Y me presento

Los inicios de Jorge como trovador estuvieron relacionados con las peñas.

Cortesía Marta María Ramírez

Con Carlos Ruiz de la Tejera en el Té de Jorge (Patio de María)

A sus amigos, la actriz Corina Mestre y a Noel, les debe el primer impulso para dejar la comodidad de un puesto de trabajo fijo, bien remunerado para la época, e imponerse a  la resistencia de personas que aseguraban que no podría cantar, para convertirse en trovador “tan pobre de monedas”, como el mismo se definiera en Entre tú y yo (1997).

Al actor Carlos Ruiz de la Tejera, el primer espacio dónde presentarse, en su peña del Museo Napoleónico. Y a Silvio Rodríguez, que lo haya orientado en la búsqueda del espacio profesional, remunerado y oficialmente reconocido, que encontró en el Centro Nacional de Música de Concierto.  

En 1988, el Museo Nacional de Bellas Artes le abrió las puertas para una peña mensual. En el patio interior, Jorge logró aglutinar a una parte de la vanguardia artística cubana y propició un ambiente para las nacientes figuras.  Este espacio se consolidó luego en El Té de Jorge (1990), en el extinto Patio de María.

María Gattorno, promotora cultural y amiga, me refresca ahora la memoria: “Con Gorjes —como le llamaba cariñosamente— discutí sobre la importancia de un espacio fijo donde presentarse, como respuesta a la falta de divulgación en los medios de comunicación. Era un sitio donde las personas podrían encontrarlo mensualmente”.

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