Haití está aquí

Viva Río se fundó en 1993 para promover una cultura de paz y el desarrollo de comunidades pobres.

Viva Río

El grupo haitiano de danza Aochan Kreyol Danse de Viva Río obtuvo el tercer premio en el X Festival de Danza Joven de Santo Domingo

RÍO DE JANEIRO, jun (IPS) – En los poderosos versos de la canción “Haití”, los músicos brasileños Caetano Veloso y Gilberto Gil expusieron en 1993 similitudes de dos países en las antípodas del desarrollo regional, sintetizadas en el verso “Haití es aquí”.

Uno tras otro, los versos son imágenes cotidianas de la exclusión negra brasileña, tan parecida a la que reina en Haití, el país más pobre del continente americano, y tan distante de la vida de los blancos de clase media de esta potencia sudamericana que está entre las mayores economías del mundo.

“(…) para ver desde arriba la fila de soldados, casi todos negros/ dando palos en la nuca de delincuentes negros/ de ladrones mulatos y otros casi blancos/ tratados como negros/ solo para mostrarle a otros casi negros/ (y son casi todos negros)/ y a los casi blancos, pobres como negros/ cómo es que se trata a los negros, pobres y mulatos/ y a los casi blancos, de tan pobres casi negros”.

“A todos nos gustaba cantar esa canción, dijo a IPS el secretario ejecutivo de la organización no gubernamental brasileña Viva Río, Rubem César Fernandes, al explicar el origen de su contribución con Haití.

Viva Río se fundó en 1993 como respuesta a la creciente violencia urbana de Río de Janeiro. Su misión, promover una cultura de paz y el desarrollo de comunidades pobres, adquirió dimensión internacional en 1999, y en 2004 comenzó a trabajar en Haití.

“Nos gustó la idea de que nuestra experiencia podía ser útil en otras partes del mundo. Pensamos que tal vez Río de Janeiro podía evolucionar de ser percibida como una fuente de problemas a fuente de soluciones“, dijo Fernandes.

Es que, como dice la canción, “vivimos problemas comunes de desigualdades extremas, de poderes paralelos en los barrios vulnerables, de carencias ambientales en el medio urbano pobre”, analizó. Hay, además, una herencia cultural común afroamericana “que nos aproxima por los sentimientos y manera de ser”.

Según Fernandes, esos factores, unidos a las posibilidades brasileñas y a su “historia de superación”, permiten una cooperación especial, “combinando recursos y efectividad”.

El apoyo empezó en 2004 como una consultoría en desarme, desmovilización y reinserción para la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah), aprovechando lo aprendido en la campaña de control de armas que la ONG impulsó en Río. En 2007 se inició una presencia más activa en el vecindario hacinado de Bel Air, en el centro de Puerto Príncipe.

Viva Río tiene previsto un presupuesto de 10 millones de dólares para Haití en 2011 y cuenta con apoyo del gobierno de Brasil, así como financiación de Noruega, Canadá y de agencias de las Naciones Unidas.

Un trabajo medular es la reconstrucción y revitalización de Bel Air, “un centro que pierde valor y se convierte en una fuente de riesgos políticos y de violencias”, describió Fernandes, aplicando experiencias adquiridas en el barrio carioca de Lapa y en Pelourinho de Salvador, capital del norteño estado de Bahía.

Lo aprendido en mediación de conflictos cariocas sirvió de base para forjar acuerdos de paz entre bandas rivales de Bel Air. “Hicimos un programa de acciones integradas que combinan seguridad y desarrollo y trabajos psicosociales, dirigidos sobre todo a niños y jóvenes”, explicó el director de Viva Río.

Como en las zonas urbanas pobres de Brasil, el arte resulta una herramienta útil para promover el desarrollo personal. Por eso la gente de Viva Río enseña a jóvenes y niños de Bel Air capoeira, invento brasileño de raíces africanas que combina elementos de danza, artes marciales, música y gimnasia.

“La capoeira crece con un vigor increíble entre los jóvenes del gueto”, apuntó Fernandes.

Con el terremoto del 12 de enero de 2010, que mató a unas 220.000 personas en Puerto Príncipe y dejó al menos a un millón y medio sin hogar, la ONG debió adaptar sus acciones al desplazamiento de población capitalina, con inversiones en Bon Repos y Arcahaie, dos localidades situadas al norte de la capital.

Pero la presencia brasileña también se siente de otras formas.

Brasil comanda militarmente la Minustah desde junio de 2004. En marzo de este año esa fuerza multinacional tenía 12.318 uniformados ‒8.740 soldados y 3.578 policías de más de medio centenar de países‒ desplegados en Haití, que tiene 9,7 millones de habitantes.

Según sus autoridades, Brasil dispuso en 2010 de casi 340 millones de dólares para operaciones de estabilización de la Minustah y para contribuir a la reconstrucción de infraestructura, salud pública, alimentación y saneamiento básico.

En esa asistencia se echa mano muchas veces a experiencias propias, como el Programa de Comedores Escolares, que contempla la capacitación de profesionales haitianos y la implementación de cocinas en las escuelas.

Las autoridades aseguran que en los últimos dos años entregaron unos 244.000 dólares a ese programa y se efectuaron misiones de transferencia de tecnología de India para producir cocinas alimentadas con desechos sólidos.

El proyecto, realizado en el marco del Fondo de Desarrollo del Foro de IBSA (Brasil, India y Sudáfrica) se dedica por ahora a importar cocinas indias para atender las necesidades de los comedores escolares y de otros proyectos de reciclaje de residuos sólidos y saneamiento, informó a IPS la asesoría de prensa de la cancillería brasileña.

La política exterior brasileña intenta hacerse un lugar en la cooperación internacional, afín con las ambiciones brasileñas en la arena global, aunque las sumas que destina a ese fin son todavía muy modestas.

Este tipo de cooperación Sur-Sur busca “estar siempre en línea con las prioridades establecidas por el gobierno del país beneficiario”, agregó la fuente. Las iniciativas del Fondo de IBSA surgen de “buenas prácticas ya experimentadas” en los países donantes.

El Programa de Comedores Escolares haitiano se inspiró en el ejemplo brasileño más sobresaliente: Fome Zero (Hambre Cero), una ambiciosa estrategia que reunió múltiples políticas en el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011) y que sigue en marcha con su sucesora, Dilma Rousseff.

Un componente de Hambre Cero, el Programa Nacional de Alimentación Escolar, beneficia a 47 millones de escolares brasileños en este país de 190 millones de habitantes y vincula la seguridad alimentaria con el incentivo a la agricultura familiar, explicó a IPS el director de la oficina del Programa Mundial de Alimentos en Bruselas, Gemmo Lodesani.

En colaboración con el PMA y el Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), un préstamo de 5,5 millones de dólares de Brasil se destinó a un proyecto de compra de alimentos ‒arroz y productos lácteos‒ producidos por unos 6.000 agricultores familiares haitianos.

Desde los movimientos sociales hay otro tipo de asistencia.

Una brigada brasileña de La Vía Campesina, la red internacional de pequeños agricultores y trabajadores rurales, se fue a trabajar directamente con los campesinos haitianos en formación política y capacitación técnica de jóvenes, construcción de más de 1.000 cisternas para almacenar agua de lluvia, reforestación y distribución de semillas para incentivar la producción agrícola. (FIN/2011)

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.