¿Qué lecciones dejó el éxodo de los balseros de 1994 para la familia y la nación cubana?

4 comentarios

  1. Magaly Muguercia

    *La mano nos duele de tanto decir adiós*

    La historiografía tradicional desdeña el suceso cotidiano. Porque en realidad no puede apresarlo vivo, como él fue. No puede re-presentarlo. No obstante lo cual, hay ritmos, tensiones, acometidas y repliegues, estremecimientos del cuerpo que hacen historia. Por eso contaré lo vivido en agosto de 1994. En el largo litoral habanero, en los muelles del otrora idílico río Almendares, en las playas blancas, al este de la capital.
    Aquel verano los bañistas tuvimos que echarnos a un lado en el mar para abrirle paso a las balsas que enrumbaban océano afuera. Navegantes muy muy jóvenes, o familias enteras abandonaban la isla en estas naves precarias.
    La autoridad cubana no interfería, en respuesta a maniobras urdidas en Washington o Miami, da igual. Los dejaba marcharse, a su cuenta y riesgo. Y la mano nos dolió de tanto decir adiós. Deseábamos buen viento a
    personas desconocidas, expuestas a la muerte, desgajados y vulnerables, más allá y más acá de cualquier opinión política. Los echaba de la isla un remolino de escasez, desilusión e ilusiones, con la piel embadurnada de
    grasas contra el sol en aquellas balsas mitológicas, hechas de cualquier cosa, totalmente pintorescas y patéticas. Me obligué a estar ahí para que no se me olvidara nunca de qué materia concreta, de qué latido está hecha la pertenencia, cuál es el cemento que une a la nación. Hermandad, angustia, arena, lágrimas, profundo silencio, cielo azul. Desde entonces en los escenarios de la danza y el teatro de los 90 hay personajes que
    levantan la mano diciendo adiós.

  2. Roberto

    Como cubano sentí- y siento- un dolor inmenso por lo que sucedió entonces y se sigue repitiendo. Ahora bien, me duele también el enfoque aparentemente apolítico de algunos autores al referirse al tema. Una posición posición que siempre- !oh, coincidencia!, !oh, unanimidad!’ termina culpando o cargando la responsabilidad por esos hechoas a Cuba y al socialismo. Es un hecho que la maquinaria mediática de los grandes monopolios informativos- a ellos no les gusta decir maquinaria propagandística, eso es para los comunistas o rojos- ha conseguido eso y no cesa de repetirlo (Goebbels). Lo peor es que muchos se la creen o caen en el engaño. Leí con interés el artículo de la autora sobre el tema y me asombró que a estas alturas IPS siga diciendo embargo para calificar el bloqueo a Cuba, que cada año se debate en la Asamble General de la ONU bajo el título oficial ¨Necesidad de poner fin al BLOQUEO económico, comercial y Finaciero del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba¨¨¨¨. También me llamó la atenciónn de que se hable de la Ley de Ájuste Cubano sin explicar que rige solo para los ciudadanos de mi país, por razones políticas, por las mismas que no se aprueba una similar para los mexicanos y centroamericanos que buscan entrar a Estados Unidos. Baste decir que es perseguido político en Cuba y ya es aceptado. Recuerdo que cuando terminó la guerra en Centroamérica, Estados Unidos devolvió a quienes entraron de eseos países a su territorio. No ampara EE.UU. con una ley a los niños palestinos víctimas de la masacre israelí…En fin… es la política.
    Pero aparte de las guerras y los conflictos políticos…. El término balsero, solo rige para los cubanos. Desde el norte de Africa miles salen para Europa también en balsas, embarcaciones pequeñas, maltrechas, peligrosas, no aptas, etc… pero no son balsas, sino pateras…
    Muy bien por mencionar el drama de haitianos y dominicanos. Solo que no hay Ley de Ajuste Haitiano ni Ley de Ajuste Dominicano, pues ellos no escapan del comunismo…..!!!!!Horror!!!
    Por favor, hay que abordar esos temas en todas sus aristas, no jugar con el dolor de los cubanos, que en esos otros países hay familias que también sufrfen por quienes partieron en busca de otros horizontes y de los cuales no saben nada…..

  3. Nancy Alonso, escritora

    En agosto del 1994 yo vivía en Alamar, tenía 44 años, y era profesora de la Facultad de Medicina Salvador Allende. La ubicación de mi apartamento frente a un pequeño muelle, me convirtió en testigo obligado del éxodo de los balseros. De la conmoción sufrida nació el primer cuento escrito en mi vida, “El séptimo trueno”, una historia de desencuentro amoroso en medio de la fiebre contagiosa que llevó a miles de cubanos a tirarse en balsas al mar. Tanta catarsis provocó en mí aquel éxodo que escribí otros cuentos sobre las fracturas de nuestra sociedad provocadas por el período especial, y en 1997 publiqué Tirar la primera piedra.
    Veinte años después, vivo en Cojímar, hace dieciséis que no soy docente, he escrito otros libros, y se mantiene el éxodo, ahora por disímiles e inextricables vías. Pero quienes vivimos cerca del mar todavía escuchamos, de tarde en tarde, la frase: “¿Sabes quién se tiró ayer?”.

  4. Rosendo

    Roberto repite el enfoque de Granma. Es decir, no explica el fenómeno en Cuba, simplemente nos disocia diciendo que no solo ocurre en Cuba sino en muchos países (países mal gestionados donde la pobreza y la desidia obligan a su población a emigrar hacia países mas ricos).
    Espero que este comentario no sea censurado para que IPS no se convierta en un sitio aburrido y no visitado

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