Cuando lo humano regresa a la tierra

“Al campo cubano le hacen falta cuatro ingredientes básicos: talento, vocación, instrucción y pasión”, comentó el presidente de la UBPC Vivero Alamar, de la capital cubana, en la presentación del documental Tierralismo como parte de la Exposición Retos de la Naturaleza.

Jorge Luis Baños-IPS/jlbimagenes@yahoo.es

El Vivero Alamar es pionero en el uso de técnicas agroecológicas dentro de la agricultura urbana.

LA HABANA, 25 jul- A Isis Salcines no le gustaba el campo hasta que un día comprendió que para vivir un poco más feliz en Cuba había que enfangarse las manos.

El tiempo le hizo un guiño de ojo a quien hace poco se graduó como ingeniera agrónoma. Con 24 años se incorporó, “sólo de tránsito”, al entonces incipiente organopónico de Alamar. Empezó como vendedora y ahora es una entre los 23 especialistas con nivel universitario de la cooperativa. “Aquí hemos aprendido no sólo a producir vegetales, hongos comestibles, a comercializar los cultivos y sacarle utilidades extras a la tierra sino a cambiar el estereotipo que asocia las labores del campo con la última carta de la baraja”.

Su padre, Miguel Ángel Salcines —presidente y fundador de la Unidad Básica de Producción Cooperativa Vivero Alamar—, sabe con certeza que tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe. Sólo que está vez la fuente es la tierra y el cántaro las mujeres y los hombres de su cooperativa, quienes le han devuelto al trabajo agrícola su verdadero sentido humano.

Precisamente sobre la agricultura, tema que sigue siendo asignatura pendiente en Cuba y sobre sus múltiples implicaciones —subjetivas, sociales, económicas, de poder, justicia y participación— trata el documental Tierralismo, del realizador Alejandro Ramírez Anderson, presentado esta semana en la Pagoda del Jardín de la Quinta de los Molinos, como parte de la Exposición Retos de la Naturaleza, organizada por la Agencia de Información Nacional (AIN), Inter Press Service (IPS) y la Agencia Suiza de Cooperación para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude).

La proyección de Tierralismo estuvo vinculada a una muestra fotográfica preparada por IPS en colaboración con la Agencia de Información Nacional y otras instituciones para promover la cultura ecológica y mostrar los riesgos medioambientales del cambio climático.El audiovisual sirvió como pretexto para reflexionar sobre el tema de la agricultura urbana y el cooperativismo como práctica productiva en la que se conjugan más coherentemente los intereses individuales y colectivos, y se le da participación a la gente en la toma de las decisiones, no sólo económicas sino de la organización y la convivencia colectiva.

Al responder varias preguntas de quienes asistieron a la presentación, Miguel Salcines apuntó que en Vivero Alamar existe un horario de trabajo flexible, salarios bastante altos, superación profesional, desayuno y almuerzo gratis, ropa y calzado adecuados para realizar las labores del campo, prácticas cotidianas que rescatan el valor real del trabajo y su consecuente retribución, y estimulan el sentido de pertenencia. Todas estas ventajas señalan a la finca, perteneciente al municipio Habana del Este, a 15 kilómetros del centro de la ciudad, como paradigma de eficiencia económica.

Pero por qué si trabajar en Vivero Alamar es una recompensa material y espiritual para los 175 cooperativistas y 20 empleados que integran su plantilla laboral, no se replica esta experiencia en otros sitios de la isla. “La cooperativa es un modelo viable de participación socialista, sólo que debe ser mirado desde una concepción integral donde el ser humano no sea lo más importante, sino lo único importante”, apunta Salcines, quien en 1997, en pleno período especial, llegó a esta pequeña parcela de tierra en la franja costera del litoral norte de la capital de Cuba para “enredarse” con la agricultura urbana.

