Técnica constructiva mexicana se expande en Cuba

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Cuba ha acompañado la trasferencia tecnológica de un novedoso sistema constructivo originario de México.

El proceso de construcción de techos abovedados consiste en el empleo del ladrillo como pieza medular de la estructura.

Foto: Tomada de periódico Granma

La Habana, 2 may.- La exposición y conferencia Reconstruyendo mejor después de huracanes. Techos resilientes de bóvedas de ladrillos, con materiales y capacidad local muestra los resultados del empleo de una novedosa técnica constructiva originaria de México, que se expande en algunos poblados de Cuba.

La exhibición, organizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) en Cuba, en la Fábrica de Arte Cubano, resume una experiencia iniciada en la provincia de Guantánamo y extendida luego a Camagüey y Sancti Spíritus, dos territorios azotados fuertemente por el huracán Irma, en septiembre de 2017.

Techos seguros y capacidades locales

La información ofrecida por Pnud en Cuba a la prensa precisa que los proyectos realizados en las regiones oriental y central de Cuba responden al principio de intervención Reconstruyendo mejor.

Las acciones más recientes forman parte del Plan de Acción del Sistema de las Naciones Unidas acordado con el gobierno de Cuba para contribuir a la recuperación de las provincias más afectadas por el huracán Irma: Camagüey, Ciego de Ávila, Sancti Spíritus y Villa Clara.

Anteriormente ya habían realizado entrenamientos a albañiles, técnicos, técnicas y personas decisoras, después del paso de los huracanes Sandy, en 2012, y Mathew, en 2016.

Solo desde septiembre hasta la fecha, luego del azote de Irma, el Pnud tiene activos seis proyectos que dan respuesta a la etapa de emergencia y recuperación temprana, mediante los cuales han arribado al país unos 100 contendores de ayuda, para beneficiar a más de 125.000 personas con medios básicos de vida.

La contribución del Pnud ha hecho llegar a la población lonas, colchones, láminas de techos, módulos de techos con purlings, tanques de agua y paquetes de herramientas especializadas para realizar adecuadamente la recuperación.

En los próximos meses, se comenzarán a recibir los equipos para el fortalecimiento de mini-industrias para la producción local de materiales de la construcción.

Además de los gobiernos locales y un gran número de instituciones cubanas, el Pnud ha contado con el apoyo Departamento de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Unión Europea (ECHO), la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude) y otras agencias internacionales.

“En la iniciativa se enlazan varias cuestiones, partiendo del esfuerzo para garantizar la recuperación de la población tras el paso de los huracanes que, liderado por el gobierno de Cuba, ha contado con un acompañamiento multilateral”, expresó Soledad Bauza, representante residente adjunta del Pnud, el 10 de abril, durante la inauguración.

Agregó, además, que “la respuesta no es solamente ante los embates de los huracanes y pensada para solucionar problemas o emergencias a corto plazo, sino para mirar más hacia el futuro y las posibilidades de desarrollo”.

La diplomática enfatizó que su organización reconoce “la importancia de la cooperación Sur-Sur, porque si bien Cuba tiene mucho que aportar a América Latina en cuanto a organización para enfrentar los fenómenos naturales, otras naciones poseen experiencias interesantes en diversas áreas”.

Al respecto, explicó que en la vivienda, tema priorizado en las perspectivas de desarrollo de la nación caribeña, “algunas naciones cuentan con conocimientos que pueden ser compartidos y adaptados al contexto cubano, como en este caso sucede con los techos de bóvedas”.

Enrique Martínez, embajador de México en La Habana, manifestó su satisfacción “porque el Pnud considerara a un mexicano para atender un problema trascendente en Cuba como es la recuperación tras el paso de los fenómenos hidrometeorológicos, que afectan muchas infraestructuras y en particular las viviendas”.

Resaltó que “la técnica de los techos de bóveda es una muestra de la grandeza de los indígenas, que construyeron muchas estructuras así y todas han demostrado ser muy eficientes porque, además de los huracanes, soportan sismos de gran magnitud”.

Conocimiento especializado

Además de la exposición fotográfica y audiovisual, la sesión inaugural del espacio Reconstruyendo mejor… contó con la presencia del arquitecto mexicano Ramón Aguirre, quien impartió una conferencia sobre techo abovedados, una propuesta avalada por 25 años de empleo de esos sistemas constructivos.

El experto afirmó sentirse “afortunado” de participar en proyectos que “capacitan a las personas y las fortalecen para que aprovechen al máximo el dinero que reciben de los donantes”.

En la última formación, Aguirre asesoró la construcción de dos viviendas polígonos en las provincias centrales de Camagüey y Sancti Spíritus, en las cuales se capacitaron alrededor de 50 personas.

Sobre esa experiencia, apuntó que “los maestros albañiles que trabajaron en Guantánamo hace unos años, fueron ahora a Camagüey y Sancti Spíritus, lo que permitió dar seguimiento, pulir sus habilidades y realizar diseños cada vez más atrevidos”.

“Ya tienen una gran destreza y confianza, tanto que trabajan prácticamente solos, sin necesidad de mucho acompañamiento”, acotó el también profesor de la Universidad de Oaxaca.

El arquitecto mexicano también mostró imágenes de obras realizadas en México, España, Italia, Colombia y otros países, en los cuales se utilizó la técnica de techo abovedado en parques, parqueos de autos, casas, apartamentos, restaurantes, estudios de grabación, escaleras y bibliotecas, entre otras construcciones.

En su opinión, “las estructuras que resisten por forma son sostenibles, porque reducen el requerimiento de esfuerzos”.

Asimismo, aseguró que “la arquitectura sostenible potencia el ahorro del agua”.

Otras ventajas de los techos abovedados están relacionadas con la temperatura al interior de las edificaciones.

“Las bóvedas de adobe con cámara de aire, una de las muchas variantes que se han construido, tienen una temperatura media de 17 grados Celsius, mientras que las de losa de concreto convencional tienen 41 grados afuera de la estructura y 38 dentro del lugar”, refirió.

Para Aguirre, “cada vez es más viable la combinación de sistemas constructivos tradicionales con otros más contemporáneos”. (2018)

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