Avanza programa para mejorar suelos agrícolas degradados

Se dan pasos para crear condiciones de adaptación ante el cambio climático.

En la finca Tierra Brava, en Los Palacios, Pinar del Río, se practica la agricultura de conservación usando una podadora de bajo impacto para desbrozar el suelo.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

La Habana, 13 jun.- Mejoras en el entorno, incrementos en los rendimientos agrícolas y en los ingresos de los agricultores, son algunos de los impactos económicos, sociales, ambientales y tecnológicos de un experimento para la conservación de suelos, agua y bosque, implementados en espacios seleccionados a lo largo del país.

“Los rendimientos han aumentado, se han diversificado los cultivos y la reforestación ha salvado el río que atraviesa la Cooperativa de Producción Agropecuaria Dos de diciembre, que estaba casi seco”, explicó Rafael Quevedo, responsable de suelos del municipio de Niquero, en la oriental provincia de Granma.

La tarea de los polígonos demostrativos para el mejoramiento de estos recursos naturales se inició en 2010 en suelos agrícolas dañados en La Habana, como un modelo experimental para crear capacidades de enfrentamiento al cambio climático.

Según Dagoberto Rodríguez, jefe del Departamento de Suelos y Fertilizantes del Ministerio de la Agricultura, varios conceptos acompañaron el surgimiento de la iniciativa: la finca como escenario básico y  la cuenca como elemento físico-geográfico para el manejo y la gestión integrada de los recursos.

Suelos en peligro

La Estrategia Nacional Ambiental (1997) indica que “el 65 por ciento del total de los suelos de Cuba presenta afectaciones por diferentes procesos degradativos y alrededor de un 76,8 por ciento posee factores limitantes para producir alimentos, consecuencia de casi cinco siglos de explotación irracional e insostenible”.

Según el Atlas de Suelos de América Latina y el Caribe, el rendimiento potencial de los principales 29 cultivos se encuentra por debajo del 70 por ciento, mientras el 65 por ciento de estos está por debajo de 50 por ciento.

Una de las características de este programa es que los espacios seleccionados representan los suelos, regiones edafoclimáticas, cultivos y programas más importantes del sistema de la agricultura, así como las diferentes formas productivas estatales, cooperativas y privadas existentes en el país, abundó el también coordinador nacional.

Si en un inicio fueron 2.064 hectáreas en 100 fincas, el incremento progresivo llevó a alcanzar hoy una estructura de 35 polígonos provinciales y 123 municipales, con una extensión que supera las 30.889 hectáreas.

La experiencia comprende, entre otras medidas, la aplicación de tecnologías de gestión integrada de los recursos naturales con un enfoque agrícola sostenible, que permitan retener y mejorar las tierras, diversificar los cultivos e incrementar los rendimientos.

Entre las prácticas se encuentran aplicación de materia orgánica, la creación de barreras vivas y muertas, muros de contención, tranques, siembra de cercas vivas y la diversificación de los cultivos.

Lo más relevante                    

Para Bernardo Calero Martín, especialista del Departamento de Suelos y Fertilizantes, el resultado más relevante es el medioambiental: se han reforestado, se están protegiendo los suelos, se crean capacidades de captura de carbono y condiciones para la adaptación al cambio climático.

Otro beneficio es haber integrado la concepción de que suelos, agua y bosques no pueden trabajarse por separado, mediante la capacitación sobre el manejo sostenible de tierras, con apego a las necesidades de sus terrenos.

La experiencia pone énfasis este año en la capacitación.

Foto: Archivo IPS Cuba

La evaluación de más de 90 fincas apunta a incrementos de rendimiento en todos los cultivos: tubérculos, raíces, frutas y hortalizas entre 10 y 15 por ciento nacional, comparado con sus líneas bases, pero más que eso, destaca la diversificación, con variedades que en algunos lugares nunca antes se cosecharon, dijo Calero.

Según su valoración, es muy alta la aceptación por parte de los productores, quienes van convirtiendo los principios del manejo sostenible de tierras en una filosofía del trabajo agropecuario, lo cual ha elevado su autoestima y los aferra más a la tecnología y a la agricultura de conservación.

Tarea Vida

Esta experiencia, que se anticipó a políticas nacionales de adaptación al cambio climático, se conecta con las directivas del país.
“Ahora, lanzada la Tarea Vida (Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático), pusimos esta plataforma en función de ella e iniciaremos 62 nuevos polígonos en las zonas de mayor impacto, además de las ya existentes,  con lo que sumarán unas 50.000 hectáreas”, dijo Rodríguez.

Durante el año actual, esta experiencia continuará su curso con énfasis en la capacitación, introducción de tecnologías y el seguimiento a la evaluación de los impactos en el mediano y largo plazo, así como en el establecimiento de alianzas con proyectos nacionales e internacionales para potenciar las acciones de mejoramiento y conservación de los recursos naturales.

Investigadores que acompañan este proceso analizarán a partir de ahora una nueva variable: la cantidad de suelo retenido como resultado específico de las medidas de conservación. (2018)

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