Reducción del riesgo mediante una estrategia de adaptación

Cuba acumula años de trabajo en la prevención, preparación y respuesta ante el incremento en la actividad ciclónica.

Jorge Luis Baños - IPS

En nuestra área se están registrando temporadas de huracanes generalmente activas desde 1995

Cuba es un archipiélago formado por la isla de Cuba, la isla de La Juventud y alrededor de 4.500 cayos e islotes. Su posición geográfica, orientada de oeste a este, justamente en la encrucijada entre el noroeste del mar Caribe, la entrada sudeste del Golfo de México, el estrecho de La Florida y Las Bahamas, la hacen estar en la trayectoria que usualmente siguen las tormentas tropicales y huracanes que, procedentes del Atlántico o del mar Caribe, la amenazan en cada temporada de huracanes, del 1 de junio al 30 de noviembre.

Huracanes de gran intensidad, Categorías Saffir-Simpson 3, 4 y 5, que cruzaron el mar Caribe entre 1851 y 2011

En Cuba casi no se registran muertes relacionadas con ciclones tropicales, un escenario muy distinto al de otras tierras que la rodean.

¿Cómo puede ser posible eso en un país en vías de desarrollo y con múltiples dificultades económicas? Trataré de dar una respuesta en los siguientes párrafos de este artículo.

El peligro de tormentas tropicales y huracanes se incrementa

Desde que ha sido posible llevar una estadística más o menos confiable de la frecuencia anual de tormentas tropicales y huracanes en la Cuenca del Atlántico, desde unos 150 – 200 años hasta la fecha, se observa que hay cierto número de años, usualmente períodos de 20 a 30 años, en los que se registra una gran actividad ciclónica, seguido por periodos de relativa calma, o menos cantidad de ciclones tropicales. Ello nada tiene que ver con el cambio climático, sino con la llamada circulación Termohalina en el Atlántico norte, corrientes con mayor salinidad y elevada temperatura que, periódicamente, bañan ese océano o dejan de ejercer su acción, según justamente lo ha expresado el Profesor William Gray, de la Universidad Estatal de Colorado, en Estados Unidos.

Por esta razón, en nuestra área se están registrando temporadas de huracanes generalmente activas desde 1995, con la excepción de unos pocos años individuales: los llamados “años de El Niño”.

Hay que señalar que, cuando ocurre un evento “El Niño” en el Pacífico ecuatorial oriental, hay elevada temperatura superficial del mar en esa zona, se levantan grandes nubes de tormenta y, en la atmósfera superior, a alturas de 10 a 12 kilómetros, se generan fuertes corrientes de aire que, al pasar al Atlántico, inhiben la formación de ciclones tropicales.

Los huracanes en el cambio climático

El actual periodo activo de tormentas tropicales y huracanes en el Atlántico está registrando un comportamiento singular respecto a otros períodos activos conocidos: Se ha registrado más del doble de ciclones tropicales y algunos huracanes han sido muy intensos y encabezan los récord de intensidad para el área. Algún efecto adicional pudiera estar incidiendo para registrar tal inusual actividad y, aunque no pueda demostrarse, es lógico suponer que el calentamiento que está ocurriendo en el planeta puede tener alguna influencia en ello.

Es difícil hallar respuestas sobre el comportamiento de los ciclones tropicales en un entorno de cambio climático, debido a la escala en que se producen y a la aún poca resolución de los modelos para la simulación del cambio climático. Sin embargo, el IPCC o Panel Intergubernamental de cambio Climático, en su último informe, ha podido establecer que nada puede decirse aún respecto a la frecuencia de los ciclones tropicales, aumento o disminución de su cantidad, aunque sí en cuanto a su intensidad, en que tenderían a ser más intensos.

El modelo climático GFDL (Global Fluid Dynamics Laboratory), citado por los investigadores estadounidenses Knutson y Tuleya, señala que en un mundo más caliente los huracanes serían más intensos, a razón de cuatro por ciento de menor presión por cada grado Celsius de incremento de temperatura. De igual manera, los huracanes serían alrededor del 12 por ciento más lluviosos por cada grado Celsius de incremento en la temperatura. Frente a estas perspectivas de lo que puede pasar en el futuro, solo queda un camino: el de la adaptación, pues no podemos desaparecer los huracanes, tenemos que acostumbrarnos a vivir con ellos y que nos ocasionen el menor daño posible.  

