Deuda de fe

Nota discográfica del CD Jorge García en vivo

Foto: Ángel S. González/Diseño: Rita Águila

Portada CD Jorge García en vivo

Cuando usted oiga este disco de Jorge García —14 canciones, grabadas en un concierto, por supuesto que en vivo— podrá tener varias y muy personales sensaciones, pero antes de que eso ocurra, yo quisiera transferirle algunas de las mías, empezando por la que más me conmueve de la obra de este cantautor (vaya palabreja): la fidelidad a sí mismo. Porque Jorge García es un artista de esa rara estirpe de los empecinados, de los fieles a sus obsesiones, de los que no otean las direcciones de donde sopla el viento para empuñar la guitarra y ponerse a cantar.

A lo largo de su carrera, que en verdad se va haciendo larga, como todo lo que tiene que ver con nuestra generación, Jorge García ha mantenido esa fidelidad a sus principios  artísticos y humanos que se transparenta en cada una de sus obras y que en este disco, casi antológico, alcanza una espléndida madurez, gracias a su empeño de llevar adelante, y hasta sus últimas consecuencias, un proyecto de obra y vida.

En las catorce piezas que escuchará en el disco, se siente una compacta armonía estética, a la que contribuyen ante todo, la sobriedad y el buen gusto de la música y los arreglos, basados casi siempre en la combinación de voz y guitarra y, por otro lado, en ese lirismo realista (si pudiera calificarse así) de unos textos en los que el creador funde poesía y realidad siempre con la intención de comunicar algo, pues su vocación no es la de cantar  por cantar, sino la de cantar para hacernos pensar.

En términos musicales la “deuda de fe” de Jorge lo lleva a hacer un recorrido-homenaje por su propia obra. Las resonancias indiscutibles de la vieja canción trovadoresca cubana —asumida con reverencia pero con espíritu renovador degustable en dos de las piezas más exquisitas del disco,  Guárdame el beso y Como humo de café— se desarrollan luego en canciones hijas de la no menos excelsa tradición del feeling cubano —Mi deuda de fe— y avanzan hacia las sonoridades más contemporáneas, aunque ya asentadas, de la llamada nueva canción, en la que milita Jorge desde sus primeros tiempos artísticos, y nos hace sentir entonces su cercanía y comunión con músicos como el recién desaparecido Noel Nicola —de quien interpreta Es más, te perdono, la única pieza del disco que no está firmada por Jorge —, Silvio Rodríguez, Joaquín Sabina o el maestro Joan  Manuel Serrat, para quien tiene un hermoso homenaje en su Respuesta a Serrat…

Montado en esa tradición, violando unos códigos y respetando otros, pero siempre  aferrado a su estilo, Jorge García, a diferencia de otros contemporáneos suyos, iniciados como él en la nueva canción trovadoresca, no ensaya las fusiones que se han puesto de moda entre sus colegas, sino que se encierra en su mundo de guitarra, voz y poesía, para proponernos en cada canción un instante de reflexión humanista, para entregarnos un motivo  de meditación en medio de este mundo cada vez más vertiginoso, en el que la música  va del alarido al negocio, pero que, como usted comprobará cuando empiece, pero sobre todo cuando termine de oír este disco, también  resulta posible convivir con la mesura,  el buen gusto, la inteligencia y el mejor lirismo musical y poético.

Jorge García en vivo, no es propiamente una antología ni un resumen de vida: es un  recital frente al público y, asumiendo ese reto, el músico respeta las reglas de la comunicación. Pero, visto en el contexto de la trayectoria musical de Jorge, es también una antología y un resumen, y es, sobre todo, un acto de fe, sin escolástica pero con ortodoxia, en el que Jorge se inclina ante la tradición, las afinidades estéticas y humanas y, aún más, ante esa persistencia artística y vital que hacen que Jorge García sea siempre Jorge García, un músico al que le bastan sus obsesiones y su guitarra para hacernos entrar en un mundo inteligente y por momentos cáustico, incluso cuando le canta al amor. Y que existan universos permanentes como ese es de agradecer. Este disco es pues, una puerta hacia ese reducto empecinado que se llama Jorge García y sus canciones.

Mantilla, otoño de 2005

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