Brouwer y su Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (1969-1978), y de Silvio y Pablo Milanés, trovadores, que —para el festival de la canción Varadero, de 1970— gozaban de alta popularidad, pese a su ausencia de los medios de comunicación.

El asesinato del Che Guevara en Bolivia, 1968 en París, Praga y Tlatelolco; escuelas de trabajo en el campo, realismo socialista y realismo mágico, la ciencia ficción, Martí, Chaplin, Lezama, Virgilio Piñera, Tarkovski, Chagall, Durero, Miguel Ángel, Marx, Van Gogh, Toulouse Lautrec, Dalí…, el béisbol y el fútbol;  la revolución sexual orgiástica y los primeros tropiezos de la revolución cubana, incluidos Las Palabras a los intelectuales, en 1961 (cuya lectura, dos décadas más tarde, lograron desvelarlo), las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP),  la Parametración… armaron la otra parte del pietaje de su película.

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