Alerta por inyecciones de aceite para la musculatura

Estar a la moda y cumplir con determinados patrones de la masculinidad hegemónica coloca en peligro a jóvenes cubanos.

Archivo IPS Cuba

La búsqueda de la supuesta perfección física masculina tiene serios riesgos para la salud.

La Habana, 5 may.- El mandato tradicional de “ser fuertes” se une a patrones de la moda actual que potencian la figura masculina para poner en peligro la salud de no pocos jóvenes cubanos que están acudiendo a inyecciones de aceite comestible para aumentar la masa muscular, en ausencia de sustancias de laboratorio.

“La inyección de aceites comestibles en músculos ha devenido práctica lamentable en diversos lugares del país, sobre todo entre adolescentes y jóvenes”, afirman las periodistas cubanas Sheyla Delgado y Misleidis González, en un artículo publicado el viernes 4 por el diario Granma bajo el título “Los ‘músculos’ de la irresponsabilidad”.

De acuerdo con el texto, el empleo de los “aceites mágicos” para ganar en volumen entre fisiculturistas ha experimentado un crecimiento durante los últimos meses. En ausencia de productos como el Synthol -ácido graso, lidocaína y alcohol benzoico-, los aceites comestibles se vuelven los más usados.

Especialistas consultados aseguraron que el procedimiento consiste en aplicar una inyección de aceite en aquella área del cuerpo en la que se desea aumentar su volumen. Sin embargo, esa aplicación deviene en una inflamación del área en cuestión que para nada debe confundirse con aumento de la masa muscular.

Las consecuencias pueden ir desde infecciones peligrosas hasta la necesidad de intervenciones quirúrgicas, sin contar que el intercambio de jeringuillas en estas prácticas coloca a las personas en riesgo ante infecciones transmisibles como la hepatitis B y C o el virus de inmunodeficiencia humana (VIH, causante del sida).

“Una simple inyección, por mal manejo o como resultado de la reacción a la sustancia introducida, puede incluso conducir a la muerte”, advierte el artículo.

Según Fernando Reyes Bauza, especialista de primer grado en Ortopedia y Traumatología, “por desconocimiento de la anatomía, al inyectar la sustancia pueden comprimir un nervio, una vena o una arteria y causar serias complicaciones de estas estructuras. Además, el músculo afectado que haya que extirpar no vuelve a regenerarse y las secuelas son inevitables”.

Los síntomas más frecuentes son náuseas, dolores en las partes inyectadas, calambres, inflamaciones, aunque pueden darse casos de pacientes que demoren meses en mostrar las primeras señales de alarma.

El artículo del diario oficial del Partido Comunista reprodujo el testimonio de un joven de 16 años, de la provincia oriental de Las Tunas, que ha tenido que ser operado quirúrgicamente cuatro veces tras inyectarse aceite comestible.

“Algunos muchachos se estaban inyectando y decidí seguir sus pasos. Cuando empecé a sentir dolor y aprecié la hinchazón del codo, se lo conté a mi mamá y acudimos al médico. Primeramente me mandaron antibióticos y no resolví, por lo que me operaron. Han transcurrido seis meses y aún no termina la pesadilla: ya me han llevado cuatro veces al salón”, cuenta el joven.

De acuerdo con el rotativo, uno de los casos pioneros en el país se reportó en la provincia occidental de Matanzas, vecina de la capital de la isla, cuando un joven “jeringuilla en mano, buscó un músculo y encontró una vena”.

“Lograr una imagen agradable con una musculatura “hercúlea” no constituye un problema, sino el cómo”, aseguran las periodistas que proponen como alternativas al abuso de sustancias –desde la silicona hasta los aceites-, la práctica sana de deportes y la realización “sistemática y dosificada de ejercicios físicos” (2012)

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