Panorama del Caribe

El Caribe abarca una extensa área que enlaza a las porciones sur, centro y norte de América Latina.

Desmond Brown - IPS

En la región de América Latina y el Caribe, los países posiblemente más vulnerables a los fenómenos hidrometeorológicos son los que tienen costas en la cuenca del Caribe

Sus aguas configuran el litoral de varios países del continente y envuelven un abanico de islas que asciende desde Trinidad y Tobago hasta el archipiélago cubano.

Este panorama hace énfasis en lo que se considera comúnmente como región caribeña, o sea, el Arco de las Antillas Menores y Mayores, donde aparecen los siguientes países: Antigua y Barbuda, Barbados, Cuba, Dominica, Granada, Haití, Jamaica, Santa Lucía, Saint Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas y Trinidad y Tobago.

Además, aparecen los territorios dependientes: Aruba y Antillas Holandesas; Guyana Francesa, Guadalupe y Martinica, departamentos franceses de ultramar; Anguila, Montserrat, Islas Vírgenes Británicas, Islas Caimán e Islas Turcas y Caicos, pertenecientes al Reino Unido; y Puerto Rico y las Islas Vírgenes Estadounidenses.

Asimismo, se hace referencia a otros que, por su inclusión en organismos regionales, son habitualmente comprendidos en los análisis socioeconómicos de la zona: Belice, Guyana, Surinam y las Bahamas.

Una mirada más amplia, incluiría al llamado Gran Caribe, o sea, a todas las naciones con costas en ese mar. Bajo esa perspectiva surgió en julio de 1994 la Asociación de Estados del Caribe (Aec), con el objetivo de fomentar las relaciones económicas en el área, preservar su integridad ambiental y promover el desarrollo sostenible.

Este mecanismo de cooperación incorpora, además de los países ya mencionados, a Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y Venezuela. La Secretaría General tiene su sede en Puerto España, capital de Trinidad y Tobago.

La mayoría de los estados caribeños, en especial los insulares, poseen dimensiones territoriales reducidas. Montserrat, Saint Kitts y Nevis, Antigua y Barbuda, Barbados, Granada y San Vicente y las Granadinas no alcanzan los 500 kilómetros cuadrados de superficie. Esta condición geográfica reduce las posibilidades de contar con recursos naturales de importancia, que llegan a ser sobreexplotados por una creciente población, y hace a estas naciones más vulnerables a los cambios en la economía mundial.

La subregión presenta fuertes contrastes entre países de desarrollo medio y otros que clasifican entre los más pobres del planeta. Mientras en las Bahamas el producto nacional bruto alcanzaba los 17.843 dólares per cápita a mediados de la pasada década, en Haití esa cifra era menor a 1.892 dólares (1).

Antes del terremoto que destruyó a la primera nación independiente de América, ya este país mostraba serios problemas en su infraestructura de transporte, comercio y comunicaciones y sus indicadores sociales eran los peores del Caribe, con una esperanza de vida inferior a 55 años y una tasa de analfabetismo en adultos en torno al 50 por ciento. Haití es el único país de América con un bajo Índice de Desarrollo Humano, según la lista del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud).

El principal de motor de las economías caribeñas es actualmente el sector de los servicios, que comprende el turismo, los servicios financieros, el comercio mayorista y minorista, el transporte y la construcción. Según estadísticas del Banco Mundial, la participación de los servicios en el producto nacional bruto aumentó de 50 por ciento en los años 60, a 62 en la última década del siglo XX, en detrimento de la agricultura y de la industria (2).

En la Comunidad del Caribe (Caricom) (3) el turismo representa entre el 30 y el 50 por ciento del producto nacional bruto. Durante las pasadas dos décadas de la pasada centuria, estos países, que acumulan menos del uno por ciento de la población mundial, recibieron más del seis por ciento los turistas. (4)

El auge de la llamada industria sin humo agudiza la presión sobre recursos naturales tan escasos como el agua y genera una elevada cantidad de desechos, otro de los grandes dolores de cabeza de los pequeños estados caribeños. Además, amenaza los ecosistemas costeros y marinos, cuando no se atiende la conservación de los cinturones costeros, se interrumpe el drenaje natural, avanza la erosión en las playas y no existen mecanismos adecuados de tratamiento de residuos.

Esta preponderancia de los servicios no se ha presentado por igual en toda la región. En Guyana y Surinam la agricultura ha ganado mayor relevancia económica, mientras en Trinidad y Tobago la industria del gas y el petróleo continúa siendo decisiva.

