Proyecto de reforestación protege popular cueva de Matanzas

Se trata de la turística cueva de Bellamar, que fue descubierta en febrero de 1861.

Bellamar, un sistema cavernario con varios salones.

Foto: Tomada de la Agencia de Viajes y Turismo Tucumán.

La Habana, 5 feb.- Sembrar árboles para proteger una de las más conocidas cuevas cubanas, Bellamar, y elevar el bienestar de familias que viven sobre ella, inspiró a espeleólogos de la occidental provincia de Matanzas a implementar un proyecto que incluye también la educación ambiental.

El proyecto consistió en crear un jardín en una especie de competencia fraternal entre las personas y la naturaleza, explicó el espeleólogo Esteban Grau,  jefe de proyectos de la representación provincial de la Fundación Antonio Núñez Jiménez  (FANJ) de la Naturaleza y el Hombre.

“Debajo de este lugar se encuentra una de las cuevas más importantes de Cuba, Monumento Nacional, y uno de los jardines de cristales más espectaculares que existen en el mundo”, dijo Grau a la Redacción IPS Cuba.

Un jardín de cristales

Se calcula que las cuevas de Bellamar comenzaron a formarse hace unos 300.000 años, en una planicie que los científicos estiman se encontraba inicialmente bajo el mar.

La historia cuenta que fueron descubiertas en febrero de 1861, cuando un esclavo perdió su barreta abriendo un hueco en el suelo.

El propietario de la finca, el español Manuel Santos Parga, entendido en minas y cuevas, quien al percatarse de la utilidad del hallazgo, comenzó a prepararla para que pudiera ser visitada.

Inicialmente conocida como las cuevas de Parga y luego de Bellamar, por la cercanía con la playa homónima, se distingue por sus formaciones cristalinas de aspecto transparente y brilloso.

“Como a las cuevas de Bellamar se les denominan `jardines de cristal´, estamos creando un jardín por encima, con buenas prácticas del buen vivir de las personas, entre ellas la permacultura, y para ello hemos fomentado un bosque que había desaparecido”, destacó.

A esta formación subterránea se le denomina indistintamente en singular o plural, pues de acuerdo con especialistas se trata de un sistema cavernario con varios salones.

Gracias a las acciones de reforestación de voluntarios, entre ellos integrantes del grupo de teatro La Colmenita, colectivos artísticos infantiles de la provincia de Matanzas, e incluso, de otros países, hasta ahora se han sembrado un poco más de 17 hectáreas.

El bosque “va creciendo. Todos los años plantamos entre tres y cuatro hectáreas nuevas de posturas. Los árboles han crecido y están bellísimos, dan sombra y las personas se pueden sentar debajo de ella”, continuó el espeleólogo.

Una parte de lo plantado son frutales “que dan beneficio y bienestar a la comunidad, propiciando alimentos y financiamiento a partir de su comercialización”, detalló.

Otros “son especies maderables, escogidas para crear suelo y proteger el agua, con un uso inteligente y rotatorio, puede emplearse esa madera para el bienestar humano también”, enumeró.

Beneficios

De acuerdo con el científico, la siembra de especies de árboles originarios del lugar protege la cueva porque restablece las condiciones naturales que existían antes de la deforestación.

Para el siglo XVIII, profundizó Grau, ese bosque había desaparecido y esa tierra se usó para la agricultura y, en uno de sus sectores, para una granja avícola.

Entre los preceptos iniciales del proyecto se contempló siempre la vinculación con el asentamiento ubicado sobre un sector de la cueva descubierto en 1992.

“En la comunidad, ya cinco casas disponen de baños secos (letrinas ecológicas) para evitar la infiltración, se hizo un acueducto nuevo y se montaron sistemas de energía renovable solar para brindarles agua a los pobladores”, sostuvo el integrante de la FANJ.

“En la actualidad, se trabaja en varias líneas para continuar el mejoramiento de las condiciones de vida de las 39 familias del asentamiento”, como parte de la renovación del proyecto, luego de que el huracán Irma, en septiembre de 2017, “nos golpeara muchísimo”.

Este año, indicó, reactivarán las acciones en el centro de educación ambiental, con aula y biblioteca, y que funciona con energía renovable: cocinas de paneles solares, molinos de viento,  como un centro demostrativo donde las personas pueden ver cómo operan esas tecnologías.

“Trabajamos mucho con jóvenes y niños de las escuelas, aprenden allí a cocinar con energía solar. Al final del día, después de reforestar y trabajar en el subsistema agrícola de permacultura, descubren que pueden cocinar con el sol”, describió.

Bajo tierra

El pasado año, comentó Grau, un grupo de espeleólogos exploró nuevamente un sector  del sistema cavernario Bellamar llamado El laberinto, que ha aportado casi un kilómetro nuevo de cueva.

“Hoy se registran 24 kilómetros de galería, de ellos 11 nuevos. El tramo empleado para las visitas turísticas consta de 1.400 metros, pero ese sector tiene casi cuatro kilómetros y está bastante dañado”, reveló.

“Todo lo nuevo que hemos hecho, el centro y el bosque que hemos construido, están sobre el nuevo sector que descubrimos en 1992 y de lo que se trata es de conservarlo y dejar que la naturaleza siga su proceso curso natural”. (2018)

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