Cultura milenaria del bonsái echa raíces en Cuba

El alto endemismo de la flora aporta especies de hojas pequeñas para mejor proporción de esta técnica de jardinería.

Disimiles estilos de la cultura milenaria del bonsái.

Foto: IPS-Cuba

La Habana, 3 sep.- Yanas de costa, limoncillos chinos, laureles, cerezos, casuarinas, júcaros espinosos y cuabillas en diferentes estilos de la cultura milenaria del bonsái, muestran integrantes del grupo Bonsái Habana en su encuentro bienal Arte soy entre las artes, celebrado en esta capital.

En la exposición competitiva, en la sede del Museo de Artes Decorativas, los seguidores de esta técnica presentan sus árboles moldeados a golpe de pinza y alambre en las más caprichosas formas: cascadas, semicascadas, bosque, literato, doble tronco, agarrado a roca, sombrilla, erecto formal e informal, tronco inclinado y descortezado.

Según Jorge Guerra, presidente y fundador de Bonsái Habana, formado hace 14 años, este tiene como objetivo no solo ampliar la cultura general, sino también acercar al conocimiento de la flora cubana, con un elevado endemismo.

“Esto es una cultura ancestral, de origen chino inicialmente, y luego de toda Asia y el mundo, pues son millones las personas que hoy hacen bonsái. Al final se trata de enriquecer la vida de las personas, algo que nos parece lo más importante”, continuó.

Greys Herrera ejerce como logopeda y hacer bonsái es su hobby. Le dedica los fines de semana y, cuando llueve por más de un día, le molesta no tener que regarlos. “Las plantas me gustan desde siempre y empecé en esto hace 12 años, creo que ya no podría vivir sin esta inclinación”, compartió.

Las y los integrantes del grupo trabajan en las plantas de forma individual pero se unen para colectar árboles en la naturaleza o trabajar algunos ejemplares.

El grupo Bonsái Habana expone resultados en su encuentro bienal Arte soy entre las artes.

Foto: IPS-Cuba

“Este es un tema de amigos, no creo que funcione en ninguna parte del mundo hacer bonsái solos. Las pocas personas que hacen bonsái y no se relacionan con nadie, realmente no hacen bonsái, tienen arbolitos en macetas, y hay una diferencia”, aseguró.

“Hay un diseño, una estética y, para un tamaño, forma y color, hay una maceta que se corresponde, no pones cualquier árbol en cualquier maceta. Hay una serie de condicionantes que hacen que alcancen esa imagen y eso marca una diferencia notable”, detalló.

Insertado en organizaciones como la Federación Latinoamericana y Caribeña del Bonsái, la Comunidad Tijeras Negras y la china Bonsái sin fronteras, el grupo de una treintena de integrantes radicado en La Habana trabaja por elevar los conocimientos entre los cultivadores y sumar a más personas a esta experiencia.

Cada año el colectivo organiza dos cursos de formación de 13 clases con 39 horas lectivas, a un costo de 12 pesos convertibles (equivalentes al dólar). Según Guerra, son teórico-prácticos, abarcadores y profundos, con muchas imágenes y videos.

El Museo de Artes Decorativas fue sede de la exposición competitiva.

Foto: IPS-Cuba

“Cuando las personas pasan el curso no solo aprenden a hacer un bonsái, sino también de la flora cubana, especies de árboles, cómo nombrarlos, sus características para poder vivir adecuadamente, a qué ecosistemas pertenecen y hay hasta un poco de meteorología, el tiempo, la lluvia, el sol, las radicaciones”, apuntó.

Desde que fuera fundado el grupo, los cursos superan los 30 participantes y han llegado a más de 1.000 personas.

“Antes los alumnos eran más, ahora la situación económica es compleja lo que provoca que las personas tengan menos disponibilidad monetaria para esto, además del tema del tiempo”, consideró.

Un requisito para sumarse a Bonsái Habana, explicó Guerra, es haber egresado del curso.

Las y los afiliados recolectan árboles en la periferia de la ciudad, lo que limita las especies para bonsái a unas 15, entre ellas cuabillas y yanas de costa, laureles y nomeolvides.

“Cuba tiene un sistema de áreas protegidas donde se encuentra la flor y nata de la flora cubana, allí no podemos ir a colectar árboles y, aunque da tristeza, lo entendemos, porque en esas zonas no se puede alterar el ecosistema”, explicó.

Sin embargo, sugiere que toda esa “flora muy endémica, que solo la tenemos en Cuba, se reproduzca mediante métodos científicos, por ejemplo, en el Jardín Botánico Nacional, y se venda a la población.

A su juicio, lo que sí representa un problema es no disponer en el país de insumos para bonsái como las herramientas, productos y materiales, “lo que lleva a un alto nivel de improvisación”.

“Necesitamos con urgencia aunque sea una tienda en la ciudad, eso tiene una demanda y nadie se decide a hacerlo. Quien produce la mejor calidad es Japón, pero en China, país con el que Cuba tiene buenas relaciones, hay marcas con calidad muy profesional y magníficos precios”, propuso. (2017)

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