La dependencia energética externa constituye uno de los puntos débiles de las economías caribeñas. La mayor parte de la electricidad producida en la región proviene de plantas convencionales alimentadas con hidrocarburos, aunque también se emplean en menor medida la biomasa, la energía hidroeléctrica y otras fuentes alternativas.

Sólo tres países tienen reservas significativas de petróleo y gas: Cuba, Surinam y Trinidad y Tobago. Este último poseería el 87 por ciento de las reservas probadas de gas y el 54 por ciento de las de petróleo, una parte de cuya producción exporta.

Sin embargo, se estima que de mantener altos ritmos de extracción, las reservas podrían agotarse en pocos años.

Cuba, en tanto, ha elevado su producción en los últimos años y observa esperanzada las exploraciones en su zona económica exclusiva del Golfo de México, donde se han calculado reservas máximas de 9.300 millones de barriles. Por su parte, Surinam produce apenas 10.000 barriles diarios, pero las autoridades han emprendido nuevas exploraciones con la esperanza de elevar este volumen.

En medio del alza de los precios de los hidrocarburos en el mercado internacional, los países caribeños se han visto favorecidos por acuerdos de importación bajo términos ventajosos con México y Venezuela. El Pacto de San José y Petrocaribe (5) ofrecen condiciones de financiamiento para la compra de crudo y derivados, al tiempo que proyectan inversiones en la infraestructura energética del área.

La emigración tiene efectos contradictorios en las economías caribeñas. Según fuentes oficiales de Estados Unidos, alrededor de tres millones de emigrantes de esta región viven en el país norteño, la mayoría provenientes de Cuba, República Dominicana, Jamaica y Haití.

Sólo en 2002, esa comunidad remitió a sus naciones de origen 4.000 millones de dólares en remesas, un flujo monetario que habría aliviado la situación de muchos hogares e impulsado en cierta medida las inversiones. De acuerdo con el Banco Mundial, entre 1998 y 2003 las remesas representaron alrededor del seis por ciento del producto nacional bruto como promedio en la región, con un notable impacto en Haití, Jamaica, República Dominicana y Saint Kitts y Nevis.

Por otra parte, el flujo migratorio hacia el exterior genera una constante fuga de cerebros, que debilita las capacidades profesionales de estos países. Guyana ha perdido buena parte de su personal docente y de enfermería por esta razón, mientras en Jamaica cerca del 80 por ciento del potencial de nivel superior han abandonado la isla. En 2000 el 70 por ciento de las personas con altos índices de instrucción de Guyana, Jamaica, Haití y Trinidad y Tobago vivían en naciones desarrolladas.

La excesiva emigración de personal calificado no sólo crea brechas en la fuerza laboral, lo cual afecta la productividad, sino que también significa que los recursos invertidos en educación y adiestramiento probablemente nunca se recuperarán totalmente. (6)

Sociedad

La epidemia del sida ha golpeado con fuerza la región caribeña, que es la segunda de mayor prevalencia en el mundo del Virus de la Inmunodeficiencia Humana (HIV) (Foto: Jorge Luis Baños - IPS)A pesar de tener una situación geográfica similar, los países del Caribe exhiben grandes diferencias entre sus respectivas sociedades. Mientras en Antigua y Barbuda, Barbados y las Bahamas la pobreza alcanza a menos del 15 por ciento de la población, en Haití y Surinam esta cifra es superior al 75 por ciento (7). Este fenómeno suele ser mayor en las zonas rurales que en las urbanas.

La epidemia del sida ha golpeado con fuerza la región caribeña, que es la segunda de mayor prevalencia en el mundo del Virus de la Inmunodeficiencia Humana (HIV), causante del esa enfermedad, sólo superada por el África Subsahariana. Estadísticas del Centro Epidemiológico del Caribe (CAREC) indican que entre 190.000 y 250.000 personas están infectadas por el VIH, casi las tres cuartas partes de las cuales viven en Haití y República Dominicana.

Aunque el número de personas seropositivas ha descendido en los últimos dos años, los índices aún resultan elevados. Entre el dos y el cuatro por ciento de la población de las Bahamas, Haití y Trinidad y Tobago es seropositiva al VIH, y entre el uno y el dos por ciento está en similar situación en Barbados, República Dominicana y Jamaica.

En este contexto Cuba es la excepción. La isla muestra una prevalencia inferior al 0,1 por ciento.

