Cuba y EE.UU. retoman la confrontación sobre derechos humanos

El canciller cubano Bruno Rodríguez calificó de retroceso el nuevo enfoque hacia la isla caribeña del presidente estadounidense, Donald Trump.

El canciller cubano, Bruno Rodríguez, durante la conferencia de prensa, en Viena, Austria, explica las razones de Cuba ante el cambio de política de la administración estadounidense. El ministro incluso mencionó a la emigración cubana en los Estados Unidos entre los afectados por la política de Trump.

La Habana, 20 jun.- El respeto de los derechos humanos regresa a la retórica de confrontación entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba, como parte de la nueva política hacia la isla caribeña anunciada el pasado 16 de junio por el presidente estadounidense, Donald Trump.

Las medidas de Trump provocarán daños y sufrimientos al pueblo cubano, daños económicos a las empresas de la isla y al naciente sector privado, pero “no cumplirá los objetivos proclamados”, advirtió la víspera el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, durante una conferencia de prensa en Viena, Austria, transmitida en directo por medios locales.

Se trató de la primera comparecencia de un funcionario del gobierno cubano luego de que el viernes último, en Miami, Trump firmó una orden ejecutiva para limitar los viajes de estadounidenses al país caribeño y los negocios con empresas relacionadas con las Fuerzas Armadas Revolucionadas (ejército) y los servicios de seguridad e inteligencia.

La medida trajo con fuerza controversias de la época de la Guerra Fría, como el viejo debate parcializado sobre los derechos humanos, cuando el bloque capitalista encumbraba los derechos individuales, civiles y políticos, y el socialista los derechos colectivos, económicos, sociales y culturales.

En las últimas décadas, el tema del respeto a los derechos humanos se tornó una constante dentro del discurso de Washington hacia La Habana, con críticas al sistema de partido único, el proceso eleccionario, la libertad de reunión y prensa, así como la existencia de presos políticos, entre otros aspectos.

Sociedad civil reacciona

La Redacción IPS Cuba recopila varios pronunciamientos:

 

La administración de Barack Obama (2009-2017), luego del histórico deshielo del 17 de diciembre de 2014, mantuvo similares reclamos pero evadió dicha retórica y optó por sentarse a la mesa de negociaciones con la contraparte cubana para ampliar los nexos, sin abolir el bloqueo económico decretado en 1962.

Las medidas anunciadas por Trump no revierten la esencia del acercamiento, incluido el restablecimiento de relaciones diplomáticas, los viajes familiares, las remesas, ni reinstaura la política de pies secos-pies mojados.

No obstante, el mandatario reiteró que no levantaría las restricciones hasta que todos los presos disidentes fueran liberados y hubiera elecciones libres y supervisadas por organismos internacionales.

Asimismo, prometió convocar a un grupo de trabajo sobre la expansión del acceso a Internet en la isla caribeña, mientras confirmó la oposición de Washington a los esfuerzos de Naciones Unidas para levantar el bloqueo hasta que Cuba haga más en materia de derechos humanos.

“El gobierno de Estados Unidos no tiene autoridad moral, no puede dar lecciones sobre derechos humanos y democracia”, respondió la víspera el canciller cubano.

Rodríguez se refirió a “los numerosos y sistemáticos asesinatos y atropellos cometidos por policías, la represión contra refugiados, la discriminación de la cultura islámica y los asesinatos de civiles en las guerras cometidos por estadounidenses”, como problemas humanitarios de Washington.

En cuanto a la propia sociedad estadounidense, expresó que el cerco económico, comercial y financiero daña los intereses de los ciudadanos, las compañías, los empresarios y constituye una violación de las libertades civiles y los derechos de los
norteamericanos, a quienes se les prohíbe viajar a Cuba.

“En Cuba es imposible dañar al sector estatal de la economía sin afectar al cooperativismo, a los privados y a las pequeñas empresas”, argumentó el responsable de la diplomacia.

Los cambios anunciados por el presidente de Estados Unidos “dañarán especialmente a los sectores” con los que ese país “tiene más interés en relacionarse”, vaticinó.

El 16 de junio, la declaración oficial del gobierno rechazó “la manipulación con fines políticos y el doble rasero” en el tratamiento del tema y reconoció tener “serias preocupaciones por el respeto y las garantías de los derechos humanos” en la nación norteña.

Recordó que Cuba es Estado Parte de 44 instrumentos internacionales sobre los derechos humanos, mientras que los Estados Unidos lo es solo de 18, “por lo que tenemos mucho que mostrar, opinar, y defender”.

La política de Obama hacia Cuba priorizó el empoderamiento del sector privado nacional que floreció como parte del proceso de actualización económica desde 2010, visión criticada por La Habana al considerarla parte de los planes para desmontar el sistema político implantado con la revolución de 1959.

El récord de 4.000.000 de turistas internacionales en 2016, con un notable incremento del número de visitantes estadounidenses, significó un estímulo para los arrendadores de viviendas y casas de alquiler, taxistas y propietarios de restaurantes privados.

Estos mismos sectores se encuentran ahora expectantes ante las posibles afectaciones que podrían generar las medidas de Trump sobre la llamada industria sin humo y locomotora de la economía nacional.

Estos y otros emprendedores cuyas actividades podrían encadenarse productivamente con el turismo, temen un mayor retardo de la legislación que aprobaría las micro, pequeñas y medianas empresas privadas en Cuba. (2017)

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