Comunidad debe participar en planes de desarrollo

Un estudio sobre la población de la Península de Guanahacabibes, en el occidente cubano, remarcó la importancia de la participación comunitaria.

Archivo IPS Cuba

En los últimos años la península ha sido azotada fuertemente por huracanes que han impactado negativamente sus ecosistemas.

La Habana, 22 abr.- “Se necesita una mayor imbricación de la población autóctona con los planes de desarrollo local, (…) desde la participación ciudadana en el cuidado y protección de su propio entorno”, propuso la investigadora cubana Dialvys Rodríguez sobre el rol de la comunidad que habita en la reserva de la biosfera de la Península occidental de Guanahacabibes.

La bióloga defendió la importancia de capacitar a las personas que viven en zonas protegidas por su valor natural, en el número 33 de la revista digital Antropológicas. Esa edición rescató elementos que guardan actualidad de su investigación “Ecología humana en la Reserva de la Biosfera Península de Guanahacabibes. Estudio transversal de tres comunidades”, del 2007.

Las poblaciones de áreas como el itsmo de la provincia de Pinar del Río, a 147 kilómetros de La Habana, cuando adquieren un rol protagónico contribuyen a mejorar su calidad de vida y a recibir directamente los beneficios de su localidad, indicó la autora en el primer estudio de caso de esta especialidad en Cuba y de comunidades localizadas en áreas protegidas del país.

Durante la investigación sobre las características biológicas y socioculturales de la población, desarrollada en las comunidades rurales de El Vallecito, El Valle San Juan y la Bajada, la actual trabajadora del Instituto Cubano de Antropología resaltó “la vulnerabilidad ecológica y social que puede sufrir un área, incluso cuando lleva implícito un Plan de Desarrollo Integral”.

Rodríguez encontró entonces “una alta tasa de desocupación y muy pocas opciones de empleo, correspondiendo la generalidad de las capacidades otorgadas a plazas de obreros o personal de servicios, siendo estas mayormente para el sexo masculino”. De hecho, las mujeres presentaban menos nivel educacional y participación laboral.

Las personas de los mencionados asentamientos no contaban con la capacitación necesaria para insertarse en las ofertas disponibles, relacionadas en su mayoría con el turismo, al no estar “preparadas física e intelectualmente para labores de explotación, mantenimiento y conservación de los recursos naturales que ofrece el medio circundante”.

La península ofrece tres senderos diseñados para el turismo ecológico y recibió en la última década a más de 20.000 visitantes internacionales. No obstante, la etnógrafa destacó que, en los últimos años, “la zona ha sido azotada fuertemente por huracanes que la han impactado negativamente”.

Además, se han realizado obras sociales para “la mejora de las condiciones infraestructurales de estas comunidades, gracias a los esfuerzos realizados por las autoridades estatales competentes y la ejecución de proyectos de desarrollo comunitario”.

En este paraje, considerado una de las últimas selvas del Caribe, anidan tortugas marinas, iguanas y encuentran cobija abundantes especies de aves. Ostenta ecosistemas de extraordinaria singularidad, como los bosques semideciduos, los de manglares en su litoral y los complejos de vegetación de costa arenosa y rocosa. Los arrecifes coralinos de su zona sur figuran entre los más diversos del área caribeña y los mejor conservados de Cuba. (2012)

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