El VIH se expande esencialmente en la población heterosexual, salvo en Cuba, impulsado por una próspera industria del sexo al servicio de clientes nacionales y extranjeros. Estudios realizados entre profesionales femeninas del sexo en República Dominicana han arrojado prevalencias de 2,5 hasta 12 por ciento, según las localidades. (8)

El sida constituye una importante barrera en el desarrollo de los recursos humanos y económicos del Caribe, cuyas implicaciones a largo plazo podrían obstaculizar el desenvolvimiento general de la zona, que en 2005 pudo haber perdido un cinco por ciento su producto nacional bruto por esa razón (9).

En general el envejecimiento en el Caribe se corresponde con las tendencias globales. Se estima que a mediados del presente siglo la población de la tercera edad significará el 18 por ciento del total, frente a sólo un 4,5 por ciento en 1950.

Sin embargo, este fenómeno no está ocurriendo del mismo modo en todos los países. A la vanguardia de la transición demográfica aparecen Cuba, Barbados y Puerto Rico, al tiempo que en Haití, Belice, República Dominicana y Guyana la población joven predominará aún por largo tiempo.

En Barbados el índice de fecundidad alcanza apenas los 1,7 hijos por madre y en 2015 el 11,5 por ciento de los habitantes tendrán 65 años o más. Por el contrario, en Belice la fecundidad es de 3,2 y a mediados de la próxima década solo el 4,7 por ciento de la población estará incluido en la tercera edad.

A pesar del avance del envejecimiento, la cobertura de seguridad social a las personas mayores de la región muestra deficiencias, en particular con respecto a quienes trabajan en el sector informal, el campo o los económicamente no activos. Como promedio los beneficios por este tipo de asistencia han descendido en la última década.

Esta transformación demográfica ocurre en un momento de dificultades económicas para la mayoría de las naciones del área, que cuentan con recursos limitados para desarrollar las políticas sociales necesarias.

No obstante, la transición ofrece un posible “bonificación demográfica”, dada por la reducción temporal de los segmentos poblacionales económicamente no activos, lo que permitiría hacer inversiones en sistemas de salud y seguridad social de importancia capital a mediano y largo plazo.

Las mujeres caribeñas enfrentan limitaciones en sus derechos sexuales y su papel en la sociedad está muchas veces sesgado por la discriminación. La pobreza y la falta de oportunidades laborales las empuja a adoptar estrategias de supervivencia relacionadas con el mercado del sexo, lo que las hace más vulnerables al sida y otras enfermedades venéreas.

En algunos países de la zona (sobre todo en los estados el Caribe Oriental y en Cuba) ellas son mayoría en el sector profesional y de dirección, debido a su predominio en los niveles superiores de educación. Esta alta proporción en la cúspide de la pirámide laboral está balanceada por su creciente presencia en los trabajos de menor calificación, donde la llamada “triple responsabilidad” se hace más pesada: el mantenimiento del hogar, el aporte económico y la maternidad (10). En este contexto, la violencia doméstica mantiene niveles elevados en la región.

Ambiente

El Caribe está situado en el cinturón tropical del planeta. Las temperaturas medias oscilan entre los 24 y los 32 grados Celsius, aunque en pueden ser inferiores o superiores en dependencia de la época del año. Existen dos estaciones predominantes, una lluviosa que abarca de mayo a octubre, y otra seca durante el resto del año.

La Bajada

La sobreelevación del nivel del mar aumentaría el potencial de inundación en las comunidades costeras (Foto: Jorge Luis Baños - IPS)El carácter insular y el reducido tamaño de la mayoría de los países caribeños los hace especialmente vulnerables a desastres naturales como los huracanes, las erupciones volcánicas, las sequías y las inundaciones, principales causantes de la degradación ambiental en la zona. La amenaza más frecuente proviene de las tormentas tropicales, que atraviesan el Arco de las Antillas Menores en su camino del Atlántico hacia las Antillas Mayores y las aguas del Golfo de México en el noroeste. La temporada ciclónica se extiende de junio a noviembre.

Otros problemas ambientales, no vinculados con desastres naturales, son la deforestación y la degradación de los suelos, acentuadas por la presión creciente de los asentamientos humanos y el desarrollo del turismo sobre los escasos recursos de las pequeñas naciones insulares.

El manejo de desechos también se ha convertido en un tema prioritario, sobre todo en aquellos estados de menor extensión territorial. La ascendente generación de residuos estaría ligada al incremento de la población y el auge de la actividad económica, fundamentalmente el turismo y en menor medida la industria.

La población de la mayoría de las islas caribeñas vive en las costas o muy cerca de ellas. La migración de la población rural hacia los centros urbanos costeros y el crecimiento anárquico de los mismos ocurre en ausencia de una infraestructura de abastecimiento de agua potable o alcantarillado que garanticen una higiene adecuada. Estos problemas ambientales se suman a la escasez de viviendas y de empleo, el crecimiento de los asentamientos ilegales, la ruptura de la seguridad pública y, por ende, el deterioro general de la calidad de la vida urbana.

