Farero de Punta de Maisí recuerda al huracán Matthew

El meteoro provocó daños severos en viviendas, centros de salud, educación y la agricultura en el oriente cubano.

Erasmo Duranga, el torrero, sostiene que en días claros pueden verse las montaña de Haití.

Foto: IPS_Cuba

Maisí, Cuba, 28 oct.- A dos años del susto más grande de su vida, Erasmo Duranga, un torrero del faro del extremo oriental de Cuba, Punta de Maisí, sigue vigilando el mar desde lo alto y soñando con que su hijo más pequeño asuma su puesto en el futuro.

“Nunca había pasado por aquí un huracán como ese. Ese día yo estaba de guardia y tuve que pasarlo aquí en el faro”, recordó este torrero de tercera generación, quien lleva en el faro 35 años.

El huracán Matthew, que alcanzó categoría cuatro en la escala de cinco Saffir-Simpson, impactó a la región oriental de Cuba del 4 al 5 de octubre de 2016, durante ocho horas consecutivas con vientos de hasta 250 kilómetros por hora, fuertes lluvias, marejadas de unos cuatro metros y olas que llegaron a alcanzar ocho metros.


Luz que ilumina

El faro de Punta de Maisí se encuentra situado en los 20° 14´35´ de latitud Norte y los 74° 08´36´ de longitud oeste.
La torre de sillería en forma de cono recto comenzó a construirse en mayo de 1857 y alcanza una elevación de 37 metros sobre el nivel del mar.
Se halla encendido desde el 19 de noviembre de 1862, con un alcance de 27 millas náuticas para guiar a los navegantes que surcan las azules aguas del Atlántico frente al oriente de la isla de Cuba.

 

En algunos territorios, como en este municipio de Maisí en la provincia de Guantánamo, el meteoro estuvo de manera ininterrumpida, azotándolo por cinco horas.

Hoy se considera a Matthew el huracán más fuerte registrado en la historia de la provincia.

Maisí y otros municipios quedaron incomunicados por vía terrestre debido a la destrucción de puentes, carreteras, árboles caídos y piedras levantadas por el mar y estuvieron varios días sin acceso a las telecomunicaciones.

En este municipio resultó afectado 94 por ciento de las viviendas, y de estas 100 por ciento de las que tenían techos ligeros.

“Fue como de tres de la tarde a cuatro de la mañana y lo pasamos mi familia y yo aquí, con los otros torreros, pero no dejamos que la señal del faro se apagara, mediante el farito auxiliar, que es de batería”, dijo.

En las proximidades del faro, apenas se inicia la construcción de un poblado de petrocasas, para familias que perdieron su vivienda como consecuencia de Matthew.

Tradición

Primero fue su bisabuelo, un español inmigrante, después su abuelo y luego su tío, a quien siguió los pasos cuando se retiró.

“Escogí esta profesión porque es tradición en la familia, siempre me ha gustado. Cuando me retire, quiero que siga mi hijo más chiquito, que tiene ahora siete años, así que todavía hay Duranga para rato en el faro”, sostiene uno de los tres torreros de Punta de Maisí.

Los destellos puede verse a 27 millas náuticas

Foto: IPS_Cuba

Al faro “vienen muchas personas, preguntan cómo funciona y quieren que les cuenten la historia. Cuando comenzó no había electricidad y los españoles utilizaban aceite de oliva para iluminar la noche y que los barcos que navegan supieran por dónde se encontraban”, continuó.

Después se utilizó combustible y, por la noche, cada cierto tiempo, subían a llenar de combustible el tanquecito y la luz se mantenía hasta por la mañana, con una mechita especial que había, hasta que en 1985 se trajo la electricidad al municipio, relató Duranga.

“Antes funcionaba con un cristal que daba vueltas, que lo tenemos de reserva. Ahora es mecánico, con un equipo traído en 1992. Es más moderno, con un bombillo abierto, que tira un destello cada cinco segundos. La embarcación que viene pasando puede ver la luz del faro desde muy lejos”, detalló.

“Es un faro con vigilancia porque viven personas: los torreros y sus familias. Desde arriba, en días despejados, se pueden ver las montañas de Haití. Mucha gente piensa que esto es lo último de Cuba, pero hacia el oriente, queda algo más de tierra”, reveló.

“De ser farero, lo que más me gusta es atender a las personas que vienen y conversan con nosotros. Quisiera que nunca se fueran, porque como esto es un lugar solitario, se nos van las horas…cuando son las seis de la tarde, ya nadie viene y solo nos queda ver el televisor”, compartió. (2018)

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