Polvo del Sahara vs ciclones

Durante julio y agosto hubo una fuerte presencia de los flujos desérticos y solo surgieron tres tormentas tropicales que tuvieron una vida efímera y no pasaron de esa categoría.

Jorge Luis Baños/ jlbimagen@gmail.com

Dada la fuerte presencia del polvo del Sahara en julio y agosto pasados solo surgieron tres tormentas tropicales que tuvieron una vida efímera.

La Habana , 19 sep.- El polvo del Sahara inhibe de manera significativa el surgimiento y desarrollo de los ciclones tropicales, o tiende a debilitar los ya formados, afirmó Eugenio Mojena, experto de la Sección de Satélites del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología de Cuba.

Según este estudioso del tema, dichas corrientes crean un ambiente sumamente hostil al aportarles aire seco, además de incrementar la cizalladura vertical del viento en la altura, impidiendo que el sistema pueda concentrar la energía para su formación y fortalecimiento.

En entrevista con el diario Granma, el investigador indicó que las nubes de polvo suben hasta alturas de tres a siete kilómetros y originan una masa de aire muy caliente, con valores mínimos de humedad relativa.

Mojena expresó que en la zona de máxima actividad ciclónica de la cuenca del Atlántico (comprendida entre los 10 y 20 grados de latitud norte y los 20 y 60 grados de longitud oeste), durante julio y agosto pasados hubo una fuerte presencia del polvo del Sahara en la zona y solo surgieron tres tormentas tropicales que tuvieron una vida efímera y no pasaron de esa categoría.

Más allá de los factores adversos prevalecientes en el área, las aguas del Atlántico se han enfriado con respecto a la temperatura que tenían a comienzos de la temporada (algo no previsto en los vaticinios) y ese comportamiento también parece estar vinculado al polvo, pues al tener una extensa cobertura y alta concentración de las partículas en la atmósfera, disminuye la intensidad de la radiación solar recibida en la superficie terrestre y el mar está menos caliente.

Mojena advirtió que la presencia de esas corrientes de polvo comienza a ser menor y debe ir disminuyendo de forma paulatina en toda la región.

El periódico acota que hasta el 5 de septiembre ninguna de las siete tormentas surgidas en esta área geográfica alcanzó la categoría de huracán.

De acuerdo con lo informado por Ramón Pérez Suárez, del propio Instituto de Meteorología, desde 1851 a la fecha eso solo ha ocurrido en quince ocasiones, la más reciente en el 2002 cuando el primer organismo tropical en alcanzar esa categoría lo hizo el 11 de septiembre. En el transcurso del periodo mencionado no hubo huracanes en 1907 y en 1914.

Las nubes de polvo de referencia son generadas por las tormentas del desierto del Sahara, proceso monitoreado en la actualidad de manera satelital en todas sus etapas, incluida la dirección de su desplazamiento. Dichos conglomerados están conformados por partículas de polvo cargadas de sal, hierro, sílice, cuarzo y otros minerales, además de hongos, bacterias y virus.

Cuando surgen en territorio sahariano pueden moverse sobre las Islas Canarias y afectar luego a España, Portugal y Gran Bretaña, en tanto otras avanzan hacia el oeste por el océano Atlántico impulsadas bajo el flujo de los vientos alisios, y llegan hasta el mar Caribe, y en ocasiones al Golfo de México. A esta región suelen arribar a los seis días de ocurrida la tormenta, aproximadamente.

El periódico cubano acude a las estadísticas internacionales para dar cuenta que en las últimas cinco décadas la cantidad de polvo del Sahara diseminada a la atmósfera creció en más de diez veces. (2013)

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