SOS, capital en peligro

En caso de huracán, La Habana sufriría serios daños debido a su precario fondo habitacional.

Jorge Luis Baños

El fondo habitacional habanero requiere mejoras urgentes

LA HABANA, mar.- En Cuba, mucha gente se considera tan sabia en materia de béisbol como de ciclones tropicales. Puestas a pensar en que pasaría en La Habana si la cruza un huracán de gran intensidad, las personas no dudan en tomarse la cabeza a dos manos y exclamar: ¡una catástrofe, sería una catástrofe!

“No quedaría títere con cabeza”, dice a IPS Rosa Galano, residente del municipio habanero de Centro Habana, uno de los más vulnerables de la capital por lo ruinoso de sus edificaciones y su alta densidad poblacional. “Por ahí dicen que los ciclones no llegan directo a La Habana porque le tienen miedo a Fidel (Castro, ex presidente de Cuba)”, agrega.

Tras el desastre causado por Sandy, en octubre de 2012, en Santiago de Cuba, en la región oriental del país, la temporada ciclónica de 2013 (junio a noviembre) fue benigna con Cuba y la región caribeña. Sin embargo, intensas lluvias que cayeron sobre la capital entre fines de noviembre y principios de diciembre pasado reavivaron alertas y temores.

Las precipitaciones, que en apenas 24 horas alcanzaron los 267 milímetros en la capital y azotaron con especial saña municipios como Plaza de la Revolución, Playa, Centro Habana, La Habana Vieja, Cerro y 10 de Octubre, pegados o cercanos a la costa citadina, dejaron como saldo un fallecido y 26 derrumbes totales y 201 parciales, con impacto sobre 627 núcleos familiares.

Especialistas en el tema coinciden en que la mayor debilidad de la urbe capitalina para resistir un huracán de gran intensidad radica en sus viviendas y la infraestructura de servicios básicos.

“Si con un aguacero medianamente fuerte se interrumpe la electricidad, podemos imaginarnos como será si un huracán nos azota de frente”, comentó el arquitecto Miguel Coyula.

El censo de 2012 arrojó que la ciudad dispone de 709.508 viviendas particulares. Pero ese fondo habitacional habanero tiene una edad promedio de 80 a 90 años y ante la falta de un mantenimiento adecuado no pocos barrios exhiben un estado constructivo que va de regular a muy mal. Según Galano, Centro Habana es el peor de todos, con edificios de más de un siglo.

Estudios oficiales sobre el riesgo que representan los vientos en toda la urbe habanera advierten que un huracán categoría tres (vientos de 179 a 209 km/h) pudiera afectar a 74.551 personas y dañar 94 000 viviendas, en tanto uno de categoría cinco, con vientos superiores a los 250 kilómetros por hora, impactar a 207. 000 personas y causar perjuicios a 5. 262 .000 viviendas.

Galano sabe por sus padres que un huracán conocido como “ciclón del 44” pasó por la capital y los territorios también occidentales de Pinar del Río, Matanzas y la hoy conocida como Isla de la Juventud. “Fue muy intenso, con una racha máxima en La Habana de 262 kilómetros por hora”, dice el meteorólogo José Rubiera.

 fatales. Teniendo en cuenta el tiempo transcurrido, “existe una probabilidad de que en algún momento nos toque, tal como puede suceder a otras ciudades. Miami, en Estados Unidos, por ejemplo, desde 1928 no ha sufrido otro huracán de gran intensidad”, comenta Rubiera.

“Estamos en el Trópico y expuestos a este peligro. Como no sabemos cuándo va a venir un huracán, tenemos que prepararnos de antemano. De ahí que se hacen los ejercicios Meteoro (de prevención y preparación ante desastres), se anuncia el riesgo con gran antelación y se arma todo un sistema, en el caso nuestro, sin sensacionalismo ninguno”, remata Rubiera.

El arquitecto Mario Coyula advierte que la situación ahora es distinta en cuanto a la altura, calidad y estado de las edificaciones en la capital cubana. Recuerda en ese sentido que desde entonces se han levantado muchos edificios altos y, en el caso de los bien construidos, los ingenieros calcularon que podían soportar vientos de hasta 250 kilómetros por hora.

“Pero hay ciclones que han llegado a los 300 kilómetros por hora. Además, puede que el edificio entero aguante, pero no las ventanas”, afirma. En su opinión, habría que hacer fuertes inversiones en la ciudad de 2,2 millones de habitantes para renovar y soterrar las redes de energía eléctrica y mejorar las de abasto de agua, entre otras obras.

El ingeniero Carlos Llanes coincide con Coyula y considera que una estrategia encaminada a reducir vulnerabilidades pasa por reforzar las viviendas, sus techos y ventanas con material resistente y correctamente instalados, así como fortalecer la capacitación y estudios de riesgo en los municipios y la percepción del peligro en la población. 

Llanes, director del Centro de Estudios de Construcción y Arquitectura Tropical del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (Cujae) recomienda además priorizar las instalaciones de salud del territorio aplicando la estrategia de hospitales seguros frente a desastres, para garantizar este servicio fundamental para la población cuando más se le necesita.

Ambos profesionales también consideran necesario avanzar de manera paulatina hacia el sistema soterrado de energía eléctrica, como el que ya existe en La Habana Vieja. “Cada vez que se construya un nuevo conjunto residencial, una nueva área, la red eléctrica debería instalarse bajo tierra, para evitar que la dañe el viento”, considera el profesor de la Cujae.

En su opinión, los techos de una y dos aguas (inclinados) son los más adecuados para resistir los vientos huracanados. “La experiencia en el Caribe es que cuanto más empinada la cubierta, mayor es la resiliencia”, considera, Llanes, para quien esa sería también una buena solución en el caso de los edificios.

Se puede aplicar soluciones arquitectónicas en lo alto de las edificaciones con inclinaciones en la cubierta para que no se retenga el agua de las lluvias y para que el viento tenga presión, no succión allá arriba, explica este ingeniero que recuerda como los campesinos aún hoy se refugian en el tradicional “vara en tierra”, rancho de guano de techo en ángulo agudo pegado al suelo.

En Cuba, con una población de casi 11,2 millones, más de 8, 5 millones habitan en zonas urbanas. A nivel mundial, la Organización de Naciones Unidas alerta que hacia 2050 habrá unos 6,3 millones de personas viviendo en ciudades y a medida que se intensifican los efectos del cambio climático, la resistencia y flexibilidad de los centros urbanos se hace más necesaria.

Si bien por efecto de las transformaciones del clima no se prevé un aumento de los huracanes, si parece haber consenso en la comunidad científica respecto de que esos eventos extremos serán de mayor intensidad, lo mismo que los niveles de pluviosidad, hacia 2100. Ese fenómeno incrementa la vulnerabilidad de las ciudades ante los desastres.

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