Atención a las demencias en Cuba requiere enfoque de género

Ante el acelerado envejecimiento poblacional, los trastornos cognitivos constituyen un creciente problema y reto para el sistema sanitario.

Las mujeres presentan mayor riesgo de desarrollar demencias con síntomas más severos que los hombres.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La Habana, 2 jul.- Las mujeres son más propensas y sufren con mayor rigor los efectos de las demencias, por lo cual urge incorporar el enfoque de género al estudio y atención de esta enfermedad para proporcionar los recursos y ayudas adecuados, recomendaron científicos cubanos.

Pero tal enfoque, agregaron, no solo debe limitarse a las mujeres que presentan demencia, sino también a aquellas que atienden a personas con dicho padecimiento, pues ellas representan dos tercios de los cuidadores informales.

Así argumentaron los autores del artículo “Determinantes del estado de salud de la población y su influencia en el desarrollo de los trastornos cognitivos”, publicado en el número 1/2018 de la Revista Cubana de Salud Pública.

Siete galenos, que laboran en diversas instituciones de salud cubanas, se refirieron a reportes de la Organización Internacional de la Enfermedad de Alzheimer que señalan que el sexo femenino presenta mayor riesgo de desarrollar la enfermedad y los síntomas tienden a ser más severos que en los hombres.

Otros estudios dan cuenta que en los países con bajos y medios ingresos, como el caso de Cuba, el impacto de la demencia en las mujeres es aún mayor.

Advierten los autores la notable la influencia de los determinantes del estado de salud de la población en el desarrollo de los trastornos cognitivos, que recomendaron estudiar para “la puesta en marcha de estrategias de intervención comunitaria que ayuden, sobre todo, a la población más vulnerable a tener una mejor calidad de vida”.

Estadísticas y factores de riesgo

El 20,1 por ciento de las cubanas y cubanos tienen 60 años o más en una población de 11.221.060 de habitantes, según estadísticas oficiales del cierre de 2017.

Dicha proporción se elevará a 21,5 por ciento en 2020 y 30,3 por ciento en 2030, por lo cual las autoridades adoptan medidas para enfrentar el acelerado envejecimiento, debido a la baja tasa global de fecundidad y al incremento de la esperanza de vida, indicadores de salud similares a los de países desarrollados.

Se calcula además que 160.000 residentes en el país caribeño padecen demencias, número que ascenderá a 300.000 para 2030. De ellos, 70 por ciento padecen de Alzheimer.

Después de los 65 años, las demencias afectan a 10 por ciento del total de adultos mayores y después de los 90 años ese porcentaje supera 50 por ciento.

Por ello, el deterioro de los procesos cognitivos se ha convertido en uno de los problemas más significativos de la salud pública, al constituir la segunda causa de discapacidad y la mayor contribuyente a necesidades de cuidados en los adultos, así como de sobrecarga económica y estrés psicológico para los cuidadores en Cuba y el mundo.

Sin embargo, su magnitud y repercusiones socio-sanitarias serían mucho menor y relativamente asumibles si se lograra retrasar su aparición cinco o 10 años en el conjunto de la población, aseguró el reporte.

Los autores enumeraron factores de riesgo como los de naturaleza biológica (edad, genotipo, hipertensión arterial, patologías cardiovasculares, diabetes, género); psicosocial (educación, interacción social, actividad física, nutrición, tóxicos ambientales, ocupación) y otros resultantes de la interacción de ambos (depresión, hábitos alimenticios y estilos de vida).

Y propusieron controlar tales factores promoviendo desde edades tempranas la actividad intelectual, practicar ejercicios de estimulación cognitiva y llevar estilos de vida saludables, a fin de ayudar a enlentecer el comienzo o progresión de la demencia.

Coincidieron los expertos en que garantizar a los pacientes con trastornos cognitivos y a sus familias el acceso a cuidados sociosanitarios en cantidad y calidad suficientes, en función de sus necesidades cambiantes, es un reto profesional y ético que atañe a toda la sociedad.

El texto insistió en que “son insuficientes las medidas tomadas al respecto, de ahí la necesidad e importancia del trabajo intersectorial y multidisciplinario para la puesta en marcha de estrategias de intervención comunitaria que ayuden a la población, sobre todo a la más vulnerable, a tener una mejor calidad de vida al final de su existencia”.

Asimismo propuso efectuar una mayor cantidad de investigaciones para contribuir a una mejor comprensión del comportamiento epidemiológico de los trastornos cognitivos y del impacto que genera en los servicios de salud.

Ello permitiría estructurar futuras estrategias de intervención que podrían modular la sobrecarga que viene desencadenando esta epidemia, concluyó. (2018)

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