Los desechos del transporte marítimo, que sólo representan algo más del 10 por ciento de la carga contaminante de los océanos, en el Caribe constituyen una causa importante de contaminación. Los accidentes marítimos son una preocupación constante en una zona donde barcos cisternas mueven unos cinco millones de barriles de petróleo cada día. La carencia de instalaciones adecuadas de descarga y recepción de desperdicios en los puertos contribuye a que alrededor del 30 por ciento de la basura de los barcos de recreo se vierta deliberadamente al mar.

El deficiente tratamiento de las aguas residuales, no pocas veces vertidas en ríos y zonas costeras sin haber sido procesadas, pone en riesgo la calidad del líquido para consumo humano y contamina los ecosistemas fluviales y marinos. Este factor acentúa las dificultades en el suministro de agua potable en algunos países que no poseen grandes reservas en el manto freático y enfrentan además la salinización de las fuentes por la subida del nivel del mar.

Los efectos del cambio climático pueden ser devastadores para el Caribe. A pesar de no ser grandes emisores de gases de efecto invernadero, los países de la región tendrán que afrontar las consecuencias del recalentamiento global sobre sus vulnerables infraestructuras económicas y sociales.

Según el informe “El Cambio Climático en América Latina y el Caribe”, de 2004, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, un incremento de medio metro del nivel del mar inundaría más del 50 por ciento de las playas de la región. De este modo, al perderse las barreras naturales del litoral, la vulnerabilidad ante los huracanes sería aún mayor.

Esa sobreelevación del nivel del mar aumentaría el potencial de inundación en las comunidades costeras, la intrusión salina en los acuíferos de agua dulce y la salinidad de los campos agrícolas aledaños al litoral, con el consiguiente efecto en la alimentación.

El retiro de los asentamientos poblacionales tierra adentro acrecentaría la explotación desmedida del suelo y amenazaría aún más la biodiversidad.

El calentamiento gradual de los océanos provocaría la muerte de los corales, que constituyen un pilar irremplazable de los ecosistemas marinos en el área. Estas afectaciones incidirían directamente en la industria pesquera y en el turismo, fuentes esenciales de alimentos y recursos financieros.

Vulnerabilidad del Caribe ante el cambio climático

1. pequeños países insulares

2. países con línea costera baja

3. países con áreas áridas y semiáridas, y disminución de las áreas boscosas y propensas a serlo

4. países propensos a desastres naturales

5. países propensos a la sequía y desertificación

6. países con ecosistemas frágiles, incluyendo ecosistemas montañosos

7. países cuyas economías son altamente dependientes del ingreso generado por la producción, procesamiento y exportación, y/o el consumo de combustibles fósiles y de productos asociados a una alta intensidad energética.

En la región de América Latina y el Caribe, los países posiblemente más vulnerables a los fenómenos hidrometeorológicos son los que tienen costas en la cuenca del Caribe.

Fuente: El Cambio Climático en América Latina y el Caribe, PNUMA-2004.

Notas:

1- Reporte sobre Desarrollo Humano. Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. 2006.

2- La participación de la agricultura descendió de 13,7 por ciento a 9,8, mientras que la industria cayó también de 37,6 por ciento a 25,1. Fuente: A Time to Choose. Caribbean Development in the 21st Century. World Bank. April, 2005.

3- La Comunidad del Caribe (CARICOM) la integran: Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Haití, Jamaica, Santa Lucía, San Kitts y Nevis, Sanvicente y las Granadinas, Surinam y Trinidad y Tobago.

4- The CARICOM Environment in Figures 2002. Caribbean Community Secretariat, 2003

5- El Pacto de San José, suscrito en agosto de 1980, es una iniciativa de México y Venezuela para suministrar petróleo crudo o refinado a países Centroamérica y el Caribe. Petrocaribe es una iniciativa similar auspiciada por Venezuela, que surgió en junio de 2005 y favorece con tarifas preferenciales y facilidades de pago a 13 países caribeños.

6- A Time to Choose… World Bank. April, 2005.

7- Objetivos de Desarrollo del Milenio: Una mirada desde América Latina y el Caribe. Publicaciones de Naciones Unidas. 2005.

8- Informe sobre la epidemia mundial de sida. ONUSIDA. 2006.

9- OECS Human Development Report. 2005. Organización de Estados del Caribe Oriental.

10- Ídem.

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