 

El programa de agricultura urbana, que ha tenido varios momentos y expresiones concretas desde que se hizo más aguda la crisis económica en la isla, pretende desarrollar nuevos tipos de cultivos para acercar los alimentos producidos a las zonas urbanas, donde vive el 76 por ciento de las 11,2 millones de personas que conforman la población de Cuba. Su base es una agricultura diversificada, ecológica, con empleo de tracción animal y gasto mínimo de combustible.

 

Desde que se creó Vivero Alamar, en 1997 hasta ahora, mucha agua ha caído en las tierras de esta cooperativa que hoy alcanza 10,14 hectáreas y donde se siembran más de 230 variedades (la mayoría vegetales, algunas frutas, granos y tubérculos) en superficies protegidas, semiprotegidas y a cielo abierto y además mantiene vínculos con 17 centros científicos de la isla con el propósito de incorporar nuevas técnicas y productos ecológicos.

Los alimentos se cosechan con fertilizantes orgánicos, que no dañan el organismo humano.

 

Ciencia y no músculo

Para Salcines la introducción de la ciencia y la técnica es imprescindible para el sostenimiento de la agricultura urbana. “En el campo hay que trabajar con inteligencia, esa es la razón por la cual hemos introducido hongos micorrizógenos (que favorecen el crecimiento de las plantas), hongos comestibles, humus de lombriz e insectos y microorganismos eficientes para elevar los rendimientos y humanizar las tareas del campo”.

“Pero esto se ha logrado, enfatiza, con organización, con estudios de factibilidad, con un plan estratégico de desarrollo”. Y tal vez lo más importante: estimulando a la gente, aplicando con inteligencia la fórmula socialista de cada cual según su trabajo, a cada cual según su capacidad.

“Al país le ha hecho mucho daño el igualitarismo, afirma Salcines, una concepción que ha castrado la iniciativa de casi todos los cubanos. Sobresale, entonces, aquello de que para qué me voy a desbaratar trabajando si mira este, que lo hace peor que yo y recibe lo mismo. Lo justo es darle a la gente lo que se merece porque trabaja mejor, se entrega más, produce más. Y ahí aplico una idea que tomé del famoso filósofo y escritor francés Víctor Hugo: ‛ser bueno o malo es fácil, lo difícil es ser justo’”.

El tema del liderazgo, quiénes dirigen y cómo se organizan los procesos humanos para obtener mejores resultados económicos bien sea en una cooperativa, un centro de trabajo o cualquier actividad productiva o intelectual es también un asunto de interés para este hombre que nació en Holguín y decidió venir para La Habana a buscar mejor futuro.

Sin dudas, su experiencia como funcionario del ministerio de la Agricultura durante veinte años le sirvió para discernir dónde está la masa y dónde la cáscara. Salcines cree que al campo cubano lo que le hace falta es talento, vocación, instrucción y pasión. Menciona que en Vivero Alamar los trabajadores se sienten contentos, felices porque “se ponen en práctica cuatro premisas esenciales: dignidad en el trabajo, posibilidad de superación, buenas condiciones laborales y buen salario; así la gente no se estresa y puede rendir adecuadamente”.

La fórmula de la felicidad

Las producciones de Vivero Alamar tienen la garantía de que pueden consumirse, además de frescas, con criterios de sanidad ecológica porque los fertilizantes que emplean son orgánicos. Los precios de venta son asequibles y están casi a la mano de los consumidores. El ochenta y cinco por ciento de los productos se vende directamente a la población y el resto va a empresas turísticas.

Sin embargo, existe la percepción que experiencias como las de Vivero Alamar —con notables resultados productivos y de rentabilidad— que comenzaron siendo pequeños emprendimientos productivos, y precisamente por eso funcionan bien, cuando rebasan los límites para los que fueron “diseñados” perecen.

A juicio de Salcines la raíz de que muchas experiencias de la agricultura cubana desaparezcan en el tiempo radica en que “durante años la agricultura no fue tema de desarrollo económico para nadie, con excepción de algunos”.

