Energía eólica despega en la isla caribeña de Nieves

Esta isla, de 13 kilómetros de largo, lanzó en 2010 la primera granja eólica de la Organización de Estados del Caribe Oriental.

Desmond Brown

Turbinas en WindWatt Nevis Limited.

CHARLESTOWN, San Cristóbal y Nieves, 2013 (IPS) – Esta pequeña isla, una de las dos de la Federación de San Cristóbal y Nieves, encabeza las iniciativas en materia energía limpia y reducción de costos en la región.

Pero Nieves, con 12.000 habitantes, tiene dificultades para promover su modelo en el resto de los países insulares.

Esta isla, de 13 kilómetros de largo, lanzó en 2010 la primera granja eólica de la Organización de Estados del Caribe Oriental, con la promesa de crear empleo local, de ofrecer una fuente confiable de energía y electricidad barata y de disminuir el uso del petróleo importado.

“Creo que el gasóleo que usa la Compañía de Electricidad de Nieves (Nevlec) cuesta en esta región entre 32 y 33 centavos de dólar por kilovatio”, dijo Dexter Bowrin, director de WindWatt Nevis Limited, en entrevista con IPS.

“Le vendemos energía por menos de la mitad de esa cifra, así que debería significar un ahorro considerable para los consumidores”, remarcó.

La productora de energía WindWatt Wind Farm es una empresa de riesgo compartido de compañías canadienses y locales, que comenzó sus operaciones en 2010.

WindWatt Wind Farm se aseguró un contrato a 25 años con la estatal Nevlec para producir y vender energía.

Utiliza ocho turbinas eólicas para alcanzar una capacidad máxima de 2,2 megavatios, que representa alrededor de 20 por ciento de las necesidades energéticas de esta diminuta isla caribeña.

“Nos gustaría ampliarnos, pero no está abierta la posibilidad. Fuimos a varias islas, la cercana de San Cristóbal y hasta Santa Lucía y San Vicente para vender la idea, pero no ha sido fácil”, relató Bowrin.

“En Santa Lucía hay problemas de espacio. La mayoría de las tierras son privadas; se trata de negociaciones entre el gobierno y los propietarios. Nosotros solo aportamos la tecnología”, explicó.

Es común pensar que si construyes una granja eólica obtendrás importantes ganancias, pero “no funciona así”, añadió Bowrin.

Bowrin dijo que en la vecina San Cristóbal, la mayor de las dos islas de esta federación, no hay nada hecho. “Hay competidores y no hemos podido instalar una granja eólica”, explicó.

La energía eólica no ha prendido tan rápido en el Caribe, aunque la mayoría de los países de la región mostraron interés o invirtieron en la alternativa solar.

Surinam anunció a principios de este mes que invertiría en energía solar para llevar electricidad a las comunidades más alejadas.
Gunzi, una aldea cimarrona de la zona alta del río Surinam, será la sede de un proyecto piloto.

La compañía de energías alternativas WTEC, de Estados Unidos, está a cargo de ejecutar el proyecto en colaboración con el Ministerio de Recursos Naturales, la compañía nacional de electricidad, EBS, y la Universidad Anton de Kom, de Surinam.

Más de tres cuartas partes de la superficie de Surinam están cubiertas por una densa selva, y la mayoría de los habitantes del país viven en la capital, Paramaribo.

Numerosos pueblos dispersos y escasamente habitados del interior no están conectados al tendido eléctrico de EBS y se las arreglan con ruidosos generadores a gasóleo que solo prenden de noche.

El gobierno abandonó en abril una propuesta para construir una central hidroeléctrica en el interior del país. El director de WTEC, Brian

Singh, dijo que la energía solar es una alternativa rentable, pues Surinam tiene mucho sol y el precio de los paneles solares baja en todo el mundo.

Singh anunció que su compañía donaba una planta de 75.000 dólares que se instalaría en Gunzi. Estudiantes universitarios supervisarán la iniciativa durante un año, y las conclusiones servirán para optimizar su uso y ejecutar el proyecto en otros pueblos.

El coordinador de ambiente John Goedschakl dijo que el gobierno realizaba una investigación en profundidad para encontrar la conjunción ideal de alternativas para suministrar energía. El criterio es la accesibilidad, la rentabilidad y el menor impacto ambiental.

Bowrin dijo a IPS que a los directivos de WindWatt Nevis Limited también le preocupaban varias cuestiones ambientales, y señaló que antes del inicio de las operaciones se realizó una evaluación de impacto para determinar el nivel de ruido y otras posibles consecuencias.

“No solo pusimos turbinas. Dejamos una huella ambiental muy pequeña. Con las ocho turbinas que colocamos usamos menos de una hectárea, y así tenemos la flexibilidad y la capacidad de tener también vacas y otros animales de pastoreo en la zona”, observó.

“Otro asunto importante es que la gente suele decir que (las turbinas) lastiman o matan a las aves migratorias, si las hay. No tuvimos esa experiencia aquí ni conozco ningún lugar donde haya pasado”, añadió.

Consciente de la temporada anual de huracanes, que va de junio a noviembre, Bowrin dijo que las turbinas con un sistema de dos hojas son muy pequeñas y se apagan en solo 40 minutos.

“Vigilamos el clima de forma diaria y semanal, por lo que en caso de huracán, podemos apagar las turbinas en un par de horas y así de fácil las volvemos a encender”, explicó.

“El gobierno de la isla de Nieves mostró su compromiso con el uso de energías renovables y sostenibles al invertir en forma continua en la alternativa geotérmica y eólica”, dijo a IPS el primer ministro Vance Amory.

“También agregaremos en un futuro no muy lejano la energía solar con el fin reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles para la generación eléctrica”, adelantó.

Con su granja eólica y una serie de proyectos de paneles solares, así como otro geotérmico que está previsto, San Cristóbal y Nieves es una de las pioneras en materia de energías verdes de la región.

El proyecto geotérmico se demoró, pero el primer ministro de esta federación, Denzil Douglas, dijo que se prevé contar con electricidad generada a partir de esta alternativa en dos años.

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