Entre sequías y diluvios, Cuba busca manejar mejor su agua

La actual temporada lluviosa comenzó en mayo con la tormenta Alberto y ha sido pródiga en precipitaciones que aún no cesan.

Una tubería de polietileno de alta densidad a medio instalar en una céntrica avenida del municipio de Centro Habana, que va a integrar las nuevas redes hidráulicas de suministro de agua potable para los residentes de la capital de Cuba.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

LA HABANA, 28 jun 2018 (IPS) – Si disfruta diariamente de un buen baño y cada vez que abre los grifos de su hogar sale agua, comience a sentirse privilegiado. Hay lugares en el mundo donde ese recurso vital para la vida de las personas y del planeta se torna día a día más escaso y las previsiones para el futuro son dramáticas.

Un estudio de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, más conocida como la NASA, que abarca desde 2003 hasta 2013, refleja que los mayores acuíferos subterráneos del mundo se están agotando de manera alarmante, como resultado de que durante ese período se extrajo más agua de la repuesta.

“La situación es bastante crítica”, ha insistido Jay Famiglietti, científico de la NASA, al profundizar sobre el tema en publicaciones especializadas de su país. En opinión de este experto los problemas con el agua subterránea se ven agravados por el calentamiento global debido al fenómeno del cambio climático.

Lejos de disminuir, el impacto de las variaciones climáticas también se deja sentir en mayores cambios en el régimen de lluvias, con graves consecuencias para las naciones caribeñas que dependen fundamentalmente de las precipitaciones. En Cuba y otros países del Caribe insular, en particular, se han hecho más intensos los períodos de sequía.

“Hay un decrecimiento paulatino en la disponibilidad de agua a causa de la disminución de las lluvias, el deterioro de la calidad del agua y una mayor evaporación debido a elevación de las temperaturas”, comentó a IPS en una entrevista Antonio Rodríguez, vicepresidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH).

El huracán Irma que en septiembre de 2017 recorrió casi todo el archipiélago cubano contribuyó al alivio de una sequía que por unos tres años mantuvo sedientas a personas y campos del país. La actual temporada lluviosa que se extiende hasta noviembre,  comenzó en mayo con la tormenta Alberto y ha sido pródiga en precipitaciones que aún no cesan.

“Hemos podido evaluar que el cambio climático es real. Vivimos 38 meses de intensa sequía y luego lluvias muy superiores a la media”,  resumió el directivo de la entidad estatal encargada de las aguas terrestres de Cuba.

Un equipo de operarios de la empresa Aguas de La Habana mientras labora en el reemplazo de la red de alcantarillado en el barrio de Vedado, en la capital de Cuba.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Las intensas lluvias asociadas a la tormenta Alberto, que impactó a Cuba en la última semana de mayo causaron,  ocho fallecidos por ahogamiento y serios perjuicios económicos en varias provincias, pero a la vez elevaron considerablemente las reservas de los 242 embalses a cargo del INRH para el acumulado de agua proveniente de las precipitaciones.

Tarea Vida, el plan oficial de enfrentamiento al cambio climático vigente desde el pasado año, advierte que el nivel medio del mar ha subido hasta la fecha 6,77 centímetros, elevación que puede alcanzar 27 centímetros en 2050 y 85 en 2100, lo que va a provocar la pérdida paulatina de la superficie emergida en zonas costeras muy bajas.

Pero no solo eso, también se podría producir “la salinización de los acuíferos subterráneos abiertos al mar por el avance de la cuña salina”.  Por ahora, “de los 101 acuíferos que controla al INRH, 100 están en un estado muy favorable”, dijo Rodríguez.

Estas fuentes también sufrieron el impacto de la sequía, pero se recuperaron  con las lluvias luego del huracán Irma.

En ese contexto, el uso ineficiente del  recurso, a causa del estado técnico e inadecuada operación de la infraestructura hidráulica, ocasiona en el país la pérdida anual de unos 1.600 millones de metros cúbicos de agua.

Dos trabajadores de la empresa Aguas de La Habana laboran en la sustitución de las redes hidráulicas y la instalación de metro-contadores en viviendas para medir el consumo de agua potable en una céntrica calle del barrio de Vedado, en el municipio Plaza de La Revolución, en la capital de Cuba.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

En 2011 comenzó un plan estratégico para solucionar esa situación con prioridades en 12 ciudades que van desde La Habana hasta la oriental Santiago de Cuba.