“No sé si saben que en el turismo en Cuba no hacen falta porteros —pregunta Salcines al grupo de personas reunidas para asistir a la exhibición del documental Tierralismo—, todas las plazas de porteros en el turismo están cubiertas. Muchos hablan tres idiomas… ¿Qué raro, verdad? Bien pongamos por ejemplo, mi caso, gano 800 pesos mensuales y tengo más de 1000 y pico de utilidades, es decir, gano casi 100 dólares mensuales. Yo no me voy a ir de la cooperativa, porque la pasión es el amor y el dinero. Yo amo lo que hago pero también necesito vivir, sostener a mi familia. Lo que quiero decir es que mucha gente obtiene desarrollo económico honrado, sin especular, comerciando y eso le asegura una manera de vivir que es para bien de su familia. En nuestro caso distribuimos las utilidades por acciones, nos parece justo que según el tiempo que las personas se vinculen a la cooperativa, se cree un capital de trabajo que se corresponda con que el dinero entregado por sus utilidades y, por tanto, se le repone por encima del ciento por ciento”.

“Por otra parte, enfatiza, el hecho de que se crezca en determinadas actividades económicas no depende de la voluntad de una persona o el sentido de ser “caudillistas” y hay que crecer porque sí, sino que ello responde a una necesidad”. En este sentido explica que tal vez lo que sucede en Vivero Alamar es diferente a lo que ocurre en el resto del país. “Nosotros no llegamos a la conclusión de reducir el horario laboral, aplicar la ciencia y la técnica en la cooperativa de forma espontánea”.

Para quienes fundaron la Unidad Básica de Producción Cooperativa en Alamar el asunto pasaba por analizar el contexto donde viven y las necesidades de quienes a ella se asociaron, sobre todo en la capital de la isla, donde los recursos humanos para echar a andar la agricultura urbana compiten con el turismo, con la docencia, con el transporte.

“Entonces —comenta Salcines— la fórmula que aplicamos para sustentar nuestra finca fue devolverle la dignidad al trabajo agrícola, vincular los resultados económicos al rendimiento y la productividad individual y colectiva, que la gente pudiese encontrar en este oficio, tan necesario y vital para el desarrollo de cualquier sociedad, un sentido de vida”. Y si de paso se cuida y protege el medio que le da sustento, y además se educa a las personas en eso, la misión se completa.

La expo Retos de la Naturaleza incluye fotografías y una composición audiovisual sobre el impacto del cambio climático en Cuba.A juicio de este experimentado agrónomo “en el campo siempre hay cosas que faltan por hacer, demandas que satisfacer, por eso mismo en la cooperativa queremos ampliar la cría de carneros con el objetivo de incluirla en los puntos de ventas y mejorar el consumo de proteínas entre la población cercana, unas 30.000 personas.

La cooperativa urbana Vivero Alamar es mucho más que una experiencia de producción. Es, en esencia, un hervidero de ideas donde sus trabajadores, mujeres y hombres, han aprendido a amar lo que hacen devolviéndole a la tierra su esencia humana.

Para Alejandro Ramírez, realizador de Tierralismo, haber filmado estas historias y darlas a conocer como parte de la Exposición Retos de la Naturaleza, abierta al público hasta el 30 de agosto en la Quinta de los Molinos, significa confirmar la certeza de que “el desarrollo humano no se logra por la cantidad de cosas que se puedan tener, sino que está, precisamente, en el equilibrio con todo lo que nos rodea. En Vivero Alamar se respeta y practica esta filosofía de vida”.

Tanto el documental como las fotografías y fragmentos audiovisuales que conforman la muestra seguirán despertando el interés por el tema del medioambiente, asunto que necesita mucha más presencia en espacios de la vida y la sociedad cubanas. 

* Colaboración especial del Centro Memorial Martin Luther King Jr. con la Corresponsalía en Cuba de Inter Press Service (IPS).

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