Crimen organizado se enquista en países caribeños

Los frecuentes asesinatos, el auge del pandillerismo y la persistencia del tráfico de drogas desvelan al Caribe.

Blofeld - Wikimedia Commons

Jamaica es uno de los países más afectados por el crimen. En la foto, Kingston.

La Habana, 15 jul. – La muerte esta semana de Kevin Frederick y Devon Rodríguez en las calles de Puerto España, Trinidad y Tobago, fue reportada por la prensa local como un hecho rutinario. Pero más que dos asesinatos aislados, estos crímenes mostraron cómo la ola de violencia en la cual están atrapados varios países del Caribe desde la pasada década está lejos de terminar. 

“Necesitamos un acercamiento sostenible a la lucha contra el crimen”, afirmó Pakash Ramadhar, líder político del partido Congreso del Pueblo, en su primera intervención al asumir ese cargo. Ramadhar consideró que los esfuerzos del gobierno para combatir la criminalidad estaban tomando demasiado tiempo para dar resultados. 

El pasado 30 de junio, el Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, aseguró que ese organismo multilateral estaba listo para trabajar junto a las naciones de la Comunidad del Caribe (Caricom), para enfrentar “la amenaza creciente planteada por el crimen organizado transnacional y la proliferación de armas” en la región. 

Moon anunció que ese tema sería incluido en la evaluación en curso sobre la presencia de la ONU en el área y en la agenda de discusión del encuentro en el Sistema de Naciones Unidas y Caricom, a celebrarse este mes en Georgetown. 
La violencia se ha expandido por varios países caribeños, cuyas autoridades han manifestado su preocupación por el alcance de este fenómeno social. 

El 8 de junio el primer ministro de Barbados, Freundel Stuart, expresó su inquietud por la creciente violencia sin sentido entre los jóvenes, en un discurso televisado a la nación. “Quiero exhortarlos a arreglar sus disputas mediante el diálogo, lo cual es preferible a hacerlo con un cuchillo o una pistola”, dijo el político barbadense.

Por su parte, el ministro de Seguridad Nacional de Trinidad y Tobago, John Sandy, aseguró que su gobierno se ha concentrado en programas con soluciones a largo plazo para enfrentar el auge de la criminalidad en esa nación caribeña.

En un recorrido por unidades de la policía en Puerto España, Sandy sostuvo que ahora había “investigaciones más agresivas para asegurarse del arresto de los criminales”, además del “incremento de la vigilancia y las redadas policiales en las áreas donde operan las pandillas”. 

Sin embargo, el problema no es tan nuevo. Un reporte de la ONU de 2002, elaborado por el investigador jamaicano Anthony Harriott, señaló que los países caribeños estaban “preocupados por el auge de la violencia, el negocio de la droga, el surgimiento de redes transnacionales de tráfico, pandillas y el crimen juvenil.”

Según ese informe, el auge de la criminalidad estaba relacionado con la pobreza, el desempleo, la desigualdad social y la marginalización, el tráfico de armas de fuego y de drogas, la corrupción, la deportación de delincuentes y la efectividad de los sistemas de justicia. 

En ese panorama, empeorado por el impacto de la crisis financiera internacional en los países caribeños, el narcotráfico aparece como la amenaza más difícil de superar. Una investigación del Congreso de Estados Unidos, dada a conocer en mayo pasado, indicó que cuatro naciones del área –Bahamas, República Dominicana, Haití y Jamaica– seguían siendo importantes puntos de producción y tránsito de drogas. 

“La ruta Caribe-Sur de la Florida continúa activa y, aunque es menos utilizada que la de América Central-México, algunos observadores han alertado que la actividad en este itinerario podría aumentar nuevamente en el futuro próximo”, señala el estudio. (2011)

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