Cuando el programa comenzó, había 58 por ciento de pérdidas en la conducción de agua potable, tanto en las redes distribuidoras como dentro de las viviendas y otros establecimientos. Hasta ahora, solo se ha logrado bajar esa pérdida a 48 por ciento.

Pero desde 2013 se trabaja en un plan integral de suministro y saneamiento más amplio que el de la solución de pérdidas en la distribución.

Con lo ejecutado de 2015 a 2017 se ha mejorado 0,6 por ciento la cobertura de alcantarillado y se han beneficiado alrededor de 1,6 millones de personas con el abasto de agua.

Actualmente, alrededor de 11 por ciento de la población de este país, de 11,2 millones, recibe agua en sus hogares las 24 horas del día y 39 por ciento en ciertos períodos del día. El restante 50 por ciento de los hogares accede al recurso por ciclos que pueden dejar sin el recurso por más de una semana.

“Vivo en el centro de Santiago de Cuba y tenemos dos grandes tanques elevados y una cisterna. Nos llega agua por la red de distribución más o menos cada siete días y nos alcanza bien, inclusive para nuestra ducha diaria”, contó a IPS desde esa ciudad una trabajadora de la empresa telefónica Etecsa que pidió no dar su nombre.

Parte del déficit histórico de agua en esa y otras urbes de la porción más oriental del país se ha aliviado mediante el  trasvase del recurso desde regiones con mejores recursos, pero si hay sequía los ciclos de suministro se enlentecen. “Por eso en mi casa cuidamos mucho el agua”, afirmó.

Un estudio arrojó que del 58 por ciento de agua que se pierde, 20 por ciento lo hace en los hogares.

Otras prioridades apuntan a elevar el tratamiento de aguas residuales. “Aunque en el país la cobertura de alcantarillado es de más del 96 por ciento, solo un 36 por ciento de la población  recibe el servicio por redes, el resto es por fosas y otros tipos de tratamiento”, admitió el vicepresidente del INRH.

Entre estos retos a enfrentar mencionó además la baja cobertura hidrométrica.

Alexander Concepción Molina, trabajador de la empresa Aguas de La Habana, supervisa el proceso de termofusión de una tubería de polietileno de alta densidad, que es parte de la instalación de las nuevas redes para el suministro de agua potable, en el barrio de Peñas altas, en La Playa Guanabo, uno de los municipios que conforman la capital cubana.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

“Logramos que 100 por ciento del sector estatal y todos los grandes consumidores estén ‘metrados (controlados por medidores de consumo)’, aunque en el sector residencial esta cobertura alcanza a poco más de 23 por ciento de la población. De 2015 a 2017,  se han colocado más de 227.000 metro contadores, pero el plan es cobertura total”, dijo Rodríguez.

“Sin dudas el metraje hace que disminuya el consumo de agua y que podamos medir la eficiencia de nuestro sistema”, añadió.

Al igual que otros servicios, el abastecimiento residencial de agua es subsidiado por el Estado y de muy bajo costo. “Somos cuatro y pagamos 5,20 pesos mensuales (menos de 0,25 centavos de dólar)”, contó María Curbelo, una residente en el barrio habanero de Vedado.

El programa hidráulico nacional ampliado hasta 2030 abarca las obras para el abastecimiento, saneamiento, almacenamiento, trasvase y de hidrometría así como el equipamiento necesario para las inversiones y el mantenimiento.

“También trabajamos en la construcción plantas desalinizadoras de agua de mar”, dijo Rodriguez.

Estos planes incluyen no solo las obras para abastecer a la población, sino todo lo necesario para la agricultura, la infraestructura hotelera y el programa de  viviendas.

Rodríguez explicó que para llevar a cabo este programa se cuenta con financiamiento estatal y externo, lo que ha hecho posible el abasto domiciliario subsidiado.

“Hemos sido beneficiados por créditos externos de Arabia Saudita, Kuwait, la Organización de Países Exportadores de Petróleo, de la Agencia Española de Cooperación y donativos chinos”, entre otros, detalló.

Se trata de créditos blandos con cinco años de gracia, dos o tres por ciento de interés y a pagar en 20 años, siempre con el Estado cubano como garante.

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