Menos riesgo con medidas de adaptación

En Cuba todo el proceso para la reducción del riesgo de desastres está regido por bases jurídicas tales como leyes, decretos-leyes, resoluciones y otros documentos.  

El Sistema Nacional de la Defensa Civil abarca, de una manera u otra, a todos los ciudadanos. Está encabezado al más alto nivel estatal y tiene representación a niveles provincial, municipal y de Consejo Popular, que es la menor unidad de gobierno en el país. El Presidente de la nación es, asimismo, el Jefe de la Defensa Civil y cuenta con un Estado Mayor de la Defensa Civil como órgano ejecutor. De igual manera, el Jefe de la Defensa Civil en la provincias son las más altas autoridades a ese nivel, e igual ocurre en los municipios. Pero en un centro de trabajo cualquiera el administrador es el responsable de ejecutar las medidas de la Defensa Civil en su área; en una escuela lo es el director; en una empresa, el gerente, y así sucesivamente; de modo que todo está organizado.

Además, se siguen todas las etapas del proceso de reducción de desastres: prevención, preparación, respuesta y recuperación. Por ejemplo, como parte de la preparación se ejecutan y actualizan estudios de vulnerabilidad y riesgos, los que están hechos para cada zona importante del país.

La preparación incluye la educación pública a través de los medios de difusión, pero también se incluyen nociones de meteorología, sismología y defensa civil en los currículos de la educación formal en las escuelas primarias y secundarias, hasta la universidad.

Para la etapa de respuesta hay un sistema de fases de la Defensa Civil que se decretan a medida que se incrementa el peligro de azote de ciclón tropical: Fase Informativa, de Alerta, de Alarma; y después que pasó el huracán, la fase Recuperativa, en la cual se restituye todo gradualmente a la normalidad, comenzando por los servicios públicos básicos.

En la fase informativa, como su nombre lo indica, se incrementa la información paulatinamente, se activan los puestos de dirección en composición reducida y se actualizan los planes por cambios de última hora, se prevé todo lo que puede ser previsto; en la fase de alerta se activa a la mayor parte del personal que participará en labores concretas y solo se procede a la evacuación de zonas muy especiales, como de difícil acceso o que pueden ser inundadas antes del huracán.

Ya en la fase de alarma ciclónica, de 36 a 24 horas antes de que se implanten las condiciones de huracán, se procede a la evacuación de todos los que puedan estar en riesgo, bien sea a casas de familiares o amigos, adonde lo hace el 80 por ciento de las personas evacuadas, o a los albergues.

Las organizaciones científicas son un verdadero puntal del sistema de Defensa Civil. Por ejemplo, en el caso de los huracanes, el Centro Nacional de Pronósticos del Instituto de Meteorología ejecuta una vigilancia meteorológica continua y, llegado el caso, emite un Aviso de Alerta Temprana hasta con cinco días de anticipación, siguiendo después pronósticos más detallados en Avisos de Ciclón Tropical, a medida que el ciclón se aproxima a Cuba.

Medios de difusión masiva al servicio del país

Todos los medios de difusión masiva, en especial los rápidos como la TV y la radio, se ponen a disposición de los intereses del país. Los especialistas en meteorología participan muy activamente en la información a la población por radio y televisión y, desde unas 48 horas antes que pueda esperarse el azote de un huracán, esos medios sitúan unidades de control remoto en el Centro Nacional de Pronósticos, para desde allí mantener informada a la población con las últimas informaciones, imágenes de satélite, de radar y modelos de pronóstico.  

Los meteorólogos emplean en esas transmisiones, tan frecuentes como cada una hora, un lenguaje sencillo, coloquial, desprovisto de todo tecnicismo. Muestran gráficas también sencillas, a fin de comunicar, llegar a toda la ciudadanía con las informaciones más actualizadas, sin que haya lugar para el sensacionalismo o alarmas de ninguna clase.

Por otra parte, la Defensa Civil informa sobre las medidas a adoptar y orienta a la población. La radio y la TV nacionales brindan información en directo sobre lo que se hace en las provincias para la protección ante la amenaza de huracán.

La información se hace más frecuente mientras más próximo está el huracán. De esta manera se logra una percepción del riesgo, sin mensajes alarmistas.

Pasado el huracán, el Estado Mayor de la Defensa Civil informa sobre las medidas a ejecutar en la fase Recuperativa. Puede procederse al paso a la normalidad, primero que todo con la puesta en marcha de los servicios primarios que puedan haber sido interrumpidos, como los médicos, de electricidad, teléfono y educación, entre otros.

Efectividad del sistema: algunas estadísticas

Durante los últimos 17 años del muy activo periodo que estamos viviendo de tormentas tropicales y huracanes en la Cuenca del océano Atlántico, mar Caribe y golfo de México, ha azotado a Cuba un número récord de ciclones tropicales, comparando períodos similares ocurridos durante los últimos 200 años.

Tormentas tropicales y huracanes que han azotado Cuba entre 1995 y 2011

En azul aparecen las tormentas tropicales (TT), en amarillo los huracanes de poca intensidad, categorías 1 y 2, y en rojo los huracanes de gran intensidad, categorías 3, 4 y 5.

Puede observarse que, en los últimos 17 años, azotaron a Cuba igual número de ciclones tropicales, lo que arroja un promedio de un ciclón tropical por año.

En cuanto a su intensidad, seis tuvieron categoría de tormenta tropical, mientras que los 11 restantes fueron huracanes. Lo interesante es que, de estos huracanes, siete azotaron con gran intensidad, categorías 3, 4 o 5 de la escala Saffir-Simpson. Visto en porcentajes, para apreciar mejor la intensidad sin precedentes encontrada en Cuba en estos años, 65,7 por ciento de los ciclones que azotaron a Cuba lo hicieron con categoría de huracán, mientras que 63,3 por ciento de ellos fueron huracanes de gran intensidad.

La cifra total de fallecidos por tormentas tropicales y huracanes en Cuba durante estos últimos 17 años es de 41; o sea, 2,41 fallecidos por año. Esta cifra de muertes es la más baja conocida en el mundo en países tropicales que son frecuentemente azotados por huracanes o tifones.

Del número total de fallecidos, 32 (78 %) resultaron muertos en los huracanes de gran intensidad. El año de mayor actividad para Cuba fue 2008, cuando una tormenta tropical y tres huracanes de gran intensidad, uno de ellos con una racha máxima de viento de 340 kilómetros por hora, azotaron al archipiélago cubano. Sin embargo, solo hubo que lamentar siete muertes en esa temporada.

Hay que decir que, lamentablemente, muchas de estas muertes ocurrieron porque algunas personas no siguieron las orientaciones impartidas por la Defensa Civil, con este triste resultado. Este es un elemento educativo sobre el que hay que trabajar aún más.

Los daños materiales sí han sido muy grandes. Solo en la terrible temporada de huracanes de 2008 ascendieron a 10.000 millones de dólares estadounidenses.  

A modo de conclusión

Todo lo hasta aquí expuesto avala a Cuba como el país más seguro para la vida en caso de azote de un huracán, por fuerte que sea. Ello es resultado de un trabajo de años en pos de adaptar la prevención, la preparación y la respuesta a las nuevas condiciones surgidas por el incremento en la actividad ciclónica en nuestra área, que puede ser preámbulo a lo que podría ocurrir con el cambio climático, que en cierta medida ya se siente.

El éxito del Sistema Nacional de Defensa Civil viene dado, primero que todo, porque existe una voluntad política del Estado, que se traduce en un sistema organizado nacionalmente.

Sus aristas principales se sustentan en un Servicio Meteorológico eficiente, con pronósticos confiables, creíbles por la población en un lenguaje claro y comprensibles por todos; la Defensa Civil con planes concretos, aunando todo el potencial científico y movilizativo de la nación; los medios de difusión totalmente al servicio del país; y una población con un alto nivel de educación, que comprende el riesgo y actúa en consecuencia, al recibir las orientaciones pertinentes.

* Director del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología de Cuba y vicepresidente del Comité de Huracanes de la Región Cuarta de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Es vicepresidente del Grupo de Expertos de la OMM en Comunicación Meteorológica y